CONVERSANDO CON JOAQUÍN BORGES-TRIANA (I)

Me ha causado mucho placer recibir y sobre todo responder este cuestionario enviado por el crítico y ensayista Joaquín Borges-Triana, con el fin de ser publicadas las respuestas en El Caimán Barbudo. Debido a su extensión, compartiré la entrevista en tres momentos distintos.

JAGB Galería 3 - copia

JUAN ANTONIO GARCÍA BORRERO

Hoy más que nunca necesitamos del pensamiento crítico

Por Joaquín Borges-Triana

Foto: Ingrid Castellanos

No soy ni por asomo alguien cercano en su proceder a lo que se dice un cinéfilo. Sin embargo, siempre he tratado de mantenerme al tanto de lo que acontece en el universo del audiovisual nacional. Por ese camino de pretender ser alguien medianamente informado del quehacer artístico literario en Cuba, también me convertí en lector de la mayor cantidad de medios de comunicación vinculados a la esfera cultural y cuando comenzaron a surgir, de los blogs personales ideados a tales efectos. Así fue que un día me volví seguidor de la bitácora de Juan Antonio García Borrero. De numerosas lecturas de los textos de este camagüeyano defensor de lo que él ha llamado el “blogmail”, o sea, circular entre un grupo de interesados determinadas entradas del blog vía correo electrónico, he aprendido que entre nosotros, lo que conocemos “es la historia de una utopía, y utopía al fin, se prioriza al sujeto colectivo, su lado más fotogénico” (fragmentos de un post de la edición del blog de JAGB correspondiente al 1º de noviembre de 2009).

La influencia en mí de la obra de García Borrero ha sido tan fuerte que cuando me propuse hacer mi libro Músicos de Cuba y del mundo: Nadie se va del todo (publicado hasta ahora solo en el extranjero), la primera motivación que experimenté para preparar ese trabajo acerca de la importancia de estudiar qué había ocurrido con los roqueros, cantautores, poperos, timberos, raperos, jazzistas… que pasaron a integrar las filas de la diáspora cubana en años recientes, no me surgió escuchando uno de los tantos fonogramas grabados por ellos sino leyendo una de las emisiones del para mí imprescindible blog de Juan Antonio García Borrero, en el que se reproducían fragmentos de un ensayo de Cintio Vitier en torno a la identidad, donde con enorme sabiduría se afirmaba: “Del Estado podemos disentir; de la nación, en cuanto es un pueblo asentado en un territorio, podemos alejarnos; pero la nacionalidad, que en definitiva es la cultura en su más amplio sentido, nos une a todos.”

Por las razones antes expuestas, así como por el hecho de la reciente celebración del XXI Taller Nacional de Crítica Cinematográfica, a través del e-mail realicé la siguiente entrevista al hacedor de la bitácora Cine cubano, la pupila insomne, sitio de Internet hecho por un bloguero que desde Camagüey mantiene al día su casa en el ciberespacio (a pesar de las limitadas capacidades de conexión de las que dispone) y que –en mi opinión–, es mucho más que un excelente crítico de cine para devenir uno de los pensadores de nuestra cultura de mayor relevancia en la actualidad.

JB: Usted es Licenciado en Derecho: ¿llegó a ejercer dicha profesión y cómo es que se produce el cambio profesional? ¿Esos estudios universitarios le sirvieron en algo para lo hecho con posterioridad?

JAGB: Me gradué de abogado por la Universidad de Camagüey en 1987, y cumplí una parte de mi servicio social en Holguín, ejerciendo como abogado de oficio en asuntos penales. Es una etapa de mi vida que recuerdo con mucho cariño, porque está asociada a esos años de juventud en que uno se está formando profesionalmente, y tiene unas ganas tremendas de reinventar el mundo. Por otro lado, esta es una carrera hermosa, que te ayuda a examinar más de cercaeso que llamamos condición humana. Sé que para algunos puede parecer una pesadilla esto que me tocó tantas veces de defender a los que infringían las leyes. Y es cierto que, siendo tan joven, no podía dejar de afectarme asumir la defensa de personas que llegaron a cometer crímenes horribles. Tuve la suerte de contar con colegas que me ayudaron a entender un poco el quid del asunto.

