EL SUPER (1978), de León Ichaso y Orlando Jiménez Leal, en “Nuevo Mundo”.

El próximo lunes 23 de junio, a las 3 de la tarde, estaremos proyectando en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo la película El super (1978), de León Ichaso y Orlando Jiménez Leal, basada en la famosa obra de teatro de Iván Acosta. Antes tendremos un conversatorio donde contaremos con el privilegio de escuchar a la Dra. Carolina Caballero, profesora de la Universidad de Tulane (Nueva Orleáns) y estudiosa del teatro cubano realizado más allá de la isla.

Asimismo, la Editorial Tablas-Alarcos (La Habana) hará un donativo de dos ejemplares del segundo volumen de “Dramaturgia de la Revolución” (ya agotado), en el cual aparece publicada la obra original de Iván Acosta, y que pasarán a formar parte de los fondos del Centro de Documentación e Información del Audiovisual Cubano que intentamos crear en ese espacio.

No quisiera dejar de agradecer públicamente el apoyo recibido por un grupo de personas que están haciendo posible que se haga realidad este sueño. En primer lugar a Iván Acosta, quien ha facilitado una copia del filme. Junto al mismo estaría, desde luego, Carolina Caballero, así como Ana López, Jennifer Ashley, Arachu Castro, todos de la Universidad de Tulane, y Omar Valiño y Lilian Broche, de Tablas-Alarcos. A todos ellos, mi gratitud infinita. Les dejo con las notas que he escrito para el programa.

JAGB

EL SUPER (1978), de León Ichaso y Orlando Jiménez Leal

En Memorias del subdesarrollo (1968), considerada por muchos la mejor película cubana de todos los tiempos, hay una escena que siempre me ha conmovido por su expresivo y hasta cruel laconismo audiovisual. Es esa donde Sergio despide a los suyos en el aeropuerto, y la cámara va captando de un modo más bien glacial, distante, los rostros emocionados de los que se van, y los que se quedan. Pues bien, no sé por qué se me ha hecho cada vez más fuerte la impresión de que Roberto, el protagonista de El super, la película que diez años después realizan en el exilio León Ichaso y Orlando Jiménez Leal, con guión escrito por Manuel Arce e Ichaso, y apoyados en la obra teatral homónima de Iván Acosta, era uno de los que Sergio veía alejarse aquella tarde en el aeropuerto.

Admito que resulta faena ardua enfrentarse a El super (y a cualquiera de las películas realizadas por cubanos más allá de la isla después de 1959) sin que el fardo del enfoque ideológico intente imponer los perfiles definitivos. Esto se entiende, toda vez que lo acontecido a partir de 1959 fue, como toda revolución radical, un suceso traumático en lo colectivo, y trauma social, en fin, aún supone ganancias y pérdidas que en el plano de las individualidades indiscutiblemente culminan en lo trágico.

A su vez, ello explicaría la proliferación de analistas que en ambas orillas, para decirlo como Bordieu, “sustituyen la lógica de la discusión crítica, dedicada a comprender las razones –o las causas- del pensamiento adverso, por la lógica del proceso judicial”.[1] Sin embargo, corresponde al arte describir esas tragedias que la política, con su tendencia a juzgar la existencia en términos excluyentes (“conmigo o contra mí”, “fuera o dentro”), no alcanza a narrar de un modo verosímil en términos existenciales, por lo que el análisis de esa producción artística exigiría a su vez un mayor poder de observación y argumentaciones.

El super fue la primera película rodada en el exilio cubano que supo poner en pantalla, de un modo más que convincente, el profundo sentimiento de desarraigo que puede sobrevenir en los individuos al intentar insertarse en culturas ajenas. Antes que León Ichaso y Orlando Jiménez Leal decidieran llevar a la pantalla la obra de Iván Acosta, estrenada el 5 de noviembre de 1977 en la sala teatro del Centro Cultural Cubano de Nueva York, ya los exiliados habían producido algunos largometrajes, pero en todos ellos (fueran en los documentales de Manolo Alonso o Manuel de la Pedrosa, o en largometrajes de ficción como Guaguasí o Los gusanos) lo que dominaba era el enfoque exclusivamente anticastrista.

