POR PRIMERA VEZ (1968), de Octavio Cortázar

TAMBIÉN ES MI PRIMERA VEZ (…)

Por Rolando Leyva Caballero

Porque en estos tiempos,

tan tan lejanos no hay cafeterías,

ni dulces, ni helados,

ni fiestas, ni bailes, ni televisión.

  1. Orlando.

Rock de los Primitivos. Canción infantil.

 

por primera vezLa cartografía del cine cubano contemporáneo está dominada por una toponimia atípica, animalesca y frutal a partes iguales, desde las serranías verde olivo de Tocororo Macho y Jutía Dulce, llenas de insurrectos pillos manigüeros mambises, hasta los muros de sigilo radial y televisiva de Los Mulos y Soledad del Mango, poblados reales enclavados, cada uno por su lado, en algunos de los lugares más remotos e inhóspitos de la selva negra guantanamera. Si bien el documental como género gana en presencia y prestigio a partir de la fundación del ICAIC en 1959, habría que esperar varios años antes de hablar de una producción consolidada. Uno de esos materiales iniciáticos, aunque tardío, es Por primera vez, de Octavio Cortázar, que supuso a su modo una nueva forma de Campaña de Alfabetización, en este acaso audiovisual- cinematográfica, de adiestramiento y alumbramiento, primigenio, del parto sin dolor de la sorpresa ocular y la pérdida de la ingenuidad, de escolarización básica de las emociones estéticas, del goce ingenuo de palpar, acaso, la imagen en movimiento, el juego de luces y sombras rodantes.

El documental abre una brecha, se remite a la épica estoica del guajiro ignorante, ardido, más nunca necesariamente estúpido, sino desprovisto de oportunidades, tras una vida de vicisitudes inimaginables a tiempo completo, sin un respiro para descansar. El documental anega de paz eléctrica una zona de silencio. Descubre verdades ocultas, profundas, de una Cuba ya en Revolución, aún pendiente de su vindicación definitiva, mediática. Supone la mirada invasora del aprendiz de brujo, del director ensalmador del mutismo, devenido interrogador infantil, de ocasión.

El documental muestra el fenotipo de la pobreza material e intelectual; se remite a un paraje recóndito, Macondo, que evoca lo mismo la llegada del hielo que de la luz fría, descubriendo el mundo feliz de una comunidad campesina dispersa en el lomerío, su economía natural y de recursos limitados, las causas de su sexualidad desenfrenada y una tasa de natalidad muy altas, que se explican por sí solas.

El documental invoca un pasado miserable, que se intenta erradicar con terapias de choque espiritual, a base de ciertas descargas eléctricas, fotovoltaicas ahora. El empaque aparentemente ingenuo de un material fundacional, que juntos a otros iguales abrirá y entronizará una suerte de miserabilismo agropecuario estetizado, influenciado por el cine nuevo brasileño y su remisión a ciertos parajes desolados, elevados así a la categoría de paisaje natural, nacional, ahora y entonces en un segundo plano, será más que recurrente en la visualidad del documental cubano. Aquí la naturaleza casi virgen es cortina burda, de fondo, que apenas se desteje. El componente humano que se intenta redimir es el centro de una historia cierta. El documental es un breve viaje de descubrimiento a la noche estrellada hecha día por un rato, un par de horas cada vez; quizás, un pasaje de ida y vuelta al Paraíso primado de los amerindios y sus descendientes aún vivos, convertidos en héroes de guerra, jubilados y maltrechos, paupérrimos. El documental no remarca el matiz de crítica social de otros materiales similares que le antecedieron y sucedieron. Aborda la dimensión desconocida pero humana del tiempo, implicando un salto al futuro, casi en tiempo real, desde la edad de las cavernas iluminadas con fogatas a las de las ideas móviles sobre un fondo blanco, 24 veces por segundo.

Por primera vez es un documental de exhibición y registro, de búsqueda y captura, de las emociones humanas más elementales pero también de aniquilación de las tinieblas del desconocimiento y la falta de opciones culturales, del nacimiento de la esperanza estética, del abandono inducido de la ignorancia secular, gracias al haz de sol que cargaban los gitanos en sus carromatos rusos de combustión interna, tirados por caballos de fuerza, loma arriba.

Por primera vez es un documental de entrevistas pero también de observación, quizás de contemplación extasiada de la realidad antropológica, de emboscadas al entrevistado sorprendido devenido sujeto de estudio. Es un proyecto de rescate de la vida, con la cámara registrando el asombro, la disolución de las generaciones humanas, todos hechos niños con la boca abierta y la mirada en extra abismo, efecto que causa el buen cine trashumante, como el Chaplin que vive sus Tiempos modernos y se atraganta de sueños, aunque fuese por una noche, disipando la virginidad del ser para percibir antes sus ojos la esperanza: Por primera vez.

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Publicado el octubre 21, 2015 en DOCUMENTALES CUBANOS. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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