LOS SOBREVIVIENTES (1978), de Tomás Gutiérrez Alea (Fragmento de la biografía “Hasta cierto Titó n)

Comparto este fragmento de la biografía intelectual de Titón en cuya escritura todavía ando involucrado.

Parecía, por fin, que 1978 iba a ser el año de la normalización de las relaciones con los Estados Unidos. Los gestos de buena voluntad mostrados tanto por el gobierno cubano como por la administración de James Carter, hicieron posible que a mediados del mes de noviembre se celebrara en el Palacio de las Convenciones diálogos entre un grupo de personas representativas de la comunidad cubana en el exterior y autoridades de la isla.

Pero aquel también fue el año en que Cuba y la Unión Soviética suscribieron el más importante protocolo de intercambio comercial anual en la historia de sus relaciones económicas. Por otro lado, persistía y hasta se intensificaba la presencia de las tropas militares cubanas en África, lo cual en modo alguno agradaba a los gobernantes estadounidenses. Las visitas a La Habana de Adolfo Suárez, primer presidente de España tras la muerte de Franco, o de Saddam Hussein, entonces vicepresidente del Comando de la República de Irak, anuncian el reacomodo geopolítico de la Revolución cubana, en términos simbólicos, dentro del contexto de Guerra Fría que todavía se experimentaba. Cierto que en Nicaragua estaba a punto de triunfar la revolución sandinista, claramente inspirada en la cubana, pero los tiempos, definitivamente, eran otros.

En cuanto al ICAIC, las afectaciones del Instituto en todo caso se derivaban de las dificultades económicas que afrontaba el país, según sus jerarquizaciones quinquenales, más que de la nueva estructura institucional. La directiva había cambiado algo debido a que Julio García-Espinosa pasó a presidir la Comisión Técnica Asesora del Ministro, recayendo la responsabilidad de la Dirección de la Producción Cinematográfica en Jorge Fraga. Pero de acuerdo a Alfredo Guevara,

“Aun cuando se han producido determinados cambios estructurales en el trabajo cinematográfico, es lo cierto que la esfera que me toca atender en el casi recién estrenado Ministerio de Cultura está en línea continua con la labor realizada durante un poco más de dieciocho años por el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos”.[1]

Por esa fecha, ya Titón se encontraba enfrascado en el rodaje de Los sobrevivientes, película que ha estado preparando con particular esmero. Se trata de una comedia que prolonga las inquietudes que el cineasta ya había mostrado en sus películas precedentes de la década, en torno a la formación socioeconómica de Cuba.

En el caso del nuevo filme, la idea era partir del absurdo, retomando la propuesta marxista que explica el desarrollo de las sociedades humanas, pero a la inversa. Es decir, según Titón,

“(…) si en lugar de desarrollar las fuerzas productivas estas decrecieran, se crearía una involución en las formaciones económico-sociales. Entonces se me ocurrió hacer una metáfora sobre eso usando una familia burguesa que se queda enquistada dentro de la Revolución. Se parte desde el capitalismo hasta llegar al estado salvaje”.[2]

De ese trabajo preliminar al rodaje vale la pena mencionar, por inusual, la colaboración previa que Alea establece con Leo Brouwer, a quien encarga la música del futuro filme. Se trata de algo excepcional porque, por lo general, la música para cine suele ser concebida después que ha culminado el rodaje; sin embargo, con esta cinta Titón le comunica a Brouwer que quiere ensayar “un nuevo método de trabajo”. No es que no haya quedado satisfecho con las colaboraciones anteriores que ambos han establecido (sobre todo en Memorias del subdesarrolloy La última cena), pero esta vez aspira a que ese elemento del lenguaje audiovisual participe, a la par que la fotografía o la dirección de arte, en la génesis del filme como obra colectiva. Y le explica a Leo Brouwer:

“He compuesto un gráfico de la estructura de la película en el que aparecen sinópticamente expuestos algunos elementos que inciden más o menos directamente sobre la concepción de la música y su distribución a lo largo de la película. Por supuesto, el gráfico es un complemento del guión –que está aún en fase de borrador y que vamos concretando sobre la marcha- pero pienso que puede constituir un valioso instrumento de trabajo, porque en él intentamos representar no sólo la sucesión de las escenas, la cronología, el tiempo aproximado que debe durar cada una de ellas, sino que también podemos definir algunos detalles del ambiente natural sonoro que pueden integrarse en algunos casos con la música y que pueden ser utilizados como recursos expresivos, el “tiempo” de cada período y la “curva de tensiones” que pensamos debe representar la progresión dramática”.[3]

