SOBRE PREMIOS, OSCARES Y DESIERTOS

Recuerdo que en la gentil nota introductoria que Rufo Caballero escribiera para mi primer libro (“¿Quién le pone el cascabel al Oscar?”, Editorial Oriente (Santiago de Cuba) y Universidad de Veracruz, México, 1999), y que titulara “La lectura perversa del descreído”, mi siempre recordado crítico anotaba:

A mí el Oscar no me apasiona, tampoco me preocupa: no me interesa. Como no me interesan los premios de Cannes, Berlín o La Habana. A mí me motivan las películas y las ideas; no los premios, que son en la inmensa mayoría de los casos piruetas circunstanciales, orquestaciones de coyuntura, detonantes de feria, cúmulos de azares e intereses bastante ajenos a la naturaleza misma del arte”.

Quien conoció a Rufo Caballero sabe que en su caso, polemizar era casi siempre una fiesta intelectual, una provocación para no quedarnos callados. Extraño esas polémicas en que muchas veces nos enfrascábamos, debates donde reconocíamos que más allá de nuestras diferencias como individuos estaban los fenómenos culturales que merecían estudiarse con el mismo rigor con que se analizan las llamadas “obras maestras del arte”.

No sé si alcancé a convencerle que detrás de la historia frívola de las alfombras rojas que propicia cada año el Oscar, hay una historia de la tecnología del cine que aún espera por ser pensada críticamente, puesta en contexto, como un modo de explicar mejor la evolución del lenguaje cinematográfico y la emergencia de distintos públicos. Estoy pensando en la cronología de esas categorías técnicas que suelen olvidarse a los cinco minutos de anunciados los ganadores, o en los maravillosos cortometrajes premiados (preparé hace algún tiempo un libro para el festival de Huesca en España), donde puede encontrarse la libertad creativa de muchos realizadores que después serán domesticados por la industria.

He traído a Rufo a mi memoria (otra manera de mantenerlo activo en el blog), porque seguramente hoy estaríamos comentando la decisión del ICAIC de dejar desierta la nominación al Oscar al mejor filme de habla no inglesa por parte de Cuba. Obviamente, intentaríamos explotar la lectura sintomática del hecho noticioso más que la noticia en sí; porque son cuestiones diferentes aunque igual de legítimas: es verdad que un premio es algo que será importante apenas para un grupo de personas durante un brevísimo tiempo, pero está la otra cara de la moneda, y es que a mí me importaría muchísimo que alguien a quien estimo lo recibiera. De acuerdo, un premio no salva el mundo, o no cura el cáncer, como diría Warren Beatty de las películas, pero si ayuda a que alguien se sienta durante un rato menos prescindible de lo que normalmente somos en la vida, pues bienvenido sea.

Les dejo entonces con la noticia que gracias a Francisco Puñal puedo compartir hoy en el blog. Y que como dicen en televisión, cada cual saque sus propias conclusiones.

Juan Antonio García Borrero

FILMES “MEÑIQUE” Y “VESTIDO DE NOVIA”, CANDIDATOS CUBANOS A LOS PREMIOS GOYA Y ARIEL

Escrito por  Redacción Cubacine

Los filmes Meñique, de Ernesto Padrón y Vestido de novia, de Marilyn Solaya, fueron seleccionados para representar a Cuba en los premios Ariel y Goya, respectivamente.

La Comisión de selección del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) estuvo integrada por el realizador Jorge Luis Sánchez, la actriz Eslinda Núñez, la vicepresidenta de Relaciones Internacionales, Susana Molina, el productor Frank Cabrera y la directora Patricia Ramos.

Dicha comisión argumentó que Meñique fue seleccionado por tratarse de un filme que tiene la calidad necesaria para competir en este certamen. El mismo cuenta con una buena factura técnica y constituye una interesante adaptación cinematográfica sobre un cuento versionado por José Martí.

Por su parte, Vestido de novia fue elegido por ser una ópera prima que aborda con sensibilidad un tema hasta hoy muy poco tratado en la cinematografía nacional. Es una película que se inscribe en un período complejo de la realidad cubana y fue filmada con mucha credibilidad y sinceridad. Sus valores de interpretación, uno de los mayores logros de la obra, avalan de igual modo su participación en el certamen.

Los miembros de la Comisión, por mayoría de votos, decidieron dejar desierta la candidatura cubana a los premios Oscar.

Vuelos prohibidos (Rigoberto López), Contigo pan y cebolla (Juan Carlos Cremata), Fátima o El parque de la Fraternidad (Jorge Perugorría), La emboscada (Alejandro Gil) y La ciudad (Tomás Piard), fueron los otros filmes que optaron por representar a Cuba en estos premios.

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Publicado el septiembre 14, 2015 en NOTICIAS, EFEMÉRIDES, RUMORES, REFLEXIONES. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

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