CARTA ABIERTA DEL CINEASTA ENRIQUE ÁLVAREZ A GARCÍA BORRERO

San tranquilino, 19 de noviembre de 2014

Estimado Juan Antonio, eres un provocador y yo me dejo provocar, sobre todo porque me importan las mismas cosas que a ti y últimamente no duermo bien pensando en ellas.

Sobre la reunión de la UNEAC, más de lo mismo. Invertí el doble del tiempo viajando de la Escuela de Cine al Vedado (y viceversa) que lo que duró nuestro panel. Puro formalismo, inútil gesto para aparentar que nos ocupamos cuando en realidad vivimos en la desidia y el conformismo.

Yo como ves, he dejado de ser optimista, he dejado de esperar porque dudo; dudo de nosotros mismos, de nuestra capacidad para no dejarnos corroer por dentro y por eso he comenzado a blasfemar, a disentir (naturalicemos esta palabra) de los que creen saber más que yo (o que tú) desde su visión de pedestal.

¿La realidad en el cine cubano? Ufffff, primero hay que cambiar la realidad, diversificarla, hacerla prosperar, para aspirar a que los cineastas, la afronten en toda su riqueza y complejidad.

Allí, en el panel, hablé de un túnel, de una manera obsesiva de mirar y expresarnos, que compartimos casi todos los que hacemos cine en Cuba, eso mismo que tú llamas “modo de representación institucional” y que, irónicamente, también aflora en la producción off ICAIC. ¿A qué se debe eso? En mi opinión, a que vivimos en un trinchera muy estrecha (los cineastas y la mayoría de los cubanos) en la que hemos perdido la capacidad de accionar, de jugar ajedrez con las piezas blancas, de tener iniciativas. Somos una sociedad de reacción, siempre a la defensiva, pero con el agravante de ser sordos y rígidos, de no saber escuchar al otro, de no saber leer las señales y mucho menos los gestos.

Una buena historia, un buen cuento, siempre cuenta dos historias: una en la superficie y otra sumergida. Esto ya lo había descubierto Hemingway con su teoría de iceberg y lo ha sistematizado Ricardo Piglia en su hermosas y lucidas "Tesis sobre el cuento". ¿Podríamos nosotros intentar algo así? ¿Llegar a ese nivel de sutileza y dialéctica narrativa? ¿A ese nivel de complejidad lúdica en nuestras relaciones sociales? Difícil, vivimos en una sola dimensión, demasiados ocupados en reaccionar, en defendernos, en proteger nuestras murallas. ¿Pero será verdad eso? ¿Será que nos ocupamos bien de protegernos? A veces yo tengo la sensación de que eso, defendernos, también lo hacemos muy mal. No se puede reaccionar, ni física, ni emocionalmente, si tu cuerpo y tu mente no están relajados. Eso lo saben los artistas de artes marciales, y también los buenos actores.

¿Podremos volver a ser buenos actores? Quiero decir a actuar, a incidir, en la escritura de nuestras vidas.

Las murallas de Troya fueron construidas para ser destruidas por un caballo de madera y la astucia de Ulises, ese mismo hombre que se hizo amarrar a la proa de su barco, para escuchar el terrible canto de las sirenas y poder contarlo.

Yo no quiero ser un troyano, Juan Antonio, prefiero ser un marinero de Ulises, ese hombre de acción, que un día engañó a Polifemo diciéndole soy nadie, para después regresar a Ítaca, su isla, y salvarla de la desidia de sus cortesanos.

Lo que nos toca, como país, es darle luz a nuestra propia Odisea.

En eso estaremos juntos,

Un abrazo,

Kiki Alvarez.

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Publicado el noviembre 19, 2014 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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