GUSTAVO ARCOS SOBRE EL USO DE NOMBRES FALSOS EN LA CRÍTICA CULTURAL CUBANA

Ghostbusters

Por Gustavo Arcos

Hace unos días la plataforma digital La Jiribilla, publicó un artículo, ¿Nos pasan gato por liebre? firmado por Cristian Alejandro, donde el autor pretende polemizar con mi texto: Ley de cine, truco o trato, difundido en el sitio digital OnCuba. Celebro que tales puntos de vista, aunque sean encontrados, aparezcan en los medios, muevan ideas y alcancen la dimensión o interés que les correspondan.

Siguiendo una elemental curiosidad, me intereso en conocer quién es Cristian, un nombre que ya viene publicando en ese espacio desde hace más de un año, pero cosa rara, nadie sabe de él. No tiene un perfil, no existen fotos, no hay datos de su pasado o formación profesional y ni siquiera tiene padre o madre, pues no los incluye en su identidad nominal. No posee páginas en la web o redes sociales, algo inusual en estos tiempos y tampoco es miembro, aunque por sus artículos le interesa bastante el cine, de la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica. He preguntado a varios amigos que trabajan cerca de la Jiribilla o en el área del periodismo cultural y me dicen que nunca lo han visto, o sea, es un fantasma y no precisamente de Elsinor.

¿Quién es, Cristian Alejandro? Bueno, algo me dice que no es el hijo de Edesio Alejandro. Intuyo entonces, que se trata de un seudónimo, una máscara que alguien, seguramente bien conocido como figura pública, utiliza para mostrar… ¿su verdad?, aunque paradójicamente recurra a la falsa identidad. No es primera vez que ocurre en la Historia, pero francamente no luce honesto tal procedimiento.

Buscando en el propio sitio digital, veo que también aparece impugnando las recientes declaraciones de Pablo Milanés (lo llama políticamente desafinado e impresentable) o cuestionando a los cineastas, que preocupados por el debilitamiento de la industria vienen pidiendo transformaciones en el sector. ¡Vaya!, que no importa los argumentos que tienen los otros, los de él son los correctos. Incluso, llega a publicar una entrevista, que nunca hizo, a un joven productor ligado a la Muestra de Nuevos Realizadores organizada por el ICAIC. Tomó frases de aquí y de allá, armó su particular Frankenstein (ya dije que le gustaba el cine) y sin ofrecer referencias o fuentes colgó el supuesto diálogo. O sea, que desde su cómoda fachada anónima, se dedica a manipular o devaluar las posiciones y criterios de otros artistas e intelectuales que sí dan la cara y no se esconden.

¿Será acaso que volvimos a la época de los 70 cuando desde las páginas de la Revista Verde Olivo un tal Leopoldo Ávila, despreciaba a los creadores, promoviendo tristes episodios de censura, maltrato, ostracismo y persecución?¿Volvimos, o es que nunca nos hemos ido del todo? ¿Y por qué nuevamente aparece alguien molesto, cuando se habla de la Ley de cine?

Con respecto a mi texto, el hombre que dice llamarse Cristian Alejandro (que no es lo mismo que Ortega y Gasset) se muestra irritado, con mí supuesto ataque a las instituciones del país. ¡Casper! creo que tu invisibilidad te está haciendo daño, pues yo no ataco a nadie a no ser, que decir la verdad sobre el penoso papel que están jugando algunas instituciones oficiales y culturales en relación a la demanda de los cineastas, sea considerado una blasfemia que merece tú castigo. La única forma de demostrar que estoy (y también los cientos de artistas que la piden) equivocado, es acabando de resolver de una vez este problema. ¿O será que estás usando tu poder en el inframundo, para obstaculizar ésta y otras acciones que piden transformaciones en el campo cultural del país?

Resulta no menos extraña la posición de La Jiribilla, que aparentemente permite en sus páginas, textos suscritos por personas con una falsa identidad. ¿Cobrará sus honorarios debajo de una sábana?

Aclaro, que no estoy cuestionando la pertinente polémica en nuestros espacios, ni el derecho a la réplica y la libertad de opinión, pero seamos transparentes y sinceros. No se trata tampoco de un asunto personal, sino de evitar una tendencia, que tan tristes recuerdos dejó en esta nación. Soltar a Cujo, el perro asesino, no puede ser un recurso de nuestros medios. Una publicación que tan útiles dossieres ha editado sobre la cultura cubana y se precia de desnudar los entresijos del “perverso y mal intencionado” discurso cultural contra Cuba, no debe reproducir lo mismo que critica.

Gustavo Arcos Fernández Britto.

Noviembre de 2015

Anuncios

Publicado el noviembre 14, 2015 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Gustavito, mi amor, recordaras quedes La Jiribilla cuando intentaron cepillar a Roberto Zurbano uno de los primeros textos que salió arremetiendo contra él fue uno firmado con iniciales. Ahora mi pregunta es, si La Jiribilla es una revista del MINCULT como es posible que eso suceda? La gente no quiere dar la cara? Lxs critcxs tampoco? Uhmmmm huele a quema o

  2. Antonio Enrique González Rojas

    Lo más peligroso de todo esto es la resurrección de un método tan peligroso como el del heterónimo institucional que tan amargas páginas escribió en nuestra historia cultural. Creo que todos los involucrados en las recientes polémicas, si coinciden en algo es en la ética y la nitidez personal y profesional, para que una institución venga a ocultar sus criterios (que no carecen en lo absoluto de legitimidad) bajo camuflajes atávicos. Cuba necesita de sinceridad, honestidad y valentía a la hora de convocar al ágora siempre necesaria. Todos tienen derecho a expresarse, a defender sus posturas y criterios en un diálogo coral que levante catedrales de sabiduría. Y para esto hay que desterrar el síndrome tan dañino de la plaza sitiada. Que yo no esté contigo no significa que esté contra ti, o te esté atacando. Sencillamente que no concordamos. No se trata de golpear a la riposta, o colimar a Gustavo y demás como enemigos, sino como miembros de una sociedad civil que merece y necesita ser oída, entendida y convidada a participar en la urdimbre sociocultural cubana. Por favor, fuera los antifaces y las máscaras a la hora de remangarse las camisas y hablar entre cubanos. No creo en anónimos ni en pseudónimos, aunque firmen textos brillantes. Toda legitimidad y validez se pierden en los enrevesamientos de la paranoia conspirativa. Nadie quiere derrocar poderes ni fulminar instituciones, sino imprimirles dinamismo, sincronizarlas con los tiempos que corren y las ingentes necesidades que emanan de las circunstancias. Un cuestionamiento no es un ataque, sino un cuestionamiento y ya. Por favor, para escribir, enseñen el carnet de identidad…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: