“CINE CUBANO, LA PUPILA INSOMNE” EN EL PAQUETE DE LA SEMANA

En el pasado Congreso de la UNEAC, intervine en algún momento para comentar sobre lo que hoy en día, desde mi punto de vista más personal, está determinando la tendencia hegemónica en el consumo cultural de los cubanos: el llamado “paquete de programas audiovisuales” que se alquila en el plano doméstico.

Mi criterio es que este fenómeno, más que satanizarlo (casi siempre sobre la base de argumentos “morales”) hay que estudiarlo con un carácter científico, y luego del diagnóstico de rigor, aprovechar sus fortalezas, que con seguridad las tiene.

Lamentablemente, entre los miembros de la UNEAC sigue siendo dominante la convicción de que en el llamado “paquete” solo es posible encontrar materiales tipo “Caso cerrado”. Pues bien, hace un par de días un amigo me alertó de que una selección de los posts más recientes colgados en el blog estaban circulando como parte del último paquete.

Más allá de lo anecdótico, sentí curiosidad por saber de qué forma podía insertarse el contenido de lo que aquí se escribe, en algo que supuestamente está dirigido al consumo de la “frivolidad”. Y pude ver que se trata de una sección titulada “En Cuba”, donde hay informaciones deportivas, culturales, política, etc.

¿Llegará la vanguardia intelectual en Cuba a entender que hoy la producción y el consumo cultural andan por caminos bastante distanciados de esos que nosotros, los intelectuales, creíamos institucionalizados para siempre?

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el mayo 15, 2014 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Delio Orozco González

    Juan, son muchas y variadas las razones para no poder o no querer ver más allá de lo que podemos, queremos o necesitamos, lo cierto es que en estos momentos de cambios la condición pendular se sujeta a nosotros como sanguijuela hambrienta: o todo o nada; es el alarido que bajo temores, angustias, ignorancia o incapacidad se nos viene encima y cual centurión nos sitúa en posiciones que una vez decidimos enfrentar. Hemos olvidado, también renunciado a la dialéctica cuando desconocemos que lo único eterno es el cambio.

    Ayer escuchaba con beneplácito al presidente ecuatoriano y parafraseo: “El error de la izquierda latinoamericana ha sido desconocer el papel del mercado porque no es lo mismo contar con un mercado en la sociedad a tener una sociedad de mercado”, les decía a jóvenes chilenos que lo aplaudieron; mientras Mujica reconocía que tenía que tratar con Obama porque nadie es autárquico, en este mundo interconectado, de algún modo, todos estamos vinculados con todos, ya sea por la ecología, la economía, la política, el sufrimiento o la fe.

    Y ahora, «empaquetándonos», ejemplifico. Con cuánto dolor mi comadre, aprendiz de poeta y mejor compositora de canciones infantiles, vio desaparecer los festivales infantiles de “Rayitos de Sol” y “Cantándole al Sol”, espacios donde familia, niños y amigos de los párvulos disfrutaban del espectáculo y la competencia a pesar de las manipulaciones y preferencias de todo jurado. “Cuartel que se desarma, cuartel que se toma”, reza el postulado marcial y me parece muy poco honesto criticar la “Voz Kid” cuando ni siquiera la hemos visto o cuando hemos sido incapaces de mantener espacios o crear nuevos para que nuestros infantes puedan ser en ese sentido. Y hablo no porque alguien me la haya contado, no tengo a menos reconocer que, por lo menos y en lo que a mi respecta, la primera edición de la “Voz Kid”, aquella denostada en el poco feliz VIII Congreso de la UNEAC, mostró verdaderos valores en ciernes, como aquel niño que con nombre Raúl y nueve años edad, cantó un flamenco que hubiera hecho estremecer al mismo Camarón, o aquella otra de once años que emulaba a Montserrat Caballé. ¿Qué tiene de banal, superfluo o censurable el talento de esos niños y su disfrute?, ¿quién dijo que lo nuestro es lo único verdadero para, por no ser nuestro o ajustado a un tipo de patrón, le sea imposible transcender e impactar en la condición humana? Me viene a la mente el apotegma martiano: “Cristo murió en la cruz a pesar de que no conocía a Augusto Comte?

    Termino estas meditaciones con algo que me toca de cerca. Sumido en una cruzada por el Software Libre (SWL), desde hace años vengo, como Quijote errante -al igual que otros muchos en Cuba y el mundo-, difundiendo los beneficios de esta filosofía porque el uso del software libre es más filosofía que técnica y una y otra vez chocamos contra el inmovilismo, la terquedad, la ignorancia, la desidia y en otros el interés; pues bien, ayer mi sobrino me enseñó una selección que había hecho del paquete y para congraciarse conmigo -al fin y al cabo soy su tío no-, me dijo: “Mira tío, una guía en pdf, para el uso de GNU/Linux”. Y Gnu/Linux es el sistema operativo que encarna, como ningún otro, el espíritu de esa filosofía que establece cuatro libertades básicas:

    1.-La libertad de usar el programa, con cualquier propósito.
    2.-La libertad de estudiar cómo funciona el programa y modificarlo, adaptándolo a tus necesidades.
    3.-La libertad de distribuir copias del programa, con lo cual puedes ayudar a tu prójimo.
    4.-La libertad de mejorar el programa y hacer públicas esas mejoras a los demás, de modo que toda la comunidad se beneficie.

    Y eso, eso venía en el paquete. Aún recuerdo aquella clase de física donde el profesor nos demostraba como la luz, al pasar a través del prisma, se descomponía en siete colores. Bendito el prisma y la capacidad de la luz de ofrecer tantos colores.

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