Archivos Mensuales: diciembre 2015

EL DÍA QUE MURIÓ EL CINE

lumiere_hermanosHay maneras muy extravagantes de notar que uno está envejeciendo. Por ejemplo, advertir que ya Bruce Willis no encabeza los créditos de las actuales películas de acción. Los héroes del cine envejecen en pantalla más rápido que nosotros, seres comunes acostumbrados a vender nuestra incredulidad al mejor postor, con tal de que nos hagan olvidar durante un rato que la vida es mercado permanente de ocasos y olvidos.

Antes podíamos correr a la par de toda esa gente tan dura de matar. Incluso llegar a la desmesura de sentir sobre nuestra nuca el aliento sofocado de ellos, porque en nuestros sueños les llevábamos casi siempre ventaja. Y gozábamos al imaginar que la realidad plagiaba al cine.

Ahora esos héroes se ven tan viejos, tan cansados, que a uno le da por creer que el cine está definitivamente muerto, y nosotros con él. Hasta que logramos recordar que, no por gusto, el cine nació un día como hoy: Día de los inocentes.

Juan Antonio García Borrero

ADIÓS, 2015; WELCOME, 2016

Cine cubano la pupila 2015Todos los años, más o menos por estas mismas fechas, me sumo a ese frenético ejercicio de evocación e invocación en que caemos los seres humanos cuando estamos a punto de decirle adiós a diciembre.

En mi caso, suelo escribir una suerte de obituario de esos últimos doce meses que he vivido. Hay en esas escrituras mucho de júbilo en función de las inevitables expectativas de cambio para nuestras vidas, pero también dosis ineludible de tristeza, en tanto ganancias y pérdidas suelen ser la cara y cruz de una misma moneda: la existencia.

Acabo de leer lo que escribí hace doce meses, y no puedo evitar que me embargue a partes iguales la alegría y el escepticismo. Lo último porque encuentro en ese texto, párrafos que podría estar firmando ahora mismo. ¿Significa entonces que no hemos tenido avance alguno en lo que nos habíamos planteado a finales del año anterior?, ¿ha sido entonces una mera ilusión de movimiento, como esa que se consigue en el cine a partir de la persistencia retiniana y el engaño que propicia al cerebro la sucesión vertiginosa de imágenes fijas?

Todo depende del ángulo que escojamos para evaluar lo sucedido. Está claro que Cuba, desde diciembre del año anterior (y, sobre todo, desde el 17 de diciembre pasado) no ha dejado de transformarse un solo día. Que no veamos esos cambios de modo explícito, es normal, pero habría que recordar a Pablo de Tarso: “todo está en calma, y, sin embargo, este mundo, tal como lo vemos, está sucediendo”.

Me dirán que en cuanto a políticas públicas asociadas al audiovisual ha acontecido muy poco. Cierto. Las Asambleas de los Cineastas han marcado un hito en la historia cultural de este país, pero legislativamente no han llegado muy lejos. O al menos, a donde quisiéramos la mayoría de los interesados en el tema. Lee el resto de esta entrada

LA CAJA NEGRA DE LO INTELIGENTE

Muy contento con esta segunda colaboración que me aceptan en Juventud Rebelde. La primera se tituló El suicidio de la sabiduría, y ambas tienen a las nuevas tecnologías y su uso creativo en el punto de mira.

LA CAJA NEGRA DE LO INTELIGENTE

Arthur C. Clarke, el célebre autor de 2001, una odisea espacial, anotaría en algún momento: «Toda tecnología lo suficientemente avanzada, es indistinguible de la magia». Esto tiene mucho que ver con la cada vez más creciente tendencia a «cajanegrizar» los éxitos de la tecnología más reciente, o lo que es lo mismo, fijarnos apenas en las utilidades más prácticas, sin percatarnos de la complejidad de eso que conforma el dispositivo en su interior, la cual queda en una suerte de caja negra que la hace invisible, opaca.

Así, podemos adquirir en el mercado un teléfono inteligente de última generación y desentendernos de todo lo que tenga que ver con su funcionamiento: al final, puede quedar la penosa sensación de que los teléfonos sean más inteligentes que quienes los usan. Y consolidarse una paradoja donde advertimos que mientras «más inteligente» el dispositivo, más a merced de los prejuicios, el oscurantismo tecnológico, el pensamiento mágico delegado en las máquinas, quedaría el usuario de esas herramientas.

