LO QUE SE LLEVA EL RÍO (2014), de Mario Crespo

Otras veces he dicho que este blog ya no es algo personal, sino un espacio colectivo donde colaboran muchos. Algunos colaboran con textos que firman con sus nombres y apellidos, pero otros permanecen en un plano más discreto, pero no por ello menos esencial.

Es el caso de Francisco Puñal, que desde España se encarga de enviarme por correo electrónico todo tipo de información relacionada con el audiovisual cubano. Y es una ayuda más que valiosa, porque desde aquí (Camagüey, Cuba) no puedo estar al tanto de todo, además de que esto sería una labor de varias personas, nunca de un solo individuo. Aprovecho, pues, para agradecer públicamente a Puñal esa deferencia que ha tenido con el blog y sus lectores.

Y hoy me ha hecho llegar un post publicado en el blog “La Quintica”, del cineasta cubano Mario Crespo, donde encontramos información sobre el filme más reciente del director de Zoe, uno de los cuentos que conforman a Mujer transparente. Me da mucho placer compartir esa información con los amigos del blog.

JAGB

Algunos apuntes sobre LO QUE LLEVA EL RIO / VENEZUELA 2014

LO QUE LLEVA EL RÍO

Ficción, 104 minutos

Género: Drama

Idioma: Warao-español

País: Venezuela.

Año: 2014
Director: Mario Crespo

Con el apoyo del programa IBERMEDIA y Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC) de Venezuela

Sinopsis

Dauna se atrevió a ser diferente y para defender su vocación, tomó decisiones por las que sufrió e hizo sufrir. Enfrentó las costumbres atávicas de su cultura y pagó su precio. Sin rendirse a las derrotas y pérdidas, éstas las condujeron a la reconciliación y la leyenda.

La producción.

LO QUE LLEVA EL RÍO fue filmada en locaciones naturales en el Delta del Orinoco en Venezuela. Con siete semanas de preproducción y siete de rodaje a un costo total 7,5 millones de bolívares (El control de cambio de divisas existente en el país, que fue fluctuando desde 4,3 por dólar a 6,3 y finalmente a 12 bolívares por dólar; fue devaluando el costo del proyecto, desde la fase de preproducción). Llevado a dólares, podemos decir que el costo total del filme es de 500 mil dólares, si calculamos escalonadamente cada tipo de control de cambio aplicado en el año de la producción. Creatividad y soluciones rápidas marcaron la impronta de esta producción que terminó en tiempo tanto la fase de rodaje como la de postproducción. No es diferente de la mayoría de las películas que se ruedan en nuestros países, con pocos recursos y mucha imaginación.

Todos los escenarios fueron seleccionados en la parroquia de San Francisco de Guayo a unas cinco horas de navegación desde la ciudad de Tucupita, capital del estado Delta Amacuro. Estas zonas deltanas son el hábitat de la etnia warao desde hace más de cinco mil años. Los warao conservan una rica tradición de literatura oral y musical. Han logrado convivir con el hombre blanco desde la llegada de los curas capuchinos en la primera mitad del siglo XX. Pero aún así, el proceso de adaptación de la cultura a las condiciones que impone el contacto con otra civilización, dejó huellas que en algunos casos aún hoy resultan traumáticas para algunos; en otros, significó la incorporación de elementos que han contribuido a una mayor calidad de vida y por tanto, el aumento de la supervivencia.

Escoger un lugar tan apartado, casi llegando al mar, nos permitiría encontrar comunidades con la menor intervención criolla posible. Toda vez que la historia empieza a contarse en 1955, necesitábamos escapar de los tendidos eléctricos, los televisores y los equipos de sonido que normalmente permanecen encendidos todo el tiempo en aquellas comunidades que cuentan con electricidad. Muy cerca de San Francisco de Guayo (primera comunidad y Misión religiosa fundada por los Capuchinos), contábamos con una posada rústica que albergaría a los 35 miembros del staff y un centro médico, encontramos una pequeña comunidad llamada Jokabanoko que reunía las características que necesitábamos.

Durante el período que duró la preproducción, tiempo en el cual se confeccionó, con alarifes locales, una caminería y algunos janokos (casas con estructura de palafito); también el comedor y lugar de descanso para el equipo; un jefe de casting se dedicó a reclutar y reunir a los actores indígenas que pudieran asumir los diferentes roles del filme.

Excepto el actor que representa al personaje de Julio (Diego Armando Salazar) y los que asumieron el papel del superior de la Misión (Antonio Cuevas) y otros dos personajes incidentales, el resto de los personajes son llevados por hombres mujeres y niños de la etnia. La joven que representa el personaje de Dauna adulta, que también es indígena warao, es actriz aficionada y ha conducido programas de radio, amén de que se graduó de comunicación social en una universidad y vive actualmente en la ciudad de Tucupita.

Cuando tuvimos al menos dos opciones por personaje en la preselección del casting, comenzó un período de preparación a cargo de un coaching de actores que los entrenó durante mes y medio. No pretendimos convertirlos en actores, pero sí ayudarles a adentrarse en el juego de la actuación; eliminar posibles miedos escénicos; olvidar la presencia de la cámara; interactuar entre ellos manteniendo un tema de conversación. En este período de trabajo fue asombroso descubrir la capacidad lúdica y de concentración para los juegos. De esta manera, fuimos definiendo el reparto y las tres últimas semanas se dedicaron a improvisar alrededor de temas que estaban implícitos en el guión.

