CINE CUBANO. NACIÓN, DIÁSPORA E IDENTIDAD (Festival de Cine de Benalmádena, España, 2006)

Coordiné este libro colectivo para el Festival Internacional de Cortometraje y Cine Alternativo de Benalmádena (España), gracias al interés de su director Jaime Nogueras, y la recomendación del también español Francisco Jiménez, quien trabaja en el Instituto Goethe de Madrid. No sé si quedan ejemplares, porque uno de los grandes problemas que tienen los libros que publican los festivales de cine, es que después no consiguen una distribución efectiva. Muchos de ellos quedan almacenados en lugares a los que los posibles lectores jamás tendrán acceso.

Me gustaría retomar alguna vez este libro, y actualizarlo. Incluir estudios críticos puntuales que hablen de las imágenes utilizadas y mostradas en estos filmes, más allá de lo que digan los personajes. Creo que es, hasta ahora, el único libro que se ha publicado con el fin de examinar la producción audiovisual de aquellos cubanos que viven fuera de la isla. Hasta donde sé, ni siquiera en el exilio existe una publicación que guarde para la memoria histórica ese grupo de películas realizadas más allá del país, y mucho menos existe un Centro y suerte de Cinemateca que conserve las cintas.

De allí que siente verdadera orgullo por haber conseguido, ya no solamente la publicación del volumen, sino la exhibición en el marco del festival de un grupo de películas que iban desde los documentales de Manolo Alonso rodados en los sesenta, hasta los cortometrajes más recientes de Ernesto Fundora (Oblivion) y Carlos Gutiérrez (Pies secos/ Pies mojados), pasando por películas un poco más conocidas como Guaguasí, de Jorge Ulla, El super, de León Ichaso y Orlando Jiménez Leal, Los gusanos, de Camilo Vila, Conducta impropia, de Néstor Almendros y Orlando Jiménez Leal, Amigos, de Iván Acosta, o La imagen rota, de Sergio Giral, por mencionar apenas algunas.

El libro se inspira en la investigación fundacional de Ana López, la primera persona que pensó desde la academia esta zona del audiovisual cubano absolutamente relegada a las sombras. También en los dossiers que para “La Gaceta de Cuba” preparara Ambrosio Fornet hablándonos del discurso literario de la diáspora cubana. De hecho, una parte del libro fue incluida casi al mismo tiempo de su aparición en España en “La Gaceta de Cuba” Nro. 3 del 2006.

Gracias a la invitación que en su momento me cursara el Miami Dade College (a través de Alejandro Ríos y Everardo Chávez, organizadores del “Festival of Alternative Cuban Cinema”), pude acceder en su momento a buena parte de la producción más contemporánea de los que viven fuera. El contacto directo con los creadores permitió que esos prejuicios políticos que, lamentablemente, se interponen entre cubanos con visiones diferentes del mundo, propició que la habitual confrontación ideológica cediera ante el común interés cultural.

Como investigador, me interesa estudiar la memoria histórica de la nación, no legitimar únicamente la memoria histórica de uno de los grupos que conforman esa nación, vivan esos grupos en una orilla u otra. De allí que en la contracubierta del libro me empeñara en que apareciera esta idea que sigo defendiendo: “Saber qué sueñan y a qué aspiran aquellos que están lejos de nosotros, nos ayuda a entender quiénes somos, pues como ya se ha dicho, nada en este mundo nos es ajeno”.

Siguiendo con mi tesis de que un libro es el resultado de una conjura de fraternidades, debo señalar que ese volumen salió publicado gracias a la complicidad espiritual de muchos. Sé que corro el riesgo de olvidar algunos, pero anoto los nombres de a quienes en su momento no podía dejar de acreditar: Iván Acosta, Fausto Canel, Miguel Coyula, Dinorah de Jesús Rodríguez, Edmundo Desnoes, Rolando Díaz, Roberto Fandiño, Ernesto Fundora, Mario García Joya, Carlos Gutiérrez, Orlando Jiménez Leal, Eduardo Manet, Orestes Matacena, Jaime Oriol, Rubén Rabasa, Ramón F. Suárez, y Camilo Vila. Tampoco debo dejar de anotar que el libro terminé de prepararlo en la casa malagueña de Nelson Haedo, mi anfitrión durante tres meses de beca que me concedió la Universidad Autónoma de Madrid.

Con algunas de esas personas sigo manteniendo excelentes relaciones, pues hemos incorporado a nuestro vínculo la noción de respeto al sujeto que expone las ideas, más allá de los reparos que podamos tener contra esas ideas. No han faltado las polémicas, pero en esos casos siempre han quedado a salvo los individuos que somos. Quizás, sin darnos cuenta, hemos aprendido a poner en práctica aquello que sugería Todorov: “Ver al otro como humano y diferente a la vez”.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el mayo 28, 2014 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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