Aquí lo de la inteligencia no tendría que ver exactamente con esa facultad que describe las posibilidades que tiene el ser humano de razonar, discernir, tomar decisiones a partir de lo aprendido, sino que se trata de una etiqueta secuestrada por el mercado donde el adjetivo Smart se convierte en parte de una identidad comprada (no construida con nuestros propios esfuerzos).

El lado oscuro de esto que menciono se nota de inmediato con el comportamiento cada vez más estandarizado de la gente cuando se mueve en sociedad. No es que las nuevas tecnologías estén inventando la impersonalidad en el comportamiento público, toda vez que ya Heidegger, en su exhaustivo Ser y tiempo había logrado describir esas maneras en que, sin darnos cuenta, nos entregamos al Uno y actuamos de acuerdo con lo que nos dictan las reglas invisibles del estar junto a los otros. Pero sí parece evidente que mientras más proliferen esos artefactos «inteligentes», diseñados por unos pocos para el consumo de muchos, el riesgo de que esa impersonalidad crezca parece inevitable.

Tampoco es que piense que los individuos seamos sujetos absolutamente pasivos, a los cuales nos consiguen domesticar a través del uso de estos artilugios. Siempre que los individuos utilizamos algo, lo estamos poniendo en función de intereses que forman parte de nuestra necesidad más íntima.

Donde tendríamos que luchar, sobre todo si hablamos de políticas públicas, es en impedir que nos embauquen con las falsas necesidades que esta inteligencia artificial pudiera hacernos creer que es la más legítima. Es decir, los entes públicos están en la obligación de crear escenarios en los que sea posible practicar lo alternativo: no ir contra la tecnología, sino ponerla en función de esos intereses comunitarios que, a la larga, ayudarían a desarrollar la nación. Y sobre todo estimular lo que los situacionistas en su época nombraban detournement (tergiversación), a través del cual tergiversaban con un sentido crítico el uso propuesto por el mercado, enriqueciendo la capacidad creativa de los consumidores.

Si nos guiamos por la definición de Clarke que citaba al principio de este texto, vivimos en una época de franca regresión al pensamiento mágico. La proliferación de tecnologías cada vez más avanzadas posibilitará que una buena parte de la humanidad relegue las explicaciones científicas a la caja negra donde esconde todas sus incertidumbres, entregándose a un culto de lo práctico donde solo tiene utilidad lo que se puede usar ahora mismo. Y eso, pensando desde lo público, no es precisamente lo más inteligente.

Juan Antonio García Borrero

EL ACOMPAÑANTE (2015), de Pavel Giroud

El acompañante de Pavel Giroud, cine confortable para un tema incómodo

Por Berta Carricarte (Tomado de Cubanow)

Entre los filmes cubanos que compiten por un coral este año, La obra del siglo (Machado Quintela) reafirma mi fe en el cine independiente cubano. Pero ya a esa le canté sus alabanzas cuando fue estrenada.

Ahora voy por la nueva cinta de Pavel Giroud El acompañante (2015) que ubica su trama en los años 80, cuando se conoce de los primeros casos de SIDA en Cuba. En aquel entonces los enfermos eran recluidos de manera obligatoria en un sanatorio bajo régimen militar en las afueras de la ciudad, Los Cocos, del cual solo podían salir bajo la vigilancia de un acompañante. El campeón de boxeo Horacio Romero cumplirá allí su castigo por dopaje, convirtiéndose en el acompañante de Daniel, un joven ex combatiente que contrajo el VIH en África.

Muy pronto se percata el espectador de que la cinta de Giroud propone una estructura dramatúrgica perfectamente acoplada a los cánones del melodrama tradicional, salpicada de humor y de intensidad emotiva. Personajes con perfiles sicológicos familiares, situaciones que encajan en los moldes habituales del género, montaje paralelo popularizado por Griffith y S. Porter; todo ello consecuencia del ABC del guión modelo –con seguridad Syd Field no lo hubiera resuelto de manera muy diferente-, que gana interés al tratarse de una historia solo posible en Cuba, en los años 80. Cita voluntaria de Rocky (John G. Avildsen, 1976) y One Flew Over The Cukcoo´s Nest (Milos Forman, 1975), y plena de retórica intertextual, puedo añadir que estamos frente a un tipo de cine trasparente, convincente, envolvente, sin trascendentalismos; como decía mi profesor: un racconto ben trovato. Con eso basta. A mí me basta. Lee el resto de esta entrada

DE DEAN LUIS REYES A GARCÍA BORRERO

Juany:

Mil gracias por tu invitación a hacer esa tormenta de ideas durante el festival, pero nuestra utopía digital es con calma. No tanta como la velocidad de conexión del centro de prensa del festival en el Hotel Nacional, donde no conseguí siquiera que se cargara el Mozilla para empezar a navegar.