El guión.

En el libro cinematográfico se conjugan, como es desde hace más de un siglo, dos lenguas, el warao y el castellano. Compuesto por una estructura no lineal, con saltos cronológicos y espaciales, guiado por el fluir de la memoria de la protagonista, nos lleva de un momento y lugar a otro, contando aquellos hitos importantes de la vida de Dauna y el tejido relacional que moldeó su carácter y contribuyó a la formación de su intelecto.

Está dividido en dos grandes bloques que muestran por una parte, la infancia y adolescencia y por la otra, la etapa de formación juvenil, que se entreteje con su estancia en la cárcel, contada ésta cronológicamente en sentido inverso al el resto de la narración.

La fotografía.

La fotografía, a cargo de Gerard Uzcátegui, está fundamentada, sobre todo, en el uso de la luz natural, reforzada cuando es necesario por reflectores y en algunos casos, como los rodajes nocturnos, por pequeñas luces. Nos hemos planteado el menor artificio posible en el manejo de la iluminación y el mayor verismo en el aprovechamiento de la luz y el paisaje naturales. A esto contribuirá la tecnología aplicada con lentes y cámaras de alta definición de última generación. En fin, el protagonismo de la luz no está dado por los focos e implementos técnicos, sino por la magnificencia lumínica del lugar, que envuelve a los hombres y mujeres que allí habitan.

La cámara.

La captura de imagen se hizo con una proporción de aspecto de 2.40:1, con dos cámaras SCARLET-MX.

Cámara en mano con una mirada documental se mueve alrededor de los personajes que no representan una puesta en escena rígida y aprendida, sino que “actúan” como lo hacen en su vida diaria.

Apostamos por los ángulos anchos y grandes planos generales que permitan apreciar la majestuosidad del paisaje y la abrumadora presencia de esas grandes masas de agua en las que vive desde hace siglos el hombre warao.

La banda sonora.

Para la música y la construcción de la banda sonora, elegimos el binomio Alonso Toro – Gustavo González, músico e ingeniero de sonido respectivamente. Buscamos que la atmósfera musical de la película reproduzca el paisaje sonoro del Delta que es rico en sonidos del agua, los canaletes, los cantos de los pájaros y de la rica fauna del lugar. El viento que se mueve entre la vegetación y mueve el agua, crea un ambiente sonoro que Alonso Toro recreará usando su tradicional experiencia en este tipo de construcción musical.

Por qué LO QUE LLEVA EL RÍO

(Comentarios del director)

Esta película se está gestando en mi mente desde hace más de diez años. En 2001 me acerqué a las comunidades warao del Delta del Orinoco con el objetivo de transferir las herramientas de creación audiovisual a los jóvenes de la etnia. Convivir con los warao, la segunda etnia en número de Venezuela, me ha dado la oportunidad de observar el proceso de interculturalidad que han vivido, cuyo punto de giro inicial, de más impacto, fue la llegada de los religiosos capuchinos en la primera mitad del siglo XX. Desde ese momento hasta hoy se han ido adaptando a los cambios que necesariamente les impone convivir con las telecomunicaciones, el transporte de motor, la industria, la religión de los otros y la política.

Para ellos, conservar sus costumbres más íntimas e importantes, su cosmogonía, su lengua y con ella su literatura, que es la base de cualquier identidad, ha sido una batalla dramáticamente silenciosa. Para mí, ha resultado la posibilidad de reflexionar sobre conservación y potenciación de las culturas, lo cual plantea un dilema desde estos dos conceptos.

¿Conservar o potenciar una cultura?

Una cultura es un sistema sociocultural vivo y evoluciona perfeccionándose, adaptándose y creciendo en la acumulación de experiencias y conocimientos. Se conforma como un sistema de creencias y acciones que definen a un grupo y se transmiten de generación en generación, trascendiendo a las personas que las detentan. Pero como esta herencia no es biológica, sino intelectual, su proceso de adaptación a nuevas condiciones es muchas veces violento.

De esto trata Lo que lleva el río; una película que nos habla sobre la utilidad del conocimiento de la cultura heredada y la necesidad de que sus depositarios evolucionen y la hagan crecer al ritmo de los tiempos, sin olvidar ni despreciar aquello que los hizo como son y lo que los une, en su diferencia, con el resto del mundo.

En Lo que lleva el río, se enfrentarán dos criterios en las personas de una pareja de amantes. Mientras que Dauna evoluciona socialmente con los tiempos y vive intensamente los valores históricos, mitológicos y artísticos de su cultura, desde su estudio y adaptación a nuevas condiciones sociales y económicas, Tarsicio, su esposo, aferrado a conceptos ancestrales de organización social que hoy resultan discriminatorios de la mujer, pretende obligarla a permanecer atada al conuco, el fuego, la cama. Entonces, ¿por qué enmarcar la historia en el Delta del Orinoco? Para una mujer indígena, pobre y viviendo aislada en un sitio como el delta de un río, sea el Mekong, el Yan Tse, el Misissipi o el Orinoco, es mucho más difícil demostrar su valía, sobreponerse a atavismos históricos y culturales poniendo en juego toda su capacidad de resiliencia para no ser aniquilada.

Publicado por Mario Crespo en sábado, agosto 09, 2014

Anuncios

Publicado el agosto 16, 2014 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: