CONSUMO AUDIOVISUAL INFORMAL, NUEVAS TECNOLOGÍAS Y WIFI EN CUBA

Recuerdo que el primer libro que leí sobre la condición digital de nuestra época fue precisamente Being Digital, de Nicholas Negroponte. Eso fue a finales de los noventa, cuando en Cuba (o al menos en las provincias) casi no teníamos idea de lo que era una computadora y para qué servía.

El libro me atrapó, sin embargo, porque tras la argumentación de que la condición digital se entiende mucho mejor examinando las diferencias entre el universo de los átomos y el de los bits, podía detectarse una voluntad incurablemente práctica. Aquello que para muchos nos podría sonar todavía a ciencia ficción de la dura, en el fondo se sostenía sobre una lógica que era cada vez más apreciable en el día a día de nuestras vidas.

El libro está escrito con un aire de amenidad que tal vez los más académicos detesten. Digamos que es un libro que podría ser leído con mucho éxito por uno de esos lectores de tabaquería a través de los cuales mi abuelo (viejo tabaquero casi hasta su muerte) adquirió el hábito de lectura que más tarde sembró en mí, sobre todo por el sentido del humor al que apela. Hay allí una imagen que hoy quiero retomar, porque en los nuevos escenarios que vivimos tendría una utilidad tremenda. Apuntaba Negroponte:

Cuando yo quiero ir al cine, en lugar de leer la cartelera, pregunto a mi cuñada. Todos tenemos un equivalente que es experto en películas y que a la vez nos conoce bien. Lo que necesitamos construir es una cuñada digital”.

Tengo la impresión de que buena parte de la crisis que vive el sistema institucional de la cultura se debe a la proliferación de esas cuñadas digitales. La gente prefiere hacerle más caso a lo que esas personas afines recomiendan en las redes, a lo que los expertos (con la mejor de las intenciones) puedan estar legitimando en los medios oficiales. ¿Significa esto que debemos renunciar al rol de la promoción institucional?

Muy lejos estaría de recomendar esto último. En todo caso, lo que me parece imperioso es actualizar las estrategias, y tomando en cuenta el nuevo horizonte de expectativas de los consumidores de ahora mismo, propiciar que las instituciones jueguen el papel de cuñadas digitales.

Pero, ¿es posible eso si quienes se suponen que hacen la promoción desde las instituciones ignoran las herramientas digitales que tienen al alcance de sus manos? Alguien me dirá que las instituciones cubanas, en sentido general, no están diseñadas para funcionar en Internet (lo cual es cierto), pero, ¿y la Intranet?, ¿cuántas de nuestras instituciones culturales utilizan la plataforma Cuba Va que facilita el Joven Club a lo largo y ancho del país?, ¿cuántos de nuestros especialistas se han interesado en conocer qué es La Tendedera?

Alrededor de estos temas me gustaría que estuviese girando el diálogo que vamos a sostener el próximo jueves 29 de octubre, a las ocho y media de la noche, en el patio del Café Ciudad de Camagüey, como parte del nuevo espacio patrocinado por la Oficina del Historiador, y que por el momento (ojalá se sumen otros) cuenta con la Empresa Santa María, Etecsa, y la UPEC, como aliados estratégicos de este proyecto que defiende el desarrollo endógeno como base de lo que, a diferencia de la “cultura del mecenazgo”, deberíamos llamar “cultura emprendedora”.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el octubre 24, 2015 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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