UN DEBATE EN LA JIRIBILLA

Acostumbrados como estamos al falso consenso, a la unanimidad que encubre la diversidad enriquecedora, no serán pocos los que se sientan desconcertados con esta polémica publicada en La Jiribilla.

No tengo que decir que considero a Arturo Arango uno de los intelectuales más valiosos que hoy tiene la nación. Y al mismo tiempo, mantengo a La Jiribilla en mi Blogroll, porque para mí es una página imprescindible, sobre todo por esos excelentes dossieres que han sabido organizar a lo largo de su existencia.

Creo que hace bien La Jiribilla en dar a conocer su punto de vista de manera frontal. Yo no llegué a vivir esas polémicas que la Dra. Graziella Pogolotti compiló en su libro sobre los debates culturales en los años sesenta, pero me formé leyendo El Caimán Barbudo, donde era frecuente encontrar a Víctor Fowler, Emilio Ichikawa, Rufo Caballero, Fernando Rojas, Elvia Rosa Castro, Norge Espinosa, o Manuel H. Lagarde, por mencionar algunos de los que ahora mismo recuerdo, enredados en intensas porfías.

Pero esto, lamentablemente, no hemos conseguido que se convierta en tradición, al menos en los medios a los cuales puede acceder el cubano común. Crucemos los dedos para que en fecha no tan lejana, nuestros debates alcancen la visibilidad que la nación se merece.

Juan Antonio García Borrero       

LAS MANIPULACIONES DE LA JIRIBILLA

Arturo Arango • La Habana, Cuba

En la edición de hoy, la publicación cultural La Jiribilla publica un artículo de Cristian Alejandro que pretende presentar lo que llama “otra polémica […] en torno a la institucionalidad de la cultura”. A pesar de que el título del artículo, “A propósito… ¿el rey ha muerto?” hace una clara alusión a los debates en torno a la censura ejercida contra la puesta en escena teatral de Juan Carlos Cremata, a lo que se refiere este periodista es al cine. Como muchos sabemos, en días pasados el artículo de Gustavo Arcos “El cine cubano y su carpe diem”, publicado en la revista digital Oncuba y difundido también en el blog Cine Cubano, la Pupila Insomne, de Juan Antonio García Borrero, abrió una intensa discusión en la que participaron varios críticos y cineastas cubanos.

Hay, entonces, desde el título de este texto que pretende presentar la polémica, una primera manipulación: mezclar dos asuntos distintos, de distinto orden y carácter.

La segunda, simplificar el contenido de esta. Dice que el objeto de debate es el ICAIC, y que “se habla incluso de la muerte de la institución, o mejor, de la eutanasia a que quieren obligarle”.

La tercera manipulación es limitar la polémica solo a dos textos, que son los que La Jiribilla republica (sin sugerir siquiera que haya otros): el de Arcos y “El cine cubano, el carpe diem o el jinete sin cabeza”, del editor Manuel Iglesias, aparecido además en el blog de Juan Antonio.

Pero resulta que, como suele hacer, García Borrero abrió su blog para que opinara, sin cortapisas, todo el que quisiera, y además del Iglesias vertieron sus criterios otras muchas personas, incluyendo al mismo Juan Antonio y a Juan Carlos Tabío, quien circuló su texto primero por la vía del correo electrónico.

Me permito reproducir aquí algunos párrafos de lo escrito por Juan Carlos, porque es una respuesta a Iglesias. Por supuesto, a La Jiribilla (a sus manipuladores profesionales) les interesa destacar a Iglesias, ocultar lo dicho por Tabío y, sobre todo, simplificar el verdadero contenido de la polémica, que trató, en lo fundamental, sobre la necesidad de legalizar las productoras independientes, normalizar las relaciones entre en ICAIC y esta importante zona de la realización audiovisual, transformar el ICAIC para que cumpla la función de rector de la política cultural cinematográfica del país, y promulgar una Ley de Cine.

Esta es la respuesta de Juan Carlos Tabío a Manuel Iglesias. Leyéndola, se entenderá por qué La Jiribilla la escogió como parte de sus manipulaciones:

“La Comisión de Cineastas (G-20), en nombre de todos los cineastas cubanos, lleva ya varios años bregando para que las autoridades culturales aprueben una Ley de Cine o una Ley sobre el Creador Audiovisual Autónomo acorde con los nuevos tiempos. Sus reclamos continúan sin respuesta.

En su artículo, Iglesias pretende descalificar al G-20 cuando dice que “mucha de la obra fílmica que se está generando adolece de contundencia artística, excepto contadísimas excepciones” y que nadie, salvo Fernando Pérez “tiene su estatus moral ni profesional para generar –como antes hacían las vacas sagradas- una presión en comunión de fuerza temeraria. Fernando y el G20 es solo Fernando, lamentablemente”.

Independientemente de que no estoy de acuerdo con estas lapidarias e insultantes aseveraciones de Iglesias, no pretendo centrar un debate de orden estético acerca de la calidad del cine cubano más reciente ni sobre el “estatus profesional” de sus autores, porque por ahí no va el tema que quiero tratar. Además, la obra de cada cual habla por sí misma. (Cuestionar el “estatus moral” del 99,99 por ciento de los cineastas cubanos no resiste el más leve de los comentarios).

Por donde quiero ir es por aquí: Iglesias justifica el silencio del Gobierno ante los reclamos del G-20 porque, según él, al estar este formado casi en su totalidad por cineastas mediocres, no constituyen un colectivo de “interlocutores de altura” dignos de ser escuchados y tenidos en cuenta por “las autoridades culturales”. Es decir, la culpa de que no se haya aprobado la Ley de Cine la tienen los cineastas, no “las autoridades culturales”. (Me imagino que por allá arriba el artículo de Iglesias haya caído muy bien: “¿Ven?, si hasta los cineastas mismos lo dicen, a ustedes no hay que hacerles caso”).

