DÍAS DE PERPLEJIDAD

Ayer viví uno de esos días donde la perplejidad se adueña de nuestra disposición afectiva todo el tiempo. Y he de agradecerlo: la perplejidad ha pasado a ser un objeto de lujo en nuestra época. Pareciera que hoy ya casi nada nos asombra, por lo que no hay invitación a conocer más.

Nos hemos acostumbrado a mirar las novedades, emitir algún que otro comentario, y seguir de largo en busca de otra novedad que, a su vez, se hará vieja en segundos. Antes las novedades duraban un poco más, pero ahora la fecha de caducidad se prevé casi para el día. Por eso el asombro ha perdido valor de uso, y con ello, parece anacrónico el deseo de conocer más.

Mas ayer el día me prodigó varias perplejidades acá en Camagüey. Primero, porque amanecimos dejando las condiciones creadas en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo para desarrollar el Primer Torneo Provincial de Dota 2. No me pregunten demasiado de qué va eso, porque todavía no me entero, pero cuando me hicieron la propuesta de usar el espacio di el sí porque uno no puede llegar a un juicio más o menos razonable, si antes no experimenta los hechos que después juzgará.

Para esa misma tarde habíamos previsto la presentación de La Gaceta de Cuba más reciente (Nro. 6 del 2014). Desde hace un par de años estoy intentando de que tanto La Gaceta de Cuba, como la revista Temas, tengan presentaciones habituales en nuestros predios: presentaciones y debates. No son las únicas publicaciones donde actualmente se discute la cultura cubana con un nivel de profundidad extraordinario, pero al ser La Gaceta, desde su surgimiento en 1962, la plataforma donde los miembros de la UNEAC han encontrado el mejor espacio para exponer sus ideas, me sigue pareciendo que debería estar entre las prioridades de las filiales actualizar a sus miembros con el contenido de la misma.

Y mientras llegaba la hora de la presentación en El Callejón de los Milagros decidí darme una vuelta por la sala oscura donde se proyectaban las incidencias del torneo. Repito: no me pidan que describa lo que allí vi, porque hay cosas que para entenderlas lo mejor es no explicarlas. No estoy juzgando: de lo que hablo es que en aquella sala casi llena, un grupo de personas muy jóvenes interactuaban con lo que sucedía en la pantalla, se emocionaban, aplaudían, imprecaban. Y nosotros, los más viejos, sin enterarnos de nada.

Faltando entonces dos minutos para las cuatro de la tarde corrí al Callejón donde tendría lugar la presentación. Allí estábamos puntuales las tres personas que debíamos presentarla. Y nadie más. Ningún miembro de la UNEAC. Ningún joven escritor de la AHS. Solo nosotros tres, que aprovechamos para compartirnos un excelente café que hacen al fondo del callejón.

De vuelta a mi cueva en Nuevo Mundo, alcancé a escuchar los vítores del equipo triunfador en el torneo, festejando en el salón principal de la institución. Y la euforia de ellos era directamente proporcional a mi perplejidad.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el febrero 28, 2015 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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