ENTREVISTA CON MIGUEL COYULA A PROPÓSITO DE “MEMORIAS DEL DESARROLLO”

Comparto con los amigos esta conversación con Miguel Coyula, a propósito de su polémico filme Memorias del desarrollo. Solo me gustaría recordar que la primera exhibición pública que tuvo el filme en Cuba, en la pantalla grande de un cine, ocurrió en Camagüey, en el marco de uno de los Talleres Nacionales de la Crítica Cinematográfica.

Hay cierta tendencia involuntaria a olvidar lo que ha pasado en los Talleres de Camagüey, como si no habláramos también de una plaza muy cubana. Al margen de esto, disfruten de las ideas de Coyula, que ya sabemos que además de buen cineasta, es un gran provocador.

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ENTREVISTA CON MIGUEL COYULA A PROPÓSITO DE “MEMORIAS DEL DESARROLLO”

“Lo importante es ser independiente en contenido y forma. Es la verdadera disidencia contra la institución del arte. Es lo que me hace dormir tranquilo”, Miguel Coyula

Por Clara Martínez Malagelada

El pasado mes de Octubre asistí a Tabakalera Donostia a presentar Memorias del Desarrollo, de Miguel Coyula, como parte de una de sus cartas blancas, en esta ocasión ofrecida a CAMIRA. Javier H. Estrada (Vicedelegado de CAMIRA en España) y yo (Delegada de CAMIRA en España) elegimos la película del director cubano, que anteriormente vimos en IBAFF, Festival Internacional de Cine de Murcia, y a raíz de ello surgió la necesidad de entrevistar a su director, Miguel Coyula, y profundizar en la película.

Las cartas blancas son una de las líneas de programación del área de cine y audiovisuales de Tabakalera. Ofrecemos nuestra pantalla a festivales de cine tanto nacionales como internacionales, programadores o críticos para que la activen. El objetivo es entablar y estrechar vínculos con perfiles con los que nos sentimos identificados y a la vez, poder ver y compartir su visión y su manera de trabajar con el cine. (Tabakalera).

¿Cuál ha sido el impacto y la repercusión de Memorias del Desarrollo en Cuba?

Ha habido de todo. La película ha tenido lo que yo llamo una censura moderada. Después de estrenarse en el Festival de Sundance y obtener varios premios fuera de Cuba, el festival de cine de la Habana la invita en una sección fuera de concurso llamada Panorama Latinoamericano, una decisión muy bizarra, tratándose de una película cubana. Aun así se proyectó en el festival y obtuvo muy buenas críticas. Algunos de los críticos sin embargo me han comentado que sus críticas no lograron pasar el filtro de la censura y nunca se publicaron. Hay fuerzas tirando en direcciones opuestas. Un ejemplo es que obtiene varios premios en la Muestra de Jóvenes Realizadores que organiza el ICAIC. No ha recibido un estreno normal, en cartelera como el resto de las películas cubanas.

En la TV, el canal principal Cubavisión ha omitido o censurado noticias de los premios internacionales que ha obtenido la película, mientras que en el Canal Educativo sí se puede hablar de ella, sin mencionar por supuesto los puntos políticos más álgidos de la misma. También hay algunas personas que se aburren o se indignan con la película. Pero el día que se proyectó en el Festival de la Habana sucedió algo que nunca esperé, pues no es una película para el gran público, y es que en la escena de Fiddle, cuando el personaje conversa con el bastón que representa a Fidel Castro y le cita la letra de un bolero “miénteme más que me hace tu maldad feliz” el público comenzó a aplaudir. También se me han acercado muchas personas en la calle, muchos jóvenes, para contarme lo que interpretan de la película y eso para mí es lo fundamental, pues trabajo para que la obra pueda tener la mayor cantidad de lecturas posibles.

Luego han ocurridos sucesos como el caso del embajador de Cuba en el Líbano, Manuel Serrano Acosta, quien exigió retirar la película poco antes de proyectarse. Declaró que “no estaba producida totalmente en Cuba” ignorando que la casa productora de todas mis películas: Producciones Pirámide radica en la Habana y la película está inscrita en las oficinas del CENDA (derecho de autor).

Más adelante el crítico cubano Gustavo Arcos fue el curador de una muestra de Cine Cubano en Corea del Sur, y la vicepresidenta del ICAIC, Susana Molina determinó que Memorias del Desarrollo no podía ser incluida. Puesto que Arcos no aceptó la prohibición, entonces se decidió cancelar la muestra. El evento quedó en un limbo cuando la parte coreana decidió que no quería problemas. Más adelante el ICAIC llevó a cabo la muestra con otro curador y películas aprobadas por el dicho instituto. Claro, esto solo ha sucedido en eventos donde prima la política por encima de la cultura, pues tales exigencias no han podido hacerlas a un festival internacional o cinemateca que se respete. Por consiguiente la película continúa proyectándose fuera de Cuba, mientras que en la isla circula (con suerte) en versión pirata como fichero digital de baja resolución.

