PARA DEBATIR SOBRE EL DEBATE EN CUBA

Mi querido amigo y coterráneo Carlos Luque publica en su blog un interesante texto dividido en dos partes.Aunque no menciona por su nombre este sitio, es evidente que se inspira en muchas de las cuestiones que hemos estado debatiendo en los últimos días aquí, en cuanto a la necesidad de que la crítica y el debate se abran paso de modo natural en nuestra sociedad.

Ahora que no tengo oficina, todas las mañanas voy a la Biblioteca Julio Antonio Mella, esa donde Carlos Luque y yo nos conocimos, y establecimos una cálida relación donde no faltaban precisamente estas tertulias y debates, que ayudaron a conocernos más, y tolerarnos con nuestras posibles diferencias.

Saco a relucir el asunto del lugar, porque Luque ahora mismo no escribe desde Camagüey, sino desde Chile, y eso, el lugar de enunciación, queramos o no, siempre será importante tenerlo en cuenta para captar desde dónde se habla, y exactamente cuáles limitaciones podría tener el discurso que elaboramos.

En el Chile de Pinochet, efectivamente, de haber defendido Carlos sus convicciones habría sufrido torturas, y tal vez hubiese conocido la infausta suerte de tantos que defendieron esas ideas encaminadas a construir una sociedad más justa que la capitalista. Hoy, afortunadamente, las puede defender sin correr el peligro de sufrir represalias, ya no solo físicas, sino verbales. En Cuba nunca hemos tenido desapariciones, pero las exclusiones por pensar diferente (aun militando en el campo revolucionario) sí han existido, y se le hace muy poco favor a la Revolución si se negara eso, toda vez que, a pesar de los dogmatismos sufridos, todavía hay gente que sigue pensando que el socialismo es superior al capitalismo (yo entre ellas), pero que esa superioridad tiene que incluir los derechos individuales, y las garantías de la realización plena del hombre, que incluye la libertad de pensar por cabeza propia, y expresarse de acuerdo a lo que le dicte su conciencia.

Esto es lo que propone Fidel precisamente en las famosas “Palabras a los intelectuales”que Luque menciona en su artículo. Por lo general, todo el que toma en sus manos aquella intervención de 1961, se refiere a la parte donde Fidel expresa: “¿Cuáles son los derechos de los escritores y de los artistas revolucionarios o no revolucionarios? Dentro de la Revolución: todo; contra la Revolución ningún derecho”. Yo, sin embargo, me quedo con lo que el mismo Fidel expresara un poco más abajo: “Creo que cuando al hombre se le pretende truncar la capacidad de pensar y razonar se le convierte de ser humano en un animal domesticado”, y que suelo complementar con lo que el Che afirmaba en su conocido ensayo “El socialismo y el hombre en Cuba”: “No debemos crear asalariados dóciles al pensamiento oficial ni “becarios” que vivan al amparo del presupuesto, ejerciendo una libertad entre comillas”.

Cuando Luque nos habla de la problemática cubana del debate, a mí no me queda claro si lo hace desde lo político o desde lo epistemológico. Porque no es lo mismo, y distinguir la pretensión es importante, si queremos entender el porqué de eso que expone casi al final de la segunda parte de su texto: “Es notorio que los más exigentes e hipercríticos, o los que con mayor fiereza y desapego exigen la apertura del debate nacional a cualquier costo, y abogan por la existencia de la polémica social por la polémica misma, se declaren también libres de responsabilidad con respecto a todo, y hasta anuncien la muerte del actual proyecto. Ambas actitudes parecen estar directamente correlacionadas”.

No es que yo me sienta aludido por eso, toda vez que en más de una ocasión he dicho que lo que me interesa con mis críticas es contribuir a que nuestro sistema institucional funcione. Como intelectual, siento que tengo una responsabilidad crítica (si fuera zapatero, la responsabilidad sería hacer mejores zapatos, pero por desgracia me tocó esto otro, e intento que al menos los debates en los que me involucro trasciendan lo solariego). Y supongo que a estas alturas nadie se sentirá decepcionado si digo que el capitalismo me parece una loca carrera hacia el suicidio colectivo, y que el socialismo que hasta ahora hemos conocido está lejos de ser lo que me gustaría vivir.

Entonces, como ciudadano solo me queda la opción de ser sincero cuando expreso mis malestares, elaborando preguntas que ayudarían a precisar un poco mejor esa problemática cubana del debate que Luque nos anuncia en su artículo. Dos de mis preguntas serían las siguientes: ¿están creadas en Cuba ahora mismo las condiciones para que el individuo se exprese de acuerdo a lo que piense, sin temor a recibir represalias, ya no físicas, sino simbólicas?, y si no están creadas, ¿no sería nuestro deber, lejos de limitar los debates, construir escenarios que ayuden a que los mismos alcancen verdadero rigor?

