ADIÓS, 2014; WELCOME, 2015

Llegar a un fin de año nos impone ciertos ritos. El más común de ellos es el que tiene que ver con el inventario de lo que se ha logrado en los doce meses que hemos dejado atrás. De modo inevitable, uno arriba a esos días postreros del año con la sensación de que se ha conseguido acceder a una suerte de cumbre desde la cual podemos vanagloriarnos de seguir vivos: ¿no sería acaso ese el premio gordo en cualquier escenario?, ¿seguir vivos y con deseos de seguir viviendo? Sin embargo, junto a las alegrías, las ganancias que perduran en la memoria, también estarán esas pérdidas que afectaron igualmente nuestra humana manera de representarnos el mundo; en mi caso personal, confieso que la muerte de Pablo Pacheco y Alberto Elena fueron dos golpes que aún me siguen afectando.

Ahora no recuerdo dónde fue que leí aquel refrán, creo que de origen búlgaro, que a mí me describe de modo impecable la condición paradójica del existir: “La viuda llora, mientras al lado los de la boda cantan”. Lo escribo de memoria y rápido, de modo que no puedo jurar que el original sea exactamente así, pero lo que para mí cuenta es la tremenda eficacia de esa imagen que, en apenas una línea, nos describe la radical ambivalencia del vivir: alegría y llanto, esperanza y desencanto, todo eso viaja en este mismo tren de cercanías que día a día nos conduce a un destino final.

Para los cubanos el 2014 resultará uno de esos años bisagras que cierran una época y abre otra. Los discursos de los presidentes Raúl Castro y Barack Obama reanudando las relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos el 17 de diciembre, han sentado la base para que los sueños del 2015 tengan inevitablemente otro color: del blanco y negro en que mucha gente estaba soñando su día a día, se ha pasado a imaginar ese porvenir desde lo polícromo. Optimista trágico que soy, yo recomendaría prudencia a la hora de soñar, porque lo que se avecina no será precisamente un cuento de hadas, pero es bueno que nos hayan regalado justo en este mes que termina el año el anuncio de que se modifican las maneras de lidiar con las diferencias.

Ahora bien, si para los cubanos en sentido general 2014 ya es un año inscripto en lo más profundo de la memoria colectiva de la nación, para los camagüeyanos la significación será doble, en tanto en febrero (exactamente el 2 de febrero) la ciudad festejó sus quinientos años de fundada. El fragor de la vida cotidiana, con sus incesantes novedades, es posible que ahora nos haga ver como algo más bien lejano lo sucedido en esos meses previos a los festejos; por otro lado, la legítima inconformidad con el saldo constructivo de lo proyectado (al menos en el Paseo temático del cine) justifica que abunden las críticas, pero en lo personal me siento en deuda de gratitud con la Oficina del Historiador y su voluntad de concederle la importancia que merece a la impronta que ha tenido el cine en el imaginario público de los camagüeyanos. Ya sé que la referencia vendría muy de cerca, pero en lo que a cine se refiere, el 2014 fue para los camagüeyanos un año intensísimo, y por muchas razones, cargado de momentos especiales, de esos que cumplen con todos los parámetros para que mañana los califiquen de “históricos”.

Así, por ejemplo, el 4 de febrero pudimos realizar en Casablanca, simultáneamente a lo que sucedía en el Chaplin de la capital, la premiére en pantalla grande de Conducta (2014), de Ernesto Daranas. Por allí andan las fotos del regreso voraginoso de un buen número de espectadores camagüeyanos a las salas cinematográficas, y de otros (los más jóvenes) que por primera vez (como en el famoso documental de Octavio Cortázar) se enfrentaban a la magia de la pantalla grande y una sala oscura compartida por muchas personas. Y ese mismo mes estuvo con nosotros en “La ciudad simbólica” (espacio auspiciado por la UNEAC), invitado por el Centro de Cine de Camagüey, su director Ernesto Daranas, en un intercambio que muchos de los que estuvimos allí no hemos podido olvidar.

Debo recordar que para los del cine en Camagüey, el año comenzó con aquella estupenda conferencia impartida el 16 de enero (también en “La ciudad simbólica”) por Rafael De la Osa Díaz, director de CUBARTE, con el título de “Industrias Culturales, Industrias Creativas y el Mundo Digital: ¿Hacia dónde vamos?”. Hoy, quien se asoma al todavía no concluido Complejo Audiovisual Nuevo Mundo, y asistió a la disertación de De la Osa, podría establecer inevitables vínculos con lo que expresara entonces el estudioso. El actual convenio de trabajo establecido con el Joven Club de Camagüey sienta las bases para que desde ese espacio que soñamos esencialmente académico, podamos contribuir a impulsar la segunda Campaña de Alfabetización que necesita este país, y ya de paso, fomentar el uso creativo de las herramientas tecnológicas que tenemos a nuestro alcance.