Las complejidades descriptivas pasaban a un segundo plano en el afán (legítimo) de dar a conocer una versión de los hechos históricos que respondiera a la perspectiva de quienes en su momento decidieron romper con el gobierno cubano. El super, en cambio, es otra cosa, y tal vez haya sido esa maestría a la hora de revelar las interioridades de un exilio que para entonces se pregonaba maniqueo, lo que posibilitó que el 29 de abril de 1979 el crítico norteamericano Vincent Canby escribiera en su columna del New York Times que "El Super is much less about politics than it is about the disorientation of exiles who become living metaphors for the human condition”. De paso, fue la primera película rodada por exiliados cubanos reconocida por un buen número de galardones internacionales, entre estos, el Gran Premio del Festival de Mannheim, un premio en Biarritz, así como la participación en la Muestra de Venecia de ese año.

Según Iván Acosta:

Cuando estrené en teatro “El Super”, León Ichaso me pidió los derechos para filmar la obra, la cual ya llevaba tres meses en escena. Tomamos el mismo elenco, con excepción de dos, y los transportamos hacia un sótano real. Allí se filmó la obra. Orlando Jiménez Leal hizo la fotografía, y su cuñado León dirigió las escenas. Ya el elenco estaba dirigido teatralmente. Lo demás es historia. “El Super” se convirtió en los “Cien años de soledad” del exilio cubano. Han pasado veinticinco años, y me siguen invitando a universidades a conversar sobre como escribí la obra.

Buena parte de la trascendencia de El super se debe a que optó por posicionarse más allá de los estrechos perímetros del diferendo político que habla de fidelistas y anticastristas. Es una película donde uno puede encontrar todavía el dolor y las alegrías de la gente que retrata en su historia, y que sigue siendo el drama de no pocos de los que hoy viven lejos de la isla. Mirada a la distancia de más de treinta años de estrenada, puede suscitar las más disímiles interpretaciones. Y eso es lógico, toda vez que ninguna película, si de veras se pretende auténtica en sus planteamientos, nace cerrada. Las películas de esa naturaleza, llámese Memorias del subdesarrollo (1968), o El super (1978), se enriquecen en la misma medida que sus nuevos espectadores reconocen los mismos dilemas humanos de siempre. Por eso podemos pensar que El super es la historia de los personajes que Sergio despidió en el aeropuerto diez años atrás.

Por eso pienso que es correcto que se hable de El super como una película del exilio cubano, pero a su vez creo que los problemas que aborda guardan más relación con el desarraigo existencial de los seres humanos (vivan donde vivan) que con una confrontación puntualmente ideológica. Hay aquí un interés artístico que indaga en la condición humana, y de hecho, es fácil advertir en el cine posterior de Ichaso un deseo de retomar esas mismas inquietudes. Como ha declarado en alguna ocasión: “Mis películas tratan, en el fondo, acerca de lo que hemos perdido en el camino, acerca de la tristeza del inmigrante, de la nostalgia, del deseo de triunfar, de los problemas de identidad. Son temas cubanos, sí, pero son también, fundamentalmente, temas humanos. A mí me interesa más lo que se queda en el camino, los sueños frustrados”.[2]

Por otro lado, la factura visual de El super sigue siendo envidiable, y esto se le debe sobre todo al trabajo fotográfico de Jiménez Leal. Lo acontecido en términos políticos alrededor de PM (1961), aquel cortometraje que dirigiera junto a Sabá Cabrera Infante, dando lugar a la política cultural legitimada en las famosas “Palabras a los intelectuales” de Fidel Castro, nos ha impedido ver que antes de la imprevista censura, había una intensa porfía estética, en la cual cineastas como Néstor Almendros, Sabá, y el propio Jiménez Leal, le declaraban la guerra a ese estilo neo-realista con el que debutara la producción del ICAIC. PM podría parecer entonces, y todavía hoy más, un documental ingenuo en lo político, pero no lo era en lo audiovisual, pues detrás del homenaje a La Habana bohemia y nocturna (tan distinta a La Habana épica recién salida de la invasión por Playa Girón) estaba el pensamiento sólido de quienes ya hacía mucho que habían decretado la muerte de aquel movimiento impulsado entre otros por Cesare Zavattini.

