DE MARINA OCHOA A GARCÍA BORRERO

Querido Juan Antonio:

No he tenido noticias sobre este escrito que te envié. Me alegro que no lo hayas colgado porque lo había hecho muy apresurada y estaba con defectos y elementos ajenos. Espero que no me censures por segunda vez. Sería hacer lo que te hacen. Reproducir los patrones contra los que estamos luchando.

No estuve en la Asamblea pasada porque tengo un grave problema pues el vecino de los bajos "empresario nuevo rico" casado con una extranjera que se cree que tiene a Dios cogido por la barba me alardea en tono de machote que no va a respetar lo legislado porque no le da la gana. O sea violar la constitución de Cuba que garantiza el derecho de todos los ciudadanos al agua potable. Yo comprendo que es muy difícil reparar una casa mientras se sigue viviendo en ella pero hay que tener cuidado de no sacrificar sus cimientos. Alerta con esta especie de NEP cubana y con ciertos extranjeros empoderados que provienen de sociedades donde la violación de las leyes es fuertemente sancionada y sin embargo actúan aquí con absoluto desprecio a nuestra legalidad y mirándonos como país por encima del hombro.

Hago alusión a esto no solo para explicar mi ausencia sino también para recordar el país tan difícil en el que queremos retomar el objetivo principal para el cual fue creado el ICAIC "hacer cine cubano, inconformista y técnicamente terminado" (Alfredo Guevara) y que queremos colocar en el centro de nuestro quehacer ya sea desde las instituciones o fuera de ellas, incluyendo outside Cuba.

Cuando llegué al ICAIC en 1974 vine recomendada por la presidenta de la UPEC de entonces, Julio García Espinosa necesitaba que sustituyera a Rolando Díaz en el Archivo Político de sonido por un año porque Rolando había logrado participar en un rodaje como asistente de dirección.

Fue una oportunidad única pues tuve el privilegio de oír en cinta 1/4 muchos materiales claves de esa primera etapa dentro de los que estaban incluidos las reuniones de los creadores con Alfredo y Julio principalmente, lo cual era debidamente grabado y conservado para el futuro que hemos sido alguna vez todas las generaciones que conformamos el panorama cinematográfico cubano y a las que nunca ha habido acceso. Clases magistrales.

En esas reuniones se decían cosas muy, pero muy fuertes, algunas desde posiciones políticas encontradas o desde concepciones de lo que cada artista esperaba que fuera la Cultura de la Revolución.

Con los años muchas de las cosas que se cuestionaron fuertemente por oficialistas o por todo lo contrario fueron validadas con el decursar del tiempo y no solo eso, sino que tuvieron y tienen la frescura que tendrían si se hubieran pronunciado hoy. Es más, muchos de estos conceptos que en teoría se mantienen dentro del ideario de la cultura de la Revolución, dichos por otras bocas del presente cinematográfico actual están siendo tomadas como una suerte de disidencia desde dentro de ¿una política cultural?

¿Qué pasó con aquellos preceptos tan hermosos como fue la amplitud cultural, desterrar el dogmatismo por, entre otras cosas, infecundo, lo de rechazar la presencia sectaria porque le ponía zancadillas al arte verdadero y cerraba caminos?

¿Qué ha pasado con aquello de incursionar si se quería en los ismos del arte, sin temor porque lo transformaríamos a partir de nuestra idiosincrasia esencial, vanguardistas y humanistas, en acciónintrínsecamente revolucionaria? ¿Y qué en cuanto a negar cualquier pretensión de proscribir del arte cualquier manifestación que no estuviera tarada por una perceptible posición contrarrevolucionaria?

Mucho se ha hablado de los conceptos dentro y fuera. Creo que Fidel nos debe una definición de estos conceptos en su relación con la realidad presente.

Estos conceptos han cambiado de significado a partir de un cierto sofismo oportunista que lamentablemente habita en la conciencia de ciertos seudoideólogos de la cultura.

