PARA UNA NUEVA DEFINICIÓN DEL INTELECTUAL CRÍTICO

En teoría, nada habría más parecido a las funciones del intelectual crítico que las que realiza un honrado cuidador de baños públicos. El hecho de que muchos rechacen esa imagen, por escatológica, nos dice bastante de hasta qué punto se ha conseguido convertir en algo aséptico e inofensivo lo que antes operaba allí donde el grueso de la gente no quería mirar, o donde las enfermedades (sobre todo sociales) demandaban del ejercicio crítico las máximas energías.

A diferencia del intelectual de salón (ese que es fácil de distinguir en medio de la multitud, debido al elegante ropaje que suele lucir en los congresos, el carisma de los personajes que interpreta allí donde su ego lo obliga a levantar la mano para intervenir, y la interminable habladuría que nunca desciende a lo concreto y menos a lo práctico), el intelectual crítico se las debe ver con el fango, las miserias humanas, las luces y las sombras, la utopía y el desencanto: en fin, con la vida como siempre ha sido, incluso antes de que surgiera la idea de que el Paraíso existió.Adam and Eve (ceiling panel). 1509-1511. Fresco. Vaticano, Stanza della Segnatura, Rome.

Al intelectual de salón casi siempre lo vamos a encontrar en los camerinos del teatro social. Nunca le falta un set de maquillaje en sus bolsillos, lo que le permite enmascarar con su inflamada retórica todas las contradicciones que la existencia va generando a diario: lo suyo no es pensar en los problemas a fondo, y mucho menos encontrar soluciones prácticas, sino en mantener un equilibrio que le permita llegar al puerto de su propia prosperidad y gloria mundana. Y le encanta el consenso y los aplausos unánimes siempre que sean “los otros” los que decidan postergar el debate de sus “geniales” ideas.

El intelectual crítico, en cambio, no se deja sobornar por esa falsa impresión de equilibrio. Sabe que sus ideas son apenas peldaños para que otros asciendan. Y por eso generalmente se encuentra solo. Y recibe descalificaciones lo mismo de un bando que de otro.

Pero esa soledad es aparente, en tanto que al dirigirse su cuestionar a la raíz de los problemas que examina, está construyendo un diálogo que trasciende lo local, y lo pedestremente efímero.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el octubre 13, 2015 en REFLEXIONES. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

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