En primer lugar, se trata de una profesión que exige un gran rigor a la hora de ejercerla, y un gran humanismo a la hora de practicarla. Y no es que uno termine simpatizando con los delincuentes ni mucho menos; es que si de veras queremos hablar de establecer la justicia necesitamos pensar los hechos sin prejuicios, y atenernos a las evidencias, que no solamente son fácticas, sino que implican emociones, pasiones, zonas oscuras de la existencia donde nadie queda a salvo de poder experimentarlas en algún momento, porque antes que abogados, fiscales o instructores policiales, somos humanos. De hecho, conocí algún que otro fiscal que de acusadores en cierto momento pasaron a ser lamentablemente acusados. En aquellas fechas no tenía la experiencia vital de ahora, y era demasiado fuerte en mí la tendencia a moralizar con estos asuntos. De modo involuntario vivía la vida como si formara parte de algo donde estaban claramente delimitados los buenos y los malos. Aún así, intentaba entender las razones que podían llevar a un hombre o a una mujer a caer en esas situaciones límites. Y todo eso me ha servido para incorporarlo a la visión que tengo de la vida, incluyendo la que tengo del cine como producción cultural.

En cuanto al cambio de profesión, bueno, en realidad mi pasión por el cine se remonta a mis años de estudiante en la Vocacional. En clases me dedicaba a llenar libretas con títulos de películas y nombres de actores y actrices. Me fugaba de la Vocacional para ver cada miércoles la Cinemateca, yrecortaba todos los artículos que salían en la prensa. Era un cinéfilo a tiempo completo que tuvo la suerte de crecer y formarse en Camagüey bajo la tutela de Luciano Castillo, que es el ejemplar de cinéfilo más perfecto que yo he podido conocer en Cuba. Cuando terminé mis estudios en la Vocacional quise estudiar Historia del Arte, pero llegaron poquísimas carreras, y yo había pedido Licenciatura en Derecho como segunda opción. Y a los tres años de graduarme y estar ejerciendo, se crea el Centro del Cine en Camagüey en 1990 y me hacen la propuesta de trabajo, y yo no lo pensé dos veces, pese a que el salario sería de 250 pesos durante un montón de años, debido a absurdas cuestiones burocráticas. Me mantuve dirigiendo el Departamento de Promoción mucho tiempo y mis especialistas ganaban más que yo porque el salario para mi plaza no se había aprobado. Estamos hablando de la Cuba del “período especial”. Ahora pienso en mi decisión de abandonar la abogacía, donde legalmente se podía tener un buen salario, y mantenerme en esta otra plaza, y la verdad es que pensándolo de modo frío me parece una desmesura. ¿Pero qué pasión no es desmesurada?

JB: Me interesa mucho lo de su formación y que no sea graduado de carreras como Historia del Arte o Filología, porque se discute con frecuencia acerca de cuál sería el mejor modo de preparar curricularmente a los que van a ejercer la crítica artística. Al respecto, ¿cuál es su criterio en cuanto a cómo formar a un crítico artístico?

JAGB: Lo de la formación del crítico de cine es algo importante, desde luego, pero a mí me obsesiona mucho más el fenómeno de la superación personal. Mientras estemos vivos nos estamos formando, y es un gran error creer que en la Universidad podemos aprender las verdades que hay en cada uno de los oficios. Este Taller de Crítica Cinematográfica al que usted ha aludido en la introducción nació con esa voluntad de pensar críticamente la actividad del crítico, su formación, la calidad del pensamiento que produce y comparte. Ahora hay mayor conciencia de lo que demandábamos, porque al principio más bien lo que necesitábamos era expresar el malestar que nosprovocaba el estado de salud de la crítica cinematográfica ejercida en aquel momento, una crítica donde predominaba la mera erudición cinéfila, y el impresionismo más superficial. En Cuba han existido excelentes críticos de cine (piénsese en José Manuel Valdés Rodríguez, Guillermo Cabrera Infante, Mario Rodríguez Alemán, Mirtha Aguirre, por mencionar apenas cuatro formados en la etapa pre-revolucionaria), pero sus métodos estaban respondiendo a determinados períodos históricos, y en el caso concreto de Caín, a la más exquisita de las literaturas, pero a estas alturas, donde el análisiscinematográfico ya forma parte de lo académico, y las nuevas tecnologías permiten ponernos al día con los más contemporáneos enfoques del fenómenoaudiovisual, ya es imprescindible pasar a la dimensión crítica de la crítica (entendida como práctica institucional).

¿Cómo formar entonces un crítico de cine en la actualidad? Estamos ante uno de los grandes desafíos de nuestra época, porque pareciera que vivimos en una era post-cine, donde el consumo audiovisual se hamultiplicado muchísimo, haciendo caer del trono a ese antiguo juez que desde la televisión o las revistas acostumbraba a dictar de modo autoritario quéera lo bueno y qué era lo malo. Hoy ya no es posible regresar a ese punto, por lo que tengo la impresión de que estamos obligados a inventar otro tipo de crítica, más acorde a los intereses de esos nuevos públicos que ya abundan y viven de un modo informal en un universo absolutamente inédito.

