CUBA Y ESTADOS UNIDOS: ARQUEOLOGÍA DE UNA IMAGEN TODAVÍA EN CONSTRUCCIÓN

Comparto con los amigos del blog este texto publicado en Progreso Semanal, y que forma parte de una serie que hablará de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, pero desde la perspectiva del cine.

Rebel soldiers cook a pig for dinner at their camp during the insurrection of 1896. Cuba ceased to be a Spanish colony and gained independence after the Spanish-American War of 1898, but remained under the influence of the USA. Original Publication: Illustrated London News - The Insurrection In Cuba - pub. 1896 (Photo by Hulton Archive/Getty Images)

Rebel soldiers cook a pig for dinner at their camp during the insurrection of 1896. Cuba ceased to be a Spanish colony and gained independence after the Spanish-American War of 1898, but remained under the influence of the USA. Original Publication: Illustrated London News – The Insurrection In Cuba – pub. 1896 (Photo by Hulton Archive/Getty Images)

 

CUBA Y ESTADOS UNIDOS: ARQUEOLOGÍA DE UNA IMAGEN TODAVÍA EN CONSTRUCCIÓN

Juan Antonio García Borrero • 11 de agosto, 2015

CAMAGÜEY. Las nuevas tecnologías están facilitando de un modo increíble el acceso a las imágenes rodadas en el principio de la historia del cine, sin importar que tengamos o no conexión a Internet, que estudiemos en una universidad del Primer Mundo o en Camagüey, o que contemos con acceso a las principales bibliotecas del planeta. Pongo un ejemplo personal: gracias a la investigadora Ana López (Universidad de Tulane, Nueva Orleáns) tengo en mis manos una memoria flash con buena parte de los filmes rodados por operadores estadounidenses a propósito de la guerra cubano- hispano- norteamericana (1898), y conservados por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.

No le faltaba razón a Borges cuando anotaba que “las fechas son para el olvido, pero fijan en el tiempo a los hombres y traen multiplicadas connotaciones”. No creo, sin embargo, que Borges estuviese pensando en la Historia a secas, sino en lo poético como vivencia colectiva: las fechas históricas, efectivamente, no hablan tanto de lo que sucedió “ese día”, como que de lo que los grupos que dominan en la ocasión consiguieron capitalizar en términos simbólicos, y su recepción en el imaginario público no suele alejarse de lo que normalmente se recuerda de lo visto en un filme de éxito en la antigüedad: nunca lo recordamos íntegro, sino apenas sus secuencias más impactantes.

En la modernidad, cuando esas fechas evocan acontecimientos preñados de consecuencias simbólicas para las naciones, llegan acompañadas de elaboradísimas construcciones visuales. Una fecha histórica hoy es impensable sin un conjunto de imágenes que la acrediten, que la fijen en el incesante devenir, al extremo de que podría pensarse que no hay Historia allí donde no hay imágenes. Pero esto me hace pensar que en algún momento tendremos que pedirles prestadas a los historiadores esas fotos y películas que utilizan para articular sus discursos (casi siempre políticos, en tanto apenas se ocupan de los grandes poderes), con el fin de someterlas a un escrutinio de índole más bien arqueológica.

Pensemos en ese conjunto de fechas significativas que ya atesora la nación cubana, y que tendrá su nueva corona con las tomadas el 20 de julio y el 14 de agosto del año en curso, cuando se complete la reanudación “oficial” de las relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos. Esas imágenes pronto serán “Historia”: nosotros, los que ahora somos sus protagonistas (no importa que en plan de simple espectadores de las ceremonias oficiales) mañana, a su vez, seremos mirados como parte de esas postales, libros, películas, que se integrarán a los planes de enseñanza del tema.

La mirada histórica apenas reparará en el momento en que se izaron las banderas de ambos países, encarnizados adversarios a lo largo de medio siglo; y dado los presupuestos fácticos que hasta entonces dominaron la escena (la beligerancia de ambos Estados y sus gobernantes) se perderán de vista las emociones más comunes, las que nadie aprecia por demasiado cotidianas. De allí la necesidad de una mirada que indague en la permanencia de lo humanamente antiguo en medio de ese maremágnum de imágenes en apariencia nuevas: que nos hable de la vida secreta de las imágenes que se adosan ahora a nuestra retina, de su genealogía.

Porque bien examinada, la imagen “Cuba-Estados Unidos” es algo que estará en permanente construcción mientras ambos países existan, y es en el rastreo genealógico de esas representaciones que tal vez encontremos el sentido clandestino y polifónico que ha guiado el devenir de sus relaciones. Al discurso político (tan atento a las fechas históricas grabadas en los monumentos, en los lugares públicos) habrá que sumar los rumores que emergen de la vida cotidiana, esa donde las hegemonías culturales y sus escollos irán haciendo lo suyo sin que importen los decretos oficiales, o el humor, las filias y las fobias de quienes manden en determinadas épocas.

Volviendo al año 1898, esa fecha que tanto ha significado para la nación cubana, hoy sabemos que la “humanitaria” intervención norteamericana en el conflicto bélico que patriotas de la isla mantenían con el régimen colonial español, sirvió para sentar las bases de un estereotipo cinematográfico que aún sigue mostrando eficacia simbólica: ¿acaso a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI no se nos ha hecho natural en los principales noticieros la presencia de las fuerzas estadounidenses en las más recónditas zonas del planeta, aplacando conflictos locales en nombre de una soñada concordia que en la Norteamérica profunda nunca se aprecia?

Pues bien, esa imagen cinematográfica donde se potencia el perfil mesiánico de los Estados Unidos como nación tuvo su kilómetro cero en las películas filmadas aquel lejano 1898.

Hasta hace poco, la historiografía del cine solía pasar por alto este tipo de vistas; o en sentido general, se apropiaban de ellas para establecer una suerte de brevísimo prólogo a lo que sería la Historia oficial de ese cine que tiene en Hollywood su gran referente, y en la organización industrial del período clásico el gran relato a narrarse. Sin embargo, la reciente consolidación de disciplinas como la arqueología fílmica está permitiendo una recuperación más que estimulante de ese conjunto de imágenes primigenias (en lo que a esta zona del 1898 se refiere, vale destacar el texto de Patrick Loughney The Spanish-American War, que forma parte del volumen colectivo editado por André Gaudreault).

Para el ojo moderno, tan narcotizado con esa avalancha televisiva de escenas donde una y otra vez aparecen soldados norteamericanos simbolizando la custodia del “orden mundial”, es posible que estas a las que ahora aludimos (filmadas en blanco y negro, carentes de sonido o efectos) provoquen más bien bostezos o indiferencia. Pero pensemos en los espectadores de entonces, y pensemos en la astucia de Thomas A. Edison, que amén del patriotismo que le podía provocar el diferendo con España, sentía que tras la representación de aquellos hechos se escondía un gran negocio.

Uno podría pensar que el detonante estuvo en Burial of the “Maine” Victims (21 de abril de 1898), con esa toma de casi dos minutos a través de la cual vemos desfilar de modo solemne los coches con los restos de algunos de los marines muertos en la explosión. Y pueden entenderse las posteriores reacciones de los estadounidenses que asistían a proyecciones donde con gran “realismo” se mostraba el sacrificio de sus jóvenes soldados, o se enteraban desde lejos de las condiciones en que vivían los cubanos (Cuban Refugees Waiting for Rations/ 20 de mayo de 1898), o llegaban al paroxismo de la emoción al ver cómo la bandera española era reemplazada en El Morro por la norteamericana (Raising Old Glory Over Morro Castle, 4 de febrero de 1899).

Todavía el cine no se pensaba en términos de lenguaje, o de narración, si bien se intuía que el uso de esas imágenes podía provocar en los espectadores determinados efectos emocionales. Al final se ha conseguido: durante mucho tiempo las películas estadounidenses han estado en función de la auto exaltación, sobre todo en lo bélico. Pero ahora me pregunto, ¿cómo se estaría percibiendo hoy la Historia de Cuba y los Estados Unidos, si en 1898 las cámaras, en vez de controlarlas Edison, hubiesen estado en manos de los mambises?

 

Progreso Semanal/ Weekly autoriza la reproducción total o parcial de los artículos de nuestros periodistas siempre y cuando se identifique la fuente y el autor.

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Publicado el agosto 11, 2015 en CUBA Y ESTADOS UNIDOS EN EL CINE. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

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