Archivos diarios: septiembre 11, 2015

LAS PROFECÍAS DE ASTRUC

Comparto con los amigos del blog este texto publicado en IPS.

LAS PROFECÍAS DE ASTRUC

En 1948, el entonces crítico de cine y novelista francés Alexandre Astruc, escribió un artículo titulado “Nacimiento de una nueva vanguardia: la “Camèra-stylo”. Aquel ensayo influyó en los cineastas que más tarde impulsaron la Nueva Ola Francesa, convirtiéndose en uno de los pilares teóricos de ese cine moderno que, desde mediados de los cincuenta, discutiría las principales convenciones del cine clásico. La aguda mirada del ensayista notaba entonces cómo el cine, “(…) después de haber sido sucesivamente una atracción de feria, una diversión parecida al teatro de boulevard, o un medio de conservar las imágenes de la época, se convierte poco a poco en una lengua”.

Esa observación, que habría que colocarla en un contexto donde era realmente difícil imaginar una alternativa a ese sistema de representación naturalizado por las producciones hollywoodenses, no me resulta tan inquietante como esta otra que pareciera está describiendo lo que ahora mismo nos ocurre a los humanos de la era actual:

Hay que entender que hasta ahora el cine sólo ha sido un espectáculo, cosa que obedece exactamente al hecho de que todos los films se proyectan en unas salas. Pero con el desarrollo del 16 mm y de la televisión, se acerca el día en que cada cual tendrá en su casa unos aparatos de proyección e irá a alquilar al librero de la esquina unos filmes escritos sobre cualquier tema y sobre cualquier forma, tanto crítica literaria o novela como ensayo sobre las matemáticas, historia, divulgación, etc. Entonces ya no podremos hablar de un cine. Habrá unos cines como hay ahora unas literaturas, pues el cine, al igual que la literatura, antes de ser un arte especial, es un lenguaje que puede expresar cualquier sector del pensamiento”.

Habría que recordar que las cinematografías modernas, respaldadas por los Estados asistenciales, nacieron para defender el derecho de los espectadores a ser activos en sus elecciones. Mientras que en el cine clásico las estrategias de recepción eran rígidamente establecidas a partir de un consolidado sistema de representación, en el cine moderno hay una invitación a romper con el relato cerrado, a participar en el mismo, y enriquecer lo que se nos está ofreciendo a los sentidos.

El surgimiento del ICAIC en 1959 respondía a esas aspiraciones. Por eso la producción que se auspiciara en esa primera década (sobre todo la producción documental) es todavía tan apreciada. Se buscaba liberar al espectador cubano del imperativo estético que le dictaba la industria. No solo se hizo cine diferente al convencional, sino que se puso a disposición de esos espectadores esas diversas maneras de representar audiovisualmente las historias. Lee el resto de esta entrada

LO NUEVO

¿Quién dijo que lo nuevo, por ser nuevo, tiene garantizado un puesto feliz entre los contemporáneos? Es todo lo contrario: lo nuevo siempre implicará un malestar para quienes se ven a sí mismos como autoridades de “los valores de siempre”.

La Historia, en este sentido, más aleccionadora no puede ser: lo nuevo(hablamos de lo auténticamente nuevo, sobre todo en el plano intelectual) siempre consigue imponerse, pero invariablemente de modo intempestivo. En tal sentido, no hay que tomarse demasiado a pecho la severidad de quienes miran con malos ojos, desde sus moldes intelectuales demasiado institucionalizados, el peligro de los bárbaros asomándose a sus cátedras.

Entre nosotros Lezama siempre tuvo claro que había que buscar la autenticidad de lo nuevo más allá de lo que la rigidez académica terminaba esterilizando. “La imprenta mató a la universidad en la rama de las humanidades”, dice en una de sus entrevistas, y añade: “La universidad tuvo su esplendor durante la Edad Media, pero ya en el Renacimiento comenzó a perder su lugar. Las grandes figuras del siglo XX no han tenido nada que ver con las cátedras. Pienso en Freud, por ejemplo. Albert Einstein, que pasó gran parte de su vida en universidades, no fue nunca precisamente un profesor”.

El recuerdo más grato que guardo de aquellos que han fungido como profesores en mi vida (son muchos los que perduran en la memoria, así que no menciono nombres) lo asocio a una conversación sostenida más allá del aula, tal vez en una plaza, en una calle mal alumbrada, en un parque con bancos desvencijados. Conversaciones donde, casi por azar, se descubre el hechizo que siempre provoca detectar la imagen de algo que vemos todos los días, no en el espejo, sino desde el espejo. Lee el resto de esta entrada