DE GARCÍA BORRERO A LUIS ÁLVAREZ ÁLVAREZ

Querido Luis:

Es un privilegio recibir tu réplica pública a lo que expuse en el post sobre José Martí, pero ahora te hago una pregunta: ¿en qué parte del texto he atacado a los estudiosos de Martí?, ¿o es que entiendes por martiano solo a los que se han dedicado profesionalmente a estudiar su obra?, ¿cómo llamar entonces a quienes sin ser especialistas profesan por Martí una fe a prueba de balas, y comparten esa devoción en el día a día?

Te invito a que releas el post, y compruebes que en esas líneas estoy aludiendo al abuso más bien generalizado de las citas que se hacen a diario de Martí, casi siempre descontextualizadas, y utilizadas con fines muy puntuales, más políticos que cívicos. Aquí no es imprescindible mencionar nombres porque de lo que hablo es de una tendencia colectiva muy parecida al Uno heideggeriano, y que es fácil de comprobar cuando examinas lo que sucede en la isla y más allá de la isla. El reciclaje de bustos que Titón ridiculiza en La muerte de un burócrata sigue practicándose de modo burdo, solo que en vez de bustos producimos citas en serie.

Tu sugerencia de que “deberías pensarlo muy bien antes de opinar de esa manera tajante en un campo profesional que no es precisamente el tuyo” trajo a mi cabeza aquella afirmación tuya igual de absoluta y generalizadora sobre los videojuegos, cuando hace poco los descalificaste en bloque en un foro público. Ese día me pareció desatinada tu postura por las mismas razones que ahora esgrimes contra mi exposición: ¿cómo podías afirmar con tanta seguridad aquello, me preguntaba, sin antes estudiar el fenómeno y establecer un diagnóstico confiable?

Pero al final asumí que inquietudes de esa índole no han de ser monopolizadas por los especialistas. Al contrario, es justo esa manía de pensar la realidad como si se tratara de una simple añadidura de campos desconectados, lo único que sigue fomentando entre nosotros el gusto por el saber especializado, y la renuncia a la curiosidad integral. Sé que no es tu caso, desde luego, y que te contradices de modo flagrante cuando invitas a ejercitar algo que, felizmente, en la práctica ya tú has decidido que no tendría sentido seguir al pie de la letra. Por otro lado, ¿te imaginas a Martí, que escribió sobre casi todo lo que llamó su atención, haciendo suya tu exhortación?

La mención a Dilthey dentro del texto es más simbólica que otra cosa, en tanto es real que la hermenéutica a estas alturas tiene exponentes que se ajustan mejor a nuestras exigencias investigativas. Pero yo pondría un poco más de cuidado en esas reservas que muestras hacia el pasado por ser pasado. Mencioné a Dilthey porque fue contemporáneo de Martí: si le restas importancia a Dilthey (o a Nietzsche) ya que según tú imprime “demasiado siglo XIX” a nuestras modernas reflexiones, ¿qué impediría entonces que podamos decir lo mismo de Martí que era, insisto, contemporáneo de esas figuras?, ¿Martí vivía acaso en un siglo XIX más moderno que el de ellos solo por ser Martí, nuestro Martí?, ¿no hay allí una arbitraria petición de principio más que una argumentación razonable?, ¿cómo justificar entonces la casi omnipresencia martiana en nuestras vidas actuales al margen de esa disimulada voluntad teleológica?

Ahora bien, más allá de las legítimas diferencias que pudiéramos tener nosotros dos en estos asuntos (y creo que quedó aclarado que mis quejas nunca fueron contra los estudiosos de Martí), sigue en pie el problema que intenté denunciar en el post: el uso arbitrario de ideas expuestas por Martí en determinados contextos y fechas. No es preciso ser especialista en él para percatarse de ello. Ojalá fuesen las investigaciones de los estudiosos más serios de su obra las que circularan en la esfera pública, y propiciaran la apropiación crítica de ese gran legado. Con debates públicos incluidos. Lamentablemente el grueso de esos estudios carece de la visibilidad deseada, por lo que no pocas veces hemos visto cómo aquel peligro que anunciaba Titón cuando replicaba las objeciones de la periodista permanece como realidad.

En cuanto a las insuficiencias de aquello que afirmo o escribo, no tengo nada que comentar, pues en todo caso soy rehén de la misma impresión que alguna vez el propio Martí describiera: “Los estudios hechos no inspiran más que una profunda vergüenza por lo que todavía nos queda que estudiar”.

Reiterando el agradecimiento por tu réplica, te envía otro abrazo cordial,

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el febrero 1, 2015 en POLÉMICAS. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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