LOS AMAGOS DE SATURNO (2014), de Rosario Alfonso Parodi

Aquí les dejo este texto sobre Los amagos de Saturno, valioso documental de Rosario Alfonso Parodi, que escribí para el espacio Altercine, del sitio IPS. Gracias a los anfitriones por acoger este tipo de reflexión.

LOS AMAGOS DE SATURNO, de Rosario Alfonso Parodi

Juan Antonio García Borrero

Si algo se notaba como carencia en ese conjunto de materiales que cada año nos ofrecen los más jóvenes realizadores cubanos a través de su Muestra Audiovisual, es el interés por sumergirse en los abismos de la Historia más reciente de la nación.

No los culpo: a la generación que pertenezco no se nos enseñó a “problematizar” la mirada que podamos arrojar sobre ese pasado que tendría más o menos la misma edad que la nuestra. Y durante algún tiempo nos conformamos con una condición que nos define mucho mejor como disciplinados epígonos, que como intérpretes capaces de develar sentidos que hasta ahora han quedado ocultos tras el cálculo de las facciones en pugna.

No es que no hayan existido miradas al pasado. Todo lo contrario: más bien estamos saturados de ellas, pero esas lecturas por lo general se siguen haciendo, sea desde una orilla o desde otra, con la intención expresa de legitimar o descalificar en bloque ese proyecto socio-político iniciado en 1959. Y en ese empeño se sacrifican los ingredientes más humanos de la trama que, por humanos, rompen con los abundantes estereotipos que asolan nuestras descripciones; y, por otro lado, se minimiza el papel que el azar ha podido jugar en los destinos finales de los individuos involucrados: siempre hay como una suerte de “conspiración” que hay que describir o demostrar.

Cuando hablé de “los abismos de la Historia” me refería a ese viaje al interior de las pasiones humanas que han conformado nuestra existencia nacional antes de llegar a ser ese relato aséptico que circula de aula en aula, sin someterse a la más mínima fiscalización. Porque, antes o después, si de veras queremos apreciar la Historia como esa herramienta que ayuda a incrementar el bien público en virtud de los valores que describe, tendríamos que atender ese mundo de afectos y desafecciones que están en la base misma de nuestros actos.

Por otro lado, dado que la historia de la Revolución iniciada en Cuba en 1959 se ha querido contar como un proceso donde no han existido las crisis internas, en virtud de la necesidad de una unidad política que compensara la asimetría en la confrontación con el adversario estadounidense, se entiende que dentro de la isla apenas existan audiovisuales que al asomarse a los contextos describan desde la complejidad lo sucedido. De allí que me sienta tan entusiasmado con Los amagos de Saturno (2014), exhaustivo documental de investigación realizado por Rosario Alfonso Parodi, en torno al juicio celebrado en 1964 a Marcos Armando Rodríguez (más conocido por Marquitos), quien fuera acusado de delatar a los mártires de Humbodlt 7 (Fructuoso Rodríguez, Joe Westbrook, Juan Pedro Carbó Serviá y José Machado Rodríguez) y fusilado por ello.

Ahora bien, con Los amagos de Saturno no estamos en presencia de un documental que quiera hacer mera referencia a un suceso histórico ya conocido. En realidad, “Marquitos” es el pretexto que permite llegar a la época en que ocurrieron los hechos y, desde ella, intentar una interpretación que persigue el desocultamiento más que la adecuación a una posible conclusión que, por suerte, nunca se emite. Por eso pienso que más que estar en presencia de un documental sobre Marcos como individuo y su responsabilidad en la delación que llevó a la muerte a cuatro miembros del Directorio Revolucionario, estamos en presencia de un muy inquietante ejercicio de revisión de la memoria histórica.

Que yo sepa, solo un documental como Luneta Nro. 1 (2011), de Rebeca Chávez, se había aproximado de modo parcial al caso. En la literatura, en cambio, existe el antecedente de “Un asunto sensible”, meritoria investigación del español Miguel Barroso (“Hormigas en la boca”), que de todos modos no deja clausurado el conjunto de interrogantes que todavía se acumulan alrededor del “caso Marquitos”. ¿Cómo es posible que algo juzgado públicamente, y transcurridas cuatro décadas, pueda seguir fomentando tal cantidad de preguntas?

Tiene que ver con lo que decíamos con anterioridad: con el juicio de Marcos Armando Rodríguez no se estaba enjuiciando solamente al individuo que delató, sino que ganaba publicidad una de las primeras y más graves crisis internas experimentadas en el campo revolucionario post-59, en este caso a partir de las diferencias que arrastraban desde la época insurreccional los miembros del Directorio Revolucionario y el Partido Socialista Popular. Por eso, quien se quede en lo visto y escuchado en aquel juicio, obviamente estaría entendiendo muy poco de lo ocurrido; por fortuna, Rosario Alfonsi Parodi se las arregla para poner ante nuestros ojos (des-ocultar) algunos de los testimonios ofrecidos en su momento (pienso sobre todo en los de Joaquín Ordoqui, el viejo comunista que muriera negando la acusación de ser un agente de la CIA), y en la mejor tradición de un cine de investigación política, sembrar en la conciencia del espectador esa inquietud que todo buen documentalista persigue.

Aquí valdría la pena resaltar que las inquietudes a las que aludo van más allá de lo que el contenido del material expresa. Al margen de las explosivas repercusiones del hecho histórico tratado (que las tuvo), estaría la conciencia por parte de la realizadora de que una evocación de este tipo supone un sinfín de problemas a enfrentar. Uno de estos problemas fue anotado por Tzvetan Todorov de un modo inmejorable:

Partamos de esta evidencia: el pasado no puede nunca ser restituido íntegramente. En todo caso, sólo subsisten algunos rastros, materiales o psíquicos, de lo que fue: entre los hechos en sí mismos y las huellas que dejan, se desarrolla un proceso de selección que escapa a la voluntad de los individuos. Cuando un individuo emprende por su propia cuenta un trabajo de recuperación del pasado se agrega un segundo proceso de selección, consciente y voluntario: de todos los rastros dejados por el pasado, escogeremos retener y consignar sólo unos determinados por juzgarlos por alguna razón, dignos de ser perpetuados. A este trabajo de selección necesariamente le sigue otro, de disposición y por lo tanto de jerarquización de los hechos: algunos serán puestos en relieve, otros, expulsados a la periferia”[1]

La realizadora Alfonso Parodi ha optado por la honestidad cuando nos pone al tanto que en su material faltan testimonios clave, como el de Osmani Cienfuegos, que se negó a concederlo, o el de Edith García Buchaca, en el caso de esta última por negativa de los familiares. Además, al final de la película puede leerse lo siguiente: “A pesar de que este juicio fue publicado, radiado y televisado en vivo a todo el país por orientaciones del cro. Fidel Castro, las instituciones que conservan información relativa a este caso negaron el acceso a ella, aduciendo se halla desaparecida o en áreas restringidas. El material documental que aparece en esta película pertenece a archivos privados”.

Tenemos aquí, pues, uno de los problemas a los que alude Todorov en su ensayo: la excelente labor de recuperación de fuentes originales que exhibe Los amagos de Saturno, y que irían desde cintas magnetofónicas, filmaciones y fotos de época, publicaciones, documentos judiciales, entre otros, no bastan para ofrecernos la versión definitiva de lo sucedido hace ahora cincuenta años. Al contrario, uno termina de ver la película con el doble de las preguntas que teníamos antes de apreciarla.

Y ello sucede porque el pasado (“tal como fue”, diría Ranke) nunca llegará a nosotros de modo inerte: en realidad el pasado es algo que estará en constante construcción debido a la febril actividad de los humanos que lo interpretan y comparten con los otros esas interpretaciones. ¿Qué valor tendría entonces una investigación de este corte si al final se sabe condenada a lo inconcluso, a lo permanentemente corregido? Todorov, en su texto, nos sugiere otros valores cuando dice: “Un buen libro de historia no contiene solo información exacta, también nos enseña cuáles son los resortes de la psicología individual y de la vida social”.

Es en esa senda donde percibo los méritos más notorios de Los amagos de Saturno, pues más que una película que ofrece conclusiones sobre el hecho que investiga, estamos en presencia de un filme que invita a sumergirnos en eso que mencioné al principio de estas líneas: la Historia voraginosa.

Y lo hace con una valentía, además, que hay que agradecer. Por ejemplo, en uno de los momentos del juicio que se celebra al delator, puede escucharse a Fidel Castro cuando afirma: “Que las facciones no asomen por ninguna parte, porque esos son los amagos de la ley de Saturno. (…) Olvidémonos de nuestras procedencias”.

Pero la pretensión de ese olvido, que en el caso de todo político que busca construir consensos resulta legítima, deviene impensable en aquellos interesados en la reconstrucción de la memoria histórica de la nación. Si de veras queremos entender el presente, y obtener alguna lección que nos ayude a construir un futuro que no reincida en errores colectivos, estamos obligados a rastrear en la pluralidad de sentidos que coexistían en el momento en que acontecieron los hechos que se estudian. Y rescatar esas contradicciones radicales que se vivían en el día a día de quienes nos antecedieron.

Visto desde ese ángulo, Los amagos de Saturno resulta ejemplar. Primero, porque evita con suerte esa tendencia simplificadora de algunos de nuestros realizadores más jóvenes, en la cual los hechos son aislados de su entorno y juzgados de acuerdo a los intereses particulares: aquí la mirada, más que meramente narrativa (como caracterizaría al más exquisito de los historiadores) es epistemológica, en tanto busca de modo vehemente concederle solidez a las interrogantes que haremos al final. Y segundo, porque no vacila en insertar el punto de vista de aquellos que el poder político de la isla suprimió en su relato oficial, como es el caso de Jorge Vals Arango, uno de los pocos que aún cree en la inocencia de Marcos, y que fuera encarcelado por actividades contrarrevolucionarias en la década del sesenta (hoy reside en La Florida).

Hay que insistir en que Los amagos de Saturno es mucho más que una aproximación al caso puntual del delator de Humboldt 7, como se vende en su subtítulo. Estamos en presencia de un documental que quiere indagar en la complejidad de una época donde aún era posible advertir, públicamente, las diferencias ideológicas de quienes impulsaban el proceso revolucionario en esas fechas fundacionales. Revisar ese período, y escrutarlo (como lo hace el filme) no desde la comodidad heredada de tantos lugares comunes acumulados, sino desde la sospecha crítica, es algo que nos permitirá conectar espiritualmente de un modo fecundo ese pasado examinado, con el futuro en que aspiraríamos a ser menos sectarios, menos excluyentes.

[1] Tzvetan Todorov. Los dilemas de la memoria. Se puede consultar en la Biblioteca Digital del Centro Teórico-Cultural “Criterios”.

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Publicado el junio 3, 2015 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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