Sin cultura de ningún tipo, ni siquiera política e ideológica cuya ausencia les impide estar a la altura de la compleja realidad nacional. Ideólogos de manual, con cultura de manual, cuya conciencia de sus limitaciones les hace decir rojo cuando le han orientado rosa perla. Y algún otro que llegan a tal grado de obtusidad dentro de su larga trayectoria represora del pensamiento que ni siquiera se dan cuenta del efecto boomerang que han provocado en momentos en que, insisto y seguiré insistiendo utilizar la cultura para transformar la ideología es la nueva estrategia. La ideología no la doctrina, un golpe blando desde la cultura. Sofisticada estrategia que solo neutralizaría la Unidad; pero no una unidad de fundamentalismos trasnochados sino unidad dentro de la diversidad. De confianza de unos en los otros. De comprensión de que cuando los cineastas exhibimos voluntad de dialogar, aunque nos equivoquemos en las estrategias (no somos soldados, somos artistas) es porque la mayoría confía y cree y apuesta por la Revolución. Y si yo representara el poder me sentiría orgullosa del apasionado interés de nosotros los cineastas, pues esa pasión por perfeccionar un espacio que nació con la Revolución no está presente en otros sectores de la sociedad.

Me apena que la política cultural actual no tenga presente que la década del 70 quedó atrás hace 35 años y pretendan trasladar aquellas aberraciones del socialismo real que solo crearon un pensamiento de rebeldía en la generaciones de entonces (muchos de nosotros que además hemos criado otras generaciones), víctimas de funcionarios que se aferraron al mimetismo con un bosque ajeno que abjuraba nuestras raíces y dañaba al gran árbol de la cultura cubana. ¿Es que no quedó claro que no se puede identificar una ideología devenida doctrina con la riqueza de nuestra cultura? .Este fenómeno me resulta complejo de entender si se había proclamado la autonomía, autoctonía y legitimidad histórica del socialismo cubano.

La Asamblea Soberana de Cineastas Cubanos escogimos a un grupo para representarnos en el diálogo con el ICAIC sobre cosas muy puntuales, principalmente Ley de Cine y afines. Y entre los afines está lo que se va vislumbrando la imposición de una torpe censura que va más allá de los materiales audiovisuales, y apunta a pretender política cultural.

Como ya dije no fui a la reunión por lo que estoy muy confundida por las versiones de lo que allí pasó.

Recibo versiones escritas desde “14 y medio” que dice “El grupo de cineastas G-20 votó de manera unánime, en una reunión celebrada el sábado, a favor de apoyar al cineasta y dramaturgo Juan Carlos Cremata mediante la redacción de una carta que denuncie la censura de su obra y la campaña de difamación en su contra.”¿Y la Asamblea qué hizo, se volvió invisible?

¿Quién determinó que la Asamblea fuera abierta al público? ¿Abierta a qué público? ¿Fue con el consenso de la Presidencia? Porque si no lo fue según mi código ético, quizás obsoleto, fue traicionar a la persona que nos está apoyando a costa de jugarse todo lo que se está jugando.

Si hubiera sido consultada, derecho que tengo como parte de esa Asamblea, no hubiera estado de acuerdo con esto porque estimo que es un asunto interno de los cineastas y este tipo de actitudes que no tienen sentido (a menos que hayan cambiados los objetivos iniciales), de lo cual quisiera enterarme no favorecen un diálogo, más aún le dan razón a los que nos miran con sospecha, envían mensajes que no suscribo porque dañan la lucha a favor de nuestras propuestas, en realidad contribuciones desde la inteligencia y la experiencia al perfeccionamiento de nuestro panorama cinematográficos contra una censura demodé.

Y estoy en contra de lo que está pasando con Cremata, lo cual se inició gracias a la irresponsabilidad de los funcionarios pertinentes que no han sido sancionados como se merecen porque la estupidez debía inhabilitar a los cuadros, tal parece un ajuste de cuentas personal y estoy en contra de lo que pasa con Juan Antonio porque pienso que es un pase de cuentas por su blog, y no estoy en contra no de la crítica que le hicieron a Gustavo, fuera quien fuera que lo hubiera hecho, sería inconsecuente con mis principios en cuanto a la censura, pero sí estoy superen contra de cualquier otra acción sesgada en contra de sus derechos laborales, ciudadanos, etc. Aunque discrepo de su llamamiento a pasar a acciones “más duras” entre otras razones porque me gustaría que me definiera el concepto y porque considero que hay que desdramatizar.