Según mi manera de ver las cosas, esto descoloca totalmente el problema, al obviar que lo que ha puesto de manifiesto el reclamo del G-20 es la ausencia de un marco legal, de un marco jurídico que establezca las normas no solo en el quehacer cinematográfico, sino en todos los aspectos de nuestra sociedad, estableciendo deberes y derechos no solamente a la sociedad civil, sino también la las prácticas del Gobierno.

En todos estos años hemos estado inmersos en una nebulosa de directivas y “orientaciones” restrictivas, algunas de las cuales han sido emitidas por distintos organismos del Estado, sin el más mínimo respaldo de ninguna ley. (Incluso algunas de esas directivas contradicen a otras).

[…]

Lo que ha tratado de hacer el G-20 con todo rigor y coherencia es poner orden y legalidad en su ámbito profesional.

Como todos los cineastas, yo fui convocado al G-20 (todavía no se llamaba así) desde la primera reunión, pero aduje que mis dificultades auditivas me convertiría en el Convidado de Piedra al no poder entender nada de lo que se dijera ahí. Esto no fue una excusa, verdaderamente estoy sordo de cañón. Lo que también es cierto (y esto lo confieso ahora) es que esta bronca me cogió cansao, y pensé en aquel momento (ahora veo que tenía razón) esta se iba a prolongar hasta el final de los tiempos. (Sobre todo cuando hay algunos cineastas como Iglesias se dedican a descalificar al G-20 aliándose con las fuerzas más inmovilistas de nuestra sociedad).

A lo mejor me equivoco y dentro de un par de meses se aprueba la “Ley de Cine y del Creador Audiovisual Autónomo”. Yo me he equivocado muchas veces, esta no sería la primera, y espero no sea la última”.

LAS ANTIMANIPULACIONES DE LA JIRIBILLA

La Jiribilla • La Habana, Cuba

Hace unos días nos llegó a través de amigos preocupados un texto de Arturo Arango titulado, sin preámbulo, “Las manipulaciones de La Jiribilla”, y que al parecer solo se ha hecho público por medio del correo electrónico.

Como nos sentimos en el deber de rebatir las ideas aquí expuestas, y como nuestros lectores tienen el derecho de conocer el texto que las origina, hoy publicamos ambos.

El texto de “Las manipulaciones…”, que de acuerdo con el autor fueron tres, estuvo motivado, según deja en claro, por el reflejo que hizo nuestra revista del intercambio de ideas sobre el devenir del cine en nuestro país y el papel en este del ICAIC.

Este intercambio inició con un texto de Gustavo Arcos publicado originalmente en OnCuba, y que después albergó el blog de Juan Antonio García Borrero (cinecubanolapupilainsomne.wordpress.com), y al que le siguió la inmediata respuesta de Manuel Iglesias. Otras firmas, como la de Juan Carlos Tabío, le dieron continuidad al debate virtual; pero La Jiribilla, en función de sus plenos derechos editoriales, decidió no replicar todo el contenido del blog de García Borrero, sino tomar los dos textos iniciales, y ofrecer uno propio.

La primera (anti)manipulación es que Arango interpreta el título “A propósito…el rey ha muerto”, como una alusión a la obra de Juan Carlos Cremata que conllevó a que el Consejo Nacional de Artes Escénicas ejerciera su derecho de velar por el respeto a los principios de la política cultural. Pero nada tiene que ver una cosa con la otra: el mensaje es una cosa, y la decodificación que de él haga el receptor, es absoluta responsabilidad de su sistema simbólico de referencias.

La segunda (anti)manipulación parte, de acuerdo con Arturo, de la simplificación del contenido. Para él, dicho intercambio de opiniones tiene que ver exclusivamente con “legalizar las productoras independientes”, y no con el papel del ICAIC. Pareciera que cualquier otra interpretación que difiera de la suya es errada; no obstante, es el propio Arcos quien inicia su texto afirmando: “Muchos intelectuales vinculados al cine piensan que el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos ha sido desmantelado y aunque su acta de defunción no está firmada, todos sabemos que nada de lo que fue, es.”

La segunda (anti)manipulación es que se nos reproche “limitar la polémica a dos textos”. Pero a esto ya respondimos al transparentar el proceso de selección editorial de los trabajos publicados. ¿Se nos puede tildar de manipuladores cuando el texto de Arcos –del cual expresó García Borrero: “Podrá ser un texto incómodo, con el cual es legítimo estar de acuerdo a medias”- fue íntegramente publicado en nuestra portada?

¿Es lícita una ofensa de ese tipo en un intercambio de opiniones, cualquiera que sea el tema que aborde?

Catalogarnos de “manipuladores profesionales” es una seria acusación que lamentamos mucho, ante todo por antiética e injusta, y en segundo lugar, por provenir de un escritor al que respetamos mucho, y que ha sido colaborador de nuestra publicación.

Antes de culminar esta reafirmación de nuestra integridad profesional que nos hemos visto obligados a hacer, llamamos la atención sobre un hecho: en un texto titulado sin cortapisas “Las manipulaciones de La Jiribilla”, resulta extraño que las menciones de la revista terminen a mediados de la segunda página, y en las siguientes tres encontramos las opiniones del autor sobre lo escrito por el resto de los participantes en el intercambio. Quizás otro tipo de conciencias podrían hallar aquí una expresión de manipulación implícita; pero no, no seremos nosotros nunca quienes apelemos al descrédito o la ofensa para ganar en razón, y mucho menos, si se trata de uno de nuestros preciados y reconocidos colaboradores.

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Publicado el octubre 25, 2015 en POLÉMICAS. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

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