LOS MIL Y UN TEXTOS DE CRITERIOS: QUINTA TEMPORADA EN CAMAGUEY

Hace unos meses, una estudiante a la que le interesaría consagrar su tesis al estudio de los eventos dedicados a la crítica de cine en el país, me preguntaba si el Taller de Camagüey podría considerarse el precursor.

El que más longevidad ha alcanzado, sí, le dije, pero el pionero no, porque incluso en Camagüey, en la lejana década del sesenta, ya alguien había organizado lo que entonces llamó “Cine-fórum”: ese alguien fue Desiderio Navarro, un intelectual que hoy es conocido por todos, pero que en aquellas fechas se iniciaba en su misión culturológica.

De ese evento apenas han quedado registros públicos, y no conozco que se haya mencionado alguna vez como un antecedente de los talleres de Camagüey. Sin embargo, los objetivos no pueden ser más parecidos a lo que se pretende desde hace veintidós años con estas reuniones de expertos, según se deduce de aquel artículo de 1967 donde Desiderio hablaba en el periódico Adelante deeseCine fórum que organizó, y advertía que “son precisamente el debate, la polémica, y la crítica, los que aclaran y hacen comprender los recursos del lenguaje cinematográfico empleados, y lo que por medio de estos se nos ha querido comunicar”.

Estoy evocando ese fragmento del artículo aparecido en el periódico agramontino porque puede ser revelador de la coherencia intelectual que ha animado desde joven a Desiderio Navarro, y que nos permite entender su labor al frente del Centro Teórico-Cultural “Criterios” como una permanente apelación al debate y al pensamiento crítico. Una práctica que hoy es reconocida como su marca más enfática de identidad y que, ahora sabemos, iniciaría en Camagüey.

Por eso es que para los que estamos organizando este “Primer Encuentro sobre la Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales”, ha resultado sumamente estimulante que el propio Desiderio Navarro nos ofrezca la oportunidad de abrir la “Feria del Libro Electrónico y Aplicaciones vinculadas a la Cultura” incluida en el encuentro, con la quinta entrega de ese impresionante catálogo de materiales que viene ofreciendo desde hace años bajo el nombre de “Los mil y un textos”.

Lamentablemente todavía está por escribirse en este país lo que ha sido la historia del texto electrónico en el contexto cubano, y las prácticas asociadas a su producción, distribución, y consumo. Como es natural, se ha priorizado la relatoría de todo lo que tiene que ver con el libro impreso en soporte papel, resaltando hechos tan descollantes como la fundación de la Imprenta Nacional, presidida en su momento por Alejo Carpentier. Pero aún sabemos poco del impacto que ha tenido en nuestras maneras de construir saberes, la aparición del libro electrónico; de allí que tampoco exista una estrategia pública capaz de impulsar un uso creativo de los mismos en las bibliotecas e instituciones que pudieran beneficiarse con el mismo.

No es que no se haya pensado el asunto. Para seguir con Camagüey, otras veces he recomendado el valioso artículofirmado por Luis Álvarez con el título “Lectura, cultura, tecnología y desarrollo cognitivo”, y he resaltado este segmento que me parece esencial:

A diferencia de los humanistas de fines del s. XV, los lectores de hoy —inmensamente numerosos en comparación con los que abrieron por primera vez la Biblia del inventor de la imprenta— contamos con la experiencia histórica de lo ocurrido con Gutenberg en cuanto a la estrechez con que muchos miraron un invento que habría de abrir el camino a la Modernidad. Así como el libro esencial no murió en 1456, sino que cambió de soporte y abrió las puertas a una nueva época de la cultura humana, en el presente el texto electrónico, el ebook, la biblioteca digital, las tabletas y todas las modalidades actuales y futuras del libro están lejos de destruirlo: por el contrario, nos indican la entrada en una nueva etapa del desarrollo cultural del hombre. Y, también, el peligro de un nuevo analfabetismo: el que impida asomarse al nuevo texto que la revolución informática promueve”.

Justo por allí es que anda el desafío: en pensar con sentido crítico el uso creativo de esas inmensas bibliotecas digitales que el incesante desarrollo tecnológico pone en nuestras manos. O dicho de otro modo, que si importante es la creación de repositorios que garantizarán el acceso democrático a la información acopiada, mucho más lo es la formación de sus usuarios.

Con esta nueva entrega de Criterios (léase Desiderio Navarro) estaremos incrementando con otros mil y un textos la ya impresionante biblioteca digital disponible, pero queremos acompañar la presentación con un panel donde, a su vez,reflexionemos sobre las posibles estrategias que puedan ayudarnos a estimular el uso activo de esas bibliotecas.

Es decir, que soñamos conincorporar a lo acumulativo ese momento donde mañana pueda detectarse en la Biblioteca Julio Antonio Mella, por ejemplo, el uso de esos recursos y herramientas en función de la construcción de conocimientos individuales que repercutan en el bienestar de la comunidad. O que permita que las librerías de Camagüey oferten, luego del correspondiente pago, el servicio de descarga de estos archivos que agradecerían alumnos, profesores e interesados, en sentido general.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el febrero 5, 2016 en PRIMER ENCUENTRO SOBRE CULTURA AUDIOVISUAL Y TECNOLOGÍAS DIGITALES. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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