QUEMANDO LAS NAVES

Hace veinte días le hice llegar a mi jefa una carta de renuncia al trabajo. Tenemos una gran amistad, y me pidió que lo pensase un poco más. Lo he pensado mucho, y gracias a eso puedo escribir ahora con un poco más de seguridad: renuncio.

En mi vida profesional ligada al cine y su promoción (un cuarto de siglo cumplí en ese lugar en el pasado mes de mayo) he experimentado muchísimas satisfacciones, pero probablemente las que he vivido en los últimos tres, vinculadas a este proyecto de “La calle de los cines” en Camagüey, han sido las más intensas, y ello se lo debo a la entrega y complicidad absoluta de Disley Orama, directora del Centro del Cine en la provincia: junto a su pequeño equipo, integrado en su mayoría por mujeres, me sentí como cuando empecé en el giro.

Pero cansarse y perder el entusiasmo es de humanos. Sobre todo cuando uno advierte que las fuerzas que se necesitan para hacer realidad determinados proyectos tienen que llegar de diversos lugares, y que, como advertía Lennon, la vida siempre será algo que sucede mientras estamos soñando otra cosa. En realidad, yo sabía que iba a ser fácil. Revisando las notas publicadas hace casi un par de años en mi muro de Facebook, encuentro esta:

De nuevo en la cueva, y el conteo regresivo para la reinauguración del Casablanca en su apogeo. Y la culminación del Complejo Audiovisual Nuevo Mundo, que queremos sea nuestra modesta contribución a lo que llamo “necesidad urgente de una Campaña Nacional de Alfabetización Tecnológica y Funcional”.

Me gustaría que este último espacio se convirtiera precisamente en un espacio académico que fomentara el uso creativo de las nuevas tecnologías, y donde podamos apreciar el cine tradicional como parte de un mapa mayor que incluye nuevas modalidades del ocio electrónico.

Será complejo lo que nos espera. Tendremos que vencer resistencias, escepticismos, el miedo de la gente a eso “extraño” que se llama Internet, o su reverso, la tendencia a hacer del principio del menor esfuerzo (en este caso intelectual) un refugio para no asumir retos.

Ahora mismo no sé qué agota más: si levantar las paredes físicas del inmueble, o tumbar los muros sicológicos que dividen al viejo mundo del nuevo…

Y un poco de esto último es lo que ha estado pasando: demasiados muros sicológicos entre los sueños y la realidad. Por poner un ejemplo, ha sucedido con el Paseo temático, cuya animación no puede caer en los hombros únicos del Centro del Cine o del Sectorial de Cultura del territorio. El Paseo Temático hoy existe gracias a la iniciativa de la Oficina del Historiador de la Ciudad (liderada por su director José Rodríguez Barreras), y en su diseño participaron desde un principio Armando Pérez Padrón y el que suscribe, pero la animación cultural tendría que comprometer hoy a los más diversos sectores de la sociedad (no solo a Cultura), tomando en cuenta que el término “cultura” abarca ahora mucho más que el arte y la literatura que antiguamente monopolizaban las prácticas culturales.

De modo que cuando pienso en la animación cultural del Paseo Temático de “La calle de los cines” pienso en la gente de Turismo diseñando rutas para todos esos turistas que nos visitan y recorren ese tramo todos los días con sus cámaras en las manos, y pienso en la gente de ETECSA facilitando las conexiones WIFI en El Callejón de los Milagros, y a los de Gastronomía preparando ferias de comidas y bebidas típicas, o a los artesanos vendiendo sus producciones, en fin, pienso en todas esas dinámicas culturales que laten en el interior de la comunidad donde está enclavado el Paseo, y que junto a las actividades “artísticas” propiciarían un clima diferente, moderno, interactivo, a la altura de lo que esperan los consumidores de la cultura del siglo XXI.

Como es de sospechar, tamaña pretensión demanda una perspectiva de conjunto más que una sumatoria de voluntades aisladas en el que cada cual anda por su lado. Y mucho menos puede lograrse eso a nivel de obsesiones de dos o tres individuos. ¿Quién, por poner un ejemplo, tendría autoridad hoy para llegar al “Coffea Arábiga” (el único lugar que existe en el país que rinde homenaje a Nicolasito Guillén Landrián) y señalar a su administración el desastroso estado de la ambientación, donde se han borrado todas las imágenes? A estas alturas creo que solo el Gobierno de la ciudad podría crear mecanismos administrativos capaces de influir en el sentido moderno que merecería tener el Paseo.

Que renuncie a las responsabilidades y sueños que hasta ahora tenía dentro del Centro de Cine de Camagüey no significa que le esté restando valor a lo que allí existe, y a lo que se puede lograr, mucho menos sabiendo que ese Paseo es único en el contexto nacional. Me siento muy orgulloso de haber contribuido en su diseño intelectual, y también de haber cargado algún que otro cubo de arena y cemento en la construcción de los inmuebles. Sé que también tengo la opción de conformarme con lo que está sucediendo, convertir mi permanencia en Nuevo Mundo en una suerte de beca de creación que me permita sacar mis libros, mis artículos personales, pero no me siento cómodo en esa posición: como en mi caso escribir sobre cine no es trabajo, sino pasión, prefiero hacerlo desde mi casa.

Mi criterio es que tarde o temprano, ese Paseo cumplirá con el rol que merece la comunidad camagüeyana. Quizás el venidero Segundo Foro de Consumo Audiovisual en Cuba, a celebrarse en Camagüey a finales del mes de octubre con el auspicio de la UNEAC, ayude a que los directivos de la provincia tomen conciencia de las fortalezas que tienen en sus manos, y que están todavía subutilizadas. Y quizás tengamos en algún momento un Paseo donde sean “los emprendedores” (esa palabra tan de moda, aunque yo prefiera la de “soñadores”) los que animen el lugar, en vez de pensarse en la animación del lugar como en una cartelera que hay que cumplimentar.

