BREVE POST PARA LOS NIETOS DE MIS NIETOS ANTES DE LA LLEGADA DE OBAMA A CUBA

Queridos míos:

No tengo idea de cuándo van a leer esto, si lo leen. Tampoco sé qué será del mundo en esos momentos que ustedes vivan, y dentro de ese conjunto de cambios impredecibles, qué habrá pasado con Cuba. Pero si les escribo y pongo este mensaje en la blogosfera, como el náufrago que lanza al mar una botella con una carta dentro, es porque hoy, domingo 20 de marzo del 2016, será uno de esos días que la Historia registre como “histórico”: hoy llega a Cuba el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama.

Lo más probable es que cuando arriben a la edad escolar les hablen de este día como una suerte de parte aguas del destino nacional. Es lógico. Se trata de la primera visita a la isla de un presidente norteamericano en funciones después del triunfo de esa revolución encabezada por Fidel Castro en 1959. Seguramente simplificarán lo que hemos vivido cubanos y norteamericanos en estos casi sesenta años de diferendos políticos, y entonces parecerá una película de buenos y malos empecinados en imponer de modo unilateral sus respectivos puntos de vista.

Si se guían por los periódicos de la época es posible que no puedan arribar a una conclusión diferente. En una orilla o en la otra del conflicto Cuba-Estados Unidos, se han defendido las razones más generales, más abstractas, esas donde se habla de justicia social, democracia, libertades públicas. Toda Historia que trasciende está hecha de este tipo de relato en la que se suprimen los matices y las singularidades, con el fin de describir las Causas Colectivas (con mayúscula) en las que se ven enfrascados los grandes poderes. Pero la existencia de los individuos es mucho más rica en contradicciones que las meramente políticas: más que animales políticos, somos entes que buscan la felicidad todo el tiempo.

Quiero que entiendan que no les hablo de lo que va significando este día para mí como si fuera un analista político. Ese tipo de análisis es lo que va a sobrar en estos días, y temo que la avalancha de análisis de este corte sea tan voluminosa, que el simple individuo que soy desaparezca para siempre, y me convierta para los nietos de mis nietos en el perfecto hombre invisible. Así que les hablo ahora desde otra dimensión, tal vez acordándome de ese proverbio africano que asegura que cuando dos elefantes luchan, la que sufre es la hierba: hablo entonces desde la hierba.

Cuando lleguen a la escuela, y les comenten de este día, y les citen parte de los discursos que se expresaron, y les proyecten las imágenes tomadas para la ocasión, y les recomienden los libros escritos por sesudos académicos, presten atención, pero no olviden que esa Historia que ha llegado hasta ustedes ha descartado más de lo que ha tomado para ser. Tendrán que preguntarse entonces quiénes están contando esa Historia y con qué interés la narran. Y tal vez se sientan interesados en conocer la suerte de quienes han sido suprimidos de esos relatos, o relegados a las sombras, que son los millones de personas que no tienen recursos para aparecer en público y defender sus intereses.

Es allí donde obtiene relevancia la defensa del individuo que somos, que no tiene que ver con la apología del individualismo feroz, que es otra cosa. Como ese tipo de ciudadano decidido a hacer valer sus derechos, pero sin perder de vista la suerte de los otros, no es exactamente lo que está de moda ahora mismo (hay demasiado pragmatismo acosándonos por todas partes), es probable que un punto de vista como este no llegue a trascender. Así que les describo brevemente qué es lo que espero que pueda desarrollarse en Cuba luego de la visita de Obama:

1) Que el peligro de neocolonización cultural que por estos días nos ronda no pase de allí (peligro), y seamos capaces de seguir defendiendo una cultura autóctona;

2) Que las tecnologías que cada vez se hacen más populares entre nosotros nos permita emanciparnos como individuos, y no a la inversa: convertirnos en esclavos de ellas;

3) Que aprendamos a ser más tolerantes con los que piensan diferentes a nosotros;

4) Que acaben de una vez y por todas con el bloqueo;

5) Que la venidera prosperidad de algunos no nos haga olvidar valores como la solidaridad;

6) Que la responsabilidad social sea algo más que un cliché, y tengamos una ciudadanía más activa y creativa;

7) Que no tengamos mafias ni redes de narcotraficantes compitiendo por un mercado global;

8) Que la educación y la salud sigan siendo prioridades para nosotros, y no accesorios secundarios en un teatro social donde parece importar más la vida de neón;

9) Que no perdamos jamás el sentido de lo utópico, pues esa carencia nos convertiría en rehenes del conformismo y la parálisis;

10) Que el imperativo cívico sea el más importante de todos los imperativos que podamos compartir alguna vez como cubanos.

Como verán, lo que aquí expreso son apenas fantasías de un simple individuo, o lo que es lo mismo, de un simple número entre el cero y el infinito. Tenerlas en cuenta como sujeto me ayuda a dejar a un lado todo aquello en lo que no puedo influir, y concentrarme en las metas individuales, esas que quizás puedan resultar útiles al vecino. Pero por ahora los dejo, que en par de horas llega Obama.

Nos vemos dentro de medio siglo, y ya me contarán qué ha pasado en todo este tiempo.

De ustedes siempre,

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el marzo 20, 2016 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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