En fin, tuvimos un festival casi memorable, con películas grandes (El club, El abrazo de la serpiente, Paulina, Un monstruo de mil cabezas), una presencia cubana inédita (diez títulos de largometraje en concurso, nueve de ficción, uno documental), tres obras con participación cubana premiadas (La nube, La obra del siglo y Casa blanca), más un panorama contemporáneo internacional con títulos inolvidables (Las mil y una noches, Bella y perdida, Bajo nubes eléctricas).

Tuve el chance de conocer a Pete Docter, director de Up (2007) e Inside out (2015), quien me contó como cosa suya cómo trabajan en Pixar y hasta me pidió que le sugiriera una peli que ver: lo mandé a ver la de Ciro Guerra.

¿Qué haríamos si no tuviéramos esta ventana al universo? ¿Has visto las pantallas de los cines esta semana de resaca? Tengo dolor de cabeza. Me tomo una aspirina y vuelvo al trabajo. Uno sabe que, si sigue vivo, el próximo diciembre podrá ser la dicha, una vez más.

Dean Luis Reyes

DE GARCÍA BORRERO A MARINA OCHOA

Estimada Marina:

Acabo de regresar del Festival de La Habana, donde coincidimos un par de veces en cines y jardines del Hotel Nacional. Como te expliqué en una de esas ocasiones, esta semana que pasó quería dedicarle el blog estrictamente a la cita de cineastas latinoamericanos, y además, aunque no lo creas, los textos que recibo llevan una suerte de edición básica, toda vez que hay que uniformar estilos, corregir errores mecanográficos, etc, lo cual exige tiempo de lectura. Por eso te pedí que esperáramos a que yo retornara a Camagüey para colgar la reflexión que me proponías. Estando en La Habana, sin embargo, me enteré que ya la estabas circulando por correo, apuntando en su primer párrafo esto que ahora cito: “Espero que no me censures por segunda vez. Sería hacer lo que te hacen. Reproducir los patrones contra los que estamos luchando”.

Lo primero: si relees con atención el texto que envié a la Asamblea (Fenomenología de la autocensura en Cuba) advertirás que yo no oculto que en mi blog sí censuro cuando creo que hay elementos para actuar de esa manera. Y creo que la censura es legítima si, por las razones que sean, se ponen en peligro los intereses que he defendido en el sitio, que como sabes, es estrictamente personal. Intereses que tienen que ver con el ejercicio respetuoso del debate, y el rigor, sobre todo el rigor intelectual a la hora de argumentar las posiciones que sean.

Yo estoy contra la censura que teme a la complejidad, que excluye en nombre de una autoridad que se ve a sí mismo como divina, y asegura hablar desde una cumbre de lucidez que solo existe en las fantasías de sus promotores, pero también estoy contra el intercambio estéril de opiniones, y las descalificaciones personales que no aportan al crecimiento del diálogo y el intercambio productivo. Creo que aquel artículo que en su momento enviaste y no publiqué, un artículo escrito desde la pasión exorbitante que a veces te caracteriza, equivocaba el blanco y dañaba la causa de los cineastas. Como rector del sitio lo interpreté de esa manera y te lo comenté de modo transparente. Lee el resto de esta entrada

PREMIOS DEL FESTIVAL DE CINE DE LA HABANA: EL CLUB, DE CHILE, CON EL CORAL

PREMIOS DEL FESTIVAL DE CINE DE LA HABANA: EL CLUB, DE CHILE, CON EL CORAL

(Tomado de Trabajadores)

La película chilena El Club, de Pablo Larraín, obtuvo el Premio Coral del XXXVII Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, que concluyó este domingo en La Habana.

El jurado adjudicó un Premio Especial a Toro de Neón, de Gabriel Mascaro, coproducción de Brasil, Uruguay y Holanda. La obra del siglo (Cuba, Argentina, Alemania, Suiza), de Carlos Enrique Machado Quintela, recibió una mención.

