CONTRA LA HIDRA DE LA INDIFERENCIA

Advierto cierto tufo a folletín, a culebrón, en esto de volver sobre Camagüey y su calle de los cines. Ahora que soy un ciudadano sin más responsabilidad en esta historia que la del desconcierto crítico, ¿qué tendría que importarme a mí este lento desmoronamiento de un hermoso sueño?, ¿por qué empeñarse en luchar contra la hidra de la indiferencia, para decirlo como Cabrera Infante cuando hablaba de Germán Puig y Ricardo Vigón, empeñados en hacer realidad una utopía (la Cinemateca de Cuba) en medio de la desidia institucional de la época?

Los que hablan de la inteligencia emocional recomiendan que pongamos bajo una nueva luz aquello que en algún momento nos ha provocado decepciones: siempre hay algo positivo que encontrar en el fracaso dado que la vida es aprendizaje constante. O como otras veces he dicho: toda ganancia implica pérdidas, y viceversa. Eso es fácil de escribir y de leer: llevarlo a la práctica es más complejo. Por ejemplo, ¿puede parecerme bien descubrir (por pura casualidad) que han quitado el cartel de la barbería “El marido de la peluquera”, y que pronto harán lo mismo con el de la peluquería “La ciudad de las mujeres”?

Quienes trabajan allí no tienen ninguna responsabilidad en eso, desde luego. Se limitan a cumplir con lo que les indican desde el “más arriba”. Jamás se les ha explicado que sus establecimientos forman parte de un proyecto cultural mayor (el Paseo temático). Y es probable que sus jefes no tengan la menor idea de qué importancia tiene la figura de Federico Fellini en la historia de la espiritualidad (ya no solamente del arte cinematográfico). Lo mismo pasa con la administración del “Coffea Arábiga”, cuya decoración ya no existe. A decir verdad, pocos en el Paseo muestran el orgullo de los de “La Dolce Vita”, y eso se nota en el buen servicio que ofrecen.

Como esos jefes tienen el poder de poner y quitar carteles sin responder a nadie, resuelven ante sus empleados que el proyecto original en el que algunos especialistas y la Oficina del Historiador de la ciudad invirtieron tiempo y conocimientos carece de utilidad pública. De modo que con esas impunidades de nuestros excelsos profesionales de la mediocridad local encaramados en el poder, no es de extrañar que donde hoy se lee “Bar Esperanza, el último que cierra”, mañana leamos “La gozadera”.

Reenfocando este asunto con serenidad (que es algo que no podría faltarnos si de veras queremos que la inteligencia emocional funcione), veo como positivo lo siguiente: ya sé que todo aquel que pida mi colaboración en proyectos culturales, puede contar conmigo, excepto en Camagüey. Y suspiro aliviado: fin del culebrón.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el julio 27, 2015 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. Pienso que ahora q eres un ciudadano sin responsabilidad en el proyecto es cuando mas puedes denunciar todo lo que ocurra sin pedir permiso a nadie. Pero levanta el animo que parece que se acabo la vida para ti. Arriba a decir verdades sin sonrojarse y sin temer represalias.

  2. Gracias, Joel, pero no hará ninguna diferencia el que ahora no trabaje en la institución. Por suerte, y en este blog que dentro de pronto pudiera cumplir diez años, puedes encontrar suficientes evidencias de que no pido permiso a nadie para expresarme. Ni a los de aquí ni a los de allá. Sería muy oportunista si ahora me pongo a hablar lo lo antes no hice. Al contrario, desde que me hice el blog no me he podido sentir más libre. Y ruego me excusen si doy la impresión de que ando por el piso, porque no es así. Como único podrían derrotarme es robándome las ideas y lo que tengo que escribir, y eso, por suerte, lo tengo dentro de mi cabeza. Por lo demás, siempre he dicho que me siento triplemente insular. Mi casa con los míos dentro es la isla más valiosa. Un abrazo grande.

  3. Juany:
    Muy lamentable lo que cuentas. Es terrible, aunque, desde luego, peores cosas han ocurrido y… ocurrirán. Forman parte de ese desmoronamiento social, cultural, moral y ético de la sociedad. Y da igual lo que digan nuestros políticos, funcionarios o encumbrados hombres de la cultura. Aquí lo único que permanece es la retórica de un discurso que se muerde la cola. Palabras lindas para aparecer en la portada de los periódicos y en las noticias del día, pero que no se corresponde con el palpitar de la vida. Las buenas y nobles obras que ocasionalmente aparecen, tienen temprana fecha de caducidad. Debe ser que el calor de esta isla, corrompe y pudre con celeridad a su gente, o para ser justos, a esa parte de la gente que es incapaz de ver más allá de sus narices y cuyo lema de vida es: ¡Sálvese quien pueda!
    No hace mucho estuve por ese magnífico espacio que lograron levantar en tu ciudad. La calle de los cines, fue algo auténtico en nuestro entorno. Todo un proyecto que pretendía irradiar cultura, espiritualidad y entretenimiento para toda una comunidad. Un hito urbanístico, levantado siguiendo criterios patrimoniales y de identidad, que además, generaba puestos de trabajo y posibilidades infinitas de legitimar valores o tradiciones en la provincia. Pero en un país donde sigue imperando la uniformidad y mediocridad, un proyecto tan bueno como ese tiene pocas posibilidades de sobrevivir. En vez de extenderse, se anula y lo veremos diluirse patéticamente como tantos otros.
    Y.. ¿la UNEAC de la provincia no ha tomado cartas en el asunto? Porque, digo yo, para eso están, ¿o no? Ah… ¡la UNEAC!. Bueno, si funciona como en La Habana, poco puede esperarse de ella.
    Recuerda que todo ese magnífico proyecto surgió bajo el paraguas de las remodelaciones y financiamientos por los 500 años de tu ciudad. Y… mi amigo, sabes lo apegado a las fechas y conmemoraciones que son algunos aquí. Son adoradores del almanaque. Aparecen entonces los recursos, las obras maravillosas y por supuesto, las apologías, fotos y mesas redondas. Después…. si te he visto no me acuerdo. Andarán entregados a una nueva causa, acto o cinta que cortar. Mira ahora mismo, lo que ocurrió con los 500 años de Santiago de Cuba. Puedes apostar lo que quieras, que en un par de años, quedará poco de esa bella y revitalizada ciudad que nos han mostrado nuestros medios últimamente.
    Esperemos que no tengamos que esperar otro medio milenio para ganarle la partida a la desidia y la insensatez.
    Un abrazo desde la capital, ahora cada vez más cerca de sus 500 años de fundada. ¿Crees que baje el precio de la pintura?
    Gustavo Arcos

  4. Juan Carlos Tabío

    Querido Juan Antonio:

    Por supuesto que no conozco los detalles, pero no me cuesta mucho trabajo imaginármelos. Mira, tú tienes tus libros y tu obra. Ellos son solo la mirringuita mínima y momentánea de parcela de su podercito.

    Un fuerte abrazo.

    Juan Carlos Tabío

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