En alguna parte de su texto Luque habla de las intervenciones intelectuales que carecen de “un sustento teórico riguroso”. Y es real que nuestros debates suelen carecer de rigor científico, pero la crítica debería empezar por casa: ¿dónde están los programas de televisión donde se debata sobre nuestra realidad nacional desde diversas perspectivas de izquierda (porque no hay solo una izquierda en Cuba, hay varias)?, ¿por qué la televisión no transmite los debates programados por la revista Temas los jueves últimos de cada mes?, ¿en qué Universidad del país se les imparte a los jóvenes la historia de las ideas que han estado colisionando en el seno de la Revolución a lo largo de su existencia?, ¿conocen ellos qué pasó con PM, Pensamiento Crítico, Cecilia, el movimiento de artes plásticas de los ochenta, Alicia en el Pueblo de Maravillas, el caso CEA?, ¿o sencillamente repiten lo que han escuchado hablar de modo fragmentario y muy interesado, es decir, respondiendo a los intereses puntuales de los grupos que lidian por el poder?, ¿qué calidad del debate podemos esperar cuando se dejan a un lado los argumentos y se imponen los prejuicios heredados de antaño?

Lo otro que me provoca cierto escozor con Luque, es su fobia al debate en las redes. Esto me parece fatal porque está contribuyendo a dejar a un lado el examen crítico de las posibilidades que brindan las herramientas allí presentes. Umberto Eco será un genio, pero no tiene por qué tener la verdad absoluta sobre lo que pasa allí. Necesitamos, antes de enjuiciar de modo lapidario, estudiar los fenómenos, establecer diagnósticos, diseñar estrategias inteligentes que no hablen con desprecio de las nuevas tecnologías y sus usuarios, sino que ayuden a insertar las mismas en los debates más serios. Nos guste o no, las redes llegaron para quedarse, y estudiándolas se pueden descubrir sus luces y sus sombras. Me gusta mucho un texto que publicó Milena Recio en la revista Temas, donde termina apuntando: “Estudiar nuestros comportamientos en Facebook, una especie de patria chica, interregno local-global, es pertinente porque nos habla de muchas maneras acerca del país que somos y la ciudadanía que podemos construir”.

Lo que he escrito es muy apresurado. Supongo que ello hable a favor del texto concebido por Luque, en tanto provocador. Pero es evidente que se quedan muchas cosas por debatir. Por suerte, digo yo.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el noviembre 2, 2015 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. Giordan Rodríguez Milanés-

    Estimado, Juani:
    Sé de ti, primero, por Ramón Cabrera, luego por tus libros -que él me ha hecho llegar-, después por tu blog; o sea: sé no eres un demagogo, ni uno de esos críticos subvencionados, a la caza de las preocupaciones oficiales, para no correr riesgos saliendose del guión. Por eso te comento.
    Haces una serie de preguntas que yo mismo me hecho muchas veces, me las hacía cuando en un Consejo Nacional de la AHS, escuchaba a Abel Prieto decir categóricamente: ¨La censura es incompatible con el socialismo¨, me las hice mientras escuché el audio con ¨Palabras a los intelectuales¨, y aún antes: (aunque tal vez formuladas distinto) cuando por poco me botan de la UJC -años después, me botaron de cualquier modo- por preguntarle a la profesora de marxismo: Y después del comunismo, qué? Grande era mi fe, mi ingenuidad, y pequeño el pensamiento dialéctico de aquellos marxistas.
    Aquella misma línea de pensamiento, restrictiva, epidérmica, es similar a la que ahora pretende restringir el debate sociocultural cubano a especies de ¨corraletas¨ comunicacionales. ¨Tales asuntos para las Asambleas de Rendición de Cuentas¨, ¨Aquellos otros para los encuentros de las autoridades con la UNEAC -cuando se hacían, que por Granma ni siquiera ya sea hacen¨, ¨Aquella polémica para la revista Temas o para Criterios¨, las quejas administrativas para los órganos oficiales de prensa, los problemas municipales para las emisoras municipales -con el control del departamento ideológico del PCC, claro-, y toda la tontería circundante -incluidos el patrioterismo (que no el patriotismo) para las redes sociales.
    Mi experiencia de 20 años como trabajador del ICRT, me permitió conocer esa ¨organización¨ que, si bien pretende superar el paradigma totalitarista orweliano creando una especie de ¨oposición controlada y comprometida con la instancia gubernamental correspondiente¨, no es el tipo de debate que está precisan ahora mismo la nación cubana, porque al ubicar temas y contendientes en esas corraletas, excluye lejos de incluir.
    Te saludo y aprecio, Juani, si me permites llamarte así ya que Cabrera así te nombra, y se me ha pegado. Un abrazo.

  1. Pingback: Pequeña apostilla fraternal o para un debate sin fobias… | Cree el aldeano vanidoso...

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