UN PASEO TEMÁTICO TODAVÍA POR DESCUBRIR EN CAMAGÜEY

Nada hay más invisible para los seres humanos que su propia cotidianidad. La vida cotidiana convierte en intangible las cosas que a diario nos rodean, por extraordinarias que puedan resultar las mismas, y transforma en episodios absolutamente intemporales aquellos momentos que alguna vez resultaron hitos en nuestras vidas.

En Camagüey tenemos un espacio que la Oficina del Historiador de la Ciudad promovió como un paseo temático vinculado al cine. El estudio que hicieron fue formidable. Uno sospechaba que esa arteria vial era algo importante para los camagüeyanos, pero en este tipo de fenómeno que habla del impacto que pueden tener los sitios en el imaginario público no valen como definitivas las impresiones individuales. Es necesario hacer encuestas, apelar a la demoscopia, y a las diferentes herramientas cognitivas que los más sabios han modelado para una mejor gestión del conocimiento.

Hoy ya tenemos el paseo temático del cine en Camagüey, y la verdad es que nunca he tenido la posibilidad de agradecer públicamente la respuesta de la Oficina del Historiador a esos debates que se originaron en aquella Asamblea de la UNEAC, donde discutimos la precariedad de las instituciones que tenían que ver con la proyección audiovisual en la ciudad.

Nuestra mala memoria nos hace creer que las cosas caen del cielo, o nacen según el capricho cósmico de algo supra humano, y que los espacios que hoy no percibimos como son porque ya forman parte de nuestra cotidianeidad, han estado toda una vida esperando por nosotros. Es mentira que alguien pueda partir de cero: desconfiemos de quienes se venden como el kilómetro cero de algo.

Eso no solo es injusto por el hecho de borrar de la memoria de modo arbitrario el esfuerzo de quienes nos antecedieron, sino que termina distorsionando la verdad histórica en función de los intereses puntuales de individuos y grupos, lo cual termina atentando contra el impacto comunitario de los proyectos culturales. Y yo al menos siempre he pensado en este paseo temático como un proyecto colectivo, y no como una sumatoria de entes aislados, por valiosos que puedan ser estos entes.

Lamentablemente no hay todavía en Camagüey una conciencia de lo que este paseo temático, único de su tipo en el país, significaría en términos culturales. Para empezar, pocos de los involucrados en el proyecto saben a ciencia cierta por qué surgió este proyecto. O peor aún: viven ajenos al proyecto. Por eso puedes encontrarte situaciones tan absurdas como que, por ejemplo, en el Coffea Arábiga vendan excelentes hamburguesas, pero no café, que es a lo que alude el nombre del local.

Por otro lado, el paseo temático es algo que ya existe, pero en la práctica todavía no se percibe en su potencialidad. Voy a poner algunos ejemplos concretos. El Almacén de la Imagen es uno de los eventos más importantes del país, relacionado en este caso con el audiovisual joven de los cubanos, y en estos días debe tener una nueva edición. Pues bien, en su programa de actividades, hasta el momento, no figura ninguna actividad en estos espacios. ¿No se hubiese podido aprovechar la pantalla inmensa del multicine Casablanca para darle una mayor calidad de proyección a estos materiales que no suelen pasar por nuestros canales de televisión?, ¿no habrían agradecido los participantes del evento ver en una pantalla de verdad esos materiales?

Otro ejemplo. Tengo un gran amigo que es uno de los profesionales más prestigiosos de nuestra radio. No digo el nombre porque lo anecdótico no me interesa. Pues bien, el domingo pasado se transmitió en vivo desde El callejón de los milagros el programa final del concurso convocado por Radio Cadena Agramonte a través del espacio Pentagrama. Fue algo distinto, que logró llenar el sitio, y animó muchísimo esa tarde dominical. Cuando se lo comento a mi amigo, no solo no se había enterado de la transmisión del programa, sino que no sabía que existiera en Camagüey un “Callejón de los milagros”.

He puesto un par de ejemplos que me gustaría retenerlos, no en su dimensión de anécdotas, sino como expresión de un síntoma de algo demasiado evidente: los camagüeyanos todavía no saben que existe en la ciudad un paseo temático. Y como la historia no es achacarle a alguien la responsabilidad de ese lamentable estado de cosas, sino hacer propuestas concretas que contribuyan a mejorar la situación, comentaré en voz alta algunas de mis ideas e inquietudes.

Creo que lo primero es que se tendría que acabar de definir una suerte de rector del paseo temático, alguien que sea capaz de estar al tanto de las ofertas culturales, pero también de la calidad de los servicios gastronómicos que se brinden, por ejemplo. No que imponga o limite las iniciativas de las diversas instituciones y unidades que forman parte del paseo, sino que propicie una coherencia en las propuestas. Ahora mismo tengo la impresión de que esa responsabilidad se encuentra en el limbo: ¿Oficina del Historiador?, ¿Cultura del municipio?, ¿gobierno provincial? Es más, pienso que algunos creen que la atención de esto le corresponde al Centro de Cine, cuando aquí estamos hablando de algo más ambicioso.

Ese rector ideal podría convocar a cada uno de los responsables de los establecimientos que funcionan en el paseo con el fin de informar en qué consiste el proyecto, de dónde sale, y hacia dónde se dirige. Todas las mañanas veo pasar una gran cantidad de turistas que toman fotos de la calle, o muestran sorpresa (como unos franceses que pasaron hace un par de días) cuando ven que la videoteca se llama Lumiére. ¿Se imaginan si alguno de ellos llega a la barbería y preguntan el por qué del nombre (El marido de la peluquera)? ¿O que lleguen al Buró de Información que está dentro del Callejón de los Milagros y los trabajadores (que son quienes venden la ciudad al turismo) no tengan la menor idea del filme mexicano al que alude?

Lo otro está en que no se ha pensado en una verdadera estrategia para animar ese gran complejo. En lo personal lo que más bien he chocado con muchos burócratas que andan más preocupados con el cumplimiento dogmático de ciertos reglamentos que a estas alturas se me antojan anacrónicos (como eso de que no se puede pegar en los cristales la propaganda), que en los resultados de la actividad.

Yo he tenido la suerte de ver bastante mundo, y sé que este tipo de espacio sería codiciado en cualquier parte del planeta, pero aquí en Camagüey nos damos el lujo de dejarlos morir de tedio: ¿por qué no acabar de pensar en establecer alianzas con los cuentapropistas, no para vender más pacotilla de la que ya se vende informalmente en todas partes, sino para fomentar nuestras propias industrias locales?, ¿por qué no crear nuestro propio Wynwood (Miami), tomando en cuenta la enormidad de esas paredes desnudas que hay en El callejón de los milagros?, ¿a ese turista que todas las mañanas pasea por la calles de los cines no le interesaría conocer más de nuestra cultura, de nuestros artistas?, ¿y si les proponemos nuestros propios “paquetes” de cultura callejera?, ¿por qué a Artes Escénicas de Camagüey, cuando lo propusimos, apenas se interesó por ese festival de estatuas vivientes que queríamos organizar?, ¿por qué no me dejan entonces buscar esos actores entre los ciudadanos comunes, y que la historia funcione igual que en las Ramblas de Barcelona?, ¿por qué no darle ese espacio a todos los bohemios que andan guitarra en mano por la ciudad?, ¿por qué el Centro del Libro no puede tener allí una feria del libro permanente?, ¿por qué la televisión de Camagüey, ahora que tiene sus estudios sin funcionar por falta de climatización, no hace programas en vivo o grabados en ese callejón que arquitectónicamente más parecido no puede ser a un set?

Sé que todas estas preguntas podrían tener respuestas coherentes si estuviera establecido el mecanismo para responderlas y debatirlas de modo sistemático. Pero ahora mismo ese mecanismo no existe: lo que existen son un montón de trabas burocráticas que indican lo que no se puede hacer. Y un montón de personas, cada uno por su lado, intentando llevar a puerto su barco particular.

Debo decir que, como muchos camagüeyanos, tengo inconformidad con el acabado de las obras emprendidas para festejar el 500 aniversario de la villa. Pero eso es otra cosa. Aún cuando sea cuestionable este renglón (y lo es), si yo ahora mismo mostrara fotos de la calle de los cines en el 2012 y fotos del 2014, incluso los más críticos tendrían que admitir que el cambio ha sido gigantesco.

Ahora bien, cuando hablo de “calle” hablo de algo más que un simple trozo de piso asfaltado. El materialista que solo ve la superficie de la realidad, probablemente solo pueda alcanzar a ver el pavimento. Pero yo hablo de algo más. Es decir, hablo de todo lo que implica pasar por determinados lugares y relacionarse con otros seres humanos. Porque allí es donde está el quid de la cultura cuando es auténtica., es decir, si la queremos viva, si la queremos estimulante, y no congelada (como si de la visita a un museo se tratara). De nada vale tener espacios que cuenten con la última tecnología si la gente no interactúa, y no se propone proyectos de vida que contribuyan a que sean mejores personas. Lo otro siempre va a ser simple feria de vanidades.

En fin, que no sé en qué momento será descubierto por los camagüeyanos su paseo temático. Mientras, tendremos que depender de los amigos que se asoman deslumbrados al proyecto. Como Ernesto Daranas, el director de Conducta, que una vez que regresara a la capital se encargó de pasarle fotos a casi todas las autoridades que tienen que ver con la cultura en Cuba, preguntando cómo era posible que en La Habana no existiera algo así. Cosas de la vida, y de Camagüey: en casa del herrero, cuchillo de shopping.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el septiembre 5, 2014 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Miguel Ángel Lafuente

    Juan Antonio excelente texto sobre esos lugares maravillosos de Camagüey, por los que me gustaría pasear, conocer, saborear, tomar un café, etc., en fin vivir esa Ciudad hermosa, que tanto extraño. En Buenos Aires ojalá tuvieramos un lugar así. Un fuerte abrazo.

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