SEVERO SARDUY CADA VEZ MÁS CERCA DE CAMAGÜEY

La noticia de que el documental que realizan Oneyda González y Gustavo Pérez sobre el escritor camagüeyano Severo Sarduy, ya está casi concluido, desde luego que me alegra. Ya otras veces he evocado aquella tertulia en la biblioteca “Julio Antonio Mella”, donde tuve la suerte de ser invitado por Oneyda, y que creo fue el principio de toda esta maravilla que ahora se anuncia.

Gustavo y Oneyda

Por lo visto en el tráiler, estaremos en presencia de un material que aprovecha la palabra de verdaderos pesos pesados del pensamiento en torno a Severo Sarduy, como Antón Arrufat, Roberto González Echevarría, o Rafael Rojas, por mencionar apenas tres de los entrevistados. En lo personal, lo que se ha logrado ha superado una enormidad aquella sugerencia que en su momento se hizo, de rendirle homenaje a Sarduy no únicamente desde la lectura de sus libros, sino desde la interpretación crítica.

Ahora, esta alegría se multiplica porque la entrevista apareció, además de en el soporte digital, en el Adelante de papel, que es el que circula entre los camagüeyanos comunes, esos que en su inmensa mayoría no se han asomado jamás a Internet, y se mantienen fieles en los estanquillos, luchando sus ejemplares. Y nada mejor que los camagüeyanos comunes se enteren que en esta ciudad nació y vivió un tiempo uno de los escritores más relevantes de la cultura nacional.

Lamento que ello no hubiese sucedido también con la hermosa nota escrita por la periodista María Antonieta Colunga Olivera, a propósito de la exhibición entre nosotros de El super (1978), el filme emblemático de la producción cinematográfica hecha por cubanos que viven más allá de la isla. Pero no es cuestión de lamentarse con lo sucedido, sino de sacar lecciones: y en esta ocasión, Adelante y la periodista Yanetsy León González nos recuerdan que entre los deberes de la prensa no solo está informar sobre lo que pasa ahora mismo, sino dejar huellas a los que vienen de lo que hemos sido en nuestra complejidad vital.

Juan Antonio García Borrero

Severo sarduy

DOCUMENTAL SOBRE SEVERO SARDUY CASI YA NO ES SECRETO

Camagüey.- Severo Sarduy (1937-1993) está a punto de asomar su rostro otra vez. Dos sensibles personas, que pudieron ser sus vecinos, se han vuelto peritos de las huellas de este creador del concepto del neobarroco.

A Oneyda González y Gustavo Pérez les ha unido la vida y la consagración a proyectos de humanidad. Por eso comparten el guion y la dirección de un documental acerca de la hondura y la jerarquía de un escritor lugareño poco conocido. En primicia ella nos cuenta de avatares y sorpresas del proceso de realización de Severo secreto, que ha roto ciertas lógicas de producción, y ha vencido barreras en lides internacionales, para vindicar a un camagüeyano universal.

“Hemos trabajado con Rita González, una productora independiente, que ha respaldado la obra de cineastas franceses, españoles y portugueses. Es una profesional exigente y apasionada, que ha encontrado los espacios y las oportunidades para el proyecto”.

–¿Uno de esos espacios fue el Premio CINERGIA 2012?

–Sí, el Premio CINERGIA para Proyectos Audiovisuales de Centroamérica y el Caribe, que me dio la oportunidad de participar en el Lab Bolivia, un laboratorio de creación cinematográfica de muy alto nivel. Los fondos del Premio son para desarrollar la investigación, y eso hicimos en París. Ya teníamos una visión de Cuba bastante amplia, y habíamos concertado algunas entrevistas. Pero fue una suerte que llegáramos en medio del coloquio por el aniversario 20 de la muerte de Severo. Allí encontramos voces que hoy son claves para la expresión de nuestro punto de vista. Desde el principio seguimos una idea suya: “La biografía de un hombre empieza antes de su nacimiento y va más allá de su muerte”. En aquellos días pudimos confirmarlo.

–El documental es también el proceso. ¿Cómo valoras ese ejercicio de realización?

–Cuando tienes ganas de saber y lo consigues, vives una emoción muy fuerte. Pero esta sorpresa puede abrir nuevas preguntas, y renovar el placer de la búsqueda. El que ha investigado lo sabe. Severo secreto ha sido un regalo en este sentido. El punto de vista no ha cambiado, pero se ha hecho cada vez más certero. He aprendido y he vivido la investigación a un mismo tiempo. A Gustavo le ha pasado también. Él se acerca al conocimiento desde la visualidad; pero entre los dos se ha producido un intercambio. Yo he aprendido con su modo de mirar, y él se ha acercado a un sentido de la pesquisa que le era desconocido.

–La puerta más reciente fue la beca que otorgan los Amigos de la Biblioteca de la Universidad de Princeton. ¿Cuán lejos pudieron llegar?

— Por su galerista, supimos que la pintura de Severo estaba en esta importante universidad de los Estados Unidos. También nos dijo que era imposible desligar su pintura de su creación literaria. Pero ir allí era un sueño, como lo había sido el de ir a París. Conocimos de la beca a través de Rubén Gallo, quien trabaja en la Colección Latinoamericana de Princeton. Personalmente nos recomendó que este era el mejor modo de llegar, aunque no era fácil, porque es una beca muy competitiva: además de hacer la búsqueda on line, había que argumentar el uso que se le daría a la información y encontrar dos académicos de prestigio que avalaran el proyecto. Una de las cartas la escribió Rubén y la otra Catalina Quesada, una sarduyana española a quien habíamos conocido en París. Allí encontramos mucho más de lo que imaginamos y una nueva inspiración.

–¿Qué los mueve todavía?

–El documental tiene un tono reflexivo y muy buenos narradores. Ese trayecto se ha ido cumpliendo, y solo nos queda encargar la música que lo acompañe. Luego viene la posproducción de imagen y sonido, para consolidar las emociones y pulir las ideas. Se trata de acercar el alma de este hombre a los cubanos: que se conozca, y se haga más visible en nuestra época.

–Severo te ha llevado a Estados Unidos, y a un mayor contacto con la diáspora. ¿Cómo lees hoy las dos orillas?

— Por Severo fui a Guadalajara en el 2012, esa preciosa ciudad que tiene un Festival de Cine, donde se hace el Talent Campus. Luego vino la experiencia de Francia y la de Gran Canaria. Más tarde me llevó a La Paz, donde conocí gente que echa adelante sus proyectos con más voluntad y talento, que con ingresos. Ese contacto ha sido lo mejor del viaje. Severo mismo fue un viajero, tenía sed de conocer a otros pueblos, a otras formas del ser. Era algo que lo emocionaba, y lo llevaba a hacer las maletas a cada rato. Pero creo que el viaje que nos ha permitido es mucho más que un viaje físico, es un viaje a lo más profundo de nosotros mismos, y a la gracia de su herencia.

http://www.adelante.cu/index.php/es/cultura/artes-visuales/4673-documental-sobre-severo-sarduy-casi-ya-no-es-secreto

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Publicado el septiembre 16, 2015 en DOCUMENTALES CUBANOS. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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