Los premios de actuación fueron para Jana Raluy, por su papel en Un monstruo de mil cabezas (México) y para Diego Calva y Eduardo Eliseo Martínez, protagonistas de Te prometo anarquía (México, Alemania).

La mejor ópera prima fue Desde allá de Lorenzo Vigas (Venezuela, México), mientras que Magallanes, de Salvador del Solar (Perú, Argentina, Colombia, España) mereció un premio especial en ese apartado.

El Premio Coral de Dirección fue a manos de Sandra Kogut, por Campo Grande (Brasil, Francia). En otras especialidades ganaron Julio Hernández Cordón, Te prometo anarquía (Guion); Ailí Chen, La luz incidente (Dirección Artística); Etienne Boussac, El abrazo de la serpiente (Edición); Alejandro de Icaza y Raúl Locatelli, Yo (Sonido); Nascuy Linares, El abrazo de la serpiente (Música); y Guillermo Nieto, La luz incidente (Fotografía).

El mejor cortometraje fue La nube del cubano Marcel Beltrán Fernández. El Coral de Documental: Casa Blanca de Aleksandra Maciuszek (Cuba, México, Polonia) y Tripido de Mónica Moya (Colombia).

Resultaron también galardonados los animados Las aventuras de Juan Quin Quin, de Alexander Rodríguez González (Cuba), y Los ases del corral, de Irving Sevilla García y Manuel Alejandro Báez Téllez (México).

La película argentina El Clan, de Pablo Trapero, obtuvo el Premio del público.

DE MARINA OCHOA A GARCÍA BORRERO

Querido Juan Antonio:

No he tenido noticias sobre este escrito que te envié. Me alegro que no lo hayas colgado porque lo había hecho muy apresurada y estaba con defectos y elementos ajenos. Espero que no me censures por segunda vez. Sería hacer lo que te hacen. Reproducir los patrones contra los que estamos luchando.

No estuve en la Asamblea pasada porque tengo un grave problema pues el vecino de los bajos "empresario nuevo rico" casado con una extranjera que se cree que tiene a Dios cogido por la barba me alardea en tono de machote que no va a respetar lo legislado porque no le da la gana. O sea violar la constitución de Cuba que garantiza el derecho de todos los ciudadanos al agua potable. Yo comprendo que es muy difícil reparar una casa mientras se sigue viviendo en ella pero hay que tener cuidado de no sacrificar sus cimientos. Alerta con esta especie de NEP cubana y con ciertos extranjeros empoderados que provienen de sociedades donde la violación de las leyes es fuertemente sancionada y sin embargo actúan aquí con absoluto desprecio a nuestra legalidad y mirándonos como país por encima del hombro.

Hago alusión a esto no solo para explicar mi ausencia sino también para recordar el país tan difícil en el que queremos retomar el objetivo principal para el cual fue creado el ICAIC "hacer cine cubano, inconformista y técnicamente terminado" (Alfredo Guevara) y que queremos colocar en el centro de nuestro quehacer ya sea desde las instituciones o fuera de ellas, incluyendo outside Cuba.

Cuando llegué al ICAIC en 1974 vine recomendada por la presidenta de la UPEC de entonces, Julio García Espinosa necesitaba que sustituyera a Rolando Díaz en el Archivo Político de sonido por un año porque Rolando había logrado participar en un rodaje como asistente de dirección. Lee el resto de esta entrada

UN DOSSIER SOBRE LA LEY DE CINE EN CUBA POSIBLE

Ha sido un verdadero honor compartir ideas en este Dossier preparado por el sitio Cuba posible. Creo que los interesados en el tema encontrarán aquí uno de los panoramas más completos, y al mismo tiempo, plural, gracias al bueno tino de sus editores. Comparto mis respuestas, pero busquen las otras, que son formidables.

JAGB

JUAN ANTONIO GARCÍA BORRERO: “QUIERO UNA LEY DE CINE PARA CUBA, PERO CON EL ICAIC COMO ENTE RECTOR”.

Por Cuba Posible

  1. 1. ¿Cuál ha sido la forma de “hacer cine” en el contexto cubano después de 1959? ¿Qué rol ha tenido en este proceso el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC)?

