Archivos diarios: noviembre 30, 2015

EN LONTANANZA

La ventaja de haber vivido en lontananza un evento importante, como he vivido yo desde Camagüey esta Asamblea de Cineastas en la que estuve, y al mismo tiempo no estuve, es que en medio de los ecos que amplifican o distorsionan lo sucedido, uno tiene tiempo de buscar las esencias del suceso. Ir, como pedía Husserl, a las cosas mismas.

Para mí la esencia del encuentro se asocia a la reflexión crítica, esa que tanta falta le hace en estas fechas a la nación. Reflexiones que se sacuden ese traje de conformismo intelectual con el que muchas veces intentamos protegernos del vapuleo existencial, para proponernos metas colectivas que demandan consensos mínimos y esfuerzos de muchos.

Es cierto que las ideas que se han expuesto por los cineastas carecen de interlocutores que desde el área de los “decisores” de primer nivel, pongan en el mapa de lo posible lo que ahora mismo no es más que simple querencia colectiva. Esto, no hay dudas, desanima.

Pero a pesar de que ahora mismo no trabajo en una institución, yo sigo defendiendo la necesidad que de la institucionalidad funcione en el país. No me interesa destruir el sistema institucional cubano; sí me interesa llamar la atención sobre sus más evidentes manquedades. Y creo que es, en sentido general, el espíritu que alimenta a la Asamblea de Cineastas cubanos.

Sería imperdonable que a estas alturas la posibilidad de un diálogo verdaderamente crítico que trata de ir a las cosas mismas, a las esencias de nuestros malestares, un diálogo que beneficiaría a la nación en su conjunto, quedase secuestrado por las posiciones pedestremente binarias que han monopolizado hasta ahora el grueso de nuestros debates.

La posibilidad de un diálogo verdaderamente crítico existe; lo que faltaría acabar de definir con precisión a los interlocutores.

Juan Antonio García Borrero

GUSTAVO ARCOS SOBRE LA ASAMBLEA DE CINEASTAS

Comparto esta otra visión de la Asamblea de Cineastas cubanos, publicada por Gustavo Arcos en el sitio OnCuba

SER O NO SER. ESA… NO ES LA CUESTIÓN

Por: Gustavo Arcos Fernández-Britto

En la película Fresa y Chocolate (1993- Tomás G. Alea) tenemos una escena crepuscular: David (Vladimir Cruz) lleno de incertidumbres pretende que Diego (Jorge Perugorría) defina su condición de Revolucionario, como única forma de ser socialmente aceptado. Quedaba expuesta así una disyuntiva que ha marcado al país en más de medio siglo: ¿qué es ser revolucionario? La respuesta, sujeta a interpretaciones de todo tipo, traza una línea que divide a los cubanos, quienes deben definirse todo el tiempo en un bando u otro, por aquello de que si no estás conmigo estás contra mí. El encono y el enfrentamiento “al otro” quedaban así legitimados, por algunos, que convirtieron en dogma lo que debió ser transformación, respeto y evolución. Volviendo a la película, recordemos la respuesta de Diego: Sucede que esto es una cabeza pensante y ustedes al que no dice que sí a todo, o tiene ideas diferentes, enseguida lo miran mal y lo quieren apartar…yo formo parte también de éste país y tengo derecho a hacer cosas por él…

Pocos años después en La vida es silbar (1997, Fernando Pérez) el personaje Elpidio se siente cada vez más preterido por su madre, Cuba, y en otro de esos instantes extraordinarios de nuestro cine, le escuchamos decir: yo puedo olvidar tus olvidos, tu afán de querer hacerme tan perfecto que ni yo mismo me lo creo… déjame ser y pensar como yo quiera, aquí (señala la frente) no manda nadie, tú me lo enseñaste y ahora no voy a cambiar…

Dos instantes, entre muchos otros, que responden a un dilema de más de medio siglo. En 1961 la censura sobre el corto documental PM (Sabá Cabrera Infante y Orlando Jiménez Leal) generó un intenso debate entre los intelectuales. ¿Prohibiría el nuevo y joven gobierno las obras artísticas? El suceso propició una reunión en la Biblioteca Nacional donde Fidel intentó zanjar las diferencias con su conocido discurso Palabras a los intelectuales. Dice Fidel: ¿Cuáles son los derechos de los escritores y de los artistas, revolucionarios o no revolucionarios? Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, ningún derecho. Lee el resto de esta entrada

ARTURO ARANGO SOBRE LA ASAMBLEA DE CINEASTAS

Sábado reflexivo y plural

Por Arturo Arango

La Asamblea de Cineastas de este sábado 28 de noviembre fue distinta. Antes, el 31 de octubre, habíamos acordado discutir sobre política cultural y contenidos en el audiovisual cubano, lo que equivale a tomar por los cuernos al toro de la censura.

El g-20 conocía ya el texto del director Enrique Colina “De la censura y sus demonios”, profusamente difundido por correo electrónico a fines de octubre. A Colina se sumaron dos importantes ensayistas y críticos: Juan Antonio García Borrero, con “Fenomenología de la autocensura”, y Dean Luis Reyes, con análisis a partir de obras recientes, en lo fundamental de jóvenes.

La Asamblea, entonces, tendría un tono inusual. Queríamos que evitara lo anecdótico, lo catártico (siempre presente cuando el asunto a tratar pasa sobre traumas del pasado o heridas recientes) y se acercara a un propósito casi imposible: que tuviera, a un tiempo, altura y profundidad. Altura ética y profundidad conceptual.

Roberto Smith, en su condición de presidente del ICAIC, pidió leer dos cuartillas antes de que comenzara la lectura de las ponencias (¿eran ponencias, eran ensayos?). Dijo Smith que aunque el ICAIC estaba hoy “lejos de sus tiempos fundacionales y de sus mismos fundadores”, debemos continuar defendiéndolo “como un espacio para el debate de las ideas más complejas, abierto a la pluralidad de criterios, aunque nadie puede perder de vista que los que aquí representamos a la institución, como muchos de ustedes, estamos para defender, por encima de todo, a la cultura cubana y a la propia Revolución”.

“Cultura cubana” y “Revolución”, reconoció Smith, “pueden tener diferentes significados para los que estamos compartiendo este espacio. Entre nosotros están cineastas de distintas generaciones y de disímiles experiencias. Vivimos la misma realidad, pero los puntos de vista pueden ser diferentes, contradictorios o antagónicos. La diversidad no debería separarnos. La diversidad debería ser fuente de riqueza. Sabemos que es difícil, pero debemos intentarlo”. Lee el resto de esta entrada

ERNESTO DARANAS SOBRE POLÍTICA Y POLÍTICAS CULTURALES

Política y políticas culturales.

A propósito del tema de la Asamblea de Cineastas del 28 de noviembre.

Por Ernesto Daranas.

Entre los múltiples relatos posibles para el cine cubano habría que destacar el que corresponde a su vocación constante por ser parte activa de la vida cultural, social y política de la nación. Si la Asamblea de Cineastas existe, es porque se mantiene vigente ese legado y la determinación de un gremio de ser parte del diseño de su espacio de expresión y creación. Esto es imposible sin normalizar el debate no sólo acerca los graves problemas estructurales de nuestro cine, sino también sobre el propio trazado de nuestras políticas culturales.

Con motivo de la exclusión de Regreso a Ítaca en el pasado Festival de Cine de La Habana, comenté que, siendo los artistas responsables de sus obras, no son los autores de la realidad con la que dialogan, sino parte de ella. Por eso, la censura es esencialmente retrógrada, en tanto limita y condiciona el necesario abordaje de los problemas que cualquier sociedad enfrenta. Las estrategias editoriales, que en todas partes existen, resultan más o menos efectivas en la medida que son capaces de integrarse a un sistema cultural y de valores que reconoce a la diversidad de criterios como uno de sus factores de superación y progreso. Para los cineastas no solo se trata entonces de abordar los problemas de nuestras políticas culturales, sino de la importancia de que seamos parte activa de su rediseño, en tanto nos queda claro que los temas por venir en nuestro arte expresarán, de manera creciente, el legítimo enfoque de las generaciones más jóvenes, sumado a las miradas igualmente indagadoras de quienes les preceden. Es un proceso natural y necesario que exige de un diálogo real, interesado en activar las opciones de renovación y crecimiento del modelo de cine, cultura y, en consecuencia, de sociedad, que todos sabemos posible. La resistencia a esto es una posición autodestructiva, contraria a la idea misma de revolución, que tiene como principales aliados a la resignación y el silencio. Lee el resto de esta entrada

DE GARCÍA BORRERO A ABELARDO MENA

Querido amigo:

En algo coincido contigo: lo importante, más que el quejarse interminable por lo que nos ha sucedido como individuos, es pensar un futuro donde la autocensura no se vea como algo natural, y podamos construir entre todos algo superior a lo que hemos conocido. Es por eso que hacia el final del texto hablo de la necesidad de una agenda práctica que nos eduque en ese sentido. Y sobre todo que eduque desde bien temprano a los niños que mañana habitarán esta nación.

La autocensura no es un mal exclusivo de la sociedad cubana, aunque está claro que las maneras de censurar en Cuba durante la etapa revolucionaria han condicionado nuestras particulares maneras de callarnos ante lo injusto, por las razones que sea. Pero ya lo observaba Nietzsche en su época: “Hasta el más valiente de nosotros pocas veces tiene el valor para enfrentarse con lo que realmente sabe”.

Con esto quiero decir que el fenómeno de la censura y la autocensura lo que pone en juego es, fundamentalmente, la dignidad humana. Y sí, también en el capitalismo hay mucha autocensura. ¿O no recuerdas aquello que graciosamente apuntaba Mark Twain sobre los Estados Unidos?: “Por bondad de Dios tenemos en nuestro país estas tres cosas indeciblemente preciosas: libertad de expresión, libertad de conciencia y prudencia para no ejercer jamás ninguna de las dos”.

De cualquier forma, lo que escribí está hablando de la Cuba que me ha tocado vivir, y de la que me gustaría ayudar a construir. Y por eso pienso que más importante, o tan importante como la denuncia de la censura institucional, está el examen de lo que como individuos en cada momento hacemos. La censura no es anterior a la autocensura, porque esta última desde siempre ha existido en nosotros.

Un abrazo grande,

Juan Antonio García Borrero

DE ABELARDO MENA A GARCÍA BORRERO

Estimado Juani,

Investigar la arqueología de la autocensura en Cuba demandaría largas sesiones en los divanes sicoanalíticos tan afines a Woody Allen (que mañana cumple 80 años).

De manera sumaria, me parece que la autocensura es la hija de la censura, su consecuencia más internalizada, de un contexto que ha privilegiado las “prácticas represivas de la sinceridad” en vez de la innovación y el desenfado. Dijo Gardel que 20 años no son nada… pero casi medio siglo de historias y microhistorias dejan huella en los individuos, en las sociedades. Cuando callarte la opinión propia y tu imaginación son retribuidas con un cargo, un carro, o la aceptación social (y aquí podríamos mirar con lupa también a la sociedad norteamericana), el surgimiento de los “des-autocensurados” es casi un milagro genético.

Sin embargo, creo es el momento de pasar más allá del estudio de un proceso colectivo de victimización, para proponer -sin afeites- el país que queremos. No esperaremos a que las futuras generaciones nos desbrocen el camino.

La Cuba de mañana, no del futuro brillante eternamente postergado, se decide ahora.

Abelardo Mena