EL PERIÓDICO GRANMA SOBRE LAS SALAS CINEMATOGRÁFICAS EN CUBA

Es bueno que en el periódico Granma se publicara un reportaje como este. Ya en Camagüey, hace algunos años el periódico Adelante publicó algo parecido, y a raíz de los pronunciamientos que hiciéramos en la Asamblea de la UNEAC del 2011 salieron a relucir las estrategias que hoy permiten que tengamos en la ciudad el único Paseo temático de los cines que existe en Cuba.

Preocuparnos por el futuro de las salas cinematográficas en la isla está bien; me preocupa, sin embargo, que asumamos el análisis desde el presupuesto afectivo y casi único de la nostalgia. A la pregunta ¿se pierde la magia de las salas oscuras? yo opondría la interrogante, ¿qué es lo que pueden ganar los nuevos públicos (los públicos del siglo XXI) en una sala oscura con pantalla inmensa?

No es conveniente hablar de la experiencia del nuevo consumidor de imágenes en movimiento desde la piel y el cerebro del espectador cinematográfico del siglo XX, por culta que sea la experiencia del último. Es cierto que ver Conducta en pantalla grande, y rodeado de personas que participan de lo mismo, en medio de la oscuridad y el silencio, no tiene nada que ver con apreciarla en un televisor o en un ordenador. A mí me pasó con Relatos salvajes, cuando pude ver esa cinta argentina en la función que el año anterior dejó inaugurado el pasado Festival de Nuevo Cine Latinoamericano: la calidad de la proyección sencillamente me hechizó; luego volví a verla en pantallas más pequeñas, en un plano más doméstico, y ya no me funcionó igual. Me sigue gustando, pero la vi diferente; sin la misma magia, para decirlo como Granma.

También es cierto que las salas cinematográficas cubanas han sido una de las grandes víctimas del “período especial” que vivimos en los noventa en Cuba en el plano económico. Pero a mi juicio, tampoco se le ha respaldado en términos de pensamiento, y más bien se siguen programando actividades en ellas como si la historia del cine hubiese llegado a su fin desde los lejanos años sesenta, y ya no hubiese necesidad de renovar los modos de programar y promover. Se sigue discutiendo con mucho énfasis la suerte de nuestro cine, el mejor funcionamiento del ICAIC como ente rector de la política audiovisual en el país, pero se piensa poco en la suerte de esos espectadores que, en teoría, han de recibir proyecciones de calidad.

No hay que creer que el arreglo de un cine garantiza de modo automático que los espectadores regresen al mismo. En realidad necesitamos repensar las funciones de las salas que proyectan imágenes sobre una superficie en este siglo XXI que se nos hace viejo. Tenemos que pensar en cómo diseñar políticas de exhibición inteligentes, en las que quepan los indiscutibles valores del cine más tradicional, pero también los hallazgos creativos que ya se pueden apreciar en el uso de las nuevas tecnologías, y la consolidación de nuevos modelos narrativos, donde lo interactivo deviene esencial. Se trata de “abrirnos al mundo audiovisual” con un espíritu crítico, pero al mismo tiempo, desprejuiciado. Y no olvidar jamás que el cine será arte, pero también, espectáculo. Y espectáculo, al fin, necesita de estas salas públicas para poder apreciarse.

Pero, por supuesto, para lograr algo de coherencia en esto de querer y poder, necesitamos respaldos legales. Por ello esa Ley de Cine de la que tanto se habla fuera de los medios oficiales tendrá que pronunciarse al respecto. Y tendremos que pensar en las inversiones privadas y hasta extranjeras, las cuales aliviarían al Estado de cargas innecesarias e impensables para su gestión social. Y por existir precisamente algo pensado desde lo jurídico se garantizaría, asimismo, el encargo cultural de las instituciones relacionadas con el cine, y el audiovisual, en sentido. Pero, claro, pedirle al periódico Granma que hable de Ley de Cine en Cuba creo que por el momento es demasiado.

Juan Antonio García Borrero

La calle de los cines Camagüey

CINES EN CUBA: ¿SE PIERDE LA MAGIA DE LAS SALAS OSCURAS?

