GUSTAVO ARCOS SOBRE EL SEGUNDO FORO DE CONSUMO AUDIOVISUAL

Comparto este artículo de Gustavo Arcos sobre lo sucedido en el Segundo Foro de Consumo Audiovisual celebrado recientemente en Santa Clara, y agradezco la referencia al blog. De todos modos, lo más importante son las ideas vinculadas al problema en sí: la existencia de un consumo informal que pone en crisis al consumo institucional, y obviamente, al sistema de instituciones culturales que intenta promoverlo.

Coincido con él en que hay un exceso de retórica y pocas contribuciones prácticas, lo que me hace recordar aquello que apuntaba Cioran: “Lo que la gente espera de nosotros no es teoría, sino experiencia”. Como tuve que ver directamente con la concepción del primero y su desarrollo, puedo aclarar que el segundo se había concebido (al menos en un inicio) sobre la base de una agenda práctica, tomando en cuenta además, lo que ahora mismo tiene Camagüey (“La calle de los cines”), que es único en el país.

Sé que mi tozudez en esto de soñar con hacer realidad muchas de estas metas “desde la institución” roza con lo patológico. Ya sé, con Lennon, que la realidad es algo que sucede mientras estamos soñando otra cosa, pero que las cosas no sucedan muchas veces como el sentido común indicaría, tiene que ver más con las características y limitaciones de las personas a las que nos enfrentamos o con quienes tenemos que lidiar, que con las situaciones en sí.

Sé que el pesimismo de Gustavo Arcos es compartido por muchos. Lamentablemente ahora mismo no tengo a mi favor demasiados argumentos para convencerlo de lo contrario. Yo mismo me siento a ratos demasiado solo, aplastado. Pero si es verdad que algunas puertas y mentes permanecen cerradas, hay otras que, sin embargo, se muestran receptivas, y se arriesgan a soñar.

Cuando el próximo jueves 29 de octubre un grupo de amigos nos reunamos en el Café Ciudad de Camagüey para hablar de “Consumo informal, nuevas tecnologías y WIFI”, yo entendería que alguien me expresara similar pesimismo. Sin embargo, mi propósito es dejar a un lado las quejas, y demostrar que hay cosas que se pueden hacer con las herramientas que tenemos en las manos, sin necesidad de comprar más tecnologías, pues las que tenemos en la actualidad están absolutamente subutilizadas.

Y si mañana alguien intentara organizar un Tercer Foro de Consumo Cultural (que además, seguro lo organizarán, y es legítimo) yo le preguntaría a quienes estén en la mesa:

  • ¿Cuál es el marco teórico construido desde el cual hablaremos de los problemas que se van analizar?, ¿se han preparado como la academia exige o apenas están sosteniendo opiniones como yo pudiera estar hablando ahora mismo de la posibilidad de que mañana llueva?
  • ¿Hasta dónde se pudo llegar en el cumplimiento de esos Acuerdos públicos tomados en el primer foro?
  • ¿Se tiene idea de las herramientas que tenemos en las manos para trabajar y las alianzas que se pueden establecer?

Yo no sé qué va a pasar con esto de Café Ciudad, y si me guío por Gustavo Arcos, no intento nada. Pero soy tozudo, porque además, no soy yo el que gana, sino en todo caso gana la ciudad. Por lo pronto a todos los que han accedido a colaborar les digo que estaremos aprendiendo porque yo no tengo respuestas, sino solamente un montón de preguntas que tendremos que resolver en el camino. Y creo que ha sido un paso de avance que, al menos en intenciones, se dejen a un lado los intereses estrechos para pensar el fenómeno desde una práctica que persigue el desarrollo endógeno: es decir, desde la localidad.

Juan Antonio García Borrero

CONSUMO AUDIOVISUAL EN CUBA: DIÁLOGO DE SORDOS

Por: Gustavo Arcos Fernández-Britto

Acaba de celebrarse en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas el segundo Foro sobre consumo audiovisual en Cuba. No estuve allí, aunque sí en el primero que tuvo lugar en el Pabellón Cuba, el pasado año. No obstante, varias repercusiones en medios digitales me han acercado a lo que allí pasó.

