GONZÁLEZ ROJAS SOBRE LOS NUEVOS ESCENARIOS TRANSMEDIALES PARA LA PARTICIPACIÓN

A mí me parece muy bien la relatoría que viene haciendo Omar Olazábal sobre lo sucedido en las sesiones teóricas del pasado Caracol, porque es otra forma de darle visibilidad a lo allí sucedido. Pero de todos modos, creo que el debate se enriquecería más, si la gente pudiera acceder directamente a lo que se dijo. Por eso les he pedido a Antonio Enrique González Rojas, Antonio Caballero y Rolando Pérez Betancourt me hagan llegar sus ponencias para compartirlas con los amigos del blog.

En aquella primera mesa hablamos de las nuevas tecnologías, y su impacto en las maneras de comunicarnos y representarnos la realidad. ¿Por qué entonces no empezamos a usar creativamente desde la UNEAC las nuevas tecnologías?, ¿por qué el Caracol no podría extender estos debates a las provincias, quizás proyectando en alguna sala lo grabado (incluyendo las intervenciones de Gustavo Arcos y otros), y sobre esa base comenzar a construir la agenda práctica? (algo de eso ya hace la revista Temas); ¿por qué esperar al próximo Caracol para enterarnos si se ha podido hacer algo, no en La Habana, sino en todo el país?.

No hay que esperar al otro Caracol para comenzar a actuar en función de lo que allí se señalara. Al margen del tono de Arcos en sus intervenciones (en broma, he comenzado a llamarlo Gustavo Arcos, alias Gustavo Tell), son sus argumentos los que nos deberíamos empeñarnos en resolver o impugnar, porque lo cierto es que no pocas de las cosas que él plantea fueron ventiladas en el pasado Congreso de la UNEAC, es decir, forma parte de un malestar cultural que muchos compartimos. Y que necesita ser curado.

Con Arcos tengo un montón de diferencias que alguna que otra vez hemos ventilado en público, pero eso no me impide ver que también él busca contribuir al saneamiento de nuestras prácticas culturales. Que las ideas de él, o las mías, sean vapuleables, carece de importancia. Porque al final lo que importa es la cultura, que se hace entre todos, incluso, más allá de las instituciones.

Juan Antonio García Borrero

Pd: Comienzo colgando la ponencia leída ese primer día por Antonio Enrique González Rojas.

SOBRE LOS NUEVOS ESCENARIOS TRANSMEDIALES PARA LA PARTICIPACIÓN

Por: Antonio Enrique González Rojas

El actual panorama comunicativo que ya va determinando la impronta del siglo XXI en este mundo nuestro, implica el resquebrajamiento definitivo de la canónica, determinista y positivista bipolaridad Emisor-Receptor. Este dueto o dualidad se halla en la esencia de todas las vertientes de la teoría de la comunicación del siglo XX o “Era Broadcasting” —como pudiera también clasificarse—, cual axiomática fatalidad y moldura básica, sobre la cual erigir cualquier modelo y conceptualización.

Sin embargo, el desarrollo tecnológico en una vertiente no industrial, que demarcó por ende el inicio de la Sociedad de la Información, ha propiciado un reordenamiento paradigmático de hondura sin precedentes y calado perfectamente equiparable a la invención de la imprenta. De hecho, la urdimbre básica del pensamiento comunicacional y todas las disciplinas que se le interconectan de manera compleja (dígase antropología social y cultural, psicología, sociología, teoría del arte) ha derivado de estos actores a tres procesos: el relato transmedial, arbóreo, paralelo, de finitud imprecisa y desde el multilenguaje; la posibilidad real de generar contenidos autónomos, auténticos y sin criba previa (la censura es sólo una de las caras del inevitable arbitrio humano) en manos de los arcaicamente llamados públicos; y el redimensionamiento y expansión de la libre escogencia, del libre arbitrio de las personas o usuarios a la hora de seleccionar la clase de contenido a consumir y las condiciones para hacerlo.

Se aprecia la pluralización abrumadora de los núcleos generadores y reproductores de contenidos, trayendo a la palestra el modelo psicosocial del líder de opinión, pero a escala global. Pues no hablemos del propio redimensionamiento que experimentan las concepciones de lo global, lo nacional, la comunidad y la sociedad en sentido general. Además de la evolución del propio concepto de mass media como “mediador” (valga la redundancia) inamovible entre los públicos y los emisores de antaño. Ahora hay que reconsiderar al medio en su acepción de entorno, hábitat y comunidad donde sucede una plena interactividad, convivencia y generación de sentidos. Volviendo al sujeto, vemos igualmente reasumidos los conceptos de avatar, dopplegänger o surrogate, dada la identidad que se crea cada usuario en nichos virtuales como las redes sociales, los juegos de rol on line o los salones de chat 3D. [more]

Vayamos por partes y definamos más claramente la situación: el relato transmedial propone el desarrollo de contenidos de diverso origen mediático, ya sea literario, audiovisual, musical, gráfico o plástico en sentido general, que se interconectan como segmentos imprescindibles de una macro historia, de todo un mundo complejo y hasta muchas veces inaprensible. Pero también mutable y manipulable la mayoría de las veces por los usuarios, cual sofisticada evolución de los clásicos juegos de rol, donde determinados postulados y personajes básicos propician la creación de infinitas historias posibles. El punto de partida casi siempre es un producto específico que llega a diluirse en la gran maraña de ramificaciones que resultan de su expansión, desapareciendo como elemento axial.

Así, vemos una historia o mitología que inicia con un libro o una película o hasta un parque temático, como el icónico caso de Piratas del Caribe, y luego se ramifica y estratifica más allá del antiguo y básico merchandising (visto como derivaciones pasivas del relato principal). Por ejemplo, precuelas y secuelas de cintas se editan en formatos gráficos, literarios, animados o los llamados webisodios, donde se desarrollan segmentos, pasajes o historias paralelas al relato inicial. Esto va más allá de la simple adaptación de un original escrito al audiovisual o viceversa. El contenido generado en cada formato es irrepetible y en gran medida imprescindible para aprehender a cabalidad el universo o metarrelato que se propone. La interactividad es clave en estas lides, pues la creación de juegos on line o de mesa también implica una intervención del usuario en el mundo que se le ofrece. Surgen también los llamados fan films o las sagas no oficiales de seguidores que siguen elaborando ramificaciones del relato no concebidas por los gestores “oficiales” en el corpus principal, si lo hay. Aquí entraríamos en el nebuloso y pantanoso terreno del copyright y el copyleft…pero mejor seguir.

La generación de contenidos autónomos no es más que esto: la posibilidad real de cada persona con acceso relativamente posible a medios de creación y a internet, claro está, de emitir sentidos propios y hasta a convocar a grupos de interesados en la propuesta, a financiarla mediante la cooperación o el llamado crowdfunding (en español se emplea: micromezenasgo o financiación colectiva). Estos involucrados se convierten en lo que se ha dado en llamar prosumidores, contracción de los vocablos productores y consumidores. O sea: yo pago porque alguien haga algo que quiero ver, más allá de las propuestas verticalistas y prediseñadas de las grandes gestoras. Actualmente se identifican cinco variantes principales: Donaciones (puro altruismo o filantropía), Recompensas (se reciben premios simbólicos o monetarios), Acciones (a la clásica usanza de Wall Street), Préstamos (a cambio de intereses) y Royalties (se obtiene una parte simbólica de los beneficios)

Otro concepto que emerge es el crowdsoursing, que implica la convocatoria abierta a personas a participar en la gestación de un proyecto, donde aportarán ideas diversas y frescas, mucho más cercanas a las posibilidades de éxito del producto final X. Cómo lo hago, de qué manera lo diseño, en fin, cómo lo quieres para hacerlo a imagen y semejanza de tus deseos. O como mejor definen los teóricos Estelléz y González en el texto Hacia una definión integrada del crowdsoursing: “…es un tipo de actividad en línea participativa en la que una persona, institución, organización sin ánimo de lucro, o empresa, propone a un grupo de individuos, mediante una convocatoria abierta y flexible, la realización libre y voluntaria de una tarea”.

Ahora, el propio término de contenido viene, además, a sustituir las ya añejas concepciones de parrilla o programación rígida, que ofrecían al auditorio poca o ninguna posibilidad de deslindarse de la propuesta preconcebida por un grupo de poder mediático. Ahora los contenidos se colocan en menús o plataformas como Netflix, Vimeo, Youtube, Gnula, y demás, para el caso audiovisual (no escapan a esto las otras artes acorde a sus particularidades), donde el usuario puede acceder acorde su voluntad, deseos y posibilidades.

Hipócrita o ingenuo sería si desconociera el alto por ciento de humanidad que no tiene acceso ni conoce de internet y sus bondades. Bueno, algunos ni a la TV o la radio han llegado…ya por pobreza, por falta de acceso (como muchos cubanos) o ya porque sus sistemas culturales no necesitan de estos artilugios para sobrevivir. Al final, estamos montados sobre el modelo occidental que ha determinado este tipo de dinámica sociocultural.

Todo esto, enumerado grosso —e intenso— modo, conduce al aumento innegable de las posibilidades de escoger y hacer por parte de los usuarios, o ciudadanos de internet, o amigos de los ciudadanos de internet (algo muy común entre los cubanos). Es la sociedad civil en un momento de singular esplendor, acompañado del inevitable lado oscuro de la Luna o de la Fuerza, que son las mil astucias de los poderes activos para sostener un entramado sociopolítico y cultural a su favor. Y las industrias comunicativas y del entretenimiento claro que persisten en emplear tales dinámicas y herramental en pos de sostener su jerarquía como Emisores o eufemísticos gestores de contenidos.

Esta es toda una toda una verdadera carrera de la Reina Roja por adaptarse a los nuevos tiempos y continuar sosteniendo el entramado económico mundial. El equilibrio entre anarquía y poder es ahora más delicado y tenso que nunca, a la vez que las mismas nociones de “libertad” y “dominación” también se han difuminado en una perenne y gordiana maraña de negociaciones, persuasiones, gratificaciones, usos, seducciones, y muchos otros tipos de pactos entre los innegables consorcios comunicativos, que a la larga han provisto al resto del mundo de las plataformas donde transcurre actual estado de cosas.

Esto sirve igualmente para los poderes políticos que han requerido y requieren de una revisión, actualización y reconcepción de sus maneras de dominación y manipulación, que nunca deberían incluir hegemonías directas sobre los medios, censuras, prohibiciones y coerción al más terrible estilo norcoreano. Deben aprender a negociar y maniobrar en medio de un estado de múltiple diálogo, donde ya no prima un “deber ser” ideal y exclusivo, ni mucho menos se puede esperar la unanimidad aullante y asertiva de concentraciones millonarias en grandes plazas, alucinadas con un futuro brillante a la vuelta de la esquina.

En el gran fondo de todo esto está la participación o al menos la posibilidad de esta; o si se quiere, la ilusión de participación, a la mano de muchos, como nunca. Claro que es tan imperfecta como la democracia griega, que nunca ha llegado a un utópico estado de total satisfacción de todas las personas. Pero es a lo mejor que se ha llegado.

Generando, jerarquizando, apoyando contenidos disímiles, paralelos a los mainstream mediáticos, los usuarios o prosumidores actuales, ciudadanos privilegiados de internet al fin y al cabo (pero aún existentes en muy significativa cantidad), contribuyen a la construcción colectiva de sentidos que es la cultura humana, suma de expresiones culturales.

Que si son muchos de estos contenidos manipulados con sutiles métodos. Sí. Que si implican contradicciones. Claro. La unipolaridad de cualquier tipo es un absurdo dialéctico. ¿Que si la banalidad? Muchas veces es pura cuestión de puntos de vista. ¿Que si la sobreinformación? La torre de Babel se erige como gran símbolo y metáfora de todos los tiempos y sobre todo de estos. ¿Qué si ataques, polémicas, campañas, guerras mediáticas, competencias por las preferencias, pugnas por la fidelidad y comunión? El ser humano siempre ha perseguido el poder sobre sus semejantes, la prevalencia del más apto ergo la preeminencia de su marca cultural. Pero ahora gran parte de la manada brega por hacer oír su alarido particular, aunque no desee el poder absoluto de tiranos de muñequitos.

Pero algo más ilusorio aún en estas circunstancias es la hegemonía total de un modelo específico, de un “deber ser” absoluto, aunque sea gestado con las mejores intenciones de educar, orientar, o con las peores de dominar, manipular, subordinar. A la larga, uno termina convirtiéndose en otro cuando la voluntad se añeja y enquista en el poder.

Se difuminan los horizontes definitivos y definitorios. Toda finitud se diluye en un proceso infinito hasta donde la vista percibe, donde todas las voces y poderes se revelan como partes, nunca como corolarios definitivos de procesos. Negar esto creo que es el mayor signo de decadencia y extrañamiento. Es tiempo de negociación, diálogo, reconcepción y convivencia de posturas; que no digo sea ideal siempre, más bien todo lo contrario. Defender la verdad de cada uno, pero no en detrimento del derecho de otros a expresar. Nunca obliterar al otro, nunca sustraer la posibilidad de expresión autónoma. Nunca negar el acceso a la información desde la paranoica abrogación de saber qué es lo mejor para las personas sin preguntarles antes, sin dejarlas participar de la decisión. Que busquen por sí solas sus disímiles verdades a medias, que no son precisamente mentiras. Que se equivoquen, que rectifiquen, pero que participen…

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Publicado el noviembre 18, 2015 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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