Archivos diarios: abril 23, 2015

ESTE VIERNES: FILME CUBANO LA EMBOSCADA SERÁ PRESENTADO EN CAMAGÜEY

Camagüey- Una especial presentación del filme cubano “La Emboscada” -actualmente en estreno nacional- tendrá lugar en esta ciudad con el realizador cubano Alejandro Gil y el actor Tomás Cao, quienes forman parte del elenco del citado largometraje.

La proyección de la cinta se efectuará en el Multicine Casablanca este viernes 24 de abril a las nueve de la noche, y será presentado por su propio director, según informaron especialistas del Centro Provincial del Cine (CPC) en la provincia.

Por otra parte, el sábado 25 de abril a las 5:00 pm en el Callejón de los Milagros se desarrollará un conversatorio con la prensa especializada, donde tomarán parte estudiantes del Instituto Superior de Arte (ISA) al igual que el público interesado.

Esta propuesta cultural constituye “una oportunidad para el intercambio con artistas de renombre nacional y del acontecer cinematográfico cubano”, agregaron en su información los especialistas del CPC.

Autor: Róger Rodríguez Martín, Fuente: Centro Provincial del Cine. Foto: Internet.

LECTURA, CULTURA, TECNOLOGÍA Y DESARROLLO COGNITIVO.

Recomiendo muchísimo este texto que el ensayista Luis Álvarez Álvarez me envía, con el fin de compartir con los amigos del blog. El tema que desarrolla ha sido abordado en el sitio en diversas ocasiones, y ha originado también alguna que otra polémica, a raíz de aquel post que titulé El perfecto neoanalfabeto, y que fuera replicado por Víctor Fowler, y comentado por otros intelectuales, como Esteban Morales.

La propuesta de Luis de que hablemos públicamente de lo que él llama “analfabetismo cultural” se me antoja sumamente lúcida, tomando en cuenta los nuevos escenarios en que nos desenvolvemos tras el 17D. Porque ya resulta cada vez más evidente de que Cuba se está incorporando a toda prisa a ese universo tecnológico que nos permitirá vivir cada vez más conectados al mundo. No importa que ahora mismo las conexiones sean precarias, y algunas de las mentalidades que enfocan policiacamente el fenómeno de Internet aún no se planteen el asunto en la dimensión cultural: quieran algunos grupos o no, la realidad tecnológica va diseñando un modo de acceder a ese “nuevo mundo” que cada vez depende menos de las políticas locales.

Para el ciudadano común que en el fondo soy, estas noticias me alegran: me hacen sentir que mis posibilidades de ejercer mi libertad y elegir como individuo crecen, se multiplican. Pero para el intelectual que debe pensar críticamente lo público, e imaginar consecuencias a largo plazo, ya me resulta inevitable no meditar el asunto desde la sospecha. ¿Qué pasará con ese conjunto de compatriotas que del día a la noche tendrán a mano dispositivos que le prometen y ponen al alcance de sus manos un sinfín de novedades culturales?, ¿contaremos con hombres y mujeres más cultas (y cuando hablo de cultos no digo instruidos, sino sabios) que pondrán esa sabiduría al servicio del bien común?, ¿o tendremos nuevos rebaños de gentes que se dejarán conducir acríticamente a donde los dispositivos (y quienes lo controlen) dispongan?

En el foro sobre consumo cultural que celebramos el año pasado expuse mis inquietudes personales. Desde mi punto de vista bien personal, pienso que como nación no tenemos diseñada aún una estrategia pública que nos permita pensar a la educación, la cultura, y el desarrollo de las nuevas tecnologías, como un proceso donde todo marcha al unísono. Más bien persiste el deseo de mantener aisladas estas áreas marcando territorios y fronteras, y de forma involuntaria se sigue contraponiendo la densidad del libro tradicional al consumo más bien “leve” de lo que nos ofrece una pantalla electrónica, como si los saberes informales y de nuevo cuño que se producen en estos últimos soportes no garantizaran conocimientos.

Será preciso entonces que impulsemos, en la práctica, políticas públicas que integren en un solo plano las novedades espirituales que se vienen experimentando en estas áreas antes disociadas, más en virtud de las otroras estructuras jerárquicas, que del análisis de lo que acontece en la realidad. Dicho de otro modo: será preciso que pensemos en recuperar al individuo que somos, con todo lo que de pretensiones humanistas implica el gesto.

Propongo entonces que este texto de Luis Álvarez nos vaya sirviendo de introducción al análisis de esos problemas que se supone discutamos en Camagüey en el mes de octubre, como parte del segundo foro sobre consumo cultural en la Cuba de hoy. Análisis y propuestas prácticas, en tanto el cierre de su texto más inquietante y provocador no puede ser:

“A diferencia de los humanistas de fines del s. XV, los lectores de hoy —inmensamente numerosos en comparación con los que abrieron por primera vez la Biblia del inventor de la imprenta— contamos con la experiencia histórica de lo ocurrido con Gutenberg en cuanto a la estrechez con que muchos miraron un invento que habría de abrir el camino a la Modernidad. Así como el libro esencial no murió en 1456, sino que cambió de soporte y abrió las puertas a una nueva época de la cultura humana, en el presente el texto electrónico, el ebook, la biblioteca digital, las tabletas y todas las modalidades actuales y futuras del libro están lejos de destruirlo: por el contrario, nos indican la entrada en una nueva etapa del desarrollo cultural del hombre. Y, también, el peligro de un nuevo analfabetismo: el que impida asomarse al nuevo texto que la revolución informática promueve”.

Juan Antonio García Borrero

 

LECTURA, CULTURA, TECNOLOGÍA Y DESARROLLO COGNITIVO

Por Luis Álvarez

La lucha contra el analfabetismo ha sido, durante todo el siglo XX, de una intensidad acorde, sin duda, con el dramático contraste entre enormes masas iletradas y una cultura cada día más centrada en la formación que, cuando menos, podría calificarse de escolarizada. Como es bien sabido, uno de los parámetros para considerar a una nación como “desarrollada” o “subdesarrollada” es, precisamente, la capacidad de su población de enfrentar, masivamente, la palabra escrita. Todo ello condujo incluso, en algunos países privilegiados, desde el siglo XIX a una atención concentrada de gobiernos e instituciones diversas sobre la solución del analfabetismo. La capacidad de lectura apareció como el rostro más directo y palpable de la cultura y el progreso.

A inicios del nuevo milenio, el problema del analfabetismo sigue siendo un problema mordiente para muchos países, en incluso para regiones fundamentales como América Latina, África y Asia. Pero, además, habría que confesarse que, en algunos países de los llamados —con cierto apresuramiento— “desarrollados”, lo cierto es que la capacidad de construir significados a partir de una sucesión de letras o grafemas, constituye una habilidad que no garantiza, por sí misma, el acceso a la cultura. Muchos son los componentes que permiten hoy afirmar algo tan estremecedor.   Lee el resto de esta entrada