Archivos diarios: mayo 18, 2014

DE J. A. GARCÍA BORRERO A JUAN CARLOS TABÍO Y ARTURO ARANGO

Queridos amigos:

Recibí los mensajes que ambos han circulado a propósito de la polémica originada por las declaraciones de Leonardo Padura en Buenos Aires. No reiteraré tópicos que ya han expresado, y que comparto casi en su totalidad. Me gustaría en todo caso apuntar un par de ideas que tendrían que ver con el papel que hemos jugado o dejado de jugar los intelectuales en todo este período de construcción del socialismo cubano, es decir, con la aceptación o rechazo por parte de los intelectuales de ese silencio prudente que, hacia el final de su texto, recomienda el prestigioso académico Atilio Borón.

Lo del silencio intelectual impuesto o auto impuesto, y las consecuencias que ello ha traído al mejor o peor funcionamiento de nuestra sociedad, es algo que cada vez me parece más imperioso estudiar a fondo, si queremos pensar de veras en un futuro que supere el actual orden de las cosas. Hasta ahora hemos dedicado todos nuestros esfuerzos a criticar, exaltar, confrontar aquello que se ha dicho públicamente (no importa si a favor o en contra del proceso político iniciado en 1959), pero hemos atendido poco a lo que se ha dejado de decir, y mucho menos nos ha interesado escrutar en esos contextos que posibilitaron que lo que hoy podríamos calificar de una verdadera espiral del silencio intelectual, ganara naturalidad. Y sí, insisto: si de veras queremos tener una mayor claridad del futuro al que queremos llegar, o al que llegarán nuestros hijos, en algún momento tendremos que narrar la historia de nuestros silencios.

Entiendo cuando Borón alerta sobre la necesidad de no perder de vista algo tan abstracto y al mismo tiempo omnipresente como es eso que llamamos “imperialismo norteamericano”. Ignorar la existencia de ese imperialismo, ignorar su impronta sobre la vida de millones de seres que carecen de lo mínimo sería cuando menos poco serio. Pero una cosa es esa, y otra es desconocer los impactos negativos que han tenido entre nosotros los errores de los hombres que en Cuba insisten en construir una sociedad alternativa. Y como esa construcción va siendo colectiva, pero guiada por el grupo gobernante, entonces se le haría un flaco favor a la construcción del socialismo (que como sistema social sería siempre mucho más complejo que la visión que puedan tener del socialismo los que gobiernan aquí o allá, en determinadas fechas) si se sigue alimentando esa adicción al silencio ante los errores de la élite política, adicción que ya alguna vez se contrajo con gusto apelando a la coartada de un impersonal sujeto colectivo nombrado “revolucionario”.

Lo “revolucionario” fue el gran saco donde desaparecieron, de pronto, todas las tensiones que en la vida real ponen a luchar a los seres humanos entre sí. De manera que en nombre de ese sujeto colectivo nombrado “revolucionario” nos recomendaron (y lograron imponer por un tiempo) el silencio alrededor de esas injusticias que en la práctica y de manera sorda seguían fomentándose contra los negros, las mujeres, los homosexuales, en tanto la prioridad era construir el comunismo, y formalmente las iniquidades habían sido suprimidas en los textos legales. Hoy ya hemos admitido que el racismo perdura en nuestra sociedad, y las feministas siguen librando sus batallas, ahora con más argumentos, y CENESEX encabeza una lucha que podría concedernos un poco más de sensibilidad ante el fenómeno de la diversidad sexual. Lee el resto de esta entrada