PARA CERRAR LA CIBERTERTULIA DEL CAFÉ CIUDAD

Quisiera, con este post, cerrar el capítulo de la cibertertulia suspendida en el Café Ciudad de Camagüey. Agradezco todos los mensajes solidarios que me han hecho llegar, y no voy a desdecirme ahora de lo que en su momento elogié de la Oficina del Historiador de la Ciudad: nunca me sumaré a los que, en virtud de sus estados de ánimo, construyen sus mapas afectivos, o elogian o descalifican de acuerdo a la circunstancia que estén viviendo.

Aunque no tenga todos los detalles, y tal vez nunca los conozca, no pienso que exista detrás de la suspensión una objeción política o algo así. Más que censura, pienso que funcionó la autocensura. Y otra vez nos pasaron factura esos instintos que promueve el pensamiento de tribu, y que no sé si operan del mismo modo en otras partes, pero que en Camagüey ya se ha cobrado varias víctimas en lo que a buenos proyectos culturales se refiere. Hay demasiado conservadurismo intelectual en esta ciudad, y es del fenómeno asociado al pensamiento tribal (y no de los individuos en sí), y la autocensura institucional que se desprende del mismo, de lo en todo caso me gustaría debatir, si alguien entendiese que fuese necesario.

Cuando hablo de pensamiento de tribu me refiero a esa tendencia a establecer perímetros férreos de acción entre entidades que, en la práctica, a estas alturas debieran estar aliadas y funcionando a partir de la colaboración que plantea estos tiempos, y no de la obsoleta compartimentación heredada del siglo pasado. Lo que se llegó a conseguir con la anunciada cibertertulia, aun cuando no se realizara, a mi juicio es un ejemplo de que lo perseguido en aquel Primer Foro de Consumo Audiovisual celebrado en La Habana el año pasado, sí es posible: me refiero a la necesidad de construir una plataforma donde confluyan de modo natural los saberes más contemporáneos de la educación, la cultura y las tecnologías más recientes, en este caso, con la participación de Etecsa, la Facultad de Informática de la Universidad de Camagüey, y la UPEC aliadas a la Oficina del Historiador (lo ideal hubiese sido que se sumaran también Cultura, la AHS, la Uneac, etc).

Si ahora no fue posible llevar a la práctica ese acuerdo tomado en aquel primer Foro, es porque sencillamente en Camagüey jamás se entendió la importancia del primero, y mucho menos el valor estratégico que podía tener la celebración del segundo en nuestro territorio. Y como eso le tocaba enfatizarlo a la UNEAC de Camagüey, es que en el post El mazazo, que conociendo lo que siempre pasa con el efecto Streisand era de esperar que tuviera la repercusión que ha tenido, digo que es la UNEAC del territorio la que más obstáculos ha puesto en el camino.

Aprovecho para recordar que esta crítica pública que hago a la institución UNEAC de Camagüey (no a los individuos involucrados en la gestión de la misma, que al final seríamos todos sus miembros, lo cual no me excluiría de ser cuestionado por propiciar su inercia con el conformismo) está respaldada por el artículo 5 de sus Estatutos, que aunque seguramente no hay que recordar por conocida, cito al pie de la letra:

Artículo 5: La UNEAC se adhiere a los principios de la democracia socialista y en consecuencia defiende el derecho a la información, a la palabra, al ejercicio del criterio, a la libertad de creación, a la investigación, a la experimentación, a la crítica, al debate y a la polémica.

Insisto: yo no puedo evitar que me juzguen como individuo, pero en lo personal no me sumaré a esa pobre manera de construir nuestros debates culturales. A mí me interesa lo que está llamado a trascender, no lo que se agota de inmediato en la estéril carpa de las vanidades y los egos pendencieros. Es cierto que el primer Foro de Consumo Audiovisual nació de los intercambios personales que en algún momento yo sostuviera con Abel Prieto, pero siempre fue pensado en función de realizarse en Camagüey como una manera de promover, sobre todo, el proyecto “La calle de los cines”. Es decir, al final era la ciudad la que iba a obtener los mayores beneficios. En aquel instante Abel me explicó, con toda razón, que el tiempo era muy corto para organizar algo así en Camagüey, por lo que sugería hacer el primero en La Habana, y el segundo, en Camagüey.

La historia de lo sucedido es conocida. Los debates que tuvieron lugar esos dos días fueron bien intensos. La Jiribilla colgó un dossier con el grueso de los materiales discutidos. Fuera del país también se generaron controversias donde en algunos sitios describían a quienes participamos como “periodistas y críticos oficialistas” que querían controlar “el paquete” y simplificaciones por el estilo. Ello nos da la medida del alcance que tuvo ese evento dentro y fuera de la isla, a excepción de Camagüey, donde la UNEAC del territorio nunca mostró interés por conocer el contenido de las discusiones, y mucho menos la agenda de acuerdos tomados, o informar al resto de sus miembros.