Por eso la formación de un crítico de arte, y específicamente de un crítico del audiovisual, ahora mismo tendría que tener en cuenta la relación cada vez más estrecha y tensa que se establece entre lo local y lo transnacional. No bastaría con contar con un dominio impresionante de lo que ha sido la Historia del cine: debe proyectarse hacia ese punto donde ya se está consolidando, del modo más informal, las nuevas maneras de representarnos audiovisualmente el mundo.

JB: En los últimos tiempos se ha asegurado que la crítica cultural cubana no vive un momento feliz. ¿A qué atribuir tal situación? ¿Ocurre algo parecido en el ámbito de la crítica audiovisual?

JAGB: Tiene que ver con lo que mencionaba con anterioridad: los nuevos escenarios en que se debe desenvolver el crítico, y que lo despoja de las antiguascertidumbres. El hecho de que la crítica, tal como la conocíamos hasta ahora, no esté resultando tan eficaz como antes, o nada eficaz, no deberíaangustiarnos porque se trata de un proceso cíclico. La crítica, como determinadas maneras de producir cultura, envejece, dando paso a determinadas novedades. La crítica artística la hacen los hombres, que viven y mueren inmersos en la Historia. Lo que sí se mantiene fresco y se desplaza a través de los tiempos con el mayor de los desenfados, es lo que llamo el pensamiento crítico, que no es exclusivo de quienes se dedican a escribir sobre lo creado. Y eso es lo que más extraño en estos instantes, al menos en lo que a la crítica del audiovisual se refiere. Faltan esos espacios en loscuales creadores y analistas sean capaces de borrar las ficciones de sus identidades públicas para moverse ante un problema común, que sería la imagen circulando ante nosotros, o entre nosotros, con todo lo que ello implica en nuestras comunes existencias.

JB: Con frecuencia en Cuba se alude a los numerosos problemas que implica para el desarrollo individual el no vivir en La Habana, lo que se engloba en laexpresión de fatalismo geográfico. Sin embargo, usted es alguien que por su intenso quehacer, realizado desde fuera de la capital cubana, no goza solo de pleno reconocimiento a nivel nacional sino a escala internacional. ¿Qué desventajas y qué ventajas le ha traído residir en un sitio como Camagüey?

JAGB: Admito que no me veo viviendo en otro sitio que no sea Camagüey, lo cual no significa que crea que como sitio es especial o algo así. Es una ciudad conun centro histórico hermosísimo, con un potencial cultural de gran envergadura, pero habitada por seres humanos comunes, lo cual quiere decirque en lo individual tendrás que lidiar con las virtudes y miserias que implica convivir con los otros, y los otros soportar nuestros defectos (¿recuerda aquello de Sartre, “el infierno son los otros”?) Luego, lo de la expresión “fatalismo geográfico” siempre se me ha parecido demasiado a loque Neruda aseguraba en cuanto a la suerte, cuando decía que la suerte es el pretexto de los fracasados.

Yo creo que todo está en buscar ese espacio que Nietzsche mencionaba en alguno de sus escritos, y que es el más difícil de conquistar, un espacio(no necesariamente físico) que nos permitiría sentirnos como en casa en el mundo. Digamos que sería como crear una suerte de mundo propio en medio delmundo real. En Camagüey he conseguido algo de eso, ayudado, por supuesto, por muchas personas, empezando por mi familia. Nada de lo que he conseguido hacer realidad (libros, investigaciones, eventos) habría sido posible sin la existencia de esos cómplices que te apoyan las locuras, los sueños queparecen intempestivos, porque sencillamente la mayoría de la gente anda pensando en otra cosa, o sencillamente, sobreviviendo.

No sé si hubiese podido lograr eso mismo más allá de Camagüey. En La Habana me han hecho propuestas de trabajo atractivas, como dirigir la Cinemateca de Cuba (por suerte, ahora la dirige Luciano Castillo, la persona ideal para asumir ese rol, la única que siempre vi en ese puesto) o Mirtha Ibarra, que insiste en que la acompañe en la creación del Centro de Documentación e Información “Tomás Gutiérrez Alea”. Como vivo muy orgulloso de mi triple ciudadanía (ciudadano camagüeyano, ciudadano cubano y ciudadano del mundo) pues evito con total naturalidad pensar que estoy obligado a permanecer para siempre en algún lugar. Estaré allí donde me sienta como en casa, pero sin perder de vista que mi casa es el mundo.

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Publicado el abril 17, 2015 en ENTREVISTAS. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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