No se puede entender bien el rol que ha jugado el ICAIC en la historia cultural de este país, si no se tiene en cuenta lo que no existía antes de 1959. “Hacer cine” en Cuba fue una práctica que comenzó a existir en el país con la llegada del francés Gabriel Veyre a La Habana, pero jamás tuvo el respaldo estatal. Muchas de esas películas realizadas por montones de soñadores antes de 1959 se perdieron, y es real que nunca consiguió organizarse en la Isla una industria cinematográfica, pese a que abundaban los técnicos competentes que eran contratados por equipos de producción mexicanos, por ejemplo.

El ICAIC surge en marzo de 1959, y es la primera institución cultural creada por el gobierno revolucionario en virtud de la Ley 169. Eran otros tiempos, y aunque la televisión ya comenzaba esa carrera en la que ha terminado por arrebatarle al cine el liderazgo del ocio, todavía en el mundo se pensaba que el cine (entendido como un paquete donde se incluía la película, pero también, el acto mismo de ir a una sala cinematográfica para disfrutar en pantalla grande cualquier historia) era la cumbre de la apreciación audiovisual.

Al ICAIC hay que verlo en ese contexto típico de los años sesenta, en que se consolidaron las cinematografías modernas y las políticas asistenciales de los Estados a sus producciones nacionales. Eso pasaba lo mismo en Francia que en la Unión Soviética, en Polonia o Gran Bretaña. Había a la vista una suerte de enemigo común (el cine hollywoodense), y se intentaba proteger una producción cinematográfica “diferente”.

Claro, que en el caso de Cuba coincidió con el inicio de la Revolución de 1959. Y esto le incorpora al ICAIC una responsabilidad que va más allá de lo exclusivamente estético. Mientras que los franceses impulsaban con la Nueva Ola la inconformidad con un modo de representación trasnochado, o los jóvenes ingleses se mostraban airados con un contexto que les oprimía existencialmente, en Cuba se proponía el más radical de los cambios políticos. Y sobre la base de esa propuesta de cambio violento se establecerían todas las reglas del juego. Lee el resto de esta entrada

MARY PICKFORD EN LA HABANA

Este texto sobre “la novia de América” en La Habana que acaba de publicarme Progreso Semanal, forma parte de una serie de artículos que hablan de la relación establecida entre Cuba y los Estados Unidos, pero desde la perspectiva del cine.

MARY PICKFORD EN LA HABANA

Juan Antonio García Borrero • 12 de diciembre, 2015

Mary Pickford 2Entre los numerosos estudios que ha tenido el cine cubano en los últimos tiempos, sobresalen las contribuciones del investigador francés Emmanuel Vincenot, cuyas pesquisas en la base de datos del American Film Institute (AFI), la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, los archivos de la UCLA, así como en la prensa estadounidense de la época, han permitido reconstruir ese momento fundacional en que en las primeras décadas del siglo pasado, los realizadores del país norteño comienzan a filmar en la isla, sembrando las primeras semillas de lo que, a partir de ese instante, será permanente interacción simbólica entre productores de cine norteamericano y consumidores cubanos del mismo.

Tal es la relevancia de esos estudios realizados por Vincenot, que en su monumental “Cronología del cine cubano”, sus autores Luciano Castillo y Arturo Agramonte, ante la imposibilidad de acceder a las fuentes mencionadas, ofrecen una versión sintetizada del texto escrito por el francés. Para quienes vemos “la Historia” como mucho más que un simple relato de lo sucedido, con fotos fijas del pasado que se suceden inertes y se acumulan como si se tratara de un frío museo, es decir, para quienes vemos la Historia como una plataforma interactiva que nos permite acceder a los siempre fluidos universos simbólicos de las épocas, investigaciones como estas posibilitan enriquecer la percepción de esas fechas remotas.

En el caso del cine cubano, si el uso del cinematógrafo en la guerra hispano-cubano-norteamericana de 1898 por parte de los Estados Unidos, consiguió construir una imagen mesiánica del poderoso país que con el tiempo alcanzaría rango global, es de sospechar que tras la ocupación militar, ese mismo cine se pondría en función de legitimar modos de vida que competían abiertamente con las maneras coloniales representadas por la España perdedora. Para ello, nada mejor que otorgarle a lo que había nacido simbolizando lo bélico, el carácter de embajador cultural de aquello que prometía la modernidad estadounidense. Lee el resto de esta entrada