REPENSANDO EN EL CARACOL

He aquí una buena relatoría de lo sucedido en la primera sesión teórica del Caracol.

ARGUMENTOS PARA PENSAR Y ACTUAR (I Parte)

Por Omar Olazábal Rodríguez

Fuente UNEAC 17.11.2015

La agenda del evento teórico efectuado del 4 al 6 de noviembre en el contexto del Concurso Caracol 2015 propició el intercambio entre artistas, críticos y directivos de los medios en torno a acuciantes problemas que gravitan sobre la programación y la recepción en Cuba de la producción audiovisual. A su vez, el encuentro puso de relieve la contundencia de los argumentos que deben permitir a la vanguardia intelectual avanzar constructivamente en ese campo y sobrepasar ciertas posiciones que desde el relativismo más extremo hasta la más absoluta falta de compromiso cívico, intentan lacerar el diálogo fecundo entre los creadores y las instituciones

Ello aconteció, de manera particular durante la primera sesión del encuentro, convocado por la Asociación de Cine, Radio y TV de la UNEAC, que abordó el impacto de las tecnologías digitales en los lenguajes artísticos. Precisamente el uso de estas nuevas tecnologías me permitió reescuchar una y otra vez lo allí debatido.

El primer ponente fue el reconocido crítico Rolando Pérez Betancourt, quien repasó los retos que los realizadores de cine y el público han afrontado a medida que se han ido introduciendo cambios tecnológicos, los que van desde la aparición del cine sonoro, la competencia impuesta por la televisión, la tercera dimensión, hasta la computadora y la internet, que permiten un visionaje personalizado. Posibilidad, subrayó, que ha hecho aparecer “un nuevo tipo de espectador más interesado en consumir cualquier producto mediante cualquier medio de última generación que en calibrar componentes artísticos”.

En la actualidad, señaló, se puede “barruntar que no obstante el desarrollo de las nuevas tecnologías, el gran cine comercial, en manos de las transnacionales del entretenimiento, continúa martillando en su agotado universo temático, entre otras razones porque a lo largo de los años ha condicionado la preferencia de un gran público interesado en consumir fórmulas y no en cambiar sus miradas apreciativas. Ese público, atrapado en la opinión dominante que le inculcan los grandes medios, y que hoy se expande a los dominios de la política, la economía neoliberal, la filosofía de bolsillo, la moda, la belleza física y por ahí una larga lista, paga por ver los millonarios Blockbusters, o lo que es igual, el éxito garantizado a partir de sus preferencias, y no por filmes provenientes de un cine más serio, o de autor. Al respecto bastaría con recordar que los 15 filmes que hoy día superan los mil millones de dólares recaudados son películas norteamericanas de ese corte”.

Antonio Caballero, profesor de la Facultad de Medios Audiovisuales (FAMCA) de la Universidad de las Artes, se refirió a la mediación de las innovaciones tecnológicas en el modo de percepción del espectador, lo cual implica a su vez cambios en la manera de pensar. Al respecto llamó a reflexionar acerca del modo oblicuo con que las corporaciones que ejercen la hegemonía inciden en última instancia en los usuarios de las nuevas tecnologías de la información.

Luego correspondió el turno a Antonio E. González, crítico de cine, habitual en las páginas impresas y digitales de El Caimán Barbudo y en un espacio televisivo. En un inicio reseñó algunos de los aspectos que configuran parte de la actual relación entre tecnologías, medios audiovisuales y públicos. Subrayó la emergencia de “relatos transmediales”, la generación de contenidos autónomos, el surgimiento de comunidades cibernéticas en torno a intereses compartidos, y la “libre escogencia” de los materiales disponibles en las redes.

En lo adelante, valiéndose de generalizaciones en las que resultó imposible determinar un preciso contexto referencial, González emplazó a los “poderes políticos” para que revisaran y se replantearan procedimientos, en tanto consideró imposible reeditar mecanismos de “manipulación y dominación”, provenientes del ejercicio de la “hegemonía directa”. Esos poderes están abocados a “negociar y maniobrar”, y “no a adoctrinar”, pues de acuerdo con el crítico ha pasado el tiempo de “la unanimidad aullante y asertiva de concentraciones millonarias en grandes plazas alucinadas con un futuro brillante a la vuelta de la esquina”.

González dijo más: apostó por “la participación o la ilusión de participación”, y suscribió su credo en “la democracia griega, imperfecta, pero que es lo mejor a lo que hemos llegado”. Cuestionó a quienes critican la noción de banalidad (“es solo cuestión de punto de vista”) y abogó por la convivencia de “posturas diferentes que defiendan la verdad de cada uno”.

El crítico Juan Antonio García Borrero, quien por cierto obtuvo el Premio Caracol en Ensayo e Investigación por un documentado texto sobre la producción de cine para la televisión, planteó la necesidad de emprender programas de lo que llamó “ciberalfabetización”. Esto se debe hacer, opinó, desde las potencialidades de nuestras instituciones, a partir de la previa comprensión del fenómeno, de un cambio de mentalidad de los gestores que permita asumir los desafíos, de alianzas estratégicas con la vanguardia intelectual y artística, y del estudio de las expectativas de los nuevos auditorios.

En todo caso, apuntó, habrá que desterrar prejuicios y enfocar el asunto desde una profunda perspectiva cultural. No es solo cuestión de alcanzar, más temprano que tarde, un mayor acceso público a Internet ni de multiplicar el uso de los nuevos dispositivos. Como ejemplo citó lo que viene ocurriendo con la ampliación de las zonas de wi – fi en la isla, en las que la mayoría de las conexiones satisfacen de momento necesidades comunicativas básicas en el terreno de los afectos y pocos exploran otras posibilidades.

Para García Borrero la “ciberalfabetización” es imprescindible en función de formar un espectador con una capacidad crítica de discernimiento y más elevados niveles de apreciación estética. En definitiva se trata de hacer realidad uno de los acuerdos del último Congreso de la UNEAC, el cual se pronunció por el uso creativo de las nuevas tecnologías.

En el debate participó Gustavo Arcos, crítico y profesor de la FAMCA y, como él mismo se declaró, “apasionado de las tecnologías”. Para Arcos el problema no está en acceder a tal o cual contenido (“yo puedo ver 24 horas de pornografía y violencia y después seguir mi vida normal, no violar ni matar a la primera mujer que me encuentre”, o “se acabó Caso cerrado y yo hago mi vida normal, amo a mi madre, mis hijos, hago lo que tenga que hacer; eso no es importante”), sino en la formación de los individuos.

En tono intempestivo, clamó no estar de acuerdo “con Rolando Pérez Betancourt y otros funcionarios del país en estar adoctrinando a todas las personas con un dedo acusador acerca de lo que tienen o no tienen que ver”.

Habló de “la crisis de valores” y de que “los adolescentes tienen problemas. ¿De dónde vienen esos adolescentes? Son frutos de la educación de la Revolución por 50 años. O sea, el que consume el paquete, el que consume reguetón, ese que decimos que consume la frivolidad, son nuestros hijos que crecieron en nuestras escuelas y de una Revolución que en los últimos años ha estado fatal: la culpa es de nosotros, ni del bloqueo ni de Estados Unidos, es de nosotros como nación”.

Con idéntica agresividad, Arcos, que es miembro de la UNEAC, afirmó “estar aburrido de que el Caracol y la UNEAC no funcionen”, al considerar que “no se pasa del discurso a la práctica”. Para él, desde “el socialismo o lo que sea, pues no se sabe si esto es socialismo, hay que crear productos que compitan y no criticar lo que producen otros si nosotros no poseemos una obra que compita con la de ellos”. Tampoco Arcos cree válido que se comenten en la televisión las películas antes de ponerlas, sino esto debe ser después; dejar que la gente “llore, sufra, disfrute” y luego entonces comentar las obras. Otra de sus quejas se dirigió a que la “censura que impide que las producciones (de la FAMCA), como un montón de otras más, se exhiban”. En respuesta a esta última afirmación, Sara Vega, especialista del ICRT, aseguró que el organismo trabaja por promover los filmes de los alumnos de la FAMCA. Espacios como Ver para creer, que dirige Magda González Grau en Cubavisión Internacional y Lente joven, de Cubavisión, proyectan audiovisuales, realizados por estudiantes de la mencionada Facultad y lo mismo sucede en el programa La pupila asombrada.

Muy sereno en su firmeza, Pérez Betancourt, quien expresó: “que yo sepa, no soy funcionario”, recordó a Arcos lo que, en tiempos de la Revolución Francesa, Mirabeau le dijo a Robespierre: “la exaltación de los principios no es la verdad de los principios”. Luego de aludir a la manera errática en que Arcos entremezcla cultura y política, señaló: “tú dices cosas interesantes y también me atribuyes cosas que yo no he dicho; la exaltación te lleva a un discurso irrespetuoso y desfasado contra personas e instituciones. Te pediría que midas la extensión de lo que dices”.

Soledad Cruz, organizadora de los paneles del Caracol, le exigió a Arcos rigor intelectual y seriedad en sus análisis: “No se puede ignorar lo que ha tenido que resistir este país a partir de los años 90 en que ciertas aspiraciones han sido pospuestas para sostener conquistas esenciales. Este gobierno ha tenido defectos, no hablo desde la complacencia, pero estamos en la obligación de evaluar la realidad con rigor, con discernimiento, con responsabilidad, ir al fondo de los problemas y no a la superficie. Deberíamos preguntarnos lo que significa la garantía de los derechos universales a la salud y la educación en nuestro país, algo que hasta en Estados Unidos se preguntan cómo es posible”.

También Soledad le expresó que si se habla de educación, habría que hacerlo además, de la familia y de las responsabilidades compartidas. Una responsabilidad que nos debe conducir a evaluar los múltiples y diversos factores que inciden en un problema y no a formular planteamientos exacerbados ni sesgados.

Tampoco faltaron precisiones acerca de los planteamientos de Antonio E. González. La crítica Paquita de Armas reclamó se dejase a un lado la ortodoxia del enfoque generacional a la hora de examinar el uso e impacto de las nuevas tecnologías. Pérez Betancourt dijo “yo prefiero hablar de algo que algunos críticos pierden de vista, inmersos en la retórica sobre las nuevas tecnologías, y es la visión política e ideológica, que existe, subyace, en el arte, lo cual se olvida y nos lleva a un dejar hacer, a suprimir escalas de valores”.

En intervenciones sucesivas varios de los participantes en el Caracol, para nada “aburridos” del debate y confiados en la utilidad del diálogo, se pronunciaron por consensuar plataformas comunes, desde la UNEAC y junto a las instituciones, para resolver los problemas y afrontar los retos. A lo largo de una decena de exposiciones, creadores y críticos opinaron acerca de la naturaleza de las tecnologías de la información y su impronta en la realización y distribución de las producciones audiovisuales, y de la importancia de poner en función esas plataformas en la enseñanza de la historia y los valores cívicos. También resaltaron las potencialidades de la integración y la cooperación entre la UNEAC, las instituciones docentes y académicas, los Joven Club de Computación y los medios de comunicación.

El director general de la TV Cubana, Alfonso Noya reconoció que al medio le ha faltado en lo interno un diálogo sistemático sobre algunos de los temas debatidos en esta sesión del Caracol, pero de lo que se trata en lo adelante es de hallar fórmulas que posibiliten que las mejores ideas se concreten en la programación.

Por su parte, Luis Morlote, realizador de programas radiofónicos y televisivos y vicepresidente primero de la UNEAC, insistió en que a la organización le corresponde, de conjunto con las instituciones, articular un plan de acciones que sistemáticamente se revise con los creadores, y explicó que se hace indispensable favorecer alianzas, compulsar a los responsables y coordinar empeños. Tenemos que crear grupos de trabajo para discutir y proponer desde la UNEAC soluciones a los problemas que se han planteado en este encuentro. Como ejemplo de esa práctica citó el proceso de análisis y debates que la organización ha venido realizando sobre las relaciones entre cultura y turismo, y que ocupará la atención del próximo Consejo Nacional el 4 de diciembre. Se debe articular un proceso similar de manera que en el Caracol del 2016 se puedan valorar avances, dijo Morlote.

Entre los participantes del encuentro, hubo consenso en torno a proyectar cada uno de los planteamientos en las agendas de trabajo de los organismos e instituciones implicados, de modo que los asuntos debatidos en el Caracol tengan una expresión práctica. Se insistió en que no hay que esperar un año para abordar los problemas y proponer soluciones; todos los meses el espacio Moviendo los caracoles, que organiza la Asociación, debe convertirse en un foro que dé continuidad y profundice el análisis de los temas discutidos.

Pensar y actuar es la divisa de la UNEAC y tiene que ser un imperativo de su Asociación de Cine, Radio y Televisión, sobre la base de los talentos, la inteligencia y las voluntades de nosotros, los miembros.

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Publicado el noviembre 17, 2015 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Antonio Enrique González Rojas

    Bueno, creo que no puedo estar más lejos de posturas ortodoxas y emplazamientos generacionales como algunos percibieron. También estoy muy muy lejos de desconocer el trasfondo ideológico, político, de cada acto humano, sólo que reniego de la paranoia perenne hacia todos los contenidos que se comparten y la postura de trinchera que se ha asumido durante décadas en este país, lo cual SÍ es una postura generacional que se intenta replicar literalmente en las nuevas hornadas de cubanos, quienes ya no son el Hombre Nuevo, definitivamente. Para nada busco establecer un conflicto que hace rato existe de manera subrepticiamente evidente, por pura dialéctica de la vida. Eso lo dijo Marcuse, no yo. Estoy a favor de la heterodoxia y por ende del análisis de los fenómenos desde la multiplicidad de aristas, y por eso, muy a mi pesar, tengo que decir que la banalidad resulta casi siempre una cuestión de puntos de vista. Tan dañino es imponer un rasero “culto” como uno “inculto”. Hay que dejar que los seres humanos tropiecen y rectifiquen el sendero y en última instancia, que escojan…mal o bien, también es cuestión de puntos de vista. La sesión que se reseña creo fue prolífera, últil, peroy sobre todo delató precisamente, cuán desconocedores son muchos de las cuestiones tratadas y de los enfoques defendidos por quienes tratamos de abandonar la liza para alcanzar el ágora donde dialogar críticamente, sin ver a un enemigo en quien difiere de los criterios.Pero bueno, el fantasma marcusiano aparece a pesar de que se quiera esconder.

  1. Pingback: GONZÁLEZ ROJAS SOBRE LOS NUEVOS ESCENARIOS TRANSMEDIALES PARA LA PARTICIPACIÓN | cine cubano, la pupila insomne

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