A propósito de la situación de los cines y salas de video en la capital y otras regiones del país, Granma se acerca al tema

Autor: Amelia Duarte de la Rosa | amelia@granma.cu

Autor: Diana Ferreiro | diana@granma.cu

Autor: Alain Valdés Sierra | alain@granma.cu

Autor: Julio Martínez Molina | internet@granma.cu

Autor: Miguel Febles Hernández | febles@granma.cu

11 de junio de 2015 17:06:53

Cada vez vemos más cine, pero no en el cine. Los últimos tiempos, unidos a los adelantos tecnológicos, ofrecen la posibilidad de llevarse al hogar lo que se quiera para ser visto a la hora más propicia y con la comodidad que cada cual requiere. Sin embargo, aunque la experiencia de ver películas en la pantalla del televisor no es mala en sí misma, ya se sabe que no es igual disfrutar de un filme en casa que en la sala oscura de un cine. La superioridad visual que puede ofrecer un salón bien equipado hace que todavía el cine, frente al televisor o el ordenador, mantenga una atracción indiscutible.

Pero, ¿son los adelantos tecnológicos las úni­cas causas de que los espectadores prefieran la sala del hogar a los cines? Además de que la televisión cubana transmite más de 3 000 películas al año y las personas pueden ad­quirir gran variedad de audiovisuales en el llamado paquete semanal o con los vendedores cuentapropistas de CD y DVD, el estado constructivo de muchas salas de cine a lo largo del país también determina esta considerable disminución de público.

“Yo sí voy al cine, aunque solo cuando están los Festivales o nuevas propuestas en el aire —co­mentaba a Granma Adriana Ro­drí­guez Vives (25 años), quien reside en La Ha­bana—. Me imagino que la gente no vaya porque las películas que ponen no son atractivas o ya están viejas, o porque tienen la opción del paquete semanal, donde salen to­das las pe­lícu­las de año y puedes escoger qué ver y qué no”.

Similar criterio aporta Gladys Quesada Cruz (24 años) de la provincia de Sancti Spí­ritus: “La gente no disfruta del cine, ya sea por la poca variedad de ofertas (la mayoría de los buenos ciclos y festivales se quedan en la capital) o porque muchas veces resuelven la necesidad de entretenimiento con vías no ortodoxas u oficiales como el paquete. Ade­más creo que la producción cinematográfica en la Isla, pese a una supuesta reanimación, aún no es suficiente para cubrir las necesidades y expectativas reales de los sujetos culturales cubanos”.

Actualmente en Cuba existen unos 300 cines y más de 600 salas de video, las cuales conforman una infraestructura de exhibición con varias carencias tecnológicas y materiales, aunque —reiteramos— se ha podido comprobar que la disminución de público en las salas oscuras es un fenómeno más complejo que la rehabilitación de las instituciones de proyección.

UNA POLÍTICA CULTURAL A LA VUELTA DEL TIEMPO

Luego de 1959, el recién creado Instituto Cubano del Arte e Industria Cinema­tográ­ficos (Icaic) adquirió mediante compra algunos cines existentes ya en el país, y más tarde comenzó un proceso de construcción de salas de proyección en todo el archipiélago a partir de mediados de los años 60 y gracias al cual vieron la luz cerca de 250 cines.

Atendidos directamente por el Icaic, estos centros contaban con los servicios de un área de mantenimiento que se encargaba de las reparaciones constructivas necesarias pa­ra que ofrecieran funciones al público. Pero en el año 1976, a raíz de la creación en todo el país de los Órganos del Poder Popular, los ci­nes pasaron a formar parte de las entidades subordinadas a las decisiones de los consejos de administración mu­ni­ci­pales y provinciales, y en 1980 se realizó el último plan quinquenal destinado a su mantenimiento y construcción. El periodo especial, como en la sociedad toda, también dejaría su huella en los cines. En algunos de ellos, para siempre.

Municipios que antes poseían tres o cuatro salas, hoy escasamente conservan una, que no necesariamente cumple todos los requisitos para una proyección, pues al deterioro constructivo se suman las carencias en cuestiones de tecnología.

En la capital, por ejemplo, “de 42 cines que existen, hay 13 abiertos y 29 cerrados. Ocho de los que están abiertos tienen problemas constructivos, y los cerrados serán traspasados a instituciones culturales porque ya no los vamos a usar como salas de cine”, explicó a Granma Danae Moros, al frente de la Direc­ción Provincial de Cine en La Habana.

EN LA CAPITAL

“La Habana llegó a tener 159 cines, que si existieran en estos momentos no se pudieran tener abiertos, porque el cine es muy caro, ha evolucionado y no contamos con esa tecnología”, señala. “Ahora se va a quedar solamente con 13 cines —asegura Moros— porque es una política del Ministerio de Cultura mantener en cada municipio al menos una o dos salas, pero que tengan buen confort y equipamiento”.

Antes, recuerda Moros, había municipios como Diez de Octubre que tenía alrededor de diez cines, pero hoy el paso del tiempo, unido a la falta de mantenimiento y equipamiento, han atentado contra su permanencia.

La Dirección Provincial de Cine en La Ha­bana se encarga de la logística, el mantenimiento y la reparación de todos los cines, excepto los que forman parte del Proyecto 23, que pertenecen al Icaic desde el 2002. De modo que existen en la capital dos instituciones que se encargan de los cines.

“El Icaic nos ayuda en la reparación y en la la­bor de mantenimiento menores, con los equi­pos cinematográficos y en la parte metodológica. Las programaciones semanales de estreno dependen del Icaic aunque nosotros hacemos otra programación alternativa”.

Sobre los procesos de reconstrucción, la directora provincial señala que para este año tienen “un presupuesto de 313 100 pesos para re­pa­ración y mantenimiento de las instituciones, eso para arreglar un cine no es mucho. Hoy estamos trabajando con cuentapropistas en la re­paración del Alameda, de Diez de Octubre; el Continental, de San Miguel del Padrón; el City Hall, del Cerro; y recientemente abrimos el Ci­ne­cito, en el bulevar de San Rafael.

“El caso del Payret es aparte porque, al ser una institución de alto valor patrimonial, se decidió que fuese una obra de inversión y su financiamiento es mucho mayor. Este año nos han entregado un millón 800 000 pesos en moneda nacional y 700 000 pesos convertibles para la compra de equipamiento. Esa cifra ya se está agotando y vamos a solicitar un incremento porque lleva mucho más dinero. Las obras comenzaron desde el año pasado, la primera etapa incluye el techo, la red hidro-sanitaria y el salón Alhambra, que será un es­pacio polivalente.

“La reconstrucción debe concluir antes de diciembre porque queremos que esté listo para el Festival de Cine”.

En el caso de los cines que carecen de tecnologías o tienen roturas del sistema de climatización, la directiva apunta que “no cerramos los cines por rotura del aire acondicionado, buscamos la solución. El Acapulco no tiene aire acondicionado desde hace un año, lo que hacemos es poner ventiladores y seguir trabajando.

“Pero por otra parte, la mayoría de los equipos que tienen los cines son TV y DVD de uso doméstico, no son profesionales, tienen vida limitada y se les da demasiado uso. El Lido está cerrado por falta de equipamiento, Los Ángeles tiene un proyector de 35 mm que ya no se usa, pero tiene una sala de video con bastante aceptación de público. Ahora estamos comprando televisores led de 40 pulgadas, pero el cambio es poco a poco”.

“Tenemos cines en situación crítica como el de Guanabo, que se le dio baja total porque la cercanía al mar lo estaba destruyendo todo y, desgraciadamente, lo han invadido los murciélagos. Ese cine tiene planificado hacerle el levantamiento en el 2017 y solicitar el dinero para el 2018. De la sala de Guanabo solo hemos podido salvar el vestíbulo, donde está la videoteca y la sala de video”.

Además de la exhibición, los cines también se arriendan a empresas de la música pa­ra en­sa­yos, a compañías de teatro, y ofrecen el servi­cio de la videoteca (servicio de alquiler de pe­lícu­las), en el que, de las 28 que existen en la capital, en es­te momento funcionan 25.

Sobre este servicio, la directora alega: “las videotecas en un momento tuvieron mucha aceptación, pero ahora la cantidad de usuarios en el alquiler de las películas ha decaído bastan­te”.

“El famoso paquete semanal ha influido mucho en eso, la gente prefiere las películas de acción y de horror, según encuestas que he­mos hecho, y ese no es el cine que nosotros pro­movemos.

“Estamos buscando soluciones a partir de un estudio para elevar el perfil de las videotecas, y por ahora manejamos la posibilidad de reagruparlas por municipios, además de que hemos tratado de hacer el alquiler a domicilio, pero realmente no tiene la aceptación que es­peramos.

“Las videotecas están distribuidas en los 15 municipios de la ciudad, incluso hay varios con más de dos. Teníamos una especializada en cine infantil en el Cinecito y la tuvimos que quitar porque asistían muy pocos usuarios, la pasamos para el Payret. La del Acapulco, en cambio, está especializada en filmes cubanos, y es la que más recauda.

“A la gente le sigue gustando el cine, los diferentes festivales así lo demuestran, lo que ha cambiado es la forma de disfrutarlo. Los habaneros, por ejemplo, gustan mucho de la cinematografía nacional, con solo un estreno tenemos garantizada asistencia total, lo que pasa es que muchas veces los estrenos se filtran y eso atenta contra nosotros. Si el Icaic logra hacer una película con tanto esfuerzo no puede salir primero a la calle. Además, en muchas ocasiones, la televisión estrena primero que los cines, o a la vez”, concluye Da­nae Moros.

PROYECTO 23 DEL ICAIC

El Proyecto 23 del Icaic surgió oficialmente en marzo del 2002 y se creó con la intención de darle vitalidad a la programación cinematográfica y explotar a fondo el empleo de estas salas con otras actividades no cinematográficas: peñas literarias, lanzamiento de revistas y libros, espectáculos de danza, humorísticos, de circo, etc.

“Los cines de la calle 23 (23 y 12, Chaplin, Riviera, Yara, La Rampa y más recientemente el Multicine Infanta), por la arteria donde están, son como la cara de la ciudad, por lo que el Icaic se dio a la tarea de rescatarlos. El Proyecto 23 está subordinado a la Distribui­dora Nacional del Icaic, una institución que posee varias áreas: mantenimiento, economía y equipos.

El mantenimiento de un cine, explica, no es nada fácil, por ejemplo, la mayoría de los sistemas de climatización son norteamericanos, con más de seis décadas de explotación, y sus piezas de repuesto son difíciles de conseguir.

En cuanto a los equipos de proyección hemos ido renovando la tecnología, pues prácticamente ya no se proyecta en 35 mm y todos los cines del proyecto tienen ese formato. Poco a poco introducimos reproductores DVD y Blu-Ray, una política de la institución que ha contado con el apoyo del Ministerio de Cultura. Gracias a esta ayuda desde el pasado Festival Internacional del Nuevo Cine Latino­a­mericano las salas Chaplin y Yara cuentan con proyectores digitales.

“Los cines tienen también el elemento de la acústica, que es muy importante, y los materiales aislantes, todos muy costosos; y las butacas, la más barata que existe cuesta 100 euros. Los del Proyecto 23 son cines muy antiguos, pero hoy por suerte todos funcionan, excepto el Riviera que se encuentra actualmente en reparación.

“No es menos cierto que existe un programa de desarrollo para los cines del Proyecto 23, en el cual participa el Ministerio de Cul­tura, para ir mejorando paulatinamente las condiciones que tenemos en los cines hoy. A pesar de ser de los mejores en el país, no estamos conformes con eso, queremos seguir mejorando las condiciones para darle un servicio de mayor calidad al espectador, que es nuestra misión.

“En ese proyecto de desarrollo, la prioridad número uno es el cine Yara, una inversión fuerte que vamos a hacer allí, que abarcará desde la pantalla, las butacas, alfombras y escenario, hasta el sonido, porque el Yara es el cine insigne de Cuba, y es el que más ingresos genera en CUP.

“El Chaplin, por ejemplo, tiene las mismas butacas de cuando se fundó y eso demanda un gran esfuerzo de esta área de mantenimiento y de los trabajadores del cine en el cuidado y la conservación. El Chaplin es la cara del Icaic, es donde se hacen todas las premieres, las presentaciones, las semanas de cine extranjero, los ciclos, entonces demanda un cuidado tremendo del personal que trabaje allí”.

SOBRE LA PROGRAMACIÓN

La programación cinematográfica del Proyecto 23, como la del resto del país, es dirigida por la vicepresidencia de programación del Icaic. No obstante, existen espacios que incluyen cinematografía que no está dentro de la programación del instituto.

“Las actividades no cinematográficas para nosotros son muy importantes porque transmiten cultura, además del tema ingreso, y se han ido diversificando, no es solamente humor, sino también espectáculos de danza y circenses. Nosotros quisiéramos que en los cines se exhibieran solo películas, pero por la situación financiera del país hemos tenido que explorar otras variantes”.

—¿A partir de lo que recaudan los cines, cuánto es invertido en su mantenimiento?