Todas estas reuniones están muy bien: se producen intercambios, retroalimentación, debates; pero tienen un serio problema: no conducen a nada. Y no lo harán, porque responden a una estrategia de retórica y promesas. Se entiende cuál es el problema, pero no se analizan las causas, se le echa la culpa a los ciudadanos-espectadores y lo que es peor, muy rara vez se ofrecen soluciones verificables en la práctica.

Veamos algunos ejemplos:

Se habló de la Ley de Cine y al parecer una vez más se genera una cortina de humo a su alrededor con las explicaciones de que se está trabajando en ella y que los cineastas se sienten frustrados por la demora. Correcto, solo que ya conocemos desde hace tiempo tal cuestión, entonces, la respuesta a una demanda tan vital, queda en el limbo. Lo cierto es que extrañamente no hay un apoyo tácito de la UNEAC al respecto, tampoco de los funcionarios de la Cultura. No hay real discusión, se prohíbe hablar del tema en los medios oficiales y las respuestas institucionales son evasivas. A estas alturas, la única solución es implementar de una vez la Ley y restaurar la confianza entre los cineastas. Todo lo otro es vacío e irresponsabilidad cultural.

¿Cuántas veces no hemos escuchado decir que tenemos que fomentar valores y gustos culturales acordes con nuestro país? Perfecto. Nada que objetar, puesto que se está hablando de nuestra identidad y espiritualidad. Pero repetir una y otra vez tal cuestión en cuanto foro exista no ofrece ninguna solución. Son meras palabras, una abstracción. Es incluso una idea que tiene al menos dos siglos y que ya estaba presente en el pensamiento sobre la nación que Varela, José de la Luz y Caballero o Martí nos habían dado a conocer.

Pero resulta que nuestros funcionarios de la cultura se sienten ahora sorprendidos “por la dimensión del problema” y para utilizar los gerundios que tanto les gustan, dicen que “se están ocupando”. La cuestión de los medios, los contenidos de nuestra tv, el estado de nuestra prensa o los problemas en nuestras escuelas y centros de enseñanza, han sido tratados en congresos, seminarios, paneles, debates, tesis, cartas, textos, e intervenciones de todo tipo, desde hace al menos tres décadas. Pero bueno… menos mal que se “están ocupando”.

Los intelectuales en sus foros, los artistas con sus obras, el público con sus voces en diferentes espacios, llevan décadas enviando señales sobre el deterioro social, la indisciplina, la mediocridad de nuestros medios o los graves problemas de nuestra educación. Señales que fueron obviadas o desestimadas con la clásica y lapidaria respuesta de esos mismos funcionarios e ideólogos que hoy están en el poder, y que nos han dicho mil veces aquello de: “no es el tiempo o momento adecuado para hacer tal o más cual cosa”. La estrategia es callar, anular, desprestigiar pues ellos son los únicos que saben lo que es importante para el país.

Existe un blog que lleva desde hace siete años el investigador Juan Antonio García Borrero, quien ha dado muestras en su espacio, de consagración, humildad y rigor profesional. Ni el ICAIC ni el Ministerio de Cultura ni nadie de rango institucional han hecho nada por darle visibilidad nacional a este extraordinario sitio que como ningún otro ha hablado de nuestro cine y sociedad. El blog existe, técnicamente, gracias a la mano extendida por la Universidad de Tulane, en Estados Unidos, pues ninguna de nuestras plataformas o redes ha querido hospedarlo. ¡Ah! pero escuchamos del interés y la preocupación del Estado cubano por fomentar el “pensamiento antihegemónico”. Palabras y tan solo palabras…

Alguien menciona en el foro, una vez más, la necesidad de que la crítica, el debate, se haga sentir en nuestros medios. De acuerdo. Se consumen productos de la industria cultural y no hay una valoración de los mismos. Tal acción, se piensa, genera un espectador pasivo, descerebrado e insensible. La culpa no la tienen los creadores, ni los críticos y mucho menos, como se dijo en el reciente foro de Santa Clara, el bajo salario que se paga por el ejercicio que no estimula su realización. ¡Por favor, seamos honestos! El corazón de todo ese pensamiento que cercena, oculta, desvirtúa o prohíbe, tiene una dirección clara e identificable en quienes dirigen “la ideología” en Cuba.

