DESAFÍOS DE LA CINEMATECA EN CAMAGÜEY

El próximo 20 de enero se cumplirá un nuevo aniversario de la primera exhibición de la Cinemateca de Cuba en Camagüey. Eso ocurrió en el año 1969, en el cine Casablanca, y para la ocasión se seleccionó la cinta francesa Los 400 golpes (Les 400 coups/ 1959), de François Truffaut.

He contado por allí lo mucho que significó para mi formación el acceso a la Cinemateca camagüeyana. Desde luego, los camagüeyanos de entonces tuvimos la suerte de contar con el protagonismo de Luciano Castillo en todo lo que tuviese que ver con la promoción de cineclubes y actividades en la Cinemateca. Para ser honesto, no creo que lo logrado por Castillo en esos tiempos tenga algún equivalente ni siquiera en La Habana.

Recuerdo que yo me fugaba casi todos los miércoles de la Vocacional donde estudiaba, para asistir a los ciclos conformados entre Luciano y Héctor García Mesa. Gracias a esa complicidad pude apreciar en la pantalla grande del cine Guerrero películas tan memorables como Gigante o El puente sobre el río Kwai, que hoy podrán verse en la comodidad del hogar, en los televisores más sofisticados que se puedan adquirir, pero que comparado con aquella experiencia de la sala oscura, es como creer que se ha visto el “Guernica” en la más colorida revista dedicada al arte y publicada en estos tiempos.

No estoy llorando por un tiempo ido. Sé que la época es otra, y que gracias a las novedades tecnológicas hoy la gente puede tener almacenada en su casa la historia del cine, con títulos que ni siquiera la Cinemateca de La Habana tendría en su poder. Y, sin embargo, la utilidad de la Cinemateca, como institución que propicia el conocimiento cinematográfico en profundidad, seguiría siendo única. Es más, probablemente la única que podría contribuir al éxito de esa acción que en su momento propusiera Godard:

Antes de producir una historia del cine, habría que producir la visión de las películas, y producir la visión de las películas… no consiste simplemente en verlas y en hablar luego de ellas; consiste, tal vez, en saber ver. Quizá habría que mostrar… la historia de la visión que ha desarrollado el cine que muestra las cosas y la historia de la ceguera que ha engendrado”.

Pensemos en todas esas personas que acumulan en sus discos duros centenares de películas de las cuales no tienen la menor idea de dónde ubicar en la Historia del cine, y cuáles han sido sus contribuciones al desarrollo ya no solamente de las cinematografías, sino de los gustos colectivos, o las tecnologías que las hicieron posibles y condicionaron nuestras modernas maneras de “mirar”.

Es por eso que hoy el trabajo de las Cinematecas debiera estar más vinculados que antes a la labor que realiza el Ministerio de Educación. “Aprender a ver cine” exige mucho más que la permanencia frente a una pantalla. Se necesita la orientación del experto, y sobre todo el debate. Y esto último es tal vez el gran desafío que tendríamos las personas que durante un tiempo nos hemos vinculado a la promoción cinematográfica. Es decir: ¿cómo conectar a las nuevas generaciones (tan consumidoras de un cine donde lo sensorial pareciera ser el medio y el fin al mismo tiempo) con una tradición donde ha estado presente el arte humanista que apela a lo racional?

Estas inquietudes no son nuevas, desde luego. Ya en aquel Primer Foro de Consumo Audiovisual organizado en La Habana hablábamos de la necesidad de involucrar a Educación, pensando incluso hasta en la edad pre-escolar, esa edad que, lamentablemente, es pasada por alto por el grueso de los análisis que abordan el impacto de los medios en la formación o deformación de la niñez. Como si antes de entrar a la escuela, el niño ya no hubiese estado expuesto al bombardeo de imágenes.

Lo cierto es que sea la Cinemateca en sentido general, o su modalidad infantil, necesitamos demostrar que en estas imprescindibles instituciones no solo es posible obtener una gratificación cultural, sino que ellas resultan puentes educativos de un valor hasta ahora inexplorado. O peor aún, subestimado.

Ojalá en Camagüey, ciudad privilegiada con su “Calle de los Cines”, puedan establecerse finalmente esas alianzas, para bien de la comunidad.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el enero 15, 2016 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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