ERNESTO DARANAS SOBRE POLÍTICA Y POLÍTICAS CULTURALES

Política y políticas culturales.

A propósito del tema de la Asamblea de Cineastas del 28 de noviembre.

Por Ernesto Daranas.

Entre los múltiples relatos posibles para el cine cubano habría que destacar el que corresponde a su vocación constante por ser parte activa de la vida cultural, social y política de la nación. Si la Asamblea de Cineastas existe, es porque se mantiene vigente ese legado y la determinación de un gremio de ser parte del diseño de su espacio de expresión y creación. Esto es imposible sin normalizar el debate no sólo acerca los graves problemas estructurales de nuestro cine, sino también sobre el propio trazado de nuestras políticas culturales.

Con motivo de la exclusión de Regreso a Ítaca en el pasado Festival de Cine de La Habana, comenté que, siendo los artistas responsables de sus obras, no son los autores de la realidad con la que dialogan, sino parte de ella. Por eso, la censura es esencialmente retrógrada, en tanto limita y condiciona el necesario abordaje de los problemas que cualquier sociedad enfrenta. Las estrategias editoriales, que en todas partes existen, resultan más o menos efectivas en la medida que son capaces de integrarse a un sistema cultural y de valores que reconoce a la diversidad de criterios como uno de sus factores de superación y progreso. Para los cineastas no solo se trata entonces de abordar los problemas de nuestras políticas culturales, sino de la importancia de que seamos parte activa de su rediseño, en tanto nos queda claro que los temas por venir en nuestro arte expresarán, de manera creciente, el legítimo enfoque de las generaciones más jóvenes, sumado a las miradas igualmente indagadoras de quienes les preceden. Es un proceso natural y necesario que exige de un diálogo real, interesado en activar las opciones de renovación y crecimiento del modelo de cine, cultura y, en consecuencia, de sociedad, que todos sabemos posible. La resistencia a esto es una posición autodestructiva, contraria a la idea misma de revolución, que tiene como principales aliados a la resignación y el silencio.

No debe pasarse por alto que la Asamblea de Cineastas surge porque lo que debe funcionar ha fallado. Se ha trabajado por proyectarla más allá de esas justas catarsis de quienes no tienen otro escenario para exponer problemas acumulados durante tantos años, pero sin perder de vista que también existe para dar voz a las inquietudes más diversas de nuestro gremio, conformando un legítimo espacio de respuesta frente a decisiones que dañan a la creación y a los artistas. El acuerdo de los presentes de apoyar al cineasta Juan Carlos Cremata es parte de un reclamo extensivo a otras obras y creadores del audiovisual cubano. Y si ya en los minutos finales del encuentro tuvo lugar un incidente ajeno a lo que venía siendo un fluido intercambio de reflexión y polémica, lo esencial de la Asamblea volvió a ser la expresión de esa rica diversidad desde la que se gesta el pensamiento y el arte del cine cubano del presente. Al menos tres generaciones de creadores, con obras y puntos de vista necesariamente distintos, coincidimos en la importancia de acabar de abrir las puertas a un diálogo sistemático y verdadero que se materialice, de una vez, en respuestas y resultados concretos.

Está claro que a los cineastas no sólo nos ocupa el intento de actualizar los modos de producir, divulgar y preservar nuestro cine, sino también las disímiles maneras de pensarlo. Se nos asegura que hay sintonía con nuestros reclamos, pero la realidad es que apenas hemos obtenido resultados concretos, ni siquiera en aquellas propuestas que, durante años, hemos trabajado y presentado de manera conjunta con el ICAIC. La Asamblea es entonces expresión de nuestra determinación de no permitir que ese inmovilismo paralice la dinámica interna de un gremio crucial para la Cultura Cubana.

Más allá de la lógica impaciencia que esa ausencia de respuestas genera, en el encuentro del pasado sábado volvió a evidenciarse nuestra vocación constante por generar propuestas y pensamiento. Los tres textos presentados y divulgados, así como el enjundioso debate al que dieron lugar, cubren apenas parte de una problemática de importantes connotaciones para nuestro cine, nuestra cultura y nuestra vida social y política en general. Al final, se está hablando también de modos de participación, del derecho a diseñar no sólo nuestro futuro, sino de ejercer la responsabilidad que, como cineastas y ciudadanos cubanos, nos asiste en este minuto del presente.

Los debates de la cultura no son la abstracción de una elite, son parte esencial de la conformación de una sociedad cualquiera. Es imposible un efectivo rediseño económico, social y político que no parta de la cultura misma o que, al menos, sea capaz de plantearse las implicaciones culturales de cada nuevo paso. Las políticas culturales verdaderas comienzan por abordar a fondo este problema de partida, desde el cual la polémica siempre necesaria con los creadores no solo se normaliza, sino que se materializa en aportes sociales, espirituales y económicos concretos. Nuestra propuesta de Ley de Cine es, entonces, un claro ejemplo de política cultural, en tanto el rol del cine (en su función social, como arte y como cultura) es el soporte mismo de todo el rediseño estructural que estamos proponiendo con claras repercusiones para el conjunto de nuestra vida cultural. Por eso, los cineastas insistimos en establecer un diálogo real que conduzca a respuestas efectivas que, al tiempo que modelan un nuevo escenario para el cine cubano, pongan coto a la reiteración de viejos y graves errores que dañan la creación, a los artistas y al irrenunciable escenario de pensamiento, cuestionamiento y polémica que le corresponde conformar al arte. El nuestro no ha sido nunca un mensaje retórico. Hemos argumentado a fondo cada uno de nuestros reclamos y propuestas que, a estas alturas, junto al respaldo con que cuentan por parte del ICAIC, demandan del impulso de nuestro gobierno.

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Publicado el noviembre 30, 2015 en FORO DE CINEASTAS CUBANOS. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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