Y ojalá tengamos un uso realmente creativo de las nuevas tecnologías, y organicemos el festival de cine cubano para televisión en las pantallas grandes del Casablanca y otro de video-mapping en las paredes de “El Callejón de los Milagros”. Y el Paseo siga recibiendo a los críticos de cine más influyentes del país, y a Fernando Pérez, Mirtha Ibarra, Ernesto Daranas, Enrique Álvarez, Arturo Sotto, Rolando Díaz, Marilyn Solaya, Iván Giroud, Alejandro Gil, Tomás Cao, entre otras personalidades que han aceptado visitarnos en los últimos meses. Y Leonardo Padura pueda presentar por fin aquí el libro de su autoría que Ácana publicará. Y Ernesto Fundora les imparta clases de realización de video clips a los alumnos del ISA. Y nuestras instituciones sean invadidas por estudiantes de las universidades de Tulane o Austin (mientras más estudiantes de otras partes del planeta lleguen con pretensiones académicas, mejor). Y que todo el mundo (hable inglés, chino, o español) termine brindando con una Bucanero o un café en el “Bar Esperanza, el último que cierra”, el “Bar Casablanca” o en “La Dolce Vita”.

Lo sé: demasiados delirios. Y es verdad que tanto delirio báquico no cabe en una institución. Por eso renuncio. Por suerte, a estas alturas me obsesiona más la calidad de aquello que ocupa mi tiempo que las formalidades del trabajo donde esté. Así que espero que las escrituras sobre el cine cubano que tengo pendientes no me hagan sentir un desocupado.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el julio 17, 2015 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Juani, no se trata de quemar naves.
    Das una dimensión mitológica a algo mucho mas basto, menos heroico: el desgaste cotidiano por la inopia (anti-utopia) institucional.
    Y de ellos es responsable el gobierno, lease Mincult o Sectorial o Poder Popular, que elige personas que no sueñan, que no proyectan mas alla de la bodega”.
    O uno renuncia, o entonces debe enfrascarse en quijotescas batallas, a toda voz, donde debes dejar la humildad detrás, y enarbolar todo tipo de armas asumiéndose como representación de la vanguardia.

    Creo te esperan muchos espacios aun por conquistar: un programa de radio, columnas en la prensa o revistas literarias locales, amen de tus
    “autocastigos”: esos libros que magníficamente hilvanas.

    En cuanto al “Segundo Foro de Consumo Audiovisual en Cuba, a celebrarse en Camagüey a finales del mes de octubre con el auspicio de la UNEAC,” creo realmente debíamos plantear un foro sobre industrias culturales en Cuba, mas que proseguir con la tónica controladora que el termino ha denotado entre nosotros. (Abel Prieto dixit). Pensar proyectivamente, mas que evidenciar con pesantez que el pescado” se nos fue de las manos, y sin pedir permiso.

    En una dimensión Sí de bodega, dime cuanto era tu salario mensual, y yo te lo giro cada mes. Sera mi placer “intimo”.

    Un abrazo, por el arte siempre,

  2. Acabo de enterarme, a hurtadillas, del “deceso institucional” de una de las personas que más ha hecho por la Cultura camagüeyana y cubana en los últimos 25 años… y es triste. Me conmueve no solo porque me considero un camagüeyano raigal y ¨ortodoxo¨, sino porque desde que era un estudiante de Preuniversitario estoy viendo a Juany llevando y trayendo (muchas veces debajo del brazo) ´papeles´ que legitiman y prestigian en grande ¿La Cultura? de mi país… y de mi patria chica, esa a la que nunca quiso renunciar físicamente (yo tampoco) y en la que tanta hostilidad hemos encontrado.
    Me viene ahora, una vez más, a la mente aquella frase visceral de John Kennedy Toole que decía más o menos así: ¨…Cuando un genio nace… suele reconocérsele por una sola cosa: TODOS LOS NECIOS SE CONJURAN CONTRA EL…¨
    ¡¿Cuántos necios en conjura?!… y sin embargo ¿ganan? en una carrera sin sentido que lo único que hace es entorpecer o molestar el pensamiento, pero: ESTÁN AHÍ… y seguirán… y celebran incluso el advenimiento de ¨una nueva era¨ sin ´¿Yanquis enemigos?´… bueno…
    A mi ya nada me sorprende… siempre fui de los que piensa que había… que viven y se hallarán quienes podrán, desde adentro, hacernos mucho más daño que 1000 embargos. Hay bloqueos internos que frenan, disgustan y hacen disentir al más integro ser humano… El cansancio existe y los seres humanos somos susceptibles.
    El martirologio en aras de nada carece de sentido…. Celebro a Juan Antonio García Borrero por el estoicismo, aunque no le envidio. Yo en su lugar hubiese renunciando mucho antes… Este instante también me hace evocar aquella carta, especie de testamento, hoy devenida profecía en la que Fandiño le comentaba: ¨… se cauto Juany, aunque digno… pero si por alguna razón tuvieses que renunciar a alguna de esas condiciones, entonces renuncia a la cautela pues la dignidad, a la postre, siempre se respeta…¨
    Me ¡alegra! el carecer de tu talento, hermano… (Quién lo diría) ¨ No hay mal que por bien no venga…¨ reza un viejo refrán. Existe otro, que ahora mismo se me antoja mágico: ¨… al que le sirva el sayo… que se lo ponga…¨
    ¡¿Cuántos disgustos me he evitado…?!
    JG@briel.

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