Ahora mismo hay decenas de blogs, revistas, espacios alternativos, que están palpando el pulso real del país. Gente con criterios, periodistas que intentan profundizar en las noticias, que valoran e investigan. Jóvenes llenos de ideas e ímpetus, que saben cómo trabajar y diseñar un medio para colocarlo a la altura de las demandas del tiempo y que han dicho no al adocenamiento y la verticalidad informativa que proponen los espacios oficiales. Sin embargo, se les ataca, por independientes. Se siembran dudas sobre el origen de su financiamiento y soporte. De nuevo, como tantas veces ha ocurrido en nuestro país, se agita a Chucky, el muñeco diabólico.

Es una lástima que se inquieten tanto por lo que sucede en nuestro ciberespacio y pasen por alto lo que ocurre delante de sus narices. Bueno, aquí tienen un ejemplo real de dónde están muchos de nuestros mejores críticos y periodistas. Le pregunto a esos funcionarios: ¿por qué no los llevan a los medios? ¿Por qué no tenemos un debate auténtico sobre nuestros problemas en la prensa? ¿Por qué tienen que moverse en circuitos alternativos? ¿Por qué el criterio oficial es el único que tiene peso y debe existir? ¿Por qué los mismos que se alarman por el estado de las cosas son los mismos que en la práctica la sostienen?

Se nos dice que debemos darle prioridad y fomentar el consumo de obras audiovisuales realizadas en casa. Aplaudo tal idea. Pero… ¿dónde podemos encontrar en soporte DVD y con la calidad que se merecen, los clásicos del cine cubano? Si tenemos una escuela de cine y medios, ¿dónde puedo apreciar las decenas de obras entre cortos y documentales que se generan en ese sitio? ¿Por qué muchas de las películas premiadas en la muestra joven que organiza el ICAIC, no encuentran difusión en nuestras carteleras? ¿Por qué hay decenas de filmes nacionales que están censurados?

Cubavisión Internacional financió casi cuarenta programas relacionados con el audiovisual cubano. Decenas de obras, realizadas mayormente por los jóvenes creadores, encontraron lugar, cada sábado, en la pantalla. Bajo el título de Ver para creer, este espacio utilizó la crítica y el debate con investigadores y autores para acercarse a muchos de los problemas de la sociedad y la cultura cubanas, sin embargo fue un proyecto rechazado por los directivos de los canales nacionales. ¿A qué viene tanto recelo? ¿Por qué no ponerlo al alcance de todos los cubanos? ¿No es acaso eso, lo que nuestros preocupados pensadores de la cultura nacional, están reclamando?

La Facultad de las Artes de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA) tiene 25 años de creada. Más de mil estudiantes se han graduado en ella y muchas de sus obras forman parte del patrimonio audiovisual del país. Es realmente nuestra única escuela de cine y medios. Escucho hablar con denuedo sobre la necesidad de apoyar a nuestros artistas, de la necesidad de crear obras audiovisuales que nos representen, sobre la extraordinaria y vital relevancia que tiene hoy la imagen en la formación de valores, patrones de conducta, ideas. Pero… en la FAMCA hay aulas cerradas por amenaza de derrumbe, apenas queda tecnología de valor para filmar, los reproductores de video tienen siete años, nunca ha tenido un estudio interno de tv o radio, no cuenta con presupuesto propio, escasean los profesores, no dispone de conexión estable a internet, no tiene una página web, no existe en el ciberespacio y sus filiales de Holguín y Camagüey están semiparalizadas, por la falta de recursos y la inestabilidad del claustro. Entonces… ¿de qué fomento de la cultura audiovisual estamos hablando?

Desde el podio alguien vuelve con la cantinela del imperio de Hollywood y el pensamiento único, servido a las masas por las transnacionales mediáticas. Recuerdo que si tienes tejado de vidrio no le tires piedras al vecino. Pudiera enumerar muchos otros ejemplos de lo que debe hacerse, de los múltiples espacios y sitios que ya existen y están desaprovechados. Pudiera decir nuevamente que nada de esto es relevante si antes no acabamos de incorporar las materias de apreciación audiovisual o los estudios de cine cubano en nuestros centros de enseñanza; pero ya estaría siendo tan retórico como los funcionarios que una y otra vez hablan de lo que desean, se tiran la foto para la prensa y todo sigue igual.

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Publicado el octubre 20, 2015 en POLÉMICAS. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Todo parece indicar que el fundamento último de la visión que tiene el autor de este post, no sólo del asunto del audiovisual en Cuba, sino, como asimismo en otro lugar declara, de otras cuestiones relativas a la problemática cubana, se puede resumir en esta afirmación: “Piensa lo que quieras pero el modelo de país que tuvimos, se fue. No existe. Hay que pensar y construir otro.”, que aparece como respuesta al autor del blog https://cinecubanolapupilainsomne.wordpress.com.
    (lo citado en: http://www.temascuba.org/aggregator/sources/1)

    En otro trabajo sobre el tema aparecido en este blog, otro intelectual, no recuerdo si se trata del mismo, pero quizás ahora no es lo más importante, proclamaba la liberación del artista cubano de cualquier sentido de la responsabilidad y el deber, que no fuera por su misma obra y conciencia creadora, argumento perteneciente a la misma cosmovisión nihilista del arte por el arte. En cambio, ¿de qué sentido del deber y hacia qué proyecto modélico – que obviamente no se propone sólo para la esfera artística – se origina la afirmación de que el proyecto cubano se fue, y en su lugar tiene que construirse otro?
    En todo caso, y ante la nueva y más difícil lucha que se abre en Cuba frente al abrazo de oso del gobierno norteamericano (y que es obvio que no renuncia a su milenario objetivo según lo han declarado alto y fuerte), lo que parece acertado de todo punto de vista, es apoyar el actual intento de actualizar, mejorar, revolucionar, (o sea cual sea el término más aceptado, que el término no es lo decisivo, sino su médula), el modelo que hasta ahora ha protegido los principales valores del proyecto cubano, más allá de sus errores, y sobre todo, por encima de un intento de pulverización cuyo fracaso se ha reconocido.
    En mi opinión, si el artista, o el ciudadano, cualquiera, que se declare libre del deber de cualquier tipo que no sea el que entienda para su creación, tampoco y menos lo tiene para la grave cuestión que significa propagar que algo de tanta envergadura como el proyecto de un pueblo y su historia, no ha sido, ha dejado ser, cuando ese algo tiene tantos sacrificios y muertes detrás, y tantos años de acoso y privaciones, enfermedades y angustias que pertenecen al guion real de la vida, y no precisamente de obras artísticas, por muy importantes que sea el arte para la formación espiritual del hombre.
    Pero uno recuerda de momento que, como fundamento en ese largo proyecto que ahora se declara fenecido, artistas de alta valía como Villena, en su momento, y ante las exigencias duras de la realidad de la lucha proclamaron: “”Yo destrozo mis versos, los desprecio, los regalo, los olvido: me interesan tanto como a la mayor parte de nuestros escritores interesa la justicia social”.

    Claro, no es el caso exigir que todos los creadores sigan el ejemplo. Fue otra la circunstancia, los hombres tienen por algo diferentes estaturas, y, además, la belleza del arte es altamente necesaria como para tirarla toda a la hoguera de la revolución o las causas sociales. Pero también es necesaria la suficiente lucidez del artista para que más allá de su deber para consigo mismo y su creación, sea capaz de situarse en el centro del deber de su época. Al fin y al cabo eso también es parte de la estatura de los grandes artistas que el mundo han sido.

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