Finalmente comienza a rodar en enero de 1978, y entusiasmado le escribe a Sandra Levinson en una de sus cartas de la época:

“Me gusta mucho como está quedando la película. Ya tenemos filmadas las dos terceras partes, pero hemos tenido muchos tropiezos principalmente, por enfermedad de algunos actores. Santiesteban estuvo muy grave y hemos tenido que suspender la filmación durante muchos días. Pienso reanudar el trabajo el lunes. Por eso no he podido invitar a tu amigo a ver la casa de Flor. Ya comencé el trabajo de edición y tengo gran ansiedad por ver la película terminada”.[4]

Aunque inspirada en el cuento “Estatuas sepultadas”, de Antonio Benítez Rojo (en aquel momento esposo de la hermana de Néstor Almendros), no se trata de una adaptación del texto literario. Según Titón,

“Simplemente, la lectura de ese cuento mucho tiempo antes, fijó un tono, una atmósfera, lo suficientemente inquietante como para desencadenar una serie de ideas que finalmente se concretaron en un argumento que, como se puede apreciar, apenas tiene nada que ver con el cuento original. De todas maneras, el trabajo con Benítez en la elaboración del guión tenía ya en el cuento un punto de apoyo y de referencia que nos facilitó alcanzar un clima de comprensión y colaboración muy dinámicas”.[5]

Los sobrevivientesparece a ratos un homenaje a Luis Buñuel, cineasta por el que Titón había mostrado especial devoción. No sólo está el tema de “el encierro”, que puede recordarnos a El ángel exterminador, sino también ese humor negro que explota el grotesco, y que más que la carcajada fácil, busca la complicidad intelectual del espectador, el guiño crítico a una realidad que, sin embargo, no intenta desmontar a través de la confrontación unilateral, sino apelando a la dialéctica, a la exposición detallada de esos argumentos encontrados que van conformando a la vida como proceso paradójico y siempre dinámico.

En el momento de su estreno, una parte de la crítica cubana entendió que el filme cerraba “un ciclo de películas sobre nuestra historia”[6], a lo que se añadía el hecho de que Alea insistiera (como en Memorias del subdesarrollo) en asomarse al universo burgués, confrontando los valores sociales de ese grupo social vencido con los impuestos por la Revolución. Pero Los sobrevivienteses mucho más que eso: en verdad es una fábula implacable que se interna en los vericuetos existenciales de la convivencia humana, sin que importe la nacionalidad de aquellos que se han agrupado alrededor de un cabeza de familia, ni la época.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el enero 26, 2015 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Querido Juany,

    Solo puedo decirte que el libro promete ser tan interesante como todos los de tu autoria, y que espero ansiosa tenerlo impreso en mis manos. Por supuesto, la película va mucho mas alla de una simple metafora de la historia cubana y se convierte en un verdadero tratado sico sociologico. Recuerdo en este mismo momento la excelente novela El señor de las moscas con respecto a este punto. Y lo que mas agradezco de Los sobrevivientes son esas maravillosas situaciones que nos llevan a la carcajada, recuerdo como Titon siempre estaba muy pendiente de que el espectador no se fuera a levantar de su silla y le huia a toda evidencia de cargante tesis.
    Muchas felicidades, amigo mio, por este nuevo regalo.

    Cariños,

    Lourdes

  2. Estoy de acuerdo que a pesar del homenaje de Titón a Buñuel y su semejanza con la idea del encierro en la casa de El ángel exterminador, en la película del director cubano la inversión histórica hasta la barbarie y el ambiente cubano con su humor zumbón, le ofrece una ingeniosa vida propia memorable, independientemente de las magistrales actuaciones de su elenco y sus constantes guiños a la realidad. Siempre recuerdo aquella frase del personaje que traía el camión de comida a la casa, la última vez que lo hizo explicaba que él iba a seguir “afuera”, y que no se iría del país, porque a él le daba lo mismo socialismo, capitalismo o feudalismo, y que el problema era “cogerle la vuelta al sistema”, y hacía un gesto con la mano, como de rotación. Clarísimo Titón, demasiados aquí “le han cogido la vuelta al sistema”.
    Abrazos,
    JOTAENE

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