POLÉMICAS Y TENSIONES EN EL TERCER CINE: UN MODELO PARA EL ESTUDIO DEL CINE CUBANO.

Gracias a la cortesía del investigador argentino Mariano Mestman tengo en mi poder un tesoro invaluable. Se trata del cuaderno “Estados Generales del Tercer Cine. Los documentos de Montreal, 1974”, que no solo recupera en soporte papel documentos inéditos de aquel encuentro celebrado en Montreal entre el 2 y el 8 de junio de 1974, sino que llega acompañado con un valiosísimo DVD en el que se registran de modo audiovisual momentos significativos de los debates protagonizados en aquella cita.

Pese al relativo olvido historiográfico de la que ha sido víctima, esta cita resulta un momento clave en la conformación de eso que después conoceríamos como Comité de Cineastas Latinoamericanos. Y para los estudiosos del cine cubano en particular, tanto el cuaderno como el DVD tienen un valor añadido, en tanto podemos asistir al duro debate que sostuvieran, entre otros, el crítico italiano Guido Aristarco, Julio García-Espinosa, el francés Guy Hunnebelle, y el argentino Fernando Solanas, a raíz de la ponencia presentada por el primero, e, indirectamente, la proyección del filme Girón (1973), de Manuel Herrera, en el evento.

Los que estamos interesados en (re)construir “la historia intelectual” del cine cubano (más allá del simple inventario de sus filmes) tenemos aquí un referente de trabajo ejemplar. Primero, porque nos confirma que el estudio del cine cubano debe abrirse al enfoque transnacional, si queremos entender el origen de algunas de las dinámicas que se pusieron en práctica en su interior, y que no obedecían únicamente a la voluntad de los responsables de la industria, sino que formaban parte de alianzas establecidas en diferentes puntos del planeta por cineastas que perseguían un objetivo común: la creación de un frente capaz de resistir los embates del cine dominante propugnado por Hollywood y sucedáneos.

En la nueva historiografía referida al cine la revisión de los textos fílmicos sigue importando, desde luego, pero lo que cambia es el modo de estudiar ese conjunto del cual forman parte las películas. Si antes el historiador se esforzaba en construir un relato donde, como en cualquier cinta clásica, los héroes (los cineastas) se proponían alcanzar algo (para el caso la conformación de una industria nacional, o la realización de una película) y para ello debían vencer innumerables escollos, ahora resulta de vital importancia el estudio de las tensiones (o crisis permanentes, para decirlo como Rick Altman) que fueron suprimidas del relato oficial, en nombre de determinada identidad que se vuelve sospechosamente teleológica, de acuerdo a los intereses de un grupo.

Todavía en Cuba no tenemos una conciencia clara de lo que nos podría reportar el uso creativo de esos recursos y herramientas que propician las nuevas tecnologías. Por eso digo que hay aquí un referente valioso. El libro y el DVD han visto la luz gracias a la Red de Historia de los Medios de la cual Mariano Mestman es líder, y cuyos objetivos describe con agudeza:

“ (…) volver accesibles fuentes documentales de difícil acceso o que no habían sido utilizadas con anterioridad, a partir de la convicción de que el relevamiento de fuentes inéditas o poco frecuentadas, es uno de los caminos indispensables para la renovación de la historiografía de los medios. En segundo lugar, la puesta en contacto de temas que atraviesan la historia de los medios en su dimensión estética, política, social y cultural. En este sentido, entendemos que este capítulo de la historia del cine también ilumina cuestiones relativas a la comunicación alternativa, el video, la televisión, la censura y las políticas culturales. Así como la reconstrucción de los debates sobre el marxismo real, la emergencia de nuevos estados y los movimientos contestatarios en los países centrales durante un período histórico intenso. Por último, la inflexión latinoamericana, la necesidad de pensar la especificidad de la historia de los medios en forma situada pero atendiendo a las particularidades y diversidades nacionales y, al mismo tiempo, en su dimensión transnacional

¿Se imaginan cuánto se enriquecería nuestra historia del cine cubano si todos los encuentros, reuniones, polémicas, filmadas por el ICAIC, hoy formaran parte del fondo de la Cinemateca de Cuba, y se pudieran consultar públicamente? De ese fondo apenas se han utilizado con timidez algunos materiales (estoy pensando, por ejemplo, en Luneta Nro 1, de Rebeca Chávez, donde se muestran imágenes inéditas del juicio de Marcos Rodríguez, o de la representación confesional de Heberto Padilla en la UNEAC de 1971), pero en verdad queda un mundo por descubrir e interpretar.

Esto otro vendría a ser el verdadero desafío: interpretar. Porque no se trata de rescatar de modo aislado ese trozo de realidad que en su momento fue filmado para colocarlo dentro de una nueva narrativa que respondería a los intereses de un nuevo grupo. Si queremos contribuir a la construcción de una rigurosa historia de las ideas dentro del cine cubano (que nos revele el significado de las películas, pero también su origen y sentido primero), entonces debemos empeñarnos en llevar hasta las últimas consecuencias el ejercicio hermenéutico.

En este libro que comento Mariano Mestman nos da una lección memorable en cuanto a esto. Para referirme de modo puntual a la polémica de Guido Aristarco y Julio García-Espinosa (la que, por cierto, no conocía), el investigador hace una interpretación de la misma que tiene como base una sólida perspectiva de conjunto, y al mismo tiempo, un conocimiento más que riguroso de lo que estaba pasando en esos instantes en la Cuba de entonces.

La reacción de Julio García-Espinosa luego de escuchar la ponencia de Aristarco (“Por un retorno a Marx en el cine de hoy”.) puede entenderse como parte del ambiente intelectual que se vivía en aquellos momentos en la isla. Aristarco había propuesto en su ponencia un regreso al Marx más auténtico, en contraposición a la vulgarización y manipulación manualesca del pensamiento marxista. Su crítica iba dirigida sobre todo a lo que en aquellos momentos ya era una tendencia dominante en la Unión Soviética, pero es obvio que de modo indirecto sus ataques encajaban a la perfección con lo que pasaba puntualmente en Cuba, toda vez que el gobierno cubano había consolidado su alianza con los soviéticos a través de la entrada al CAME, y la progresiva institucionalización de la vida cotidiana de acuerdo al diseño establecido en Moscú, ya había dividido a la izquierda mundial, que en un principio vio en la Revolución cubana un modelo de independencia ideológica.

En junio del 74 (fecha en que acontece el evento de Montreal) los cubanos vivían en el centro mismo de lo que más tarde sería conocido como “quinquenio gris”, un período de gran oscuridad intelectual en función de intereses estrictamente ideológicos. Atrás habían quedado los debates propiciados por el hoy también olvidado Congreso Cultural de La Habana (1968), dominando en escena lo dictado en otro Congreso, en este caso el Primer Congreso de Educación y Cultura celebrado en 1971, cuyas tesis establecían las bases de esas estrategias de “parametración” (dígase rotunda exclusión) que aún causa vergüenza recordar. La puesta en escena de esa extravagante “confesión” de Heberto Padilla en la UNEAC, tras su detención, sirvió para que un gran número de intelectuales acudieran a la esfera pública con el fin de denunciar la progresiva estalinización de la política cubana, pero más allá de esa simetría sugerida por la polarización del campo de batalla (“con Padilla todo, contra Padilla nada”) es posible reconstruir parte de ese mundo de tensiones y contradicciones internas que entonces se vivía.

Cada vez aparecen más documentos que nos hablan de estos quiebres internos solapados de modo interesado por la Historia oficial. El conjunto de libros publicados por Alfredo Guevara resulta excepcional precisamente porque nos ofrece la documentación tal y como en su momento aparecieron. También podría mencionarse la selección epistolar realizada por Mirtha Ibarra. Pero como dije con anterioridad, no basta con sacar a la luz el documento: se necesita interpretarlo en medio del contexto original, restableciendo las múltiples relaciones que en aquellos momentos lo afectaban.

En la polémica de Aristarco y García-Espinosa es evidente que, aunque se está hablando de cine, no es eso lo que más le está interesando a los antagonistas. Julio ha llegado al evento como cineasta, en tanto ha sido uno de los guionistas de Girón, la película cubana incluida en el programa, pero es también uno de los directivos del ICAIC, y autor del polémico texto “Por un cine imperfecto”. Su posición, a todas luces, es la del representante del sistema, algo que se hace evidente cuando le preguntan si su intervención podría interpretarse como una “declaración”, y afirma que sí, y argumenta lo siguiente:

Para muchos de nosotros, nuestra formación ha venido precisamente de escritos de Aristarco. Pero tenemos el derecho de preguntarnos para qué sirve la evaluación de nuestro trabajo, la crítica de los errores del movimiento de los países en vías del socialismo, para qué puede servir este trabajo de evaluación, si no está hecho en el interior y teniendo en cuenta nuestra situación concreta. Existen muchas vías para llegar al socialismo pero todas tienen un denominador común, a saber: la lucha antiimperialista”.

Esto recuerda las réplicas que desde la isla se habían lanzado a las críticas foráneas por el arresto de Heberto Padilla. No importaba tanto examinar el contenido y validez o no de las críticas como cuestionar desde dónde se elaboraba esa crítica. Por eso Aristarco en algún momento de su dúplica afirma de modo enérgico: “Yo no tengo necesidad ni siquiera de señalar los errores cometidos por Cuba, por Castro; corresponde a otras personas hacer esa crítica. Me parece que toda mi intervención fue correcta en decir cómo el marxismo auténtico ha sido manipulado”.

La recepción de Girón en el seno del evento no resultó precisamente cordial. Para Aristarco era censurable su “cierto triunfalismo”. Guy Hennebelle fue más lejos al comentar:

Personalmente, por ejemplo, tampoco me gustó un film como Girón [Manuel Herrera, Cuba,
1973], porque considero que se inspira demasiado en la estética del cine del imperialismo americano. Podemos discutir en calma de esta cuestión sin ser acusados inmediatamente de estar entusiasmados por el imperialismo americano. Por otra parte, nuestra solidaridad con la lucha ejemplar de Cuba –que es la de todo el mundo aquí- no nos obliga a aceptar, sin embargo, ciertas alianzas que Cuba practica con ciertos países como la Unión Soviética, por ejemplo. Podemos discutir con calma estas cuestiones sin insultarnos ni hacer subir la tensión
”.

Ante la persistente inconformidad de Aristarco con la intervención de Julio, Fernando Solanas toma la palabra y expone un argumento que, a mi juicio, ha seguido reapareciendo una y otra vez en la historia del proceso revolucionario cubano. Dice Solanas, en apoyo de la posición de Julio: “Estamos haciendo no una defensa sino una crítica a un pensamiento que critica en abstracto la marcha concreta de la historia y de los procesos revolucionarios. Es una crítica abstracta y desinformada”.

¿En cuántas ocasiones no hemos escuchado cómo se deslegitima una crítica que no procede del interior del proceso o del grupo que encabeza la marcha de ese proceso? Y por otro lado, ¿cuántas de esas críticas que en su momento fueron rechazadas de modo visceral no han sido retomadas luego con igual o más vehemencia por la élite política?

Mi criterio es que aquí ha estado operando todo el tiempo un modo de representarnos el mundo, donde solo tiene cabida la confrontación temporal de opuestos que, a su vez, se auto representan como estáticos y monolíticos. Muchas de las películas cubanas de aquel instante pecaban de ese mal (y creo que, para ser honestos, era el caso de Girón). De allí que no le falte razón a Aristarco cuando planteara en una intervención posterior:

¿Por qué deberíamos hablar siempre bien, cuando estos films son, prácticamente, antimarxistas? En suma, hablémosnos claro. Una película donde no hay conflicto, donde todo va bien –en suma, no se trata aquí de inventar nada, aquí no hay posibilidad de equívoco-, es una película que no puede ser marxista. Si no hay conflicto, si todo va bien, si los personajes son todos “redondos” (perfectos) no tienen por lo menos alguna duda, no tienen algún error, y bueno, son santos, no son hombres. Y entonces nosotros, si queremos aplicar la metodología marxista –y no el método, la metodología- debemos decir que estas películas están, desde el punto de vista marxista, equivocadas”.

Lo estimulante de un libro como el que nos ha regalado Mariano Mestman es que coloca a este segmento de la Historia del Tercer Cine (y del cual formaría parte también la historia del cine cubano del período) en su contexto más primigenio. Y gracias a ello, a la vista del estudioso quedan los protagonistas de aquel instante enfrascados en su ser-ahí más puntual y apremiante, todavía ajenos a los capítulos que futuros historiadores y críticos conformaríamos sobre la base de los resúmenes periodísticos, los manifiestos de ocasión, y las declaraciones y editoriales de última hora.

Por otro lado, este volumen nos confirma que Argentina es, hoy por hoy, una de las plazas más fuertes que ha encontrado la investigación académica de nuestros cines. La labor de grupos como Ricila, Rehime, o AsAECA (Asociación Argentina de Estudios de Cine y Audiovisual), nos va dejando un cada vez más imprescindible conjunto de volúmenes investigativos, que además de poner al alcance de las manos de los estudiosos (como es el caso de este libro) documentos hasta ahora inaccesibles, nos sugiere maneras diferentes de pensar ese grupo de imágenes en movimiento que han llegado hasta nosotros. Todo un desafío que habría que agradecer con énfasis.

Juan Antonio García Borrero

Anuncios

Publicado el agosto 27, 2014 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: