PROGRAMA DE FOMENTO DE LA CULTURA AUDIOVISUAL EN CUBA (II)

En estos días de preparativos del “Primer Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales” que estaremos celebrando en Camagüey los días 11 y 12 de febrero, he pensado muchas veces en la ayuda que con seguridad nos hubiese prestado Pablo Ramos, alguien cuyo legado todavía no ha sido lo suficientemente reconocido entre nosotros: estamos hablando del cubano que con más insistencia y profundidad pensó el problema del universo audiovisual de los niños latinoamericanos.

Recuerdo esa vez del año 2013 que llegamos a su oficina de la Casa del Festival en La Habana con el objetivo de invitarlo al Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica que se celebra en Camagüey, e iniciar lo que queríamos deviniera una larga alianza. El entusiasmo de Pablo fue inmediato, y entonces nos propuso impartir par de talleres dirigidos fundamentalmente a pedagogos. Porque para ambos nos quedaba claro algo: el cine podrá ser explicado por los críticos a los adultos, pero es preciso crear una base en las escuelas que desde edades tempranas nos enseñe a ver y distinguir esas formas y sonidos ya omnipresentes en nuestras vidas.

La inesperada muerte de Pablo Ramos dos meses después de asistir al Taller de Camagüey, frustró la posibilidad de que pudiésemos seguir trabajando en la idea de conformar un equipo multidisciplinario que, tomando como plataforma el audiovisual, permitiese elaborar estrategias para impactar en la comunidad infantil.

Creo que lo primero que quedó claro en esos encuentros camagüeyanos es que necesitamos las alianzas. Muchos maestros que trabajan por su cuenta en las escuelas este asunto del audiovisual y su apreciación, confiesan tener pocos conocimientos de la historia del cine. A mí esto no me preocupa tanto (en definitiva, no son especialistas en ese tema) como que todavía no tengan conciencia de que aquellos niños que educan llegan a la escuelas pre-formados sobre la base, no de una cultura literaria (como pudo ser la de los maestros) sino plenamente audiovisual. Dicho de otro modo: antes que los niños de ahora aprendan a leer con rigor las primeras historias infantiles, ya se han familiarizado con las tramas consumidas en los dibujos animados que transmite la televisión o se consumen con los contenidos y videojuegos alquilados en “el paquete”.

¿Cómo conectar entonces con estos niños que, sensorialmente, responden a estímulos desconocidos para sus maestros?, ¿cómo conseguir que la tarea del aprendizaje se convierta en algo realmente fructífero, y no en mera colección de lecciones impartidas por alguien que habla desde una “cumbre”, e impone de modo autoritario una tradición en teoría superior?

Lo primero que debemos lograr es imprimirle un carácter científico a aquellas acciones que decidamos emprender. Necesitamos pasar del impresionismo de buena voluntad, muchas veces saturado de un pesimismo que paraliza o una visión romántica que lo idealiza todo, al programa que descanse en los análisis profundos, veraces, los cuales permitirían establecer futuras políticas públicas, que es lo que necesitamos.

Para ello es imprescindible involucrar a las universidades, no solo con el fin de convertir a estos centros en espacios de operaciones con estudiantes de la educación superior, sino que los conocimientos que allí se gestionen, a su vez tengan un impacto real en las comunidades del territorio del cual forma parte la Universidad.

En Camagüey tuvimos hace unos meses una buena experiencia con aquel encuentro internacional “ParticipAndo: Infancia y Ciudad”, organizado por la Universidad “Ignacio Agramonte” y la de Granada (España) justo en “La calle de los cines”, y que surgiera, según se leía en las bases, “de la necesidad de crear un espacio para la reflexión y el debate, encaminado a promover prácticas innovadoras en la concepción de la relación infancia-ciudad. Es nuestro objetivo primordial, mostrar a académicos e investigadores tanto nacionales como internacionales, los resultados e impactos de investigaciones multidisciplinarias que contribuyan a la meta suprema de lograr que nuestros infantes sean incluidos en la concepción y funcionamiento de su entorno de vida”.

Atendiendo a esa experiencia acumulada, al talento existente en el seno de sus claustros, es que creemos que la presencia de la Universidad de Camagüey y de la Universidad de las Artes del territorio en este “Primer Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales” resulta crucial. Sobre todo porque si estamos pensando pasar de la fase puramente teórica o especulativa a la construcción de una comunidad de prácticas que tenga al consumo y lo digital en su centro, demandamos de esa mirada serena, desprejuiciada, e innovadora que solo se consigue a través de la postura científica. Es decir, debemos llegar a la práctica impregnados de esa seguridad temporal que concede lo científico cuando se examina un problema.

Aclaro que hablo de apelar a lo científico en el sentido que le concedía Jaspers, y no invocando a un falso status de seriedad que muchas veces apela a la teoría oscura y el lenguaje rebuscado, más para impresionar e intimidar a los oyentes que para encontrar la verdad del asunto que se investiga. Para Jaspers:

Cientificidad significa saber qué es lo que se sabe y lo que no se sabe. Anticientífico es el saber dogmático. Ser científico quiere decir saber los fundamentos. No científico es aceptar las opiniones ya hechas. Científico es el saber que tiene conciencia de los límites del saber en cada caso; no científico es todo saber total como si se estuviera enterado de todo. Científico es crítica ilimitada y autocrítica, un ponerlo todo en cuestión que impulsa el conocimiento. No científico es el miedo que puede paralizar la duda. Científico es el proceso metódico que paso a paso y sobre la base de la experiencia lleva a la decisión. No científico es el jugar con múltiples opiniones y posibilidades, el parloteo”.

En el caso del consumo audiovisual en Cuba vinculado a las tecnologías digitales, todo está por investigar. Abrir nuestras mentes sin prejuicios, y poner nuestras preguntas en función de entender el fenómeno y crear (y no a la inversa: el fenómeno metido a la fuerza en el cajón donde viven nuestros prejuicios), será todo un desafío.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el enero 24, 2016 en PRIMER ENCUENTRO SOBRE CULTURA AUDIOVISUAL Y TECNOLOGÍAS DIGITALES. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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