LOS TIEMPOS DE NUEVO MUNDO

Nuevo Mundo en dos tiempos

Para los camagüeyanos, estas dos fotos de la sala Nuevo Mundo en épocas diferentes, aún con su inmovilidad, deben ser lo suficientemente reveladoras de la incesante dinámica a la que ha estado sometida la institución.

Los que las miren por encima, apenas advertirán dos fachadas diferentes. Pero ya lo comentaba Bergson: la forma es sólo una instantánea de una transición. Detrás de estas dos fotos se esconde una intensísima historia cultural que aún está por contarse, y que justo este año arriba a las tres décadas de actividad institucional. Una historia donde los camagüeyanos fueron testigos de la creación de la primera sala de video públicadel país, exactamente el domingo 2 de noviembre de 1986, con la exhibición del filme El joven maestro (The Young Master/ 1980), de Jackie Chan.

Para un historiador formado según los cánones que dicta la tradición de la disciplina, treinta años es nada. Y, sin embargo, en el caso de Nuevo Mundo ya podemos hablar de artefactos que forman parte de la pre-historia de ese audiovisual que hoy consumimos. ¿Quién se acuerda ahora mismo de aquellos cassettes Betamax que se utilizaban para proyectar las primeras películas?, ¿cuándo y debido a qué podemos localizar el cambio a los VHS, y qué implicó eso para programadores y públicos?, ¿en qué medida ha afectado, para bien o para mal, la entrada a escena del DVD y el Blu-Ray?

Narrar la historia de una institución cultural supone mucho más que el inventario positivista de sus actividades. El público que ha acudido a Nuevo Mundo siempre ha sido diferente al de Casablanca, por ejemplo, lo cual supone la existencia de un pacto no escrito que valdría la pena explorar desde diversos ángulos. Y no estoy hablando solamente de ese público fiel a los Talleres de la Crítica Cinematográfica, o al Cine-Club Francois Truffaut, o a El Almacén de la Imagen, sino del público (o los públicos) en sentido general.

Hoy el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo podría festejar su treinta aniversario por todo lo alto. No importa que se demorara nueve años en tomar la forma de Complejo que hoy tiene. Lo importante es que ya existe, con su sala de proyección, su Mediateca, y la Cátedra de Pensamiento Tomás Gutiérrez Alea, y que sus condiciones para ofrecer un servicio de corte académico todos los días mejoran, gracias al apoyo del Sectorial de Cultura del territorio, el Cieric, y el desvelo de la dirección del Centro de Cine en Camagüey.

Aunque la ayuda para ser lo que va siendo ha llegado de muchísimos lados. Por poner un ejemplo: la inmensa biblioteca digital especializada en cine de la que pueden disponer estudiantes, profesores, e interesados en general, se les debe a Iván Acosta (Estados Unidos), Fausto Canel (Estados Unidos), Ingrid Castellanos (Cuba), Luciano Castillo (Cuba), Dashiell de la Guardia (Cuba), Rafael de la Osa (Cuba), José Raúl Gallego (Cuba), Reinaldo Lastre (Cuba), Ana López (Estados Unidos), Orestes Matacena (Estados Unidos), Desiderio Navarro (Cuba), Justo Planas (Cuba), Damaris Puñales-Alpízar (Estados Unidos), Dean Luis Reyes (Cuba), Alejandro Rodríguez (Cuba), Juan Carlos Rodríguez (Estados Unidos), y Juana Suárez (Colombia).

Quienes bautizaron aquella primera salita de apenas 40 lunetas con el nombre de “Nuevo Mundo” (Manuel Lechuga Silk, Jorge Luis Acosta, Fidel Recio, Carlos López), tal vez no tenían idea de la trascendencia que lograría la misma en la vida cultural camagüeyana (dicho sea de paso: el nombre de Nuevo Mundo fue aprobado un año después de comenzar a funcionar la sala, que antes fue llamada simplemente Sala Video o Sala Nro.1).A raíz de esta experiencia cuya iniciativa correspondió al entonces presidente de la Asamblea Provincial del Poder Popular, Juan Antonio Bravo, fue creada un poco después en La Habana la sala-video de L y 23,y casi de inmediato se hizo viral la creación de centenares de ellas a lo largo y ancho del país.

Hoy pocas de esas salassobreviven. La mayoría no logró superar los embates del cambio tecnológico y la emergencia de nuevas maneras de consumir el audiovisual. Nuevo Mundo, por suerte, sigue allí, a punto de festejar sus treinta años de creada. Cuando pienso(ahora desde lejos) en este espacio que, como la Cinemateca, ha resultado imprescindible para mi superación como espectador, evoco de manera inevitable a los grandes visionarios con que ha contado la humanidad.

Si Nuevo Mundo fue capaz de abrir un camino hasta entonces ignorado, es preciso que siga manteniendo entre sus objetivos la posibilidad de innovar, experimentar, modernizar las formas de conocer y promover el cine. Y sobre todo, es necesario poner los sentidos en función de detectar esos factores y agentes de cambio que en la cotidianeidad van diseñando, de modo informal, elactual consumo cultural de la gente. Aprovechar, como buenos visionarios, esas circunstancias nuevas: nunca ignorarlas.

Talento y experiencia de los que allí trabajan sobra, y eso sería suficiente para convencernos de que dentro de treinta años otros camagüeyanos y no camagüeyanos acudirán al sitio para festejar la permanencia.

Juan Antonio García Borrero

 

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Publicado el enero 17, 2016 en CAMAGÜEY: LO QUE EL CINE SE LLEVÓ. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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