NOTAS PARA PENSAR LA PRODUCCIÓN AUDIOVISUAL EN CAMAGÜEY

La última sesión teórica del 21 Taller Nacional de Crítica Cinematográfica estuvo dedicada al examen de la producción audiovisual en Camagüey. Creo que ha sido esta la primera mesa que se organiza con una perspectiva de conjunto, con el fin de pensar lo producido audiovisualmente por los lugareños, y no como un conjunto de productos aislados entre sí, sino como expresión de algo más complejo y dinámico, en el cual se desdibujan constantemente las antiguas fronteras creativas e identidades tradicionales.

A la mesa, moderada por Armando Pérez Padrón, fueron invitadas varias personas que hablaron de espacios y poéticas tan disímiles como “El Almacén de la Imagen” (Jorge Campanería, Alfredo Fuentes, Reynaldo Pérez Labrada), la creación individual del documentalista Gustavo Pérez (Yamilka Álvarez), el grupo “Hieroscopia” de Nuevitas (Pedro Martín) y el Festival Internacional de Videoarte de Camagüey (Teresa Bustillo). A ello habría que sumar la presentación especial del dibujo animado El pastor de las nubes (2015), de Ingrid Castellanos y Alejandro Santomé (producido por el ICAIC), y la proyección del tráiler del documental todavía sin concluir Severo secreto, de Oneida González y Gustavo Pérez, que aborda la figura del escritor camagüeyano Severo Sarduy.

Debo confesar que como coordinador del espacio teórico guardaba mis temores en cuanto a la posibilidad de que aquella mesa desembocara en una interminable relatoría de anécdotas y efemérides. No fue así, y en tal sentido podría decirse que, en lo epistemológico, estuvo presente aquella inquietud que en algún momento apuntara Cliford Geertz:

«Lo que estamos viendo no es simplemente otro trazado del mapa cultural —el movimiento de unas pocas fronteras en disputa, el dibujo de algunos pintorescos lagos de montaña— sino una alteración de los principios mismos del mapeado. No se trata de que no tengamos más convenciones de interpretación, tenemos más que nunca, pero construidas para acomodar una situación que al mismo tiempo es fluida, plural, descentrada. Las cuestiones no son ni tan estables ni tan consensuales y no parece que vayan a serlo pronto. El problema más interesante no es cómo arreglar este enredo sino qué significa todo este fermento».

Hasta ahora el repertorio de interrogantes que se ha ensayado sigue signado por lo que aísla a estas producciones del devenir permanente en el cual se originaron y siguieron formando parte. Estudios e intervenciones académicas que reconocen y describen la existencia de estos fenómenos han existido, desde luego, pero las miradas parten y mueren en el mismo punto, porque no ha surgido una perspectiva integradora que explore a la imagen en movimiento proyectada sobre una superficie, como el elemento común que explicaría, en parte, ese fermento de prácticas en el territorio.

Lo ideal sería que, aprovechando este primer mapeado que propició la mesa, comenzáramos a construir esa mirada inclusiva y desprejuiciada que describa al fenómeno audiovisual en Camagüey como un espacio conectivo, más que meramente estético. Pero para ello es preciso que ubiquemos esta diversidad de prácticas en el seno de una Historia mayor, y obviamente, dentro de un contexto aglutinante, y a partir de lo fáctico, establecer las conexiones pertinentes auxiliándonos de disciplinas como los estudios culturales, la sociología, la antropología, la economía, etc.

Como he apuntado con anterioridad, la Historia tradicional del cine se ha encargado de construir un discurso donde apenas tienen cabida “las grandes obras, los grandes autores”. Este enfoque monumentalista (en el decir de Nietzsche) se reitera con las historiografías que abordan las llamadas “cinematografías nacionales”, incluyendo la cubana. En las nuevas tendencias analíticas, comienzan a tomar un peso significativo el estudio de las audiencias y las salas cinematográficas como sitios donde operan valiosos intercambios culturales para los individuos y las comunidades a las que pertenecen, al margen de la importancia estética que puedan tener las obras que se exhiban.

En este sentido, lo que viene ocurriendo en Camagüey, con todo ese conjunto de prácticas y eventos dedicados a la promoción y análisis del audiovisual desde su formato más tradicional hasta los más experimentales (Festival de Video Arte), pasando por experiencias comunitarias al estilo de las promovidas por “Hieroscopia”, deja a la vista de todos un terreno virgen en cuanto al estudio y la crítica.

Desde la mesa, Teresa Bustillo hizo un llamado que se me antoja esencial: actualizar nuestras metodologías de investigación y ponerlas en función de interpretar la realidad, y no acomodar la realidad a los prejuicios metodológicos que llevamos en vena. Creo que en nuestro caso el gran desafío estaría entonces en construir un pensamiento abarcador que confronte y dinamite esa tendencia a la insularidad que va dominando en cada uno de los proyectos, para entender el fenómeno audiovisual en Camagüey como algo impulsado por los individuos con sus nombres propios, pero que responde de modo misterioso a algo mayor que los trasciende.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el marzo 25, 2015 en CAMAGÜEY: LO QUE EL CINE SE LLEVÓ, TALLER DE LA CRÍTICA EN CAMAGÜEY. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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