En El super el trabajo de Jiménez Leal es sencillamente deslumbrante, en tanto consigue concederle a un universo en esencia teatral los perfiles de algo muy cinematográfico. Y nadie mejor que él nos ha revelado las estrategias a las que apeló para lograrlo:

No fue hasta después de haber visto varias representaciones que pensé en las dificultades de toda aquella teatralidad y en la cantidad de diálogos que la obra tenía. La película, por un problema de escaso presupuesto, había que mantenerla apretada, debía rodarse en pocas localizaciones. Lo importante era que la representación fílmica trascendiera lo teatral. Entonces pensé en una película: Historias de Tokio, de Yasujiro Ozu. Me llamó mucho la atención la manera que tenía Ozu de lograr que los personajes se movieran con una cámara prácticamente estática, de cómo él lograba esa ilusión de movilidad dentro de un espacio reducido. Ese fue uno de los referentes. Otra cosa a tener en cuenta era el decorado de la mayoría de las casas de los exiliados de clase media baja, la decoración era muy kitsch, y eso planteaba el reto de cómo filmar esos ambientes, sin que la película misma fuera kitsch. De cómo establecer un distanciamiento entre el sujeto y el objetivo. En El Súper confluyeron alegremente Dostoievski, Ozu y el neorrealismo italiano. No puedo dejar de hablar del humor en las actuaciones de Raymundo Hidalgo Gato y Zully Montero. Como se había representado cientos de veces como pieza teatral, a la mayoría de los actores, más que dirigirlos, sólo hubo que corregirles su rumbo y su tono”. [3]

Hay que recordar que en los años en que se escribiera la obra y se filma la película, en Cuba se comenzaba a experimentar la aproximación entre cubanos residentes en la isla y en el exterior. En términos culturales, se llega a mencionar incluso los planes de crear el Centro de Estudios de la Cultura Cubana, según se aprecia en lo que habla Alfredo Guevara en una reunión que sostiene el 9 de junio de 1979 con un grupo de intelectuales que entonces vivían fuera de Cuba: “Pienso que en la creación ya muy inmediata, de un modo formal, del Centro de Estudios de la Cultura Cubana, va a ser un camino de relación con ustedes, especialmente con ustedes, y no solamente con ustedes, sino con los cuadros de toda la comunidad, tengan la posición que tengan. Tenemos que hacer investigaciones conjuntas sobre ustedes y sobre nosotros y sobre el encuentro, porque es un millón de cubanos, incluso, sobre los que no influimos directamente, los que tienen una posición más recalcitrante. Nosotros tenemos que estudiar qué es esto, eso es parte de la patria (…)”.[4]

Como todos sabemos, aquel conato de diálogo y reconciliación se frustró. El anunciado Centro jamás fue creado. Vino casi de inmediato la estampida del Mariel, e Iván Acosta escribió y dirigió Amigos (1985), como para reafirmarnos de que es uno de esos artistas que jamás ha querido perder de vista “el-mundo-de-la-vida” en la que le ha tocado lidiar. Que no se ha replegado en su torre de marfil.

Afortunadamente, comienzan a hacerse más naturales los intercambios culturales entre quienes viven fueran y los que seguimos en la isla. Y mientras tanto, allí ha quedado y perdura El super como paradigma de ese cine que, sin renunciar a la militancia ideológica, puede hablarnos de modo verosímil de la complejidad humana, esa que escapa a quienes desde la política o la Historia a secas, suprimen a los individuos de carne y hueso para convertirlos en personajes de un espectáculo unidimensional y carente de profundidad.

En mi criterio estrictamente personal, El Super sigue siendo una de las diez películas cubanas (sí, cubana) que no podríamos dejar de ver si queremos entender cuál ha sido el periplo existencial de nuestros compatriotas en los últimos cincuenta años del devenir nacional.

Juan Antonio García Borrero

FICHA TÉCNICA:

EL SUPER/ 1978/ 90 minutos/ Dirección: León Ichaso and Orlando Jimenez-Leal/ Produce: Manuel Arce y León Ichaso, basado en la obra original "El Super", de Iván Acosta/ Fotografía: Orlando Jiménez-Leal/ Edición: Gloria Piñeyro/ Música: Enrique Ubieta/ Actúan: Raymundo Hidalgo-Gato (Roberto), Zully Montero (Aurelia), Reynaldo Medina (Pancho), Elizabeth Pena (Aurelita), Juan Granda (Cuco), Hilda Lee (La China), Phil Joint (Inspector), Leonardo Soriano (Predicador), Efrain Lopez-Neri (Bobby), Ana Margarita Martinez-Casado (Ofelia).

NOTAS

Anuncios

Publicado el junio 18, 2014 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 3 comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: