DE GARCÍA BORRERO A MARINA OCHOA

Estimada Marina:

Acabo de regresar del Festival de La Habana, donde coincidimos un par de veces en cines y jardines del Hotel Nacional. Como te expliqué en una de esas ocasiones, esta semana que pasó quería dedicarle el blog estrictamente a la cita de cineastas latinoamericanos, y además, aunque no lo creas, los textos que recibo llevan una suerte de edición básica, toda vez que hay que uniformar estilos, corregir errores mecanográficos, etc, lo cual exige tiempo de lectura. Por eso te pedí que esperáramos a que yo retornara a Camagüey para colgar la reflexión que me proponías. Estando en La Habana, sin embargo, me enteré que ya la estabas circulando por correo, apuntando en su primer párrafo esto que ahora cito: “Espero que no me censures por segunda vez. Sería hacer lo que te hacen. Reproducir los patrones contra los que estamos luchando”.

Lo primero: si relees con atención el texto que envié a la Asamblea (Fenomenología de la autocensura en Cuba) advertirás que yo no oculto que en mi blog sí censuro cuando creo que hay elementos para actuar de esa manera. Y creo que la censura es legítima si, por las razones que sean, se ponen en peligro los intereses que he defendido en el sitio, que como sabes, es estrictamente personal. Intereses que tienen que ver con el ejercicio respetuoso del debate, y el rigor, sobre todo el rigor intelectual a la hora de argumentar las posiciones que sean.

Yo estoy contra la censura que teme a la complejidad, que excluye en nombre de una autoridad que se ve a sí mismo como divina, y asegura hablar desde una cumbre de lucidez que solo existe en las fantasías de sus promotores, pero también estoy contra el intercambio estéril de opiniones, y las descalificaciones personales que no aportan al crecimiento del diálogo y el intercambio productivo. Creo que aquel artículo que en su momento enviaste y no publiqué, un artículo escrito desde la pasión exorbitante que a veces te caracteriza, equivocaba el blanco y dañaba la causa de los cineastas. Como rector del sitio lo interpreté de esa manera y te lo comenté de modo transparente.

En cuanto a lo que comentas de la última asamblea de cineastas, no me he hecho eco de las informaciones que han trascendido en la prensa oficial porque más bien generan en mí frustración. Tenía depositada mis grandes esperanzas en que un debate de altura se encargara de sacar a la luz los problemas que forjan entre nosotros la censura y la autocensura. Los textos de Enrique Colina y Dean Luis Reyes me parecen ejemplares en el desmontaje que hacen del fenómeno. No hablaré del mío, desde luego, pero reitero que lo escribí, no pensando en lo anecdótico, sino en esas cuestiones esenciales que se suponen deban formar parte del debate sistemático de la intelectualidad cubana, toda vez que tienen que ver con el diseño de una política pública.

En algo estoy de acuerdo con los directivos del ICAIC. Esta debió ser una asamblea con la participación exclusiva de los cineastas, aunque posteriormente el debate tuviese toda la publicidad que merecen estos asuntos. Y es que la calidad de cualquier debate estará directamente relacionada con la preparación de quienes intervengan en el mismo (de mí poco se podría esperar en un debate de cocina o fútbol que aspire a trascender el simple canje de opiniones, pues ignoro las interioridades de esas disciplinas). Y por otro lado, Fresa y chocolate es un espacio de la institución ICAIC, y como institución tiene todo el derecho del mundo a sentar sus reglas de admisión. El error institucional estuvo, a mi juicio, en no prever lo que sucedería, e intentar hacer valer esas reglas cuando ya la asamblea estaba a punto de terminar. En cualquier caso, no hay que culpar a los cineastas por lo ocurrido, pues no son policías: a ellos debe evaluársele por lo que allí se expresó, y lamentablemente, de eso no se ha hablado oficialmente. Ni para bien ni para mal.

Como con las asambleas de los cineastas no estamos hablando de un simple intercambio de humores personales, sino tal vez de la más ambiciosa acción colectiva que en el campo artístico-intelectual se viene realizando de un modo sistemático en este país, deberíamos ser más cuidadosos a la hora de reflejar lo que en ellas pasa. Dicho de otro modo: que debemos evitar caer en esas falacias del pensamiento que desde la época de Aristóteles se vienen estudiando, y que muchas veces se cometen de un modo involuntario, afectando la calidad final de los debates (que es lo que más importaría).

En el caso que nos ocupa, pienso que la última asamblea fue víctima de lo que llaman falacia de distracción. Un incidente menor, comparado con lo que se había estado debatiendo hasta ese momento, consigue secuestrar la atención de los medios, y dejar otra vez en la oscuridad las grandes interrogantes y análisis profundos que se estaban haciendo en torno a una realidad compleja que no atañe solamente al grupo de cineastas que a cada rato se reúne en Fresa y chocolate, sino a la ciudadanía en sentido general.

Las consecuencias públicas han sido desastrosas, desde luego, porque quienes leen los breves comunicados oficiales en el periódico Granma, a partir de lo expuesto por los directivos del ICAIC o la UNEAC, sacan conclusiones todo el tiempo sesgadas, y en la mayoría de los casos construyen una imagen negativa de los cineastas y sus demandas, asociadas a términos que connotativamente han operado a lo largo del período revolucionario como claras marcas de identidad intransigente.

En estos días que estuve por el Festival perdí la cuenta de las personas que, a raíz de lo que leyeron o escucharon en los medios, me preguntaban qué había pasado en esa asamblea. Es decir, en vez de estar informados sobre lo discutido, ahora tenían el triple de confusión. Por eso, por respeto a lo que vienen haciendo los cineastas (que no quiere decir que esté de acuerdo con todo lo que exponen) es que intento priorizar en el blog el uso de los argumentos, y la discusión transparente, pero rigurosa. Es de ese debate metódico que saldrán las mejores contribuciones a una política pública que, tarde o temprano, tendrá que hablar de la Ley de cine y los nuevos mecanismos de producción, distribución y consumo de audiovisuales.

Por lo demás, a quienes todavía no se han enterado de cuáles fueron las demandas de los cineastas en esa asamblea, les invito a estudiar sin prejuicios las ponencias que se leyeron, y que en su momento colgamos aquí. Hay que evitar darle la razón otra vez a Gide cuando apuntaba: “Todo está dicho, lo que como nadie atiende…”.

Un abrazo,

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el diciembre 15, 2015 en FORO DE CINEASTAS CUBANOS. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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