Archivos diarios: abril 17, 2015

CONVERSANDO CON JOAQUÍN BORGES-TRIANA (I)

Me ha causado mucho placer recibir y sobre todo responder este cuestionario enviado por el crítico y ensayista Joaquín Borges-Triana, con el fin de ser publicadas las respuestas en El Caimán Barbudo. Debido a su extensión, compartiré la entrevista en tres momentos distintos.

JAGB Galería 3 - copia

JUAN ANTONIO GARCÍA BORRERO

Hoy más que nunca necesitamos del pensamiento crítico

Por Joaquín Borges-Triana

Foto: Ingrid Castellanos

No soy ni por asomo alguien cercano en su proceder a lo que se dice un cinéfilo. Sin embargo, siempre he tratado de mantenerme al tanto de lo que acontece en el universo del audiovisual nacional. Por ese camino de pretender ser alguien medianamente informado del quehacer artístico literario en Cuba, también me convertí en lector de la mayor cantidad de medios de comunicación vinculados a la esfera cultural y cuando comenzaron a surgir, de los blogs personales ideados a tales efectos. Así fue que un día me volví seguidor de la bitácora de Juan Antonio García Borrero. De numerosas lecturas de los textos de este camagüeyano defensor de lo que él ha llamado el “blogmail”, o sea, circular entre un grupo de interesados determinadas entradas del blog vía correo electrónico, he aprendido que entre nosotros, lo que conocemos “es la historia de una utopía, y utopía al fin, se prioriza al sujeto colectivo, su lado más fotogénico” (fragmentos de un post de la edición del blog de JAGB correspondiente al 1º de noviembre de 2009).

La influencia en mí de la obra de García Borrero ha sido tan fuerte que cuando me propuse hacer mi libro Músicos de Cuba y del mundo: Nadie se va del todo (publicado hasta ahora solo en el extranjero), la primera motivación que experimenté para preparar ese trabajo acerca de la importancia de estudiar qué había ocurrido con los roqueros, cantautores, poperos, timberos, raperos, jazzistas… que pasaron a integrar las filas de la diáspora cubana en años recientes, no me surgió escuchando uno de los tantos fonogramas grabados por ellos sino leyendo una de las emisiones del para mí imprescindible blog de Juan Antonio García Borrero, en el que se reproducían fragmentos de un ensayo de Cintio Vitier en torno a la identidad, donde con enorme sabiduría se afirmaba: “Del Estado podemos disentir; de la nación, en cuanto es un pueblo asentado en un territorio, podemos alejarnos; pero la nacionalidad, que en definitiva es la cultura en su más amplio sentido, nos une a todos.”

Por las razones antes expuestas, así como por el hecho de la reciente celebración del XXI Taller Nacional de Crítica Cinematográfica, a través del e-mail realicé la siguiente entrevista al hacedor de la bitácora Cine cubano, la pupila insomne, sitio de Internet hecho por un bloguero que desde Camagüey mantiene al día su casa en el ciberespacio (a pesar de las limitadas capacidades de conexión de las que dispone) y que –en mi opinión–, es mucho más que un excelente crítico de cine para devenir uno de los pensadores de nuestra cultura de mayor relevancia en la actualidad.

JB: Usted es Licenciado en Derecho: ¿llegó a ejercer dicha profesión y cómo es que se produce el cambio profesional? ¿Esos estudios universitarios le sirvieron en algo para lo hecho con posterioridad?

JAGB: Me gradué de abogado por la Universidad de Camagüey en 1987, y cumplí una parte de mi servicio social en Holguín, ejerciendo como abogado de oficio en asuntos penales. Es una etapa de mi vida que recuerdo con mucho cariño, porque está asociada a esos años de juventud en que uno se está formando profesionalmente, y tiene unas ganas tremendas de reinventar el mundo. Por otro lado, esta es una carrera hermosa, que te ayuda a examinar más de cercaeso que llamamos condición humana. Sé que para algunos puede parecer una pesadilla esto que me tocó tantas veces de defender a los que infringían las leyes. Y es cierto que, siendo tan joven, no podía dejar de afectarme asumir la defensa de personas que llegaron a cometer crímenes horribles. Tuve la suerte de contar con colegas que me ayudaron a entender un poco el quid del asunto.

En primer lugar, se trata de una profesión que exige un gran rigor a la hora de ejercerla, y un gran humanismo a la hora de practicarla. Y no es que uno termine simpatizando con los delincuentes ni mucho menos; es que si de veras queremos hablar de establecer la justicia necesitamos pensar los hechos sin prejuicios, y atenernos a las evidencias, que no solamente son fácticas, sino que implican emociones, pasiones, zonas oscuras de la existencia donde nadie queda a salvo de poder experimentarlas en algún momento, porque antes que abogados, fiscales o instructores policiales, somos humanos. De hecho, conocí algún que otro fiscal que de acusadores en cierto momento pasaron a ser lamentablemente acusados. En aquellas fechas no tenía la experiencia vital de ahora, y era demasiado fuerte en mí la tendencia a moralizar con estos asuntos. De modo involuntario vivía la vida como si formara parte de algo donde estaban claramente delimitados los buenos y los malos. Aún así, intentaba entender las razones que podían llevar a un hombre o a una mujer a caer en esas situaciones límites. Y todo eso me ha servido para incorporarlo a la visión que tengo de la vida, incluyendo la que tengo del cine como producción cultural. Lee el resto de esta entrada