Archivos diarios: febrero 7, 2015

SOBRE EL 21 TALLER NACIONAL DE CRÍTICA CINEMATOGRÁFICA (Camagüey, 2015)

Ya estamos enfrascados en los preparativos del XXI Taller Nacional de Crítica Cinematográfica, el cual se celebrará en la ciudad de Camagüey entre el 18 y el 22 de marzo del año en curso. En esta ocasión, su principal eje temático nos concederá la posibilidad de revisar críticamente lo que fue la producción audiovisual cubana en los años noventa.

Pero de la misma manera que en ediciones anteriores se han releído las décadas del sesenta, setenta, y ochenta, en esta ocasión intentaremos analizar la producción cinematográfica del ICAIC en ese período, pero también lo realizado en otros centros productores, y sobre todo, en los emergentes circuitos independientes que gracias al desarrollo de las nuevas tecnologías, crearon las bases de lo que hoy llamaríamos “cine independiente en Cuba”.

Hablamos de expandir las maneras de asomarnos teóricamente a estos campos productores de significados audiovisuales con la misma flexibilidad y dinamismo con que han operado los creadores. Ya no basta la antigua seguridad del crítico de cine tradicional, que examinaba estas producciones encerrado en un feudo donde las técnicas analíticas heredadas del pasado legitimaban sus juicios, casi siempre reducidos a lo estético, pero en su dimensión más excluyente. Es más, ahora sabemos que el discurso crítico muchas veces lo que ha hecho es reafirmar esas zonas de silencio y oscuridad en que yacen otras producciones que no han sido reconocidas de modo oficial.

Sé que no es de buen gusto eso de andar llamando la atención sobre lo que uno ha escrito, pero en lo personal intentaré repensar algunas de las ideas propuestas en el ensayo La utopía confiscada (De la gravedad del sueño a la levedad del realismo)porque fue un texto que al revisar el saldo de esa década de los noventa, propició réplicas públicas de cineastas como Arturo Sotto y Jorge Luis Sánchez, y con ellas quedaron abiertas las posibilidades de seguir pensando ese fenómeno desde diversos ángulos.

Los noventa del cine cubano se siguen asociando, desde luego, a esos filmes que aún retienen nuestra atención más académica: Fresa y chocolate (1993), de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, o Madagascar (1993) y La vida es silbar (1998), de Fernando Pérez, por mencionar apenas tres de las más reconocidas del período. Pero una década es mucho más que ese puñado de acontecimientos que el historiador o el estudioso ponen en función de sus reflexiones, más como parte de un cálculo que le permitirá obtener un fin que como búsqueda rigurosa de lo ocurrido realmente en esas fechas. Lee el resto de esta entrada