Archivos diarios: mayo 30, 2014

HEREJES, APÓSTATAS, PECADOS Y FE: OTRA PELEA CUBANA CONTRA LOS DEMONIOS DEL DOGMA. (Fragmento)

En el mes de julio del año 1992, Tomás Gutiérrez Alea terminó de escribir un texto que tituló “Las trampas de la (fe) política”[1]. Cuba atravesaba entonces una de sus peores crisis económicas. El antiguo campo socialista encabezado por la URSS había desaparecido, y parejo a ello crecía el malestar popular en medio de lo que sería bautizado como “período especial para tiempos de paz”.

El inicio de aquel texto escrito por Titón más elocuente no puede ser:

“Vivimos en una isla en todos los sentidos: nos hemos aislado demasiado. Culturalmente hemos venido empobreciéndonos; no recibimos los estímulos de tantas y tantas cosas que en el mundo se producen a diario, que salen en las revistas, que se discuten en la televisión, y que mantienen un ritmo ya inaprensible para nosotros, porque vivimos en una isla donde la vida se ha adormecido. Si pretendemos comunicarnos con el resto del mundo, deberíamos tener en cuenta que no somos el mundo.

Se empezó por idealizar al hombre y, consecuentemente, se sustituyeron los incentivos materiales por incentivos morales, más acordes con un hombre libre de egoísmos y con un nivel superior de conciencia social. Como la realidad no se comportaba de acuerdo con las expectativas, fue necesario un reajuste. Había que producir ese nuevo hombre a toda costa. Los mecanismos económicos que obligan a trabajar al hombre en el capitalismo se sustituyeron por prédicas morales y consignas políticas. Al mismo tiempo se incrementó la vigilancia y la prensa nos informaba días tras días que vivíamos en el mejor de los mundos posibles.

Y, para alcanzar esas aspiraciones a corto plazo, la revolución se dio el lujo de cometer los más variados errores en la elaboración de una política económica cuyos rasgos esenciales, mantenidos persistentemente, han sido el idealismo, el paternalismo, el voluntarismo y la falta de sentido práctico”.[2]

Es preciso no perder de vista que aquellos eran tiempos en que el derrumbe del campo socialista trajo como consecuencia el desconcierto ideológico dentro de la isla, cuando no el abandono radical de las antiguas ideas marxistas, al considerarse que respondían a un período histórico ya superado por la realidad. Dentro del ICAIC, por ejemplo, el caso más notorio de ruptura pública fue Jesús Díaz, quien en Alemania expuso el artículo “Los anillos de la serpiente”, y el cual le valiera que fuera acusado casi de inmediato de apóstata.

De todas formas, en aquellos momentos la fe en el progreso imparable de la Historia, progreso que haría posible la desaparición de las clases sociales según pregonaban los que habían simplificado la profecía de Marx, a pesar de todo aún se conservaba. Y creo que, dos décadas después, la gente más desposeída que habitan el planeta (y que son mayorías comparados con los que detentan el gran poder) conserva intacta esa esperanza de mejoría, aún cuando tengan todo el derecho del mundo para recelar de lo que antes se les prometió en el mundo comunista. La fe en las ideologías cristalizadas es algo que cíclicamente se rompe, pero la fe en sí mismo seguirá existiendo siempre. Lee el resto de esta entrada