—El precio de los cines es muy barato, no­so­tros hemos propuesto en varias ocasiones a la presidencia del Icaic y al Ministerio de Cul­tura aumentar el precio, sobre todo por esta posibilidad que tenemos ahora del proyector digital en el Yara y en el Chaplin, subirlo de dos a cinco pesos. Pero te puedo decir que el 70 % de lo que nosotros recaudamos en los cines se destina al pago de los trabajadores y a labores de mantenimiento, por supuesto, a todo lo que es asequible en moneda nacional en el país: pintura, iluminación, limpieza… que a veces no es ni si­quiera lo elemental, porque es mucho lo que gasta un cine. Todo lo que tiene que ver con la tecnología casi siempre se tiene que importar. Además se paga la electricidad, el agua, el teléfono, el impuesto sobre la fuerza laboral, y los contratos con las agencias artísticas para las actividades no cinematográficas”.

OTRA GEOGRAFÍA, EL MISMO PROBLEMA

Si bien la capital cuenta con la mayor cantidad de cines y salas de video del país, en otras provincias la situación es muy parecida en cuanto al estado de estas instalaciones que tradicionalmente han jugado un papel muy importante dentro de la comunidad.

En la centrosureña provincia de Cien­fue­gos, Granma dialogó con Ana Mora­les Varela, directora del Centro Provin­cial de Cine, quien calificó la situación del territorio de “regular”, porque a pesar del deteriorado estado constructivo de salas sometidas a muchos años de explotación, varias de estas se han visto beneficiadas por la intervención del Gobierno en el fortalecimiento de los consejos populares.

Dicha política permite que el cine forme parte de un programa de reconstrucción, que hasta el momento ha beneficiado a las unidades de los asentamientos poblacionales de Ra­món Balboa, San Fernando de Camarones y Pepito Tey, a las que en breve se sumará el cine de la comunidad de Yaguaramas, en Abreus.

Morales Varela agregó que dentro de esta iniciativa se encuentra también la reparación del escenario del cine Luisa, el principal de la ciudad capital, que cumplirá 104 años en septiembre. Las labores reconstructivas, a cargo de la ECOI-37, deben abarcar algunos meses, y el problema principal, aclaró, estriba en la madera necesaria.

Otro cine enclavado, como el anterior, en el corazón de Cienfuegos es el Prado, igualmente cerrado, pero en su caso desde hace mu­chos meses. En dicho local la intención es erigir un complejo multiuso que (dirigido por el Centro Provincial de Cine) in­cluirá la participación de la Egrem.

La entidad constructora fundamental es la ECOA-32, con el concurso de varias fuerzas auxiliares, y aún no está determinada la fecha de terminación. Su dilatada reconstrucción, nota al margen, obstruye la mitad de una de las calles más céntricas de Cienfuegos.

Han tenido dificultad por falta de transportación para la gestión comercial, así como en la ejecución por falta de fuerza de trabajo. Se ha demostrado el poco sentido de pertenencia de los ejecutores principales del Micons, se­gún reza en informe preparado por el Centro Provincial de Cine en relación con el avance de una obra que en estos momentos solo alcanza el 70 % de su ejecución física.

Para el cine Colonia, de Lajas, hay en marcha un proyecto de colaboración con Francia, el cual contempla reparación integral y equipamiento. Las salas Justo y Antillano, ambas pertenecientes al municipio de Cruces, em­pren­den procesos de mantenimiento dirigidos fundamentalmente al rescate de cubierta, carpintería, pintura, lunetario, escenario e impermeabilización.

De acuerdo con Morales Varela, la situación más grave está focalizada en el equipamiento. “Hoy la mayoría de los cines de la provincia no poseen ni DVD ni televisor, porque están rotos y no tienen solución”.

De los 20 cines de la provincia, precisa, 15 carecen de esta tecnología, y de ellos casi la mitad forman parte del circuito de estrenos, pero para que las salas no dejen de funcionar, les damos uso polivalente (actuaciones de grupos musicales, payasos, humoristas y aficionados que proporcionan las direcciones municipales de Cultura).

Otro problema resulta la climatización, planteamiento histórico del pueblo cienfueguero. Ni siquiera el Luisa, el de mayor connotación e historia, posee sistema de aire acondicionado.

OASIS DE PLACER PARA EL SÉPTIMO ARTE

No en todas las provincias del país la situación es la misma, aunque es casi la regla. En Ca­ma­güey el tema de los cines se manifiesta de manera distinta. A una de las más céntricas arterias de la ciudad, nombrada Ignacio Agramonte, por obra y gracia del imaginario po­pular siempre se le llamó la calle de los cines, motivo suficiente para promover la in­tención de convertirla, en pleno siglo XXI, en emblemático paseo dedicado al séptimo arte.

“En la fundamentación del proyecto, explica a Granma el crítico e investigador Arman­do Pérez Padrón, insistimos en la necesidad de re­cuperar el cine, no el de los años ochenta ni el de los noventa. Las colas de La bella del Alhambra ya no volverán. Eso es un espejismo, pero re­nunciar a todo también es un suicidio”.

Fue a propósito del programa Ciudad 500, todo un esfuerzo constructivo para festejar el medio milenio de fundada la otrora Villa de Santa María del Puerto del Príncipe, que la idea cobró vida y se materializó gracias a la voluntad de las autoridades locales y al respaldo de decenas de empresas y organismos.

Casablanca es ahora un multicine, con las salas Alhambra, Fénix y Palatino; Encanto es la sede permanente del Centro para la exhibición, el desarrollo y la investigación de los nuevos medios (CEDINM); y el Complejo Audio­visual Nuevo Mundo acoge la Cátedra de Pen­samiento Tomás Gutiérrez Alea.

Una suerte de enlace entre tales instalaciones es el peculiar Callejón de los Milagros, pa­sa­je peatonal que abre con la escultura Tra­piche de luz, del artista de la plástica Os­car Ro­dríguez Lasseria, y ofrece al visitante ser­vicios gastronómicos especializados en el Ci­ne Café y en el Bar Casablanca.

Igualmente ambientados con fotos, diseños y nombres de clásicos del cine mundial están todos los restaurantes, estudios fotográficos, bares, cafeterías, tiendas, heladerías, peluquerías y barberías ubicados en la céntrica zona, llamada a convertirse en un destacado foco cultural de la ciudad.

Con esa marcada intención, además de la programación habitual, allí tienen su sede cada año el Taller Nacional de Crítica Cine­mato­grá­fi­ca, el Festival Provincial de Cine­clu­bes En primer plano, el Festival Interna­cional de Vi­deo­ar­te y el evento El almacén de la imagen, or­ga­nizado por la Aso­ciación Her­m­a­nos Sa­íz.

“Las transformaciones, aclara Pérez Pa­drón, no se hicieron por capricho de nadie ni con imposiciones, fueron fruto de una investigación apoyada por la Oficina del Historiador de la Ciudad, que recogió todo lo que había ocurrido con el cine en Camagüey y su arraigo popular desde principios del siglo XX”.

Esa misma voluntad renovadora, aun en me­dio de limitaciones materiales de todo tipo, especialmente en el orden tecnológico, se ha extendido a toda la red cinematográfica de la provincia, que cuenta hoy con 24 cines, 16 salas de vi­deo y 15 videotecas para el alquiler de películas.

“Desde hace algunos años, informa Disley Orama Esquivel, directora del Centro Provincial del Cine, se avanza en la recuperación gradual de las salas, no solo en la cabecera provincial sino en todos los municipios y poblados donde existen, con el propósito de darles un uso múltiple en función de la cultura”.

Lo importante, refieren ambos especialistas, es trabajar con inteligencia, iniciativa y alto rigor profesional en la creación de espacios que per­mitan acercarse de manera diferente al espectador de hoy, para contribuir a su formación en materia de apreciación audiovisual.

Los ejemplos citados en este reportaje mues­­tran que la situación de los cines y video­te­cas en el país varía en los diferentes territorios. Sin embargo, de forma general, el estado de estas instalaciones no es favorable de acuerdo con la función social para la que fueron crea­­das. La disminución de público en las sa­las os­cu­ras es un hecho a pesar de las acciones de las au­toridades culturales, que todavía tienen mu­cho por hacer en cuanto a la exclusividad de las proyecciones, la conformación de una cartelera que combine el gusto con la creación de valores en el público y el re­torno de estos inmuebles como espacios de los grandes estrenos.

Iniciativas como el Proyecto 23 y las llevadas adelante en Camagüey demuestran cuánto se puede lograr, con empeño, para que los cu­banos vuelvan a hacer del cine una de sus principales opciones recreativas.

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Publicado el junio 15, 2015 en CAMAGÜEY: LO QUE EL CINE SE LLEVÓ. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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