Retengo con dolor la comunicación jamás tomada en cuenta y dirigida desde La Habana el 4 de mayo del 2015 por Pedro de la Hoz González, vicepresidente de la UNEAC, a Sergio Morales, presidente del Comité Provincial de Camagüey (con copia a mí, que sería el coordinador en lo teórico), y que comienza de este modo: “Tengo a bien comunicarte por esta vía la confirmación de la convocatoria del Segundo Foro sobre la Cultura Audiovisual, previsto para efectuarse en Camagüey los días 30 (viernes) y 31 (sábado) de octubre de 2015”.

Al ser este un documento oficial de trabajo que me involucra (y no una carta personal), podría citarla en toda su extensión. Pero no es mi interés generar un debate donde otros lo aprovechen con fines ad hominen, (que quede claro: no ataco ni me prestaré a atacar a Sergio como individuo, pues eso no ayuda a tomar conciencia de que ese pensamiento de tribu al que he aludido nos afecta a todos, ora ejerciéndolo, ora asumiéndolo como algo natural que no hay que cuestionar). Lo más fácil es pensar que “los otros” son los responsables del estado de cosas que nos afecta; yo tengo una visión menos simplista del asunto: es el conjunto de acciones que todos los individuos practicamos en sociedad lo que a la larga determina nuestros destinos. Y somos, al final, no tanto la suma de nuestras acciones como de nuestras elecciones, que incluye, la elección de no hacer nada ante lo que merece cuestionarse. Mi criterio es que el intelectual, a diferencia del ciudadano más común, sí está obligado a hacer.

Creo que de haberse celebrado el Foro de Consumo Audiovisual en Camagüey hoy esta cibertertulia suspendida estaría funcionando de un modo natural en El Callejón de los Milagros (como en La Habana funciona La pupila asombrada), que es a mi juicio el sitio idóneo, y que hubiese servido para promover de un modo funcional en el ciberespacio ese entorno único que no existe hasta ahora en otra parte de Cuba, con su Bar Casablanca, su cafetería temática al fondo, su podio para presentaciones de todo tipo, y sus inmensas paredes subutilizadas hasta el momento (hice llegar por gusto al gobierno un pliego de actividades que hubiesen servido para animar el lugar).

El Foro habría servido también para que Etecsa se enterara que El Callejón de los Milagros forma parte de un proyecto cultural al cual le habría venido muy bien la conexión wifi, esa que ahora existe a pocos metros de allí, en una Plaza del Gallo donde es imposible encontrar alguna estrategia institucional que invite a utilizar creativamente las nuevas tecnologías, y Cultura hubiese podido indagar con Etecsa si a estas alturas no es más rentable pagar determinados servicios de videollamadas para conectarse con personalidades que estén en cualquier parte del mundo, ahorrándose el dinero público que muchas veces hay que gastar con el fin de garantizar el transporte, alojamiento y comida de un grupo de personas que vienen desde la capital al Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica.

Porque al final la idea del Segundo Foro era esa: incentivar los intercambios entre entidades hasta ahora aisladas, propiciar proyectos prácticos que apelaran a la modalidad del desarrollo endógeno, inyectar en nuestra mentalidad analógica o pre-nativa digital el espíritu interactivo que ya opera en la sociedad red, y a la que Cuba tarde o temprano ingresará, por lo que se necesitan estrategias institucionales que resulten verdaderas alternativas a lo hegemónico.

Algunos amigos, con las mejores de las intenciones, venían sugiriéndome que le escribiera a Abel Prieto, dada su co-autoría en el Primer Foro. Me sigo oponiendo a ello. Con Abel siento una complicidad intelectual que garantiza que podamos estar de acuerdo en determinados asuntos y en otros no, y que ello no afecte la comunicación personal. Pero no me interesa tenerlo de padrino político, al menos para desarrollar proyectos de este tipo. Creo que las ideas deben defenderse a partir del probable mérito que estas puedan ostentar como ideas en sí, no en virtud del poder político de las personas que las apoyen. Y yo sigo creyendo que tendrían que ser los camagüeyanos, de tener algún valor, los que más defiendan esa idea, en vez de esperar a que “orienten” desde fuera.

Sé que pensar de esa manera no me hace la vida más placentera, pero no lo puedo evitar. Y si ello lo que implica es más soledad, bienvenida sea. Uno debe vivir como cuando nos encontramos a solas, y en el espejo de nuestra habitación no chocamos con esos enmascarados que nos ayudan a interactuar en sociedad, sino con esa parte de nosotros mismos que muchas veces disimulamos en público, por prudencia o por lo que sea. Solo en esos instantes podemos comenzar a hablar de autenticidad en nuestros pensamientos y nuestras acciones.

Juan Antonio García Borrero

 

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Publicado el octubre 31, 2015 en POLÉMICAS. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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