En el mes de marzo celebramos el XX Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica, otro aniversario cerrado que habla del carácter de resistencia intelectual que ha tenido este foro, y en esta ocasión debatimos sobre lo logrado en cuanto al ejercicio crítico en estas dos décadas de existencia de la cita, así como de la (por lo general subestimada) producción audiovisual cubana de los ochenta. En tal sentido, fue un verdadero privilegio contar con la presencia del realizador Arturo Sotto, de quien hicimos una presentación especial de Boccacerías habaneras (2013), y del director Rolando Díaz, quien desde hace varios años vive fuera de la isla, pero que a pesar de ello el público sigue recordando con admiración gracias al imborrable éxito de películas como Los pájaros tirándole a la escopeta (1983), por mencionar apenas una de las que realizó en aquella década. Estrenar su documental Los caminos de Aissa, y clausurar aquel evento exhibiendo en las pantallas grandes del Casablanca su filme Cercanía, adquiere ese sentido simbólico al que he aludido antes, si bien ahora mismo apenas se perciba su significación.

Y lo mismo podría decirse de la presentación que hiciéramos en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo de El super (1979), la cinta más importante realizada por cubanos radicados fuera de la isla. Considerada la película emblemática del exilio, y dirigida por León Ichaso y Orlando Jiménez a partir de la obra homónima de Iván Acosta, la presentación de El super en Camagüey nos dio también la posibilidad de escuchar las enriquecedoras disertaciones de las especialistas Carolina Caballero (profesora de la Universidad de Tulane, Nueva Orleáns) y Lilián Broche (Tablas Alarcos) en lo que debe haber sido la única ocasión en que hasta el momento se ha hablado en una institución de la isla de ese cine realizado por cubanos que viven fuera de Cuba, y concretamente, en los Estados Unidos. Por otro lado, cerrar el año con la presentación especial en el multicine Casablanca de Vestido de novia (2014), de Marilyn Solaya, y contar con la presencia de su realizadora en nuestro Callejón de los Milagros, ha sido otro de los grandes momentos.

El 2015 se anuncia como un año complejo. Como anoté antes, si por un lado hay que agradecer el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos, por el otro, tendremos que prepararnos sicológicamente para las luchas que vendrán en un escenario imprevistamente inédito para el grueso de los cubanos que vivimos en las dos orillas. El discurso de Obama (que en términos de oratoria es realmente valioso, yo diría ejemplar) celebra la reconciliación diplomática, pero deja claro que el diferendo ideológico se mantiene en pie: solo se han modificado las estrategias.

Culturalmente, eso significa que ya no importará tanto la producción de contenidos explícitamente contestatarios, como el sutil modelaje de un modo de consumir donde lo aparentemente “apolítico” va a definir el estado de cosas final. El empoderamiento del individuo al que alude Obama (y que sería de aplaudir todo el tiempo si ello significase verdadera autonomía individual) ya tiene en este contexto un buen tramo adelantado, como se pudo diagnosticar en los intensos debates que sostuvimos en el Foro celebrado en octubre. En tal sentido, el “consumo” seguirá siendo el gran caballo de Troya en todas estas luchas políticas, y para hablar con total honestidad, no creo que ahora mismo exista en la isla una vanguardia intelectual que sea capaz de lidiar de un modo coherente con esa nueva circunstancia. Así que de momento tendremos desconciertos, extremismos, intransigencias, medidas impuestas sin mayores explicaciones.

Eso es lo que en parte explica acciones como la reciente y aún inexplicada censura de Regreso a Ítaca, que nos hace retroceder nada más y nada menos que a los tiempos de PM (1961). Cuando hablaba de la complejidad que nos espera tras esa puerta simbólica que sería el 1 de enero del 2015, no aludía tanto a lo exterior, como a lo que viviremos en intramuros. Tendríamos que ser demasiado inocentes o adictos al autoengaño, para no apreciar que de la misma manera que fuera de Cuba varios grupos de cubanos se sintieron traicionados por Obama, dentro de la isla algunos (y quizás con cierto poder hoy) no consiguen asumir del todo el inesperado punto de giro que ha vivido de pronto nuestra trama nacional. Para los cultores del discurso unánime, esto podrá parecer una falacia, pero quienes han estudiado nuestra historia más reciente, y sobre todo preservan la memoria histórica de modo íntegro, saben que las “micro facciones” siempre han existido.

Entonces, ¿cómo prepararnos sicológicamente para vivir este 2015 que ya comienza a habitarnos? Mi incredulidad ante lo que nos venden a fines de cada año los escribanos de horóscopos me impediría anotar fórmulas, por seductoras que suenen, pero sí pienso que una sobredosis de nostalgia por el futuro no nos vendría mal. Pero nostalgia por un futuro pensado y discutido por los individuos y desde los individuos. Esto exigirá la construcción de un escenario público en el que quepan las más diversas voces, y donde sea la buena voluntad ciudadana la que se erija en rectora del proceso.

Para evitar el caos, algún ente tendrá que regular (que no limitar o castrar) el debate desprejuiciado de nuestros más acuciantes problemas intelectuales, propiciando la discusión transparente de asuntos que demandan mucho más que el intercambio de impresiones que vienen y van, o que responden a los humores de determinados funcionarios y artistas. Ello nos serviría para recordar que el valor de las ideas solo se prueba cuando se someten a la discusión pública. En tal sentido, 2015 podría ser el año en que al fin tomemos conciencia de que necesitamos políticas públicas también actualizadas en lo cultural. O lo que es lo mismo: políticas culturales que respondan a los perfiles del siglo XXI.

Juan Antonio García Borrero

Publicado el diciembre 30, 2014 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Maylin Pérez Parrado

    La vida se nos da,y la merecemos dándola…

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