MARINEROS DEL ESPÍRITU, SUELTEN AMARRAS…

Esto lo escribí para el sitio Progreso Semanal, a propósito de la 15 Muestra Joven del ICAIC, y me encanta la idea de compartir espacio con el joven Carlos Melián.

MARINEROS DEL ESPÍRITU, SUELTEN AMARRAS…

La “15 Muestra Joven ICAIC”, que acaba de concluir, apeló a un lema sumamente estimulante: suelten amarras… En la invitación uno intuye el deseo de que nos deshagamos de todos esas ligaduras mentales que van condicionando nuestras maneras de ver las cosas, al extremo de que llegamos a pensar en la escurridiza realidad como si se tratara de un pobre inventario de recuerdos y experiencias ya vividas.

En lo que a la práctica audiovisual se refiere, soltar amarras significaría explorar esos universos que permanecen escondidos detrás de las retóricas dominantes, casi siempre embelesadas en la exaltación de la apariencia (el realismo ingenuo) y el lamento inconsolable por lo que se quisiera ser y no se pudo o puede. Recuerdo que en las primeras muestras ese era el gesto que predominaba: mucha rabia y denuncia de lo que ya sabíamos, pero pocas exploraciones que estimulasen la creatividad y el distanciamiento de la noria que recicla más de lo mismo.

En la Muestra que acaba de concluir uno percibe el crecimiento. Muy mal se calcula el valor de estos encuentros si lo que se intenta descubrir en ellas son obras maestras o acabadas. Creo que el verdadero valor habría que interpretarlo a partir de las tendencias que uno va descubriendo en todas esas producciones dispares, realizadas en circunstancias muchas veces límites, donde la precariedad económica se convierte en el gran desafío a superar.

Como conjunto, lo más interesante esta vez estuvo en el apartado de la animación. Varios materiales, encabezados por la formidable No Country for Old Squares (2015), de Yolanda Durán Fernández y Ermitis Blanco, pusieron en evidencia el buen nivel de esa imaginación que se sabe libre de amarras, y es capaz de representar mundos donde la vocación filosófica, y la indagación que explora más allá de lo que puntualmente nos conforma, termina provocando múltiples lecturas. En ese sentido, historias como las que se representan en Hecho a propósito (2015), de Adriel Pérez de Medina, Acto de presencia (2013), de Bryan Romero y Asbel Paz, o Dany y el Club de los Berracos. Capítulo 5: Calixto Presidente (2015), de Víctor Alfonso Cedeño, nos permite comprobar que detrás de la diversidad de técnicas, puntos de vistas, personajes concebidos, hay una madurez colectiva.

En el documental encontramos también muy buenos momentos. Héroe de culto (2015), de Ernesto Sánchez Valdéz se alzó con el premio principal de su género, gracias a la exquisitez con que se ocupa de un asunto que ya Tomás Gutiérrez Alea había enunciado en La muerte de un burócrata (1966): la vulgarización del legado martiano a través de una producción mecanizada de bustos que recuerdan el enajenante proceso productivo de Tiempos modernos.

Lo estimulante de la producción documental presente esta vez en la muestra competitiva estuvo en que, en sentido general, quedó atrás la obsesión por el reportaje. No es que la realidad inmediata no estuviese presente, pero en este caso las aproximaciones operaron a partir de las construcciones que permite la memoria, y el uso provocador del lenguaje audiovisual. Piénsese en El tío Alberto (2015), de Marcel Beltrán, que a través de la recuperación que hace del Chinolope, célebre fotógrafo que hoy vive prácticamente olvidado, establece enlaces con los universos de José Lezama Lima y Julio Cortázar; o en La carga (2015), de Víctor Alexis Guerrero Stoliar, donde la mirada se deposita en el universo cerrado de un tren detenido, apresando de modo minucioso los embates invisibles de lo cotidiano.

Por otro lado, es de agradecer que comience a naturalizarse en el discurso audiovisual de la nación, la complejidad de un asunto como el de la emigración. Hasta ahora dominaba entre nosotros el dilema de irse o quedarse. Parecía como si las contribuciones de los cineastas no quisiesen saber de esas otras zonas que conformarían la ciudadanía cósmica, con todo lo que afecta a los individuos más allá de su nacionalidad. De allí que la presencia de documentales como Marina (2015), de Haliam Pérez Fernández, El otro viaje (2015), de Damián Saínz, o Paris, Jump for Joy (2014), de Gretel Marin Palacio, más allá de sus irregularidades como películas, ayuden a conformar un mapa más nítido.

En el terreno de la ficción encontramos menos sorpresas. Digamos que aquí las amarras no lograron soltarse del todo, lo cual no quiere decir que el premio obtenido por Caballos (2015), de Fabián Suárez, no fuera merecido. Se trata de una película donde el estupendo empaque visual (fotografía de lujo de Javier Labrador) se encuentra en función de una historia que se salta todos los estereotipos, y busca construir una atmósfera donde lo que más importa es lo sugerido, lo que el espectador terminará hilvanando de acuerdo a sus propias experiencias.

Llama la atención también la presencia de varias mujeres detrás de las ficciones. Esto posibilita que uno sienta que la Muestra igualmente ha crecido a la hora de detectar sensibilidades que hablan desde lo lateral o desde lo que normalmente ha sido suprimido por el modelo de representación dominante, asociado directamente a lo patriarcal. Cintas como La cabeza dentro del agua (2015), de Violena Ampudia, Cada lunes y cada lluvia (2015), de Rocío Aballí Hernández, Caparazón (2015), de Joanna Vidal, Con sana alegría (2015), de Claudia Muñiz Pérez, Espejuelos oscuros (2015), de Jessica Rodríguez, Sirenas (2015), de Maryulis Alfonso, Song for Cuba (2014), de Tamara Segura, y Una cena y doce chicas (2015), de Rosa María Rodríguez Pupo, ofrecen abundantes evidencias de lo anterior.

Hablé al principio del lema utilizado por la Muestra en esta ocasión: suelten amarras. Y debo confesar que inevitablemente llegó a mi mente aquel pasaje donde Nietzche habla de los aeronautas del espíritu, esos seres que aprenden a prescindir de los prejuicios de la época, apuntando:

“Todos esos pájaros intrépidos que vuelan rumbo a lo lejano, a lo más lejano, ¡en alguna parte, ciertamente, los abandonarán sus fuerzas y se posarán en lo alto de un mástil o en una estéril roca, y aún estarán muy agradecidos por tan pobre alojamiento! Pero ¡quién va a inferir de esto que delante de ellos ya no hay inmensos ámbitos libres que han volado tan lejos como es posible volar! Todos nuestros grandes maestros y precursores se han detenido al fin en algún punto, y no es precisamente la postura más noble y elegante la de la fatiga que se detiene; nos pasará igual también a mí y a ti. Mas ¡qué nos importa¡ ¡Otros pájaros volarán más lejos!”.

Pienso en estas 15 ediciones de la Muestra Joven, cada una de ellas construyendo espacios donde mañana otros navegarán más lejos y más alto. Sigan soltando amarras, marineros, y volando alto…

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el abril 13, 2016 en AUDIOVISUAL JOVEN EN CUBA. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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