CINE CLUB INFANTIL DE CREACIÓN “MEÑIQUE” EN CAMAGÜEY

Ahora mismo todavía es un sueño, pero lo que importa es que ya ha sido soñado, imaginado. Estas son apenas, entonces, las notas que intentan retener los contornos de esa ensoñación que me gustaría ver crecer como parte del Proyecto de Animación Socio-Cultural de “El Callejón de los Milagros”.

En mi sueño Pablo Ramos, por cierto, todavía vive. A él es el primero que le envío el borrador de lo que queremos hacer acá, porque de alguna manera se trata de llevar a la práctica buena parte de lo que nos enseñó con sus seminarios sobre el universo audiovisual del niño latinoamericano. Poco antes de su muerte Pablo estuvo en Camagüey, invitado al Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica, e impartió un par de talleres que prometían ser la semilla de algo verdaderamente renovador.
Su prematuro fallecimiento nos paralizó a todos. Me niego, sin embargo, a pensar que sus ideas han de morir con él. Pienso en lo mucho que se está desaprovechando en la ciudad esos enfoques que en la práctica serían más fáciles de implementar si existiera un vínculo más estrecho entre el sector de Educación y los artistas vinculados al trabajo infantil. Pienso en ese Callejón de los Milagros que parece un set de cine, con su Paseo Charlot, en el que los niños y adolescentes podrían lograr el empoderamiento al que aspiró el Encuentro organizado hace un año por la Universidad de Camagüey en ese mismo lugar.
Si lográramos constituir el Cine Club de Creación Infantil “Meñique” como parte del Proyecto de Animación de El Callejón de los Milagros, estaríamos ayudando a construir ese puente que necesitan con urgencia los niños y adolescentes que van creciendo en una época de tránsito acelerado, donde el desarrollo tecnológico les convierte en consumidores activos del audiovisual, pero sin la más mínima distancia crítica de lo que consumen.

No han sido pocas las ocasiones en que se han escuchado voces que abogan por incluir en los programas públicos de enseñanza la apreciación audiovisual. La apreciación es importante, desde luego, pero debemos motivar a los niños a que descubran ellos mismos las posibilidades creativas que acompaña al uso de todas esas herramientas que tienen en sus manos, sea una laptop, una tablet, o un teléfono. No es pretender convertir a cada uno de ellos en cineastas, sino en motivarlos a pasar del consumo pasivo al consumo creativo.

Imaginemos por un momento a un grupo de niños del cine-club “Meñique” viendo un corto de Chaplin. Tal vez nunca se han sentado a ver un filme silente porque ahora, desde que nacen, les estamos enseñando a consumir los dibujos animados que premia la Academia, o todo aquello que se le parece. Para el niño no existirá otro universo, aunque le hablemos de los valores indiscutibles de Chaplin: no apreciarán su universalidad tan solo porque nosotros, los mayores, lo digamos.

Es allí donde creo que se demanda de los adultos una imaginación que esté a la altura de nuestros tiempos, y que retome esa libertad imaginativa que hay en la niñez. Imaginemos entonces que les mostramos a ese grupo de niños un corto de Charlot, y luego los invitamos a que con sus teléfonos o tablets practiquen los mismos movimientos de cámara que han visto, y así se sientan motivados a crear sus propios cortos, y de esa manera introducirse en la apreciación de un arte (el cine) que ha sentado las bases de un lenguaje que hoy todos utilizamos sin darnos cuenta. E imaginemos que como tarea encargamos al grupo que filmen sobre determinados espacios de la ciudad, o sobre héroes que han llegado a ellos en forma de nombres o estatuas: imaginemos que los invitemos a investigar sobre el Mayor Ignacio Agramonte y a grabar y editar sus propias impresiones en el parque que honra al prócer. Imaginemos, para llegar al acabose del delirio, que algún día podemos organizar en nuestro Paseo Temático de Camagüey un Festival de Cine creado por niños de todas partes del mundo, que para eso tenemos un montón de pantallas en ese tramo.

¿Que es apenas otro sueño delirante? Bueno, sí, pero ya yo he visto ese sueño, por lo cual sé que hay grandes posibilidades de que mañana descubra que existe como algo tangible. Ahora hace falta encontrar a otros que también sean capaces de verlo. Con cinco o seis cazadores de sueños yo sé que poco a poco se puede cambiar muchísimo la realidad.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el marzo 31, 2016 en PRIMER ENCUENTRO SOBRE CULTURA AUDIOVISUAL Y TECNOLOGÍAS DIGITALES. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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