En cuanto a la censura y autocensura por razones políticas en Cuba se habla mucho de que hoy se puede criticar, pero hasta cierto punto. He escuchado frases como “Hay que saber negociar con las instituciones” o “al final yo quiero que mi película se ponga en Cuba” o, “Es muy fácil hablar directamente de Fidel”. ¿Realmente resulta tan fácil cuando casi nadie lo hace y los pocos que lo han hecho han tenido que pagar el precio?

¿Por qué no poder tomar la distancia interna, sin aires de trascendencia, ni efectismos, y simplemente hacerlo como quien habla de un vecino o un problema cotidiano? ¿Por qué hay que esperar 30 años para poder llamar a las cosas por su nombre, cuando ya no sea un problema? Tomar distancia, resulta imperioso para superar cierta tibieza en las obras que critican solo aquellos temas que ya han sido desbloqueados por el gobierno. Por ejemplo, la corrupción, los sobornos en la salud pública y en la educación, así como la figura de Fidel Castro desde una perspectiva crítica, son temas prohibidos en un arte institucional.

En un arte verdaderamente iconoclasta no debe existir, ni instituciones, ni temas, ni individuos que puedan ser declarados tabú. Quizás sea un mal de la isla-aldea, el miedo a no enemistarse con el vecino porque somos muy pocos y es más fácil señalarse para convertirse en un apestado social. Es preciso imaginar que estamos hablando desde el futuro, pero hacerlo ahora.

Cuéntanos sobre el proceso de adaptación del libro… Película, libro, ¿comparaciones odiosas?

Fue un proceso largo. Mi primera versión del guión era bastante fiel a la novela, una versión condensada de casi todos los capítulos. Siempre me fascinó la subjetividad de Edmundo Desnoes desde su novela Memorias del Subdesarrollo pues en aquel momento sobre todo, no era común en la literatura cubana. Para mí, Sergio siempre fue un inadaptado y lo sería en cualquier sociedad que le tocara vivir. También le pedí a Edmundo Denoes que escribiera dos escenas, una es la de la estatua de Martí en el parque central, y otra es el texto de la primera clase de Sergio que aparece en la película. Pero luego todo fue cambiando gradualmente. Una decisión grande fue hacer al personaje 20 años más joven, lo cual disparó una serie de cambios colaterales en los sucesos históricos y demás personajes que lo rodeaban. El proceso tardó 5 años en los que reescribía constantemente el guión y la voz en off, de acuerdo a situaciones que encontraba a mi alrededor y que venían a formar parte de la película, pues su estructura abierta permitía una narrativa impresionista, donde por acumulación se fuera formando un retrato del protagonista y su entorno. Muchas cosas que nos sucedieron a mí y al actor, Ron Blair también encontraron referencia en la película. Pronto descubrí que la película no habría funcionado si el personaje se quedaba solo consigo mismo. Era preciso mostrar el mundo que lo rodeaba.

La película, llamándose Memorias del Desarrollo, se concentra más en la vida del personaje en la gran ciudad y el campo queda como un epílogo. Mientras que gran parte de la novela se concentra en la vida del personaje en el campo y su relación con una testigo de Jehová. El personaje en la novela también está concebido como una especie de Sean Connery, un hombre al que las mujeres le caen encima, mientras que mi interpretación para la película era la de un inadaptado desde todo punto de vista. En fin son tantos los cambios y tan largo el proceso que no podría enumerarlos aquí. Lo que sí está claro es que los obstáculos de producción y el tiempo usado, se volvieron lo mejor que le pudo pasar a la película, pues me forzó a experimentar mucho más, de lo que de otra forma hubiera sido un guión y una puesta mucho más lineal.

¿Sientes que tú tienes que hacer todo el proceso? ¿No concibes que monte, por ejemplo, otra persona la película? Como si tuvieran que ser tus manos, un proceso artesanal…

Para mí eso es impensable, se trata del milímetro exacto para el corte. Ya tuve esa experiencia en la escuela de cine donde te obligan a trabajar con un editor, y ser un dictador no es nada agradable, especialmente cuando no le puedes pagar a la persona que trabaja para ti. Para mí es un proceso de soledad, como el escritor. Algo que conlleva una concentración en estado puro, sin interferencias. Es un proceso mucho más fuerte incluso que la escritura del guión. Pues el guión no es literatura, sino un mapa para traducir en lenguaje audiovisual. Pero es en la edición donde la química del todo explota y ese ritmo te puede llevar en direcciones inesperadas.

Háblanos un poco sobre la relación entre cine cubano y disidencia. ¿Qué significa, para ti, ser cubano hoy?

Ser cubano para mí, es algo de lo que no hay que estar ni orgulloso, ni renegar. Cada sociedad tiene particularidades, los gobiernos son transitorios, no puede existir una ideología, una forma de ver el mundo que defina lo que debe ser la cubanía. No creo en las fronteras, solo que por ahora tengo mi base de operaciones aquí en la Habana. El nacionalismo para mí no tiene demasiada fuerza. Gran parte del arte que me formó en la infancia y la adolescencia, vino de otras latitudes, aunque claro las recibí y las procesé en este contexto. Es por eso que la cubanía es para mí la vista del mar desde mi ventana, los olores de la infancia, algunas calles, las ruinas, y las personas cercanas. Es algo muy sensorial. Esas personas y esos lugares donde digerí todo lo que me interesaba. Ahora bien te sales de esa burbuja y es un desastre. Un amigo me decía hace poco “Yo quiero hacer el cine que quiero hacer, pero también quiero ir a un restaurante o a una discoteca, tener una vida normal”. En mi caso yo no puedo hacerlo, porque tengo que vivir para el cine en vez de vivir del cine, tengo que pagarle un mínimo a mis actores, comprar o reparar los equipos que utilizo, utillería, escenografía, gasolina, en fin los costos de producción de una película, que aunque ínfimos comparados con los industriales, son mucho más difíciles si tienes que afrontar tú mismo la producción en un estilo casero. Y terminas convirtiéndote en una persona que no tiene tiempo ni recursos para casi más nada. Terminas viviendo en tu propio país.

Por eso es muy importante la disidencia contra la institución cine. Uno debe hacer el cine que le gusta, y si este es un cine independiente, no debe estar condicionado por lo que está de moda. Apartando las excepciones, siento que a Cuba las tendencias llegan con un poco de retraso pero aún peor, muchas se reproducen sin procesarse ni combinarse, simplemente porque algo está de moda. Claro que es imposible crear algo verdaderamente nuevo. Las letras del alfabeto son solo 27, pero hay maneras ilimitadas de combinarlas, sucede igual con las situaciones dramáticas. Por eso es preciso tomar distancia, divorciarse emocionalmente de la dura realidad diaria local, para cocinar muchas influencias y poder crear una voz propia. Es un gran problema en el cine cubano que casi todo el dinero para su producción viene del extranjero, y muchas veces los directores tienen que plegarse a los intereses de los que financian, tanto en el cine comercial, como en el cine de arte. Ambos son un mercado, y el mercado siempre es el enemigo del arte. Yo he trabajado siempre fuera de las instituciones, mis películas casi siempre han sido financiadas por mecenas en vez de instituciones, personas que han venido a mí. Pues cuando decides salir a pedir dinero (cosa que además requiere un talento que no tengo), siempre viene con un compromiso, por pequeño que sea. Y eso termina siendo una enfermedad crónica. Es como la poliomielitis: Puede que te salves, pero siempre te queda algo…

Esto por supuesto no es un problema solo de Cuba sino global. En todos los países que he filmado siempre ha tenido que ser de la misma forma: Completamente independiente. La cámara es una extensión del brazo, y la computadora puede crear todo lo que necesitas y no puedes costear. Esto es un concepto que muchas veces se malinterpreta como que el cine independiente es el que el director paga con su bolsillo, pero eso ya es irrelevante pues puedes hacer una película independiente desde el punto de vista económico, pero completamente convencional, a la espera de ser asimilado por la industria. Para mí es mucho más importante ser independiente en contenido y forma. Es la verdadera disidencia contra la institución arte. Es lo que me hace dormir tranquilo. Es lo que hace también, ¿por qué no? Sentirme bien siendo cubano.

La universalidad de la película. Hay muchos Sergios… No es sólo una cuestión cubana, es el exilio, es no encajar, es la angustia, es la soledad, en cualquier lugar.

Desde que era adolescente me sentía como un viejo. Creo que yo y varias personas que conozco de mi generación somos víctimas de una sociedad que desde la infancia se vendió como la utopía: En la adolescencia nos dimos cuenta de que no sería así y por eso no puedo confiar ya en ningún político. En ningún sistema político existente, en la noción de que no se puede encontrar una verdad propia sin aborrecer antes la multitud. Pues los políticos tienen que hacer compromisos con todos para poder llegar a una posición que les permita manejar un país. Por eso la revolución ha marcado a Sergio, es la muerte del sueño colectivo. El individualismo a ultranza como única manera de expresarse. Por eso me ha interesado mucho explorar como se siente Sergio más allá de las fronteras de la isla, desde su primera etapa donde en el mundo académico norteamericano se esperan ciertas cosas un cubano, hasta la etapa final de la película donde logra (o intenta) arrancar los vínculos con sus memorias de la isla, después de confirmar que no puede funcionar ni en Cuba, ni en el resto del mundo. Por eso al final simpatiza de alguna forma con alguien más enajenado que él, pero quien, a diferencia de Sergio, aún tiene una utopía. Sergio lo admira y de cierta forma simpatiza: ¿Quizás en Marte? A lo mejor, porque no lo conoce, pero tampoco puede llegar. De llegar, probablemente comenzaría a quejarse de nuevo.

Siempre que veo la película me pregunto por el amor/sexo en Sergio. ¿Qué representa para el personaje? Me parece que es muy importante…

Curiosamente, siendo un intelectual, Sergio es incapaz de sostener una relación intelectual con una mujer, siempre prevalece una visión de la mujer como cuerpos. Es el éxtasis del sexo, la imposibilidad de crear compromisos, no solo emocionales, sino políticos, filiales. Quizás Sergio no pueda amar, y sin embargo busca en el sexo, la intensidad ausente en otras áreas de su vida. Tal vez pudiera decirse que no ha conocido la mujer adecuada, pero sus transmutaciones, desde el uso del collage pornográfico es también una forma de moldear un mundo que le ha sido impuesto, tener control sobre algo en esta vida. Recuerdo que Edmundo temía que el personaje fuera a parecer demasiado misógino en la película, pero para mí tiene rasgos misantrópicos, solo que al ser heterosexual y adicto al sexo, se le adjudica muchas veces la misoginia automáticamente como la forma más fácil describirlo.

En IBAFF, Festival Internacional de Cine de Murcia, nos enseñaste una especie de making off de cómo manipulas y construyes los planos, cómo añades, quitas, pones efectos, capas, color, objetos… Quería preguntarte por el proceso y, sobretodo, por qué muestras esto, por qué hablar del “truco”. Muchos directores no lo harían, me sorprendió y fascinó…

Primero porque yo no veo esto como una “carrera” para mi está claro que es un hobby desmedido, como la droga para algunos, o la religión para otros. Yo no vivo de mis películas. Pero paradójicamente vivo de dar clases de cine sobre mis películas. Cuando comenzaron a invitarme a hacerlo descubrí que me gusta compartir con otros cineastas independientes y estudiantes, las posibles maneras de hacerlo, pues esto no es un proceso caro, sino que te permite resolver problemas serios y muchas veces descubrir soluciones creativas que jamás hubieras imaginado en un papel. Luego lo que yo hago no es nada del otro mundo en cuanto a tecnología. De hecho las máscaras, el cortar y pegar una imagen dentro de un mismo plano, se viene haciendo en el cine desde hace más de 70 años. Hay muchos directores celosos, con miedo a que le vayan a copiar ideas. Eso no tiene importancia alguna. Uno puede reproducir una técnica, hasta una idea, pero la sensibilidad de uno es irreproducible.

Casi todas las películas hoy en día, tienen manipulación digital o efectos especiales en algunos planos. Yo lo aplico a cada una de las imágenes. Cuando se filma sin permiso no tienes todos los elementos que necesitas en el fondo, o puede que te sobren otros. La postproducción de imagen es para mí lo que define realmente las posibilidades de lenguaje del digital. Esto permite saltar las tres etapas cronológicas del cine industrial tradicional: Guión, filmación y postproducción. Mientras yo edito se me ocurren muchas ideas, las escribo, y salgo a filmar de nuevo. Pero además de eso, la sala de edición es el lugar donde toma forma el contenido simbólico de la imagen. La narración en collage no viene como parte de una narración fragmentada en su conjunto, sino que cada imagen aislada está diseñada como un collage con distintos elementos que vayan añadiendo significados. Por eso es que la película funciona mucho mejor en la pantalla de cine. Hay muchos elementos pequeños en la imagen, que se pierden en un formato doméstico. Este es el principio, en que está diseñada la película: Como si utilizando su computadora, su grabadora de sonido, su cámara fotográfica y su escalpelo, el propio Sergio estuviera dirigiendo la película a través del collage real y del subjetivo, que son sus memorias.

Short Link: http://revistasala1.com/?p=7632

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Publicado el noviembre 25, 2015 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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