Belkis Vega, documentalista con una amplia obra que incluye corresponsalía de guerra, todo un documental que a nadie le ha interesado favorecer, sobre todo porque no ha dirigido su aguda mirada hacia nuestras disfunciones, ha chocado contra la censura. Y se siente asustada (dice Luz Escobar) porque teme una cacería de brujas lo cual me remite al miedo expresado por Virgilio Piñera. Lo que nos sigue empatando con la década gris y el quinquenio negro.

Y tenemos razones para preguntar ¿hay realmente una cacería de brujas?

En cuanto a la crisis del cine documental proclamada por Dean Luis Reyes estoy en absoluto desacuerdo. El documental no está en crisis, lo que está en crisis es la crítica que ignora al cine documental, la promoción y la difusión, y si es dirigido por mujeres peor aún porque la critica está en abrumadora mayoría en las manos de varones. El cine documental interesa solo a algunos críticos si hay algún escandalito alrededor, siempre y cuando lo dirijan hombres, porque en el caso de Buscándote Habana dirigido por una joven realizadora, nadie chistó y fue peor. El autor del documental al que se refiere Reyes me lo enseñó su autor y le señalé la necesidad de ciertos ajustes en el montaje, pero me gustó mucho.

Pero igualmente buenos y en algunos casos excepcionalmente buenos los hay, enumero a la memoria, de Belkis Vega, Lissette Vila, Marilyn Solaya, Lourdes Prieto, Lourdes de los Santos, Niurka Pérez, Gloria Rolando, Miriam Talavera, Rebeca Chávez Regino Oliver, Tony Lechuga, Carlos Manuel Rodríguez, Milena Almira, Jessica Rodríguez, Claudia Rojas, Susana Barriga, Rosario de los Angeles Alfonso, Mensefi Everslay y una servidora entre muchos/as documentalistas.Hay ahora mismo un montón de documentales compitiendo en Nuestro Festival de Cine de La Habana, sin contar los que compiten o no en otras secciones.

Inspirada en las reglas de juego que rigieron los grandes debates que protagonizaron los cineastas cubanos fundadores, que amaban el cine y la cultura tanto como nosotros pienso que hay cosas que hay que replantearse, porque en mi opinión se está evolucionando hacia la torpeza y hacia una absoluta incultura de la negociación civilizada e inteligente.

Creo que los debates de los fundadores en la Biblioteca del ICAIC hay que digitalizarlos, difundirlos y estudiarlos. Creo que en lo adelante en las asambleas solo debemos estar los cineastas de cualquier generación, especialidad, procedencia. Pero solo creadores. Creo que no resulta sana la participación de otros profesionales que no tengan que ver directamente con la creación, lo cual nos da la oportunidad de debates más distendidos con nuestros interlocutores, salvo que se debatan temas que atañen a la cultura en general como es la censura o a otros mas que tengan que ver específicamente con otros sectores como la crítica especializada e investigadores sobre cine cubano.

Intentemos recuperar la frescura de nuestras primeras reuniones. Tenemos razones para la amargura, frustraciones y otros sentimientos pero hay que desterrarlos de nuestro diálogo, porque no ayudan. La cabeza fría favorece la lucidez en el análisis, permite identificar mejor los verdaderos problemas de cada etapa y buscar caminos que nos permiten atravesar la pared de los oídos sordos y de la suspicacia histórica de ciertos cuadros hacia los intelectuales.

Confío que con estas sencillas acciones estemos ayudando a crear condiciones para un diálogo directo distendido con nuestros dirigentes. Y luego les tocaría a ellos desterrar prejuicios, cierta prepotencia, suspicacia, etc, etc, etc.

Marina Ochoa

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Publicado el diciembre 15, 2015 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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