CINTIO VITIER SOBRE LA CRÍTICA COGNOSCITIVA

Hace unos días colgué un post con el título de Crítica de cine y escritura creativa. Forma parte de un conjunto de notas que quiero utilizar en el Taller que, con el mismo nombre, debo impartirle próximamente a los alumnos del ISA de Camagüey.

El Taller pretende familiarizar a los jóvenes con el ejercicio de la crítica de cine, pero desde la perspectiva de los creadores. Lamentablemente, por lo general se piensa en la crítica como si se tratara de un oficio que solo están autorizados a ejercer determinadas personas reconocidas como críticos por la sociedad. Poco se habla, en cambio, de la crítica ejercida por los creadores.

Debo confesar que cuando comencé en este giro no tardé demasiado en sentirme insatisfecho con la crítica rutinaria. La prueba está en el texto que abrió el Primer Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica, y que titulé “Por una crítica imperfecta”. Quien quiera saber un poco más de lo que pretendíamos teóricamente en aquella primera edición puede leerse ese ensayo juvenil, porque resulta bastante revelador del montón de incertidumbres y ansiedades que teníamos entonces en Camagüey.

He de confesar algo más. Aunque el título del ensayo remite al célebre texto de García-Espinosa (“Por un cine imperfecto”), en verdad mi gran inspiración vino por otro lado. Y es que por aquellas fechas yo había descubierto en una revista Casa de las Américas una entrevista realizada a Cintio Vitier que, todavía hoy, estremece buena parte de mis certezas vinculadas al oficio al que aludía Cabrera Infante.

Por ejemplo, el fantasma de este fragmento que ahora cito recorre todo el cuerpo de mis disquisiciones de entonces y las de ahora mismo. Dice Vitier:

“No creo en la dicotomía de crítica impresionista y crítica científica. Creo en la crítica cognoscitiva: si me da un conocimiento por vías emotivas o estéticas, lo aprecio tanto como al llamado “científico”. Cuando uno lee las páginas de Martí sobre Whitman sale con dos ganancias: entiende mejor a Whitman y ha adquirido otra obra de arte en forma de crítica. Porque esta crítica que hacen los creadores generalmente es ella misma una creación”.

Comparto con los amigos del blog un fragmento de esa entrevista que, publicada en 1989, mantiene una extraordinaria vigencia, y nos invita a pensar el ejercicio del criterio con un sentido todo el tiempo creativo.

Juan Antonio García Borrero

CINTIO VITIER SOBRE LA CRÍTICA COGNOSCITIVA

Estamos en el siglo de la computadora y hay cosas que no existirían si no se programaran, como la economía, pero existe una tendencia a programarlo todo, incluso “el papel del artista en la sociedad”. Se diría que se trata de un “papel” cuyo texto puede describirse de antemano. A mi juicio no es así. Para la cultura y el arte lo fundamental es hacer, y si es posible, crear. Esta es una palabra muy ambiciosa y de la cual se abusa. Continuamente oímos hablar de los jóvenes y viejos “creadores”. Creadores hay muy pocos. No todo el que escribe o pinta, aunque no lo haga mal, es un creador, pero cualquiera que sea su dimensión, el acto de hacer es lo fundamental en el artista y el escritor; y en todo caso crear no ha sido nunca la consecuencia de un programa. Tal vea esta sea una idea polémica, que pertenece a las convicciones no programáticas de nuestra generación. Por ejemplo, en la revista Orígenes nunca hicimos manifiesto ni declaraciones. Sencillamente, en la medida de nuestras fuerzas, nos pusimos a hacer poesías los poetas, pintura los pintores, etc, y ahí están los resultados, mayores o menores.

Me parece que actualmente hay un exceso de confianza en la crítica, quizás porque no la tenemos. Se repite mucho que necesitamos de una crítica para orientar a los artistas. Nunca en la historia se ha dado este caso. Son los artistas los que orientan a los artistas; los creadores, los que orientan a los creadores. Esto no quiere decir que la crítica no tenga su “papel”. Si hacemos un poco de historia, vemos que la crítica literaria profesional comenzó en el siglo XVII, en nuestra lengua, alrededor de la polémica sobre el gongorismo, y que desde sus comienzos fue más bien reaccionaria y preceptiva. ¿Y antes? ¿Qué crítica necesitaron Homero, Esquilo, Virgilio, Dante, Shakespeare? A partir del Renacimiento, la crítica se convirtió en un ingrediente de la cultura, de la modernidad.

Cierto que el espíritu crítico siempre existió como tal de cierto modo implícito, no como profesión ni especialidad. Todo artista lleva en sí un crítico. Crear es criticar. Se trata de un fenómeno inseparable de la creación. Pero es característica de la modernidad un espíritu divisor, analítico, que en el campo de la física llevó hasta la fisión del átomo. Esto se refleja en todas las manifestaciones de la cultura y por lo tanto también en el ejercicio de la crítica, que se ha hiperbolizado.

Soy partidario de un rescate de la crítica desde la creación. El elemento verdaderamente rector de la cultura está en los creadores y en la crítica que ellos ejercen a través de su obra. Si una obra, mayor o menor, es auténtica, va a modificar la realidad. Nadie tiene derecho a decirle a un artista lo que “debe” hacer como artista. Quien ya sabe, o cree saber, lo que el artista debe hacer, que pruebe a hacer el arte él. Y muchas veces el artista no tiene conciencia clara, porque no es filósofo ni matemático. Hay siempre en el arte un elemento desconocido para el propio artista, y este elemento es el que tendrá fuerza para modificar la realidad. Con lo totalmente conocido y previsto, no se puede hacer nada nuevo. Por eso hay una contradicción cuando se le pide a los artistas que tengan clara conciencia de lo que deben hacer, porque si tienen esa clara conciencia, entonces van a hacer algo ya conocido.

De ahí que el arte no pueda programarse.

La poesía, la poiesis, la creación, es el reino de lo desconocido y de la soledad. Esto no tiene nada que ver con el individualismo ni el egoísmo. Me refiero a la soledad en que resuena el mundo, a la soledad comunicante y comunitaria del artista, cuya obra será de todos.

Repito que hay demasiado optimismo acerca de la crítica y quizás también demasiada esperanza en los debates y coloquios. Estos sirven indiscutiblemente, para confrontar criterios, pero no para decidir el camino de la cultura, que es un camino integral e imprevisible. Un camino en el que, aun para los creadores de la palabra, hay más silencio que palabras. En cuanto a las funciones de la crítica, quizás su servicio más importante, siempre que no sea preceptiva ni dogmática, será el que preste a la recepción de la obra de arte por el público. Pero incluso en este aspecto habrá de estar siempre alerta y siempre tomando el partido de la creación.

(Revista Albur. Encuentro con Cintio Vitier. Revista Casa de las Américas Nro. 175. Julio- Agosto de 1989, pp 3-7)

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